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Algo diminuto, pero que no puedes ignorar II

Pinball mental

Con el Diario de lo diminuto quiero compartir contigo mi proceso personal con el cáncer de mama.

 

Capítulo II

Un día muy largo

Miércoles, 17 de febrero de 2021

Te encaminas a la clínica Magnetosur de Getafe con casi dos horas de antelación y apenas sin haber dormido. Algo no acaba de funcionar en tu historia de amor y eso te desespera, te carcome el miedo a no ser amada, a ser abandonada, y eso no te deja dormir. Amar y ser amada —ser feliz— se te da fatal, es tu punto débil, nadie te enseñó a hacerlo. Pero esta vez, ya sí, tiene que salir bien. Como lo del bultito. Todo —por fin— va a salir bien.

Te sientes sola caminando por Getafe. Nunca antes habías estado allí, es territorio comanche para ti. Nunca pensaste que andarías por esas calles con un bultito en el pecho que te hace sentirte profundamente vulnerable.

El pinball de tu mente no cesa. Tu vida cambiaría radicalmente. Hay ciertas cosas que los autónomos no os podéis permitir como, por ejemplo, poneros enfermos. Clic para tuitear

La clínica es moderna y muy informatizada. Después de abonar el importe, te dan un numerito y a esperar. Mientras tanto, el pinball de tu mente no cesa. Y qué pasará si… Tu vida cambiaría radicalmente. Hay ciertas cosas que los autónomos no os podéis permitir como, por ejemplo, poneros enfermos. Así que no puede ser, no va a ser nada, seguro que no va a ser nada… Por favor, por favor, por favor, que no sea nada…

Suena en el marcador del pinball tu numerito, y entras.

Cuando hace dos años te hicieron la última mamografía, te prometiste que no volverías a pasar por eso, era una prueba repulsiva y humillante. Piensas que vaya promesa tan estúpida, solo ha hecho falta una diminuta canica para romperla. Esperas que no pase lo mismo con vuestra promesa de amor eterno. Las personas hablamos en vano más a menudo de lo que deberíamos, no hay duda.

No sabes si odias más las mamografías o las ecografías de mama. Cuando ya te las han aplastado por los cuatro costados, entonces toca amasar para quitar los grumos. En este caso, además, la doctora pasa con la apisonadora una y otra vez por encima del bultito, y eso molesta de narices. Pones todo tipo de muecas por debajo de la mascarilla y te cagas silenciosamente en dios (alguna cosa buena tenían que tener las puñeteras mascarillas). La doctora mira la pantalla fijamente y no dice nada. Tú tampoco. Te preguntas si deberías ser más simpática, hacer algún chiste. Pasas por los sitios casi sin respirar, como si fueses un fantasma, nadie llega a imaginarse ni siquiera que puedas tener vida interior.

«Ya te puedes vestir». No se le dice a una mujer desnuda de cintura para arriba que tiene que hacerse una biopsia urgente. Ha hecho bien en esperar a que te pongas el abrigo, porque que te quedas congelada, sobre todo de cintura… Clic para tuitear

«Ya te puedes vestir».

Es la frase mágica que indica que tienes que prepararte para «saber». No se le dice a una mujer desnuda de cintura para arriba que tiene que hacerse una biopsia urgente, así que la doctora espera a que te hayas puesto hasta el abrigo, no sea que vayas a coger frío con la noticia. Ha hecho bien en esperar, porque te quedas congelada, sobre todo de cintura para arriba.

Cuando puedes reaccionar, le cuentas: lo de la cita fallida, lo de los 60 euros, lo del papelito y la ausencia de llamadas, lo de la cita para el 23 de marzo para una primera consulta… La guapa, joven y sana doctora de bata inmaculada, rizos perfectos y mirada preocupada te dice que te vayas directamente al hospital y les enseñes el informe que te van a dar en recepción. No debes esperar. Asientes y te despides de ella, agradeciéndole su amabilidad y con la impresión, de nuevo, de que no volverás a verla. Segunda bata blanca a la que dices adiós, esta vez mientras las piernas te tiemblan.

Haces el camino de vuelta con el corazón a cien. El miedo ha sustituido a la tristeza y a la soledad. Es curioso cómo las emociones se suceden. Cuando viene una, la otra ya no está, se ha esfumado. Ahora es el miedo a esa cosa llamada «cáncer» que parece acercarse a tu estación como un tren de alta velocidad para llevarte a quién sabe dónde. Eres muy sensible a la autoridad, al tono de voz y al lenguaje, así que cuando una bata blanca te dice con voz preocupada que te tienes que hacer una «biopsia urgente», pues te acojonas, no lo puedes evitar.

Lees una y otra vez el informe que te han dado, del que solo entiendes tres palabras: «altamente sospechoso de malignidad». Joder, esto se está convirtiendo en una pésima novela negra.

Casi dos horas y muchas partidas de pinball después, te diriges al Hospital de la Cruz Roja San José y Santa Adela, en la calle Reina Victoria. Empieza la pesquisa en Información, de donde te mandan a Citaciones, de donde te mandan a Consultas, de donde te mandan a Cirugía, y te empiezas a sentir como una bola de pinball con la que están jugando a matar. A cada uno le cuentas la misma película, o la misma novela negra, aunque ahora haces una breve sinopsis en la que destaca el titular de «biopsia urgente», que es lo que ves que te va abriendo las puertas… ¿al mismísimo infierno?

