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Algo diminuto, pero que no puedes ignorar IV

El mundo se ha convertido en piedra

Con el Diario de lo diminuto quiero compartir contigo mi proceso personal con el cáncer de mama.    

Capítulo IV

La sentencia

Martes, 2 de marzo de 2021

Camino del hospital, los edificios y los árboles brillan de un modo extraño, un poco onírico. Recuerdas algo que leíste en un libro de Pema Chödron, en que hablaba de la impermanencia y ponía el ejemplo de alguien que —como tú ahora— va a por los resultados de los análisis de un tumor. ¿Cómo valora la vida esa persona en esos momentos? Así deberíamos valorar y aprovechar cada instante —decía Pema—, como si sospecháramos que puede quedarnos poco tiempo de vida. Al acordarte de esto, te ataca la urgencia de exprimir el momento, lo que apaga inmediatamente el brillo de los edificios y de los árboles.

El gesto de exprimir es una compulsión que aplicas a casi todo, también al amor. Cuando no te permitías amar hasta el tuétano, tenías un escudo protector, aparentabas fortaleza. Ahora no hay escudo que valga, y el dichoso bultito… Clic para tuitear

El gesto de exprimir es una compulsión que aplicas a casi todo, también al amor. Sin duda, tu viaje «de placer» te ha hecho desconectar del asunto de la biopsia, pero ha sido agotador emocionalmente. Amar dispara todos tus miedos más profundos. Te abandonarán, lo harás fatal, quién te va a querer a ti… Parece que todo el poder y las cualidades que afloran en otros ámbitos, en el de la pareja te abandonaran y te dejaran convertida en una niña escuálida, gris y anhelante, como recién salida de un campo de concentración. Lo ves, sabes de dónde vienen esos miedos… pero no eres capaz de abrazarlos, de abrazarte, luchas encarnizadamente para que no estén, y eso te tensa y te agota. Cuando no te permitías amar hasta el tuétano, tenías un escudo protector, aparentabas fortaleza ante la otra persona y te metías en una lucha de poder para que no se creyera que se lo ibas a poner fácil. Ahora no hay escudo que valga, y el dichoso bultito de tu pecho parece avisarte de ello como una palpitante sirena de fábrica.

Menos mal que en un rato un doctor benevolente vestido de arcángel te dirá que al final no era nada, solo una falsa alarma, y apagará por fin el interruptor de esa sirena del demonio que pita en tus oídos, y arrancará de una vez por todas el puñetero enchufe del pinball de tu mente, e incluso clausurará la sala de recreativos, y amarás y serás amada hasta el final de los tiempos.

Esperas a ser atendida. Ahora prefieres sacrificar la narrativa y ascender al empalagoso cielo de las falsas alarmas y de la mala literatura Clic para tuitear

Mientras esperas a ser atendida, te acuerdas de la cantidad de relatos que has leído en los que el o la protagonista se encuentra en esta misma situación, esperando un resultado que una ya sabe que va a ser adverso porque, en otro caso, no habría historia. Sin embargo, ahora prefieres sacrificar la narrativa y ascender al empalagoso cielo de las falsas alarmas y de la mala literatura.

Tienes la tentación de ponerte a trabajar, o a leer, o a contestar whatsapps, o a cualquier cosa que no sea alternar la mirada entre tu papelito y el número de la pantalla, todo el rato discordantes. No lo haces, porque te parece banal y evasivo. Este —lo mires por donde lo mires— es un momento climático de la historia, la antesala del juicio contra tu bultito, donde será declarado inocente o culpable, benigno o maligno.. ¿Qué pensaría el espectador si cometieras una banalidad y desconectaras de la tensión narrativa?

Ser intensa es agotador.

Por fin tu número coincide con el de la pantalla, y es como si te hubiera tocado una lotería que aún no sabes si te dejará en debe o en haber. En cualquier caso, la suerte está echada. Te diriges a la misma consulta en la que te atendió el doctor de los ojos dulces (¿eran realmente dulces o solo lo son en tu memoria?). Ojalá vuelva a atenderte él. Pero detrás de la mesa hay una mujer desconocida más joven que tú con una coleta estrangulada en su nuca. Ahora que llevamos la cara tapada con mascarilla, te estás acostumbrando a distinguir la edad de las personas por el pelo, por la lisura o las arrugas de la frente, por el brillo de los ojos y el estado de sus cuencas.

Te invita a sentarte detrás de la raya y te pregunta qué te trae por allí. Le dices que vienes a por el resultado de una biopsia. Te pide tu nombre y se zambulle en el ordenador. En las consultas, tienes la sensación permanente de ser una interrupción o un estorbo para los importantes asuntos burocráticos de la élite médica, así que sigues en actitud de espera mientras se supone que te están atendiendo. Miras por la ventana. Los árboles, la última vez quebrados por el temporal Filomena, ahora han sido talados. ¿Tendrás que ser talada también tú? La mujer de la coleta apretada será quien porte el hacha de la sentencia. Eso, si alguna vez aparta los ojos de la pantalla del ordenador.

