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Algo diminuto, pero que no puedes ignorar V

parque rey juan carlos I

Con el Diario de lo diminuto quiero compartir contigo mi proceso personal con el cáncer de mama.    

Capítulo V

La Senda de la Búsqueda I

Miércoles, 3 de marzo de 2021

Mientras vas en el metro hacia el aeropuerto a recibirle percibes una atmósfera interna difícil de desentrañar. Tu mente es —de algún modo— tu casa. Y sientes que has sufrido una mudanza apresurada y forzosa. Todo te resulta extraño en esta nueva mansión sin amueblar que habitas desde que ayer te dijeron que tenías cáncer. Pero si no conocías aún tu casa de antes en profundidad, si ni siquiera te había dado tiempo a desembalar todas las cajas de la anterior mudanza… Aunque ya qué más da, si no está, se ha volatilizado como cuando te despiertas de un sueño que apenas recuerdas. Lo malo es que esta mudanza ha sido tan repentina que no te ha dado tiempo ni a transportar las cajas con tus cosas. Sientes el vacío y la ausencia.

No se lo has dicho a mucha gente. A tu amiga P., médica jubilada, que ha sido tu confesora desde el comienzo y te ha ido guiando en los pasos que has ido dando por lo privado y lo público. A Germán, al que has pedido que no se lo diga aún a tus hijos (se lo dirás la semana que viene, cuando les toque venir a tu casa).

Y también lo sabe él, claro. Es tan raro estar tan alegre al ir a su encuentro y tan triste por lo que os toca compartir… Necesitas urgentemente su refugio, vuestra intimidad, una chimenea encendida en la fría mansión que te está tocando habitar.

Lo que cuesta más trabajo evitar es que se te apelotonen las cosas en la cabeza. Tratas de vivir el instante y no proyectar hacia el futuro. Y a la vez procuras no evadirte de tus responsabilidades. Pero en este trabajo de funambulista te caes cada dos por tres hacia un lado o hacia otro. Has pedido a M. que provisionalmente te sustituya en las clases, porque necesitas todas tus fuerzas y espacio mental para respirar profundamente y que los instantes consecutivos no se te desborden. Lo más importante es respirar, y ese no es tu fuerte. Llevas toda tu vida conteniendo la respiración.

Mientras te acercas a la T4, decides enviar algunos whatsapps a los amigos más cercanos para informarles de la mala nueva y, así, tener los próximos días despejados para hacerte un ovillo al calor de la lumbre, donde solo hay sitio para dos.

A medida que se lo vas diciendo a la gente, recibes respuestas a borbotones, todas muy cariñosas. La inmensa mayoría alude de alguna manera a que tú eres fuerte y lo superarás. Pero tú no eres fuerte. Al menos no te sientes fuerte. ¿Y de qué te sirve la fuerza si no la sientes? ¿Será que son los demás los que necesitan que seas fuerte y que lo superes? El bien común parece demandarte fortaleza. Pero si con algo te ha hecho encontrarte el cáncer, es con tu propia fragilidad.

Jueves, 4 de marzo de 2021

Al despertaros, habláis largo y tendido en la cama, con un tazón de café caliente en las manos. Hablar con él en esta cama, de esta forma, tiene algo de intemporal, son ese tipo de instantes que se quedan flotando en la memoria para siempre, un refugio sin fondo y sin fin. Hablar con él te permite conectar contigo e ir dejando salir toda tu incertidumbre, toda tu vulnerabilidad. No sabes qué vas a hacer. No sabes si rendirte a las estadísticas y al frío conocimiento científico, ciego a la dimensión espiritual e incluso psicológica, o lanzarte a explorar el controvertido mundo de los tratamientos alternativos. Sabes, eso sí, que no quieres tomar esta decisión desde la inercia, la desconexión o la negación. Te juegas la vida. Y quizá más importante: te juegas la integridad.

Hombro con hombro, intercalando sorbos al café humeante, miráis en el portátil la página web del 3e Centre de Stuttgart, inaugurando así la Senda de la Búsqueda. En el 3e Centre proponen un tratamiento para el cáncer basado en la dieta, la desintoxicación y el trabajo energético y psicológico. Vas pasando de apartado en apartado y te parece estar en la web del mismísimo paraíso. Todo está cargado de sentido para ti. Sabes íntimamente hasta qué punto el cáncer está relacionado con tu trastorno de trauma del desarrollo (y el de tu madre), con la segregación continua de hormonas del estrés y la tendencia a la negatividad. En el 3e Centre proponen un tratamiento de cuatro semanas en un hermoso edifico en medio de la naturaleza y tienen un cupo máximo de 20 pacientes. Lo que ocurre es que la entrada al paraíso cuesta 12.000 euros, así que no te vas a poder costear, al menos en esta vida, el acceso al reino de los cielos. Sientes un mordisco de frustración en el estómago al cerrarse esa puerta.

Hay otra alternativa, que tiene que ver con personas que se han formado en ese centro, consejeros diseminados por varios países, y que realizan un acompañamiento personalizado, esperas que a un precio más asequible. Después de hacerle un tercer grado a Google encontráis en Almería (¡toma ya!) a una de esas personas, una tal Karin. Apuntas su número de móvil y le mandas un whatsapp, dando otro pasito, así, en la Senda de la Búsqueda.