En Cirugía hay gente esperando con su numerito, pero tú esta vez no tienes numerito, aunque sí dos palabras preocupantes. Cuando un chico sale de un despacho, le abordas y le dices la frase mágica. Te dice que le acompañes por un pasillo, que esperes. Se interna en una consulta. Sale. Se interna en otra. De ella asoma un médico de unos setenta años que te dice que pases. Entras. Te dice amablemente que te sientes. Te sientas. Hay una raya roja pintada en el suelo de un grosor de diez centímetros justo delante de las patas delanteras de la silla, a medio metro de la mesa y que marca el límite del miedo oficial al coronavirus. Escurres los pies hacia atrás, para no pisar la raya. «No te pases de la raya», te decía tu madre de pequeña. Y tú siempre has sido superobediente.

El hombre se sienta al otro lado de la mesa, entrelaza sus manos, de dedos muy largos y delgados, te mira como desde muy lejos y te pregunta qué te ha traído por allí. Le cuentas entrecortadamente, amparándote en la mascarilla: bulto, 60 euros, cita tardía, 100 euros, biopsia urgente. Le entregas el informe que te han dado. Tarda como un siglo en leerlo, subrayando con el índice cada letra que va superando mientras murmura para sí, como un niño que estuviera aprendiendo las sílabas.

En algún momento el hombre termina y te mira sin verte, preocupado. Dice que te va a explorar. Se detiene en el bultito, te empieza a molestar que te toquen TU bulto, es algo muy personal, ¿es que nadie se va a dar cuenta? Clic para tuitear

Cuando termina, se pone a buscar en el ordenador. Tarda como otro siglo en encontrar lo que busca. Empieza a teclear muy lentamente, usando solo los dos índices, largos como los de ET. Te preguntas si no amortizarían en la Seguridad Social unas clases de mecanografía, porque últimamente los médicos parecen haberse convertido en administrativos, tan absortos como están en las pantallas de sus ordenadores. Te aburres. Miras por la ventana, que da a unos árboles medio partidos por Filomena. Te preguntas cuántas veces se repetirá este proceso en los próximos meses.

En algún momento el hombre termina y te mira sin verte, preocupado. Le miras sin verlo, expectante. Dice que te va a explorar. Te quitas la ropa, te sientas en la camilla. Te observa (u observa tu envoltorio) de lejos, de cerca, brazos arriba, brazos abajo, guiña un ojo, te toca el pecho, las axilas, se detiene en el bultito, empiezas a odiar profundamente que te toquen TU bulto, es algo muy personal, joder, ¿es que nadie se va a dar cuenta de eso?

Te dice que te vistas, así que te preparas para lo peor. Vuelve a su sitio detrás de la mesa. Cuando estás vestida, te sientas de nuevo en la silla, sin traspasar la raya. Te hace preguntas: ¿enfermedades?, ¿alergias?, ¿antecedentes familiares?… Y de pronto te das cuenta. Le dices que a tu madre le detectaron cáncer de mama hace un año. Esto lo apunta meticulosamente. Y tú también: ya tienes otra bolita para entretenerte en el pinball de tu mente, ni te habías acordado hasta ahora de esta pequeña coincidencia… Añades —como poniendo una reclamación a los encargados de ordenar las causas y los efectos del karma— que ella ya es muy mayor, tiene 87 años, no como tú. El hombre de los índices como ET prefiere hacer caso omiso y sigue tecleando.

En algún momento deja de teclear en el ordenador y empieza a hacerlo en el teléfono. Llama a unos y a otros, mirando los números en un listado que tiene pegado en la pared. Habla con frases cortas: «La tengo aquí». «¿No puede ser antes?». «Sí, lo he tocado yo mismo». «No, hombre, si no se puede, no se puede, pero es que…». Te vuelves a aburrir, y te preguntas si saldrás algún día de esa consulta. Percibes de golpe el paso y el peso del tiempo, y te das cuenta de que el hombre se lo está currando. Al menos le está dando al dedo: para leer el informe, para tocarte el bulto, para teclear en el ordenador, para llamar por teléfono… Ojalá sea un dedo milagroso, como el de ET.

Entonces te mira viéndote y te habla a ti. Notas su extrema delicadeza, timidez y bondad. Luego te enterarás que es el jefe de Cirugía, y ha movido cielo y tierra para agilizar la burocracia. De alguna forma, sientes que has… Clic para tuitear

Por fin, aprieta triunfante un último botón y dice que va a imprimirte un volante para Rayos, que bajes allí para que te den una cita.

Entonces, por fin, te mira viéndote y te habla a ti, y no a tu envoltorio. Te dice que no te preocupes, que a partir de ahora se ocuparán de todo, que has hecho bien en ir cuanto antes. Le miras a los ojos, viéndole también por primera vez a él, y no a su bata blanca, y notas su extrema delicadeza, timidez y bondad, en las que no habías reparado hasta ahora. Luego te enterarás de que es el jefe de la planta de Cirugía. Y, sin cita previa ni nada, te ha tenido más de media hora en su consulta y ha movido cielo y tierra para conseguir agilizar la burocracia hospitalaria en los peores momentos de la tercera ola del Covid. Antes de salir, le das las gracias poniéndote la mano en el corazón. De alguna forma, sientes que has llegado, un poco de milagro y de rebote, al lugar adecuado.