Lo hace al cabo de un rato para trasladarlos al teléfono y teclear un número. Habla con alguien que entiendes que se encarga del análisis de las muestras de tu bultito. Te imaginas a un hombre disfrazado de astronauta mirando fijamente un trozo de algo parecido al kéfir —un trozo de ti— cogido con unas pinzas, mientras dice palabras técnicas por teléfono. La doctora habla poco, pero apunta cosas como loca en un post-it amarillo. Apunta tantas cosas que crees que no le va alcanzar ese pequeño cuadrilátero, pero ella aprovecha todas las esquinas, escribiendo en diagonal, en vertical, en círculo, en zig-zag… Un extraño jeroglífico en el que se encuentra encriptado tu destino.

Cuando cuelga el teléfono se queda mirando el post-it totalmente ensimismada durante lo que te parece una eternidad. Estás a punto de gritar, de estrangularla, de romper en mil pedacitos el post-it para restar poder al sortilegio y cambiar tu destino. Pero entonces empieza a hablar, mirando el post-it, como si le hablase a él en lugar de a ti. Habla, y habla, y habla, pero es como si lo hiciera en arameo, o como si de repente te hubieras vuelto afásica. Oyes, pero no comprendes. Hasta que no puedes soportar la impotencia y la interrumpes:

—Perdona, no entiendo…

Sin levantar la vista del post-it, la mujer de la coleta estrangulada te dice:

—Es chungo.

—¿Cómo? —Estás perpleja—. ¿«Chungo»?

Es malo, no es bueno, hay que operar.

Y, sin dejarte tiempo para calibrar lo que «chungo» significa para tu persona y en tu vida, la doctora de la coleta perfecta sigue hablando con el post it de una forma incomprensible, con un aluvión de tecnicismos que sepultan tu realidad.  Te sientes estúpida y en algún momento, no sabes cuánto tiempo después, la vuelves a interrumpir, con la voz un poco temblorosa:

—Perdona, es que no te entiendo. —Y como excusándote—: es la primera vez que tengo cáncer.

Entonces levanta los ojos del post-it y los posa en ti por primera vez. Su voz se humaniza y se vuelve más pausada. Empiezas a distinguir algunas expresiones, aunque no las comprendas del todo. Habla de una «resonancia», de una «pronta intervención», de la «extracción del tumor», de la «extirpación de un ganglio centinela», de «anatomía patológica» y de «tratamiento posterior». Dice que va a imprimir unos consentimientos para que los firmes y poder «actuar» cuanto antes.

El sonido de la impresora poniéndose en marcha es como el del tren de alta velocidad de la medicina científica que te fuese a arrollar. Cierras los ojos y, aterrorizada, te plantas en medio de la vía del tren con los brazos en cruz. Clic para tuitear

El sonido de la impresora poniéndose en marcha es como el del tren de alta velocidad de la medicina científica que te fuese a arrollar. Todo va demasiado rápido, se te escapa de las manos. Te habían avisado de que podía pasar esto, pero una cosa es saberlo, y otra que te esté pasando. Cierras los ojos y, aterrorizada, te plantas en medio de la vía del tren con los brazos en cruz.

Mira, supongo que tú estás acostumbrada a esto —le dices, tratando de mantener la calma—. Pero a mí me acabas de decir que tengo un tumor «chungo» y lo tengo que asimilar. No voy a firmar nada ahora, porque ni siquiera he entendido bien en qué va a consistir el tratamiento. Necesito un poco de tiempo.

Cuando abres los ojos, el tren se ha detenido a pocos centímetros de tu nariz. Algunos mechones del pelo de la doctora han logrado salvarse del estrangulamiento, y eso le da un aspecto cansado. Quizá pensaba que se iba a librar de ti más fácilmente. «No te preocupes —te dice, con una sonrisa forzada—, puedes llevarte los papeles y los traes firmados a la próxima cita».

Tu corazón aún bombea sangre a toda velocidad. Le pides que te repita cuáles son los pasos de lo que quieren hacerte. Te los repite, ahora de una forma más comprensible. Acabas sacando en claro que, aunque se sabe que el tumor es maligno, aún no se sabe de qué tipo es («tenemos que averiguar su nombre y apellidos», te dice, y esto lo oirás más veces, como si los tumores tuvieran su propio NIF, quizá más importante que el tuyo a partir de ahora en tu historial médico). Habrá que esperar a los resultados definitivos pero, de momento, hay que ir preparando todo para la operación, de la que no te libras. Primero habrá que hacer una resonancia para comprobar que no hay más posibles tumores en otros lugares del cuerpo. Luego, cuando te intervengan, te extraerán el tumor y un ganglio de la axila, el «ganglio centinela» (el vocablo despierta tu imaginación, y te imaginas un ganglio con ropa de guardia jurado, muy al loro de todo lo que se cuece por ahí), lo analizarán en el momento y, si da positivo, te extraerán el resto de los ganglios, mientras que si da negativo, cerrarán.

—¿Y después? —preguntas.