Estás agotada. Por hoy has tenido suficiente. Cerráis el portátil y te vas a la ducha. Permites que el agua arrastre lo irrealizable y la frustración. Respiras y confías en que, aunque ahora te encuentres en un limbo a rebosar de preguntas y ninguna respuesta, en algún momento se manifestará un terreno firme por el que avanzar.

Viernes, 5 de marzo de 2021

Esta noche has dormido fatal. No estás acostumbrada a dormir en compañía y, encima, los gatos no han parado de dar por saco. Sienten invadido el territorio de tu/su cama. Además, las noches son para ti territorio hostil. Los miedos se te disparan con la oscuridad, como un depredador acechante, y están tan agarrados a tus músculos y a tus mandíbulas, que de poco te sirven tus técnicas meditativas para calmarlos. A veces, cuando te pasa eso, imaginas que tu cabeza reposa en el regazo de tu maestra y, de paso, en el de todos los maestros de todos los tiempos, y eso te sirve. Esta vez, lo que haces es abrazarte a él y amoldar tu mejilla a sus vértebras, descansando insomne en tu sentimiento de amor. Así, te tranquilizas hasta que llega la hora mágica del café.

Recostados en las almohadas, le dices que todo es muy raro y que aún no tienes ni idea de por dónde vas a tirar. Una cosa es meditar y estar convencida de que, a nivel último, cuerpo y mente están hechos de la misma sustancia, y otra muy distinta es ser capaz de superar tus limitaciones y bloqueos mentales. Es fácil creerse congruente en la salud. Pero, ¿qué pasa cuando vienen mal dadas? Te gustaría actuar en base a unos parámetros muy conscientes y elevados. Pero, ¿qué pasa si tú no estás ahí? Más bien estás en parvulitos de consciencia, así que más vale que seas fiel a tu nivel y no al hipotético e inexistente estado que te gustaría alcanzar.

A él no le dices todo eso, porque solo dentro de unos meses serás capaz de verbalizar lo que te ocurre. Hoy solo le dices que todo es muy raro, y luego le hablas con los ojos y con la piel. Decidís que hoy las cosas tienen que ser simples y el ritmo, lento. Meditar juntos, dar un paseo, hacer la comida, ver una peli, tomaros un margarita, daros mutuamente un masajito con aceites esenciales, hacer el amor….

Y, si acaso, dar un pasito más (solo uno) en la Senda de la Búsqueda.

El pasito que decides dar hoy es hablar con tu amiga A., que hace muchos años sufrió un cáncer de útero y le dieron un mes de vida si no se operaba. Ella optó por no operarse y acabó teniendo mellizas. Hablar con A. te da paz y sabes que te ayudará no tanto a encontrar una respuesta, como a encontrarte a ti misma dentro de tu marasmo de dudas. Te cuenta su experiencia. Por primera vez en esta senda de la búsqueda oyes hablar del Dr. Hamer, al que tu amiga fue a ver a Alemania, creador de la Medicina Germánica y a cuyo nombre la Wikipedia se apresura a añadir las palabras «inhabilitado» y «pseudomedicina», términos que en las próximas semanas empezarán a resultarte familiares.

Después de hablar con A. quedan flotando en la mansión recién estrenada de tu mente las constelaciones familiares de Brigitte Champetier y el nombre de una persona que hace terapia energética basada en los colores. Y, sobre todo, la sensación de que solo tú puedes encontrar tu propio camino. Nadie, absolutamente nadie, lo puede encontrar por ti. Y si te traicionas a ti misma, por más que el tratamiento sea muy efectivo para otros, la vas a cagar. Llegar a esa conclusión te calma y, a la vez, te hace sentir el peso de la responsabilidad. ¿Y si te traicionas sin darte cuenta o te das cuenta demasiado tarde de que te has traicionado?

Sábado, 6 de marzo de 2021

Otra noche casi en vela. Ayer hablasteis de hacer una excursión a la sierra, pero estás agotada y no te ves con fuerzas. Se lo dices, mirándolo por encima de tu tazón de café. Notas la desilusión en sus ojos. Te sientes inmediatamente culpable y pides perdón. Notas su silenciosa irritación, y te sientes culpable de haberte sentido culpable. La mudanza mental, la intensidad del amor hecho carne y la falta de sueño te envuelven en una experiencia de hipersensibilidad onírica. El chakra del corazón se te sale por las orejas, y el tercer ojo por los pies. Por decir algo, porque tú no sabes mucho de chakras, y menos de ojos. Lo que sientes, en realidad, es una expansión amorosa que te ensancha la sonrisa y el corazón, mientras caes muerta de miedo —con esa sonrisa idiota— en un abismo aterrador. O, mejor dicho, un segundo te parece que te podrías quedar a vivir en el roce de su piel, y al siguiente instante querrías salir corriendo al otro extremo del planeta. Y no sabes a qué atribuir lo que te ocurre: a él, a ti, a vuestra fusión, al tumor o a la madre que te parió. No hay parámetros ni coordenadas en esta mansión sin amueblar, en la que las llamas de la chimenea te lamen la barriga, mientras las sombras de la pared te muerden el culo. El caso es que es indescriptiblemente dulce y jodidamente duro lo que te está sucediendo. Lo compararías con el turrón de Alicante si tuvieras fuerzas para hacer comparaciones estúpidas.