Bajas a Rayos. En el mostrador de citas alargas el papel que te ha dado el doctor. El chico que está al otro lado te da el alto, apuntándote con el desinfectante. «No pongas ahí ningún papel». Le pides perdón. Te pregunta secamente qué quieres. Le dices que una cita, que te lo han dicho en Cirugía. Te dice que esperes en una sala de espera vacía donde casi todos los asientos están precintados con cintas plásticas rojas y blancas, en un paisaje como de ciencia ficción post-apocalíptica. Te sientas tímidamente al borde de uno de los que están sin precintar. Sacas el ordenador para trabajar. Tienes comentarios que hacer, relatos que leer, no puedes estar todo el día perdiendo el tiempo.

Al cabo de un rato aparece una enfermera pelirroja que te pregunta. Le cuentas. Lo de la biopsia urgente, lo del doctor de largos índices. Le entregas el volante. Te dice que esperes. Se lleva el papelito. Vuelve al cabo de un rato. Te pide los resultados de la ecografía y de la mamografía que te han hecho en Getafe. Te dice que esperes. Vuelve al cabo de un rato. Te devuelve el informe y te da un volante para una mamografía y una ecografía para dentro de una semana, porque te las tienen que repetir ellos, son las normas. Es muy amable, sonriente y pelirroja. Le das las gracias, y te vuelves a sentir en buenas manos.

Cuando vas a salir, te detienes en la entrada para ordenar todos los papeles que llevas, guardar el ordenador en la funda, meter las gafas en el bolso… Estás allí un ratito. Estás lenta y algo desconcertada. Saliste de casa a las ocho de la mañana y ya es la una del mediodía. Cuando estás abrochándote el abrigo, aparece corriendo la enfermera de nuevo. Te pregunta si puedes quedarte un rato más para que te hagan la mamografía y la ecografía hoy mismo, ahora mismo. Te quedas un poco asombrada, pero respondes que sí, claro que sí. No sabes si te halaga o te da mala espina que todo el mundo tenga de pronto tanta prisa. Te lleva a otra sala de espera, donde mandas un whatsapp a tus hijos para que se busquen la vida con la comida y sigues trabajando, hasta que te avisan para la mamografía. Someterte al aplastamiento de los pechos dos veces en el mismo día es demasiado, ciertamente. Pero no rechistas. Estás en modo borrego agradecido. Toca hacer lo que te digan. De poco sirve ahora mismo rebelarte. Luego, vuelta a la sala de espera. Vuelta a trabajar.

'Esto tiene mala pinta, hay que hacerte una biopsia'. Te cita para la semana próxima. No. Tengo un viaje, y no, no se puede anular, por nada en el mundo. Tiene que ver con el amor. Este bulto también o, más bien, con el no amor. Te… Clic para tuitear

Al cabo de otro ratito, la enfermera te vuelve a dirigir, como a un corderillo, esta vez a hacerte la segunda ecografía del día. La médica que te la hace es morena y tiene acento latinoamericano. Te dice, mientras te unta el líquido pegajoso y congelado por los pechos, que ha sacado hueco para atenderte para agilizar el proceso. Y otra vez a amasar. Y otra vez a insistir sobre el bultito y a mirar fijamente al ordenador en silencio, hasta que ya, sí, lo dice: «Esto tiene mala pinta. Hay que hacerte una biopsia». Aunque la palabra «biopsia» te suena tétrica, en realidad no sabes exactamente lo que significa, así que se lo preguntas a la doctora tímidamente. Te dice que extraerán algunas muestras del tumor. «¿Y eso duele?», le preguntas, y te sientes como cuando de pequeña venía el practicante a tu casa. Te dice que no, que te pondrán anestesia local. Te quiere citar para la semana siguiente, pero le dices que dentro de dos días te marchas de viaje y que no volverás hasta el miércoles siguiente. Te pregunta si no lo puedes anular. Le pones ojos de cordero degollado y piensas que no, que no puede ser, porque tiene que ver con el amor, y estás segura de que el bultito también tiene que ver con el amor o, más bien, con el no amor, así que no vas a anular ese viaje por nada del mundo. Todo esto no es necesario que se lo digas porque, después de mirar escrupulosamente el calendario, te dice que abrirá hueco al día siguiente. Te da un salto el corazón, una mezcla de susto y agradecimiento. Todo va demasiado deprisa para tu sensibilidad de torre de alta tensión.

La enfermera pelirroja te da las instrucciones para el día siguiente con todo lujo de detalles, te recomienda venir acompañada y te dice que no te preocupes, todo irá bien, te dice, es algo que hay que hacer, pero eso no quiere decir que tengas que preocuparte, aún no se sabe.