Ahí empiezan las vaguedades: «depende», «ya se verá», «aún no se puede decir»… Eres tú la que tienes que pronunciar esas dos palabras que dan más miedo todavía que «biopsia urgente»: «radioterapia» y «quimioterapia». La coleta de la doctora está cada vez más raquítica y los mechones le caen por las mejillas, dándole un aspecto desaliñado además de cansado. Tienes la impresión de que no le gusta su trabajo —al menos el que está haciendo en este preciso instante—, de que huiría gustosa de ahí como su pelo de la goma que lo apresa. Aun así, ahora se esfuerza por ser amable, te dice que, si se puede conservar la mama, lo más seguro te den luego radioterapia y quimioterapia. Pero que el tratamiento dependerá mucho de lo que ocurra en la operación, del tipo de tumor, etc. Ahora los tratamientos son muy personalizados, te dice. Claro, claro, piensas tú.

Después de coger aire, preguntas: «¿Y si no quisiera someterme a esa parte del tratamiento?», preguntas. Se revuelve en el asiento y se le sale otro mechón. «Entonces —te dice— no tendría sentido intervenir». Entiendes que todo va en el mismo paquete, extracción y tratamiento posterior, lo tomas o lo dejas. Apuestas por la ciencia o por la pseudociencia.

De pronto te sientes muy cansada en ese ring de boxeo donde te ha tocado pelear duro el primer round. No tienes fuerzas para sacar más información con calzador en el día de hoy. Te entrega las hojas del consentimiento y te dice que recibirás cita para la resonancia y para que te den los resultados definitivos de la biopsia. Te levantas, un poco mareada, te despides de esa pobre mujer con la coleta desecha a la que le ha tocado la china de ser mensajera del diablo, y te marchas. Por alguna razón, no tienes ninguna gana de volverla a ver.

Al salir del hospital, te tienes que sentar en un banco cercano, en medio de dos carreteras por las que no paran de pasar coches. Abres el whatsapp y, con dedos temblorosos, tecleas: «It is bad», seguido de una carita triste. No sabes cómo se dice «chungo» en inglés. Esperas un poquito. Recibes palabras de bloqueo, lo que te bloquea aún más. Empiezas a caminar lentamente hacia casa.

Sabes que tu vida ha cambiado, pero no sabes cómo ni en qué sentido. No sabes qué tienes que sentir, porque no hay archivado en tu base de datos nada semejante a esto. Has atravesado el umbral que te introduce en el proceloso mundo de las personas con cáncer, y no tienes ni la más remota idea de cuáles son las costumbres ni las reglas de este santo lugar.

De momento, los árboles, los edificios y tu corazón permanecen mudos y petrificados.

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Con el Diario de lo diminuto tengo la intención de compartir contigo mi proceso con el cáncer de mama a lo largo de estos meses. Este compartir tiene dos direcciones:

  • Mostrarte de un modo muy personal cómo es este camino en una situación nueva y compleja como es la pandemia.
  • Contarte cuáles son los tratamientos y vías de sanación que he descubierto, cuál es mi elección final y cómo será su desarrollo a lo largo de estos meses.

¿Y cómo puedes apoyarme en este proceso? También tienes dos vías (que no se excluyen mutuamente ;-)):

  • La primera es apuntarte, disfrutar y difundir mi nuevo programa online «Escribe y medita por tu cuenta»,  que puedes realizar cuando quieras y a tu ritmo y me ayudará a mantener algunos ingresos en los meses en los que debo estar enfocada en el tratamiento y mi sanación (como sabes, los autónomos no lo tenemos fácil en este sentido).
  • La segunda es leyendo, dejándome tus comentarios y compartiendo estos artículos con todos aquellos conocidos, amigos o familiares a quienes pueda ayudarles mi diario.

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«Algo diminuto, pero que no puedes ignorar» es una frase de un relato de Mercedes Adán cuyo protagonista es un neurocirujano que contrae un melanoma, Cuando la leí, me pareció la definición perfecta del cáncer, así que se la pedí prestada para esta serie de artículos sobre mi proceso personal atravesando el cáncer de mama.

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51 comentarios en «Algo diminuto, pero que no puedes ignorar IV»

  1. Hola, Isa, todo lo que haces y escribes demuestra lo valiente y fuerte que eres. La claridad mental con que vives el día a día no deja lugar a compasivos escondrijos. ¡Bravo! Saldrás de esta aún más fuerte, estoy convencida.
    ¿Sabes que me ha llamado la atención sobre la forma? La profusión de símiles que has usado hasta llegar al diálogo. No recuerdo haber leído nada tuyo con ese estilo. :=) No sé si lo has buscado intencionadamente o no; o si es una apreciación particular sin motivo y estoy equivocada. Pero, mientras leía, he percibido un cambio en la maravillosa escritora. No sé si esto tendrá algún significado para ti. He querido comentártelo porque me ha llegado claro como un fogonazo.
    ¡¡Un abrazo enorme!!

    Responder
    • Hola, Marusela,

      Pues no había reparado en lo que comentas. De hecho, no soy muy consciente de cuál es mi estilo. En todo caso, supongo que para describir el ambiente hospitalario no me queda más remedio que acudir a los símiles. Si no no sabría darle vida a algo tan aparentemente «aséptico». Lo que no sé si igual tantos símiles dispares despistan…

      En todo caso, gracias por tus apreciaciones, siempre útiles.

      Un abrazo fuerte,

      Isa

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  2. Hola Isa!!!
    Me ha dejado alucinada la manera tan lúcida y a la vez tan poética de relatar esta situación. Es como si yo misma estuviera sentada con la Dra que habla a los post its.
    Eres fuerte y sabia.
    Seguiré con atención a partir de ya tu diario de lo diminuto.
    Besos

    Responder
    • Muchas gracias, Berta :-). No soy fuerte ni sabia, pero al menos la escritura me permite quebrarme en mi ignorancia sin que se acabe el mundo.

      Espero que te vaya muy bien.

      Un abrazo fuerte,

      Isa

      Responder
  3. Isa lo que describes me remonta a mi vivencia con el cáncer de mama. Esa frialdad a la hora de comunicarte el diagnóstico. Ver que pasas por millones de pruebas previas y que no te informan más allá de sentirte una “teta” cuando eres una mujer con un diagnóstico de cáncer que puede prepararse desde otro lugar para realizar las pruebas pre-operatorias y saber cómo afrontar toda la quimioterapia y radioterapia.
    Estoy contigo en que la vida te cambia de golpe. Y empiezas a preciar cada instante desde el lugar de querer transitar este viaje con conciencia y conectando con la vulnerabilidad y dejándote amar.

    Buen viaje compañera y gracias por compartir tus reflexiones!

    Responder
    • Muchas gracias, Beti. Sí, es un viaje curioso que me ayuda a renovar la mirada que lanzaba sobre el mundo sin prestar atención al punto de origen de dicha mirada ni darme cuenta, por tanto, de su distorsión. Ahora lo veo todo más como a cámara lenta. A veces mola y a veces… es una mierda. En cualquier caso, toda una experiencia vital.

      Un abrazo,

      Isa

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  4. Isa, qué bien he visto a la doctora, su coleta, su pelo, su cara desvaneciéndose, la luz y los árboles a través de la ventana, el banco entre las dos carreteras y los dedos temblorosos, el miedo helador y el bloqueo, me he reído mucho con el doctor astronauta y el kéfir. He podido estar viva y presente en todo el viaje que has relatado. Gracias. Te envío un abrazo muy fuerte

    Responder
    • Muchas gracias, Garbiñe, deseo que estés viva y presente también en tus viajes con la escritura, porque esa capacidad es tuya de presencia es tuya, no mía.

      Un abrazo fuerte,

      Isa

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  5. Hola Isa, gracias por tu relato, espero que esta comunicación te ayude en el tránsito de este inesperado viaje. Sigue fuerte, ahí estaremos apoyando en lo que podamos. Te tengo presente en el día a día de mi práctica. Me ha sorprendido que intervención y tratamiento posterior sea un pack. Infórmate antes de tomar una decisión. Un abrazo.

    Responder
    • Hola, Dory. La decisión ya está tomada hace tiempo y no en base, desde luego, a lo que me dijeron en esa visita. Me lo presentaron como un “pack”, sí, aunque eso no quiere decir que yo haya de asumirlo como un pack. Lo que sí sentí es que, de hacer solo una parte de lo que ellos consideran un pack, no iba a recibir ningún apoyo o beneplácito, sino todo lo contrario.

      Un abrazo muy fuerte, y gracias por tu seguimiento,

      Isa

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  6. Quetida Isa: petrificada y muda me he quedado yo tambièn. Gracias por compartir tanto. Pienso mucho en ti Te mando mucho ánimo y un abrazo enorme. Cuenta conmigo oara lo que necesites. Lo digo de corazón.
    Un abrazo apretado,
    Emma

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  7. Me encanta como te muestras Isa! Como desnudas tus emociones y nos las regalas con total generosidad …….siempre iluminado tu camino Isa!!… Abrazos🙏💜💚 Gracias

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    • Muchas gracias, Mercedes :-). Cuando apuntáis al hecho de que “me desnudo” me entra como un escalofrío, supongo que soy un poco inconsciente de cómo me expongo con este tipo de escritura tan cercana a mi realidad. Supongo que es mi forma de practicar el “riesgo”. Hay gente que se tira en paracaídas, hace parapente o puenting… Yo escribo estas cosas pensando cada vez que me voy a escalabrar. Tengo mucha suerte de tener una red de lectores tan majos que me recogen antes de que me la pegue.

      Un abrazo fuerte,

      Isa

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  8. Querida Isa:
    Que cerca de ti me ha hecho sentir tu relato del diagnóstico. Es pura narrativa en primera persona. Nos sumergimos contigo en la espiral de tus emociones y de tus sentimientos, pero no para compadecerte sino para admirar que sepas como emerger tanta belleza de tanto dolor.

    Gracias, porque leerte, además, es como recibir una clase maestra de narrativa.

    Un fuerte abrazo
    Sole

    Responder
    • Hola, Sole,

      No sabes cómo me tranquiliza que lo que escribo no inspire al lector a “compadecerme”. Personalmente, no necesito tanto compasión como compañía, como muy bien ha intuido Mer. No compañía “física”, otro tipo de compañía para mí mucho más importante, relacionada con la consciencia y la alquimia emocional.

      Gracias, pues, por acompañarme en este viaje.