Sales casi arrastrándote a las tres de la tarde del hospital, sin haber desayunado ni comido, aunque no tienes ni pizca de hambre. Estás exhausta y excitada a la vez Te das cuenta, por primera vez, de que acabas de emprender —sin comerlo ni beberlo— una especie de cruzada. Te preguntas, también por primera vez, si quieres atravesarla sola, ligera de equipaje, como has hecho con casi todas las cruzadas de tu vida, o si estás dispuesta a afrontar el reto de hacerlo acompañada. Y de pronto, con una certeza que atraviesa como un sable tu tendencia compulsiva a no pedir ayuda ni al tato, sabes a ciencia cierta que por nada del mundo vas a ir sola a hacerte la biopsia al día siguiente.

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Con el Diario de lo diminuto tengo la intención de compartir contigo mi proceso con el cáncer de mama a lo largo de estos meses. Este compartir tiene dos direcciones:

  • Mostrarte de un modo muy personal cómo es este camino en una situación nueva y compleja como es la pandemia.
  • Contarte cuáles son los tratamientos y vías de sanación que he descubierto, cuál es mi elección final y cómo será su desarrollo a lo largo de estos meses.

¿Y cómo puedes apoyarme en este proceso? También tienes dos vías (que no se excluyen mutuamente ;-)):

  • La primera es apuntarte, disfrutar y difundir mi nuevo programa online «Escribe y medita por tu cuenta»,  que puedes realizar cuando quieras y a tu ritmo y me ayudará a mantener algunos ingresos en los meses en los que debo estar enfocada en el tratamiento y mi sanación (como sabes, los autónomos no lo tenemos fácil en este sentido).
  • La segunda es leyendo, dejándome tus comentarios y compartiendo estos artículos con todos aquellos conocidos, amigos o familiares a quienes pueda ayudarles mi diario.

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«Algo diminuto, pero que no puedes ignorar» es una frase de un relato de Mercedes Adán cuyo protagonista es un neurocirujano que contrae un melanoma, Cuando la leí, me pareció la definición perfecta del cáncer, así que se la pedí prestada para esta serie de artículos sobre mi proceso personal atravesando el cáncer de mama.

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45 comentarios en «Algo diminuto, pero que no puedes ignorar II»

  1. Buenos días
    Eres valiente y luchadora, a por ello, no queda otra, no te escribiré halagos, más bien te diré que te cuides, come bien, descansa, y a luchar…
    Son días grises, cuando puedas dales color y sino puedes, que tus seres queridos te ayuden a pintarlos

    Responder
  2. Isabel sigo leyéndote. Cada experiencia conviviendo con el cáncer es única. Lo que sí puedo decirte es que a mime costó mucho rendirme a la vulnerabilidad. Dejarme querer y cuidar. Por primera vez sentí el miedo de verdad, el dolor…
    Y en las incontables visitas y pruebas que hay que pasar, muchas veces me sentí una teta. Me faltó esa mirada más integrativa en la que se apreciara cómo me sentía, qué pensaba, cómo evolucionaba. Los médicos se limitaban a hablar del tumor y focalizarse en el pecho.
    Abrazo hondo!

    Responder
    • Hola, Beti,

      Muchas gracias por tu mirada. Sí, entiendo lo que dices… Menos mal que hay médicos de todos los colores. Y también menos mal que no tenemos por qué atenernos solo a esa mirada plana de la ciencia que considera al ser humano únicamente como un conjunto de órganos.

      Un abrazo fuerte,

      Isa

      Responder
  3. Querida Isa: Me alegra saber que tras las mascarillas y las batas blancas y azules has descubierto las personas que las habitan, excelentes profesionales que se van a ocupar de que ese minúsculo bultito que no puedes ignorar, se convierta tan solo en una experiencia de crecimiento que no puedes dejar pasar sin crecer. Vamos a seguirte y vamos arroparte, quizá en esta etapa debas dejarte cuidar y no solo cuidarte tu solita como sueles hacer. Un abrazo muy muy fuerte querida maestra de vida.

    Responder
    • Hola, Ana,

      Gracias por tus palabras. Sí, estoy dejándome cuidar y seguiré haciéndolo, al menos todo lo que doy de mí en ese sentido ;-). También aprendo a ver mis límites, y eso es también cuidarme.

      Lo que sí puedo decir es que me siento muy arropada :-). Gracias por la parte que te toca.

      Un abrazo enorme,

      Isa

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  4. Isa. Te he leído. Eres valiente y mágica y lo dices todo tan bien. Te quiero y te admiro. Cuando todo acabe te sentirás una reina en tu trono y nosotros, todos los que te queremos, tus súbditos. Un abrazo enorme y mis mejores deseos. Será un éxito. Lo sé.

    Responder
    • Hola, Matilde,

      Déjate de reinas y de súbditos… 😀 Con el cariño nos bastamos y nos sobramos ;-).

      Muchas gracias, preciosa. Te siento siempre cerca.

      Un abrazo,

      Isa

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  5. Uffff! Me he leído los dos relatos hincada en mi blanca silla giratoria de mi ordenador y sin pestañear. Durante estos días grises, el hecho de escribir, abres tus entrañas y en l@s que te leemos nos despiertas empatía y sin ningún tipo de azúcar almibarado ganas de abrazarte.
    Te lo envio

    Responder
    • Hola, Olatz,

      No hay nada que me haga más feliz que poder compartir mis entrañas -en lo bueno y en lo malo- y que de ello podamos gozar las dos partes, yo al escribir y tú al leer. Eso, para mí, es el oxígeno que me permite respirar en las situaciones más duras. Cada nueva «tortura» que me proponen los médicos, la acojo diciendo: «Menos mal que podré escribir sobre ello».