      Un abrazo muy fuerte,

      Isa

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  9. Para mí, entre lo que escribes, destaca nítida la soledad. Recuerdo cuando yo he tenido problemas médicos. Iba cuidadosamente acompañada, no me servía cualquiera porque era quién me sostenía. Y yo no me siento sostenida por cualquiera. Ahora, la pandemia, hace que todos los enfermos tengan que estar solos. Creo que eso al final no sería tanto horror como imagino. Porque lo imagino: querer entender lo que dice el médico y no poder, necesitar algo y que no sirva pedirlo, no sentir el contacto de alguien a quién te puedes agarrar…, la soledad es como un compañero frío y ausente.
    Siento en tu compartir algo que es un conjuro a la soledad, una soga en lo profundo por la que vamos todos unidos y nadie se puede caer. O si alguien se cae, no pasa nada, ahí está la soga y están los demás. En realidad, siento eso contigo desde que te conozco.
    Un abrazo muy fuerte.

    Responder
    • Hola, Mer,

      Ese día, el de “la sentencia”, decidí conscientemente ir sola. No sabía cómo me sentiría al salir de allí, y no quería sentirme forzada a estar con alguien si lo que necesitaba era estar sola. Y, de hecho, creo que no me habría servido de mucho tener a alguien a mi lado al salir, ni tampoco en la misma consulta. Es un poco como cuando Indiana Jones tiene que atravesar un puente inexistente, que solo va apareciendo a medida que se arriesga a dar el siguiente paso en el vacío del precipicio. No me voy a comparar con Indiana, que no tiene igual ;-p, pero hay cosas para las que bastante tengo con estar conmigo misma. La soledad, para mí, es la única forma de permitirme ser.

      Y, sin embargo, creo que has dado en el clavo con que mi compartir es como un conjuro a la soledad. Eso ha tocado el punto de origen de mi escritura. Por más personas por las que esté rodeada en mi vida, la soledad es mi fiel compañera. Sin embargo, escribir y meditar es lo que me permite sentirme como parte de un todo, de un río común en que todos vadeamos hacia la otra orilla, la de la no dualidad.

      Un abrazo enorme,

      Isa

      Responder
  10. Querida Isa!
    Me he quedado impresionada de tú capacidad descriptiva emocional en este proceso de vida que te está tocando vivir!!!! Si antes amaba y admiraba tú manera de escribir; ahora; me has alucinado!!!! Con cuántos grandes Dones la vida te ha sido dada; y también; con cuántos retos!!!! Saldrás adelante como mujer guerrera Espiritual que eres!!!! No lo dudo!!! Cuenta conmigo en lo que pudiera serte útil!!! Gracias por tantas enseñanzas!!!!❤️

    Responder
    • Muchas gracias, Mary. No creo ser más guerrera que cualquiera de nosotros en estas circunstancias. A una le sobreviene un cáncer, y tiene que afrontarlo, de un modo u otro. En mi manera de afrontarlo entra la escritura, que es lo que sé hacer, y eso hace que mi experiencia, en vez de quedarse anudada y solidificada en mi interior (provocando más complicaciones) se disemine entre todos convertida en pequeños pétalos inofensivos. Eso es bello porque no es mío, sino que lo hacemos entre todos, también entra en juego tu generosidad al abrirte y dejarte traspasar. Esto también te hace guerrera y cómplice.

      Un abrazo muy fuerte,

      Isa

      Responder
  11. Hola Isabel, mucha suerte!!!!
    Me parece un relato magnífico, sabes poner las palabras adecuadas a lo que uno piensa y siente.
    Me siento muy identificada con este relato, estoy en un proceso parecido al tuyo, casi similar, ahora en estoy con tratamiento de radioterapia y después, será tratamiento hormonal. Tras una breve pasada por una primera sesión de quimioterapia que me dejo sin defensas y muy malita, tomé la decisión de no continuar con ese tratamiento a pesar de recibir un aluvión de presión médica y social …me encuentro bien….

    Responder
    • Hola, Mar,

      A mí me operaron hace dos semanas, y en breve me dirán cuál será el tratamiento posterior. Vaya, me ha llegado lo que me dices de la quimioterapia… Sobre todo de que, en un momento tan bajo, en el que lo que necesitas es mucho apoyo, te hayas sentido presionada y rechazada por los médicos y la sociedad, supongo que con el mensaje subliminal de “no eres lo suficientemente fuerte para hacer lo que debes hacer”. Espero que hayas encontrado la confianza en tu propio corazón. Tomar la responsabilidad del propio cuerpo no es fácil (lo desconocemos tanto…), pero tienes todo el derecho (e incluso el deber) de hacerlo. Te deseo todo lo mejor para tu proceso, y ya me irás contando.

      Un abrazo fuerte,

      Isa

      Responder
  12. Hola Isa, solo decirte que cuando me llega que has publicado algo sobre “algo diminuto” dejo todo y me pongo a leerlo.
    Ah! y desde luego lo haces vivencial, me imagino las escenas como si las estuviera viviendo.
    Muchas gracias.

    Responder
    • Hola, Macu,

      Vaya, no sabía que “enganchaba” tanto ;-). Bueno, espero que sea bueno para ti. A mí me encanta que te puedas meter en lo que cuento y, desde esa identificación, podamos pasar un rato juntas.