      Un fuerte abrazo, sin ningún tipo de azúcar almibarado ;-),

      Isa

      Responder
  6. Querida Isa,
    Gracias por tanto sentimiento. Esta vez me has dejado sin palabras. Sin duda el mejor antídoto al miedo, el Amor.
    Gracias por tanto, querida Isabel.

    Responder
  7. Queridita Isabel, no estás sola. Me gustaría darte mi mano, tocar tu piel, darte un abrazo, escuchurrarte mucho, decirte que va todo bien, que eres valiente, fabulosa, preciosa y te quiero♥️
    Gracias, gracias, gracias por compartir tu experiencia.
    He sentido que estaba contigo entre esos pasillos y batas blancas de hospital. Lo has trasmitido tan bien esas horas que me imagino teniendo las mismas sensaciones.

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    • Hola, Alicia,

      Gracias por escurrucharme y decirme cosas bonitas al oído. Me lo quedo todo para recargar las pilas en estas semanas.

      Seguirá la película de las batas blancas un poquito más ;-).

      Un abrazo fuerte,

      Isa

      Responder
  8. Querida Isa. Me sigue impresionando tu valentía para «desnudarte» en redes sociales y contarnos paso a paso el calvario del cáncer. Demuestras una fuerza tremenda. Estoy convenciada que escribiendo este diario ayudarás a que muchas mujeres se tomen en serio la prevención y se animarán a acudir a las revisiones rutinarias para prevenir esta terrible enfermedad. Gracias.

    Responder
    • Hola, Carmen,

      No es mi intención hacer un diario de prevención contra el cáncer ;-), pero si le puede servir a otras mujeres (y hombres) para lo que sea, a cada cual lo que le llegue, ya me doy con un canto en los dientes.

      El calvario es menos calvario cuando se airea y se humaniza a través de la escritura.

      Muchas gracias por tus palabras, y un fuerte abrazo,

      Isa

      Responder
  9. Hola, Isa:
    Siempre me he preguntado cómo se asimila un diagnóstico. La estupefacción de pasar de ser una persona sana a no serlo en el transcurso de los segundos que tarda un médico en pronunciar una frase. Tu experiencia aporta el sentimiento de verse en manos extrañas, en lo físico, en lo emocional, y qué difícil también asumir eso. Conmueve tu historia, sacude y despierta todos los miedos.

    Comparto un fragmento de una novela de Lorrie Moore, «Gente así es la única que hay por aquí: farfullar canónico en oncología pediátrica»

    El bebé se quiere levantar y jugar con el interruptor de la luz. Se vuelve, se mueve y señala.
    -Estos días le atraen las luces- explica la madre .
    -Eso está bien -dice el cirujano asintiendo hacia el interruptor-. Déjele que juegue. -La madre se pone de pie a su lado y el bebé comienza a encender y a apagar la luz, a encenderla y a apagarla.
    -Lo que tenemos aquí es un tumor de Wilm -dice el cirujano, de pronto sumergido en la oscuridad. Pronuncia «tumor» como si fuera la cosa más normal del mundo.
    -¿Wilm?- repite la madre. La habitación se ilumina rápidamente con la luz para volver a desaparecer de inmediato en la negrura. Entre los tres se produce un largo silencio como si, de pronto, fuera la mirad de la noche-. ¿Es con «w» o con «u»?»

    Me impactó de la misma manera que tu experiencia: deja sin recursos como quién recibe un gancho y le noquean. Como si perdieras cualquier control y poder de decisión sobre tí mismo. Pero en este ring también hay que ponerse en pie.
    ¡Mucho ánimo, un beso grande!

    Responder
    • Maravilloso ese fragmento de Lorrie Moore, muchas gracias por compartirlo.

      Es curioso que yo en ningún momento me he sentido «enferma». Supongo que es distinto cuando tienes síntomas que te postran, pero yo me siento estupendamente (me siento mucho peor con un simple resfriado), y a ese bultito, por mucho que me asusten los conceptos y los significados que se mueven alrededor de él, no lo siento como algo «malo», incluso puedo decir que lo siento como algo «mío». Lo cual no quiere decir que no me alegre de que me lo «extirpen» ;-). Pero eso, no estoy sintiéndolo tanto como una enfermedad que sanar, sino como un proceso que me toca atravesar. Esto quizá genera más perplejidad ante el diagnóstico, pero también siento que tengo fuerzas para ir avanzando.

      Un fuerte abrazo, y gracias siempre por tu lectura activa y tus aportaciones,

      Isa

      Responder
  10. Apreciada Isa!!
    Es tu primer artículo que leo, pues aunque los recibo nunca encontraba el momento para hacerlo.. Y no sé porqué este lo he abierto y acabo de leerlo.
    No tengo palabras en este momento por la sorpresa que me han producido las tuyas.
    Magnífico relato desde luego y ojala fuera solo un relato.
    Lo comparto y cuenta conmigo, si te spetece tenerme como alumna, para tu curso online que comentas. Ya me dirás los pasos a seguir.

    Deseo ardientemente qye en breve nos sorprendas con otro relato de que todo se quedó en una desagradable experiencia.. Un abrazoteee muy muy fuerte lleno de ternura y amor. Vuidate muuuvho y pide lo que necesites.

    Gracias por tu gran valentía al compartirlo

    Responder
    • Gracias, PIlar. Me temo que no todo se quedó en una desagradable experiencia, sino que será un proceso de unos cuantos meses con una parte desagradable y otra maravillosa.

      Un abrazo fuerte,

      Isa

      Responder
  11. Querida Isa,
    Es la primera vez que escribo un comentario (a estos extremos llega mi timidez) y me da un poco de pudor pues, a diferencia de ti, nunca me parece encontrar las palabras adecuadas para expresar lo que siento.
    Sólo quería decirte que me parece de una enorme generosidad y valentía lo que estás haciendo, compartiendo tu experiencia que seguro será de gran ayuda para todos.
    Un abrazo enorme, cuídate mucho y espero que sepas ya cuanto te quiero

    Responder
    • Hola, Marisa,

      Valoro mucho que me dejes un comentario, porque sé que no es fácil para ti. Sin embargo, no sabes lo valioso que es para mí tu gesto. Tu manera de expresarte es perfecta y auténtica, y me haces llegar tu amor y tu pureza.

      Un abrazo enorme, hermana vajra,

      Isa

      Responder
  12. Isa, no he podido dejar de leerte nada más abrir tu email. Estaba en el coche llegando a mi rehabilitación y no he salido hasta terminar de leerte. Me alegra oírte siempre.
    Me interesas mucho. Eres una mujer excepcional a la que tengo una admiración, respeto y cariño sincero, no solo eres mi maestra.
    Quiero saber de ti, de lo que ahora te toca vivir» gracias a» (no se si es adecuado este término en estos momentos) o más bien, a través de ese bultito diminuto en tu pecho y a través de tu escritura impecable que me transmite una Consciencia lúcida y vibrante, de alto voltaje.
    Aunque yo no tenga o no me haya detectado un bultito diminuto en el cuerpo si me los detecto en otras partes, quizá más sutiles de mi ser. Por lo que tu generosa y admirable aportación además de hacerme sentir honrada y agradecida me hace sentir muy próxima a ti, me acaba aportando un sentimiento esperanzador de triunfo para todos y todas, cada cual en su proceso único y particular.
    A medida que voy leyéndote un Bien global, como expandiéndose, va forjandose. Y creo que esta energía tan benefactora se esta manifestando gracias a tu trabajo sostenido de atención y Consciencia constante .
    Gracias por lo que me toca .
    También tengo que confesar que lo que más bonito y esperanzador y sobre todo lo que veo más Sanador en estos momentos, de lo que más me alegra oírte es tu historia de amor.
    Estoy deseando que os encontréis, que os ameis y que os disfrutéis.
    De verdad, creo que te mereces ese Amor que es tu Salvación, en el mejor de los sentidos.
    Deseo que vuestros encuentros vayan aumentando en cantidad y en calidad y que el Amor llene vuestros corazones aliviando momentos tortuosos y de incertidumbre.
    Y espero que sigas compartiendo
    Gracias, Siempre Isa.

    Responder
    • Muchas gracias, Elena :-).

      Me ha encantado lo que me dices y cómo lo dices, porque me hace ver también toda tu luz interior, en este juego de espejos que es la comunicación entre quien escribe y quien lee.

      En cuanto a mi historia de amor… El amor siempre gana la batalla, pero nunca de la forma en que imaginábamos.

      Un fuerte abrazo con mucho cariño,

      Isa

      Responder
  13. Abro el mail, Segundo relato, me lo leo hasta el final comentarios incluidos casi sin pestañear. Te siento tan cerca cuando te leo, que me siento como tu sombra en todo tu recorrido, sentada a tu lado con los pies detrás de esa linea roja que veo perfectamente. Yo te veo escribiendo y viviendo esas experiencias, es posible que tú nos veas leyendo tus escritos. No tengo la menos duda de que un inmenso cariño te envuelve en uno y otro acto. Gracias por tu valentía, con todo mi amor.

    Responder
    • Hola, Dory,

      Mi amigo Eloy Tizón, escritor, dice que un buen escritor escribe «en la cabeza del lector». Y sí, igual que tú te pones en mi lugar cuando me lees, yo me pongo en el tuyo cuando escribo, en eso consiste la belleza de la transmisión literaria. En este caso, además, coincide con que todo esto se está dando casi a tiempo real y con unas coordenadas reales (al menos dentro de la verdad relativa ;-)), lo que hace más vívida la conexión. Y, en fin, no sabes cómo disfruto cuando me contáis vuestras percepciones al leerlo, no todos los escritores tienen el privilegio de tener el feedback de sus lectores, con todo el crisol de matices que aportan a la historia en sí.