      Un abrazo fuerte,

      Isa

      Responder
  13. Estimada Isa,
    Eres tan auténtica como genial escritora. Que forma de comunicar, de abrir la ventana y mostrar!!! Has conseguido dejar ver la pequeña Isa delante de la fría lectora de post-it. Doctora que ha despertado mi rechazo total. Con lo fácil que es ofrecer afecto en esos momentos a las que nos sentamos en la silla de enfrente, es un instante en que estamos totalmente abiertas a recibirlo.
    Mi abrazo

    Responder
    • Gracias, Àngels :-).

      Se ve que para algunas personas no es tan fácil ofrecer afecto al comunicar una mala noticia. De hecho, no sé cómo se me daría a mí lo de estar al otro lado de la mesa y tener que decirle a una persona (a una tras otra) que tiene cáncer. La mujer no fue nada hábil, pero por lo menos hizo el esfuerzo de ser amable, que algunos ni eso.

      En fin, deberíamos recibir educación emocional desde pequeñitos ;-).

      Un abrazo fuerte, y gracias por la compañía,

      Isa

      Responder
  14. Querida Isa:
    Espero los martes para saber de ti. Para acompañarte más de cerca, aunque sea con un charco de por medio. Te pienso con frecuencia . Te mando buenas vibras siempre. Y me hace ilusión que a veces me lleves colgada de ti. Te leo y me conmuevo con lo que ves y lo que sientes y con la manera en que lo transformas en palabras. Que el mutismo y la petrificación den paso pronto a lo que sigue. Lo harán y seguirás caminando y encontrándote a cada paso. Un abrazo y un beso de ultramar, llenos de cariño.

    Responder
    • Muchas gracias por tu escucha atenta, Adela. En efecto, el mutismo y la petrificación darán paso a otras cosas, eso es lo bueno del presente, que ni petrificado se queda quieto ;-). Todo va evolucionando en este río que es la vida, cuya esencia es ese despliegue continuo de sí misma, siempre una, siempre diferente.

      Un abrazo ultramarino y enorme,

      Isa

      Responder
  15. Ia que bonita manera de contar algo tan feo. Como ha dicho Mer destaca nítida la soledad. Es igual que vayas acompañada de un ejercito, en estos momentos estás sola. sola ante ti misma y los cambios que te acechan.
    Gracias Isa por abrirnos tu corazón. Seguro que no es fácil.
    Animos y sobre todo cuidate mucho

    Responder
    • Muchas gracias, Mari Pau. Estoy contigo, un ejército no me habría ayudado mucho con la doctora del post-it, ni tampoco conmigo misma y mis bloqueos. Y, sin embargo, me hace sentir muy acompañada escribir este blog, leer vuestros comentarios, contestarlos… Los caminos de la mente son inextricables y asombrosos.

      Un fuerte abrazo,

      Isa

      Responder
  16. Hola Isa,
    es increíble. A mí me acaban de operar de cáncer de mama, en concreto, el jueves pasado (6 de mayo) todavía no ha hecho una semana. Y claro, no es que me sienta identificada con lo que has escrito es que has puesto palabras a mis emociones. Bueno, yo no me lo pensé, yo dije enseguida que sí a todo y cuanto antes. Ayer me hicieron la primera cura y va todo bien. Mi ganglio centinela salió negativo, así que muy bien. Mi algo diminuto era de un centímetro. Y estoy en ese proceso en el que describes también. Mucho ánimo y fíjate también compañeras de viaje en esto. Quién nos lo iba a decir!!

    Responder
    • Hola, Sol,

      Vaya, ¿qué me dices? Qué casualidad, ¿verdad?

      A mí me operaron el miércoles 28 de abril, una semana antes que a ti :-D. Casi nos cruzamos en el quirófano, ¿que no? ¿Te imaginas?

      Mi bultito resultaron ser dos bultitos, cada uno de un cm. aproximadamente. El ganglio centinela también dio negativo, así que ahora estamos a la par, bueno, yo con un cm. de pecho menos que tú ;-).

      Espero que todo vaya muy bien, Sol, ya me irás contando.

      Un abrazo muy fuerte,

      Isa

      Responder
  17. Isa: de impacto el relato, tanto como la sensación del minuto en que tu vida cambiará definitivamente. He sentido la angustia del momento y el miedo a escuchar lo que no podemos asimilar.
    Te felicito por la entereza para escribirlo y te acompaño a la distancia.
    Muchos abrazos oceánicos,
    Susana

    Responder
  18. Isa,

    Lo que es muy “chungo” también, es no poder dejar de absorber tu relato como una MASTER CLASS de Narrativa!!! Tú sí que eres una astronauta que nos tienes a todos cogidos con pinzas como trocitos de kéfir… GRACIAS de nuevo por compartir y enseñarnos tantas cosas.

    Un abrazo,

    Melissa

    Responder
    • Muchas gracias, Melissa. Esto es narrativa “exprés”, tampoco lo llamaría yo “masterclass” ;-). En todo caso, gracias por devolverme mi propia metáfora como un bumerang :-D.

      Un abrazo fuerte,

      Isa

      Responder
  19. Querida Isabel, ya sabes que busco el humor hasta en los zarzales, y me llama la atención cómo tu narración deja entrever pequeños brotes de esto. Que no arrancarán una carcajada, pero sí que me dibuja una sonrisa irónica cuando te leo. En estos momentos ninguna palabra podría deshacer el nudo gordiano de tu garganta por la sencilla razón de que no existen palabras. De ahí que se bueno reírse aunque sea por lo bajini.