      Un abrazo muy fuerte y amoroso,

      Isa

      Responder
  14. Isa, cómo me gustaría acompañarte en el proceso y a todas las citas médicas y cogerte la mano y abrazarte cada minuto para liberar todos los átomos, sustancias, dolores y amores que te ayudarán a curarte bien. Y aunque parezca imposible, porque vivimos en ciudades distintas, gracias a lo que nos has enseñado sobre la experiencia de la meditación y la no dualidad, yo puedo estar acompañándote y cogiéndote de la mano y abrazándote cada minuto para que se segreguen todas las sustancias y los átomos de rescate absoluto que te ayudarán en todo este proceso. He activado todos los dispositivos para que te vaya llegando la conexión sideral de rescate amante atómico. Aquí tienes otra fuente que te apoya, junto con todo el resto de fuentes que te apoyan en esta comunidad como nacimientos de ríos infinitos en cimas de cadenas montañosas. Recibe un abrazo inmenso de mi parte

    Responder
    • Hola, Garbiñe,

      Qué preciosidad lo que has escrito. No sabes hasta qué punto me llega «la conexión sideral de rescate amante atómico» (buen título para un relato ;-p). Todos estamos interconectados, y más en esta red de palabras amantes-rescatadoras. Cada vez que respiro me llega toda esa luz, cada vez que me ducho me zambullo en esos ríos. Que seas capaz de hacer eso, de imaginar eso… estás aliviando mi sufrimiento e incrementando tu mérito, y si todos fuésemos capaces de hacer eso con todos (incluyéndonos a nosotros mismos) estaríamos iluminados. Así que imagínate si es importante.

      Con enorme gratitud y cariño,

      Isa

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  15. Hola Isa.. Hoy que, por fin he tenido un ratito me dejado acompañar por tu relato. Te felicito por ser tan valiente. Aunque tal vez pienses que no te queda otra. Y aunque sea a través de la distancia física, quiero acompañarte en este camino que estas recorriendo. Es importante no hacerlo sola, pero yo se que no estás sola. Aunque a veces aunque no lo estemos, nos sentimos solos. Solos ante nuestra propia soledad. Ante nuestros miedos y nuestros sentimientos, a veces contradictorios.
    Supongo que son momentos difíciles, pero la fuerza de los que te queremos te acompaña. ¿Verdad que la notas.?
    Un abrazo linda mujer

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  16. Hoy, después de leer el capítulo II, me he quedado triste. Y eso que, cuando estaba a punto de llorar, he soltado un par de carcajadas sonoras. Y que mientras lo leía pensaba «Qué bien escrito está», y disfrutaba leyendo del placer de leer. Y que el momento en te pones la mano en el corazón para darle las gracias al médico me ha parecido precioso. Y que el capítulo acaba «bien».
    Pero ahora lo que siento es tristeza. Aunque eso, como dice nuestra maestra Lama Tashi Lhamo, no es ni bueno ni malo. Simplemente es una experiencia.

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    • Hola, Paloma,

      Gracias por tu preciosa aportación lectora. La tristeza… la tristeza está en mis ojos y en mi alma, así que todo lo que escribo suele estar teñido por ella. Y, como bien dice nuestra maestra, no es ni buena ni mala. Como las dos sabemos, la tristeza tiene la virtud de ser expansiva y conectarnos a los demás seres, así que podemos aprovechar esa emoción para eso, para sentir el gozo de la conexión dentro de la tristeza. Yo, al menos, lo siento ahora, al leerte y contestarte, triste y conectada.

      Un abrazo enorme,

      Isa

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  17. Querida Isa.
    Me he «tropezado» con tu primer relato, y no he podido dejar de leer hasta que he terminado el segundo.
    Es como si mi alma hubiera salido volando de mi cuerpo, y estuviéramos ahora mismo viendonos a través de la pantalla de zoom, uno de esos maravillosos inventos en la era de la pandemia. Sentada, en otro momento, en otra vida… leyendo de nuevo cualquiera de los relatos escritos ahora hace un año, en esa aventura tan bonita que disfrutamos de «Escribir desde el corazón» Así estoy ahora mismo, blandita, muy blandita, con el corazón triste y encogido por lo que te toca pasar, y contenta por saberte reconfortada con la escritura y con el apoyo que puedes recibir desde aquí. Si algo me ha enseñado el proceso de acompañar desde el amor, es que no siento tanto pudor al expresar ciertas palabras: Cáncer, tequiero, ahora… Mi querida y admirada Isa, hay tantas personas en el mundo como formas diferentes de querer. Te quiero, desde el corazón, desde la experiencia, desde la escritura y desde la incertidumbre. Estoy aquí, siguiéndote atentamente. Me encantará continuar sabiendo de ti. Mil gracias por tu generosidad de compartir y tu valentia de contarlo.

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    • Hola, María José,

      Me ha emocionado mucho lo que dices y cómo lo dices, desde la claridad de alguien que ha atravesado la dureza y que no siente que tenga nada que perder al decir «te quiero». Pues yo también te quiero desde la vulnerabilidad, desde la necesidad de ser querida, desde quien escribe porque es su única forma de aullar y conjurar el miedo… el miedo a vivir, y no a morir.

      Me encantará seguir sabiéndote ahí.