    Así que lo más acertado es que envíe a la puerta de tu casa a unos mariachis con sus guitarrones y sombreros, para que cuando salgas te canten una ranchera. La más escandalosa de las rancheras. O mejor aún, a la tuna, para que a las dos de la madrugada te den la serenata bajo tu balcón y te hagan saltar de la cama con tan mala hostia que se te olvide el bultito de marras. Y para mí esa es la clave: olvidarte de el, siguiendo con tu vida, haciendo las cosas normales aunque sean deportes de riesgo como el «Mercadoning» y «Carrefouring» (Lidle no lo incluyo, que me queda raro).
    Piensa que cuando llevamos el coche al taller, no nos quedamos allí mirando y pendientes de lo que hace el mecánico. Nos vamos y seguimos haciendo nuestra vida normal, normal, normal, dejando que manos especialistas se encarguen de ello.
    Eso sí, una vez arreglado llega el momento de pagar el estacazo de factura que nos han soplado. Y puede que en ese momento se nos caiga una lágrima, por el estacazo, seguro, y también porque nuestro coche estará como nuevo y listo par recorrer otros tantos miles de kilómetros.

    Mucha fuerza Isabel.

    Responder
    • Ostras, Antonio, cuánto tiempo… Ha llovido unas cuantas veces después de aquellas clases de guión compartidas en que nos reíamos tanto…

      Me ha encantado todo, lo de la tuna, los mariachis, el mercadoning y el taller de reparación. Lo que pasa es que el coche lo dejas y ya está, pero el cuerpo te acompaña todo el rato, el rejodío. Que si los puntos tiran, que si te dices que no curres tanto… En fin, yo hago lo posible por olvidarme de él, pero me parece que me reclama y me pide que le haga caso de una puta vez. Me va a resultar más difícil llegar a un acuerdo con él que con los dueños del taller ;-).

      Encantada de saludarte de nuevo, compi, espero que la vida te esté tratando bien,

      Isa

      Responder
      • Que si ha llovido, dice. No solo ha llovido, es que tuvimos a Filomena poniéndolo todo patas arriba, al puto virus, algunos vieron un cocodrilo en el Guadalquivir y otros a un hipopótamo en no sé donde. Vino a visitarnos el mosquito tigre, la avispa negra y el polen, que volvió como cada año, pero ahora más hijoputa.
        Recuerdo mucho las risas en nuestra clase y las de después de la clase, una vez que las cervezas las tornaban en carcajadas. Aquellos fueron muy buenos tiempos. De esos que jamás se borran.
        Y sobre tu cuerpo, pacta con Él, hazme caso. Firma un compromiso “Tú te ocupas el 60% y me dejas a mí el otro 40% y en ese tiempo exclusivo tuyo, haz lo que decía el cantautor: “Dale a tu cuerpo alegría, Macarena”.

        Cuídate mucho, Isa y nunca dejes de ser alegre.

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  20. Querida Isa. ¿Cómo puede ser que mientras te estaba leyendo, viajaba en un tren parecido al que nombras, a toda velocidad? Me has transportado a los inicios de mi acompañamiento al Cáncer, cuando por primera vez me hablaron de “pequeña obstrucción” , “manchita, “centinela” “algo de quimio por si acaso”, “unas semanitas mas complicadas” … Recuerdo que casi todas las palabras terminaban en ita/ito… He sentido un vértigo.. Yo también pensé que era el momento de escribir, de vender mi alma de escritora por unas pocas preocupaciones… pero el dolor y el aparentar que todo iba bien me tenían tan ocupada que apenas me dejaba tiempo para compartirlo con el mundo. ¡Cúanto me alegro que tu lo hayas priorizado! Toda la fuerza y todo el Amor del mundo. Aunque, como has expresado tan bien, Amar dispara todos tus miedos mas profundos, tambíen es la fuerza con la que golpeas el suelo cuando caes, para tomar impulso y subir de nuevo. Un abrazo enorme y deseando volver a saber de ti! Gracias por compartir.

    Responder
  21. Isa, ya llevamos 4 capitulos y para mi, al menos, es fascinante la entereza y positivismo que demuestras. Ya sabemos que en los momentos más trágicos es cuando demostramos lo que somos y valemos, pero eso es teoria hasta que “algo diminuto” llama a tu puerta.
    Gracias por todo lo que nos compartes y el aprendizaje que emanan de tus palabras.
    Nuestra mejor energia esta contigo, a lo largo del camino que estás recorriendo, no dudes pedirnos la mano si tropiezas, estremos allí, te lo aseguro.
    Como no quiero que se pierdan tus enseñanzas y porque no me fio un pelo de mi pc, estoy copiando todos tus cápitulos en un archivo a parte. Seria fantástico que decidieras editar todos los capitulos que nos escribes en forma de libro, estoy seguro que muchisima gente adquiriria un ejemplar. Es una idea.
    Recibe mi mas cálido abrazo.
    OM SHANTI

    emili

    Responder
  22. Qué bueno poner voz esta vez a esa faceta médica en la que no siempre hay formación para dar ciertas noticias, he sentido el malestar de la doctora y lo he reconocido en otras situaciones, siento que te tocase vivirlo así. Creo firmemente que eso va a ir cambiando.
    Definitivamente!, me gusta y me ayuda leerte. un hondo y sentido abrazo