      Con mucho amor,

      Isa

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  18. Un abrazo de los grandes Isa
    Me siento tremendamente tonta y tremendamente inútil al intentar expresar con palabras no solo todo lo que despierta en mi este texto sino, peor aún, intentar decir algo ´´útil», algo que pueda ayudar o al menos expresar, expresarte, que te llevo muy dentro del corazón, a pesar de que te conozca desde hace poco. Te tengo presente cuando medito y también, inevitablemente, cuando me veo a mi misma, día a día, dar pequeños pasitos en la comprensión del complicado mundo de las emociones gracias a la magia de esa escritura tan de verdad que enseñas. Te llevo en el corazón y te mando todo mi cariño. No se me da nada nada bien eso de dar abrazos pero si te tuviera aquí y me dejaras de daría uno de esos gordos.

    Responder
    • Muchas gracias, Inés, por ser tan «de verdad» tú también, porque yo lo único que enseño es a que cada uno se vea como es. Y lo que tú eres es una preciosidad, una verdadera exploradora de la verdad.

      Me quedo con ese abrazo gordo que se te ha escapado, y que me ayudará en mi propia búsqueda.

      Y te mando mucho amor,

      Isa

      Responder
  19. Comencé a leer “Algo diminuto, pero que no puedes ignorar”. ¿Qué nos contará Isa esta semana?, me pregunté. El título luce muy atractivo, me dije, y me dispuse a disfrutar de la lectura. Pero después de unas pocas líneas sentí como una vibración aguda, como el de la cuerda de un violín., tan intensa que sentí que algo se rompía dentro de mí. ¡No es justo!, pensé. No es justo que alguien que está habitada por ese no sé qué de más divino, del que habla Fedro en el Banquete de Platón, sea tan mal tratada por el destino, zarandeando una bola de pinball dentro de su cabeza. Porque tú, Isa, vas de amor por la vida, amor a la literatura, para con tus hijos, los biológicos y los que has gestado en tantas y tantas horas de leer y comentar los ejercicios de escritura de tus alumnos, que de alguna forma también somos un poco hijos tuyos. Pero también eres valiente y luchadora. Vencerás, estoy seguro. ¡Estamos contigo, leona!

    Responder
    • Muchas gracias, José María,

      Jo, que preciosidad lo que dices… Yo no tengo la sensación de injusticia (o al menos no muy a menudo ;-)). Los vericuetos del karma son inextricables para mí. Esta es la bolita con la que me toca jugar… pues nada, habrá que jugar con ella. ¡Y ojalá que todos salgamos ganando!

      Un abrazo enorme y agradecido,

      Isa

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  20. Querida Isa, tus palabras me han tocado en el corazón, casi sintiendo lo que estás vivenciando. Eres valiente en compartir tus pensamientos y emociones y estoy seguro de que de esa valentía saldrá tu sanación. Te tengo presente en mi práctica y te deseo un rápido recuperación. Bss

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    • Muchas gracias, Oliver, cuánto me alegro de que te haya llegado lo que escribo. Y gracias también por tus buenos deseos, que me llegan directos al corazón.

      Un abrazo muy fuerte,

      Isa

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  21. Me ha dado por ver en cada médico y enfermera, un simpático ángel de la guarda. «Angel de la guarda, dulce compañía, no la dejes sola ni de noche ni de día…» 😉

    Responder
    • Hola, Mer,

      Qué lindo… Pensaré mucho en esas palabras el día de la operación :-).

      Muchas gracias, preciosa, y un abrazo muy fuerte,

      Isa

      Responder
  22. Hola, Isa!
    Me encanta leerte. Admiro la exposición y entrega de lo que cuentas y cómo lo cuentas. Gracias por compartir tu experiencia y tu arte!
    Todo va a salir bien.
    Un abrazo, querida!!

    Responder
  23. Isabel,
    Este texto no puede ser sino resultado de una mente y un corazón en total sintonía…
    Esa confianza que sale de ti misma junto a la fuerza del amor que te rodea nos regala un relato como este , en el que te hemos acompañado en un recorrido lleno de personajes, olores, dolores y esperanza. Esperanza y convicción de que todo va a salir bien. Un abrazo enorme, Isa! Y gracias !!!!!! …

    Responder
  24. Hola Isa!!! perdón por leerte recién,pero por un lado digo mejor, soy muy cobardona,en ciertas circunstancias.
    Me alegro leerte que estás en proceso d recuperación,gracias a Dios,mejor, muy querida y mimada por tus seres queridos.Es la fuerza del amor 💓 por sobre todas las cosas, porque eres una mujer muy fuerte con su único instrumento de defensa la escritura.
    Asiste a un taller tuyo y me abriste un camino hacia la reflexión y de allí poder escribir ,pero me pasaron tantas cosas.
    Estuve Argentina y volví hace mes y medio.
    Si me gustaría asistir a un taller de escritura y meditación,no sé si es presencial o vía online.
    No sé cuánto tiempo me quedaré en España.
    Estaré atenta a tu respuesta.
    Un beso y un fuerte abrazo.Bendiciones🙏💓💫🙌🏽✨✨✨😘

    Responder
  25. Hola Isabel,
    Precioso el capitulo 2.
    y me encanta la comparación de los dedos índices del hombre con los de ET.
    Gracias y mucho ánimo.

    Responder

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