    Responder
  23. Hola Isa:
    Hice contigo un taller, delicioso, aunque reconozco mi pereza para ponerme a escribir. Casi no te sigo, pero al leer la palabra cáncer, me ha apetecido dirigirme a tí.
    A los 29 años, es decir, el año 1982 , me diagnostican un cáncer de mama, ni siquiera hubo biopsia intraoperatoria pues entonces era harto infrecuente esa patología en alguien tan joven. En quince días dos intervenciones, la segunda, mastectomía radical y extirpación de 16 ganglios, ya que entonces tampoco existía eso del ganglio centinela.
    Soy enfermera jubilada, ya. Me incocrporé a trabajar en seguida, hice mi rehabilitación lavando y tendiendo gasas (entonces los pañales no se estilaban como ahora), y atendiendo a mis pequeños de 2 y 3 años. Me ponían la quimio y me iba a trabajar (tenía permiso para llegar más tarde al trabajo).
    Hace, pues, 39 años me paseo con una divina prótesis de silicona, que me quito por la noche y duermo comodísima. Me arreglo mis bañadores para adaptarlos a la prótesis. No he sentido la necesidad de hacerme una reconstrucción, por pereza, aunque sé que ahora quedan estupendas, entonces, tampoco te lo ofertaban.
    Pero como profesional, mujer y madre, ha sido una gran experiencia para dar testimonio de que el cáncer tiene cura, que afrontarlo con la mayor naturalidad posible es muy positivo para una misma y para los que nos acompañan en el proceso, y que tenemos mucha suerte de estar en un pais donde los recursos son maravillosos, y hoy más aún, para que lo contemos como yo ahora: casi como una anécdota.
    Eso sí, la dieta muy sana, el ejercicio incluso durante la quimio, la bendita meditación…quererse mucho.

    Como sanitaria, no me puedo resistir a entenderte y entender a la Dra. que te atendió; entre tantísimos términos médicos, farmacológicos, patologías… aún la formación adolece de mucha materia humana, emocional y no es nada fácil su papel.

    Me parece un ejemplo muy digno a seguir la Dra.Odile Fernández, médico y superviviente de cáncer de útero con metástasis, que tiene libros escritos, “Mis Recetas Anticáncer”, entre otros, publica en Facebook, tiene Blog… y hasta ha tenido dos hijos después del proceso!

    Como sanitaria, no me puedo resistir a entenderte y entender a la Dra. que te atendió; entre tantísimos términos médicos, farmacológicos, patologías… aún la formación adolece de mucha materia humana, emocional y no es nada fácil su papel.

    Isa, muchas gracias por compartir, es muy generoso por tu parte abrir tu corazón, y
    esa creatividad tuya tan maravillosa.
    Nuestras experiencias son nuestras riquezas.

    Cuídate mucho y un abrazo grande

    Responder
    • Muchas gracias, Maru… Jo, vaya historia la tuya… Desde luego, eran otros tiempos. Y teníais muchas más agallas que nosotras, que nos asustamos por cualquier cosita ;-).

      Atesoro lo que cuentas, y te mando un estrecho abrazo,

      Isa

      Responder
  24. Muchas gracias por compartir tu experiencia en este relato Isa.
    Admiro tu fuerza y valentía para hablar de este tema.
    Mucho ánimo.
    Abrazo y besos.

    Responder
  25. Hola, Isa

    Soy Rosana Alonso participé en tu curso Proyecto colaborativo durante 2018-19. Mis compañeros eran Soledad Román, Marusela, Roge, Consuelo, una chica argentina que era fotógrafa (ahora mismo no recuerdo su nombre, pero recuerdo perfectamente sus relatos)… y algunos compañeros más de los que no recuerdo el nombre pero sí las caras.
    A pesar de que me sentí muy a gusto contigo y con los compañeros, no continué el siguiente año porque tenía que alejarme un poco de todo en ese momento, pero me ayudó muchísimo el proyecto, tanto que fui capaz de acabar la novela que allí retomé-comencé.
    Te he seguido desde entonces, me gusta leer tus entradas del blog tan honestas. Hace tiempo que no asomaba por aquí y me encuentro hoy con esta nueva fase en tu vida. Me he emocionado de verdad, de saltarse las lágrimas. No porque conozca a nadie en la misma situación ni nada parecido, ha sido pura conexión emocional gracias a lo bien que transmites a través de las escritura todo este proceso por el que estás pasando.
    Te mando de corazón un abrazo muy grande y todo mi cariño aunque sea en la distancia.
    Seguiré visitando el blog y leyendo tu proceso.

    Un beso Isa

    Responder
    • Hola, Rosana,

      Me acuerdo muy bien de ti, y de tu proyecto sobre los muertos y los vivos ;-). Qué bien que acabases la novela, le deseo mucho éxito :-).

      Me alegro un montón de que hayas conectado emocionalmente con lo que cuento, eso dice mucho de ti como lectora…

      Gracias por reconectar conmigo. Te mando un abrazo enorme en la distancia,

      Isa

      Responder

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