En tu búsqueda sobre qué camino seguir en el tratamiento contra el cáncer te pasa como cuando estudiabas filosofía en la universidad: todos tienen razón, pero la verdad no tiene dueño. No te queda otra que buscar la tuya. Clic para tuitear

El siguiente avance en tus pesquisas es hablar con tu amiga S., que pasó hace años por un cáncer de mama y le quitaron un pecho. Hasta hoy no has tenido valor para hablar con ella, porque se parece demasiado a lo tuyo. Pero tienes que hacerlo, forma parte de tu investigación particular, de la senda que te has marcado, y no tienes mucho tiempo para tomar una decisión. La postura de S. es firme y categórica: ella pasó por todo el proceso que la medicina tradicional le propuso, y además inmensamente agradecida porque le estaban salvando la vida. Cada vez que iba a la sesión de quimio, daba gracias por ello. Cruzó el cáncer en plan toro de Mihura y salió airosa. «Si quieres tomar té bancha o rabo de lagartija porque te han dicho que va muy bien para el cáncer, hazlo, pero atiende al tratamiento que te digan los médicos». La escuchas tan atentamente como a A., y parece tener tanta razón como ella. Esto ya te pasaba cuando estudiabas filosofía en la universidad: leías a Platón, y te parecía tremendamente convincente, pero lo mismo te pasaba con Kant, Nietzsche, Husserl o Foucault.  Todos tienen razón y, sin embargo, la verdad no tiene dueño. No te queda más remedio que seguir buscando la tuya. Algo te dice que si te metes de cabeza en el tratamiento ortodoxo, únicamente bajo la gélida mirada unidireccional de la razón y la ciencia, puedes acabar aplastada y hundida en la desesperanza. Porque lo cierto es que —por mucho que digan tus amigos— tú no eres un toro de Mihura. Tienes una psique frágil que has de cuidar. Has de apañártelas para poder con el tratamiento y no dejar que el tratamiento pueda contigo.

Mientras hablabas con S., te ha llegado la respuesta de Karin, la consejera del programa 3e, que te felicita por la decisión de no atenerte a la quimioterapia, te pide el informe médico, te dice que luego te enviará algunos cuestionarios para rellenar, y después podéis hablar. Pegas un respingo, porque en ningún momento le dijiste en tu mensaje que habías tomado una decisión, en un sentido u otro, sino que solo querías información. Eres cuidadosa con el lenguaje, y no te gusta que pongan en tu boca palabras que no has dicho, y menos en este caso, así que le explicas cuidadosamente que aún no te han dado ningún papel, que no has decidido nada aún, y que lo que quieres es informarte de las diferentes alternativas, así que agradecerías si pudieseis hablar para que te fuera adelantando en qué consiste su asesoría.

Mientras contestabas a Karin, te han entrado varios esemeeses del Hospital de la Cruz Roja, en que te avisan de que el lunes (pasado mañana) tienes que ir a hacerte unos análisis, un electrocardiograma y una placa de tórax. Intuyes que son las pruebas del preoperatorio. ¡Pero si aún no has firmado el consentimiento!

El corazón empieza a latirte con una sensación de urgencia. De pronto te sientes en un fuego cruzado, y no te gusta nada esa sensación, porque ese fuego cruzado no solo se produce en el exterior, sino también dentro de ti. Toda tu cultura, creencias heredadas y educación recibida pelean en un ejército; todo lo que te ha llevado a rebelarte contra eso y a salir del ateísmo, nihilismo, escepticismo y existencialismo, están en el bando contrario. ¿Dónde se quedó abatida, en este campo de batalla, la ecuanimidad de la meditación? Al final, va a resultar que sí te habías traído unas cuantas cajas llenas de antigüedades a tu nueva casa.

Domingo, 7 de marzo de 2021

Esta noche has dormido a ratos, y a ratos has ido percibiendo la transformación que se iba dando en ti, como si el globo aerostático en el que estabas subida se fuera aproximando a la tierra. Las ideas e ilusiones no te valen de mucho en tu guerra interna. Eres un torrente de tendencias kármicas que se despeña a toda velocidad por los riscos. No te queda más remedio que maniobrar como puedas sobre la marcha, en la estrecha piragua que te ha caído en suerte para realizar tu travesía por esta vida. Solo cuando aceptas esto eres capaz de percibir la certeza que se va asentando en ti: si optases por un tratamiento alternativo, rechazando el tradicional (completo o en parte), y luego ocurriese lo peor, que el tumor se extendiese o algo similar, nunca te lo perdonarías. Sin embargo, si te atuvieses al tratamiento ortodoxo y las cosas saliesen mal finalmente, sentirías que has hecho lo que estaba en tu mano. Esa certeza no es en absoluto racional ni lógica ni tiene mucho sentido, y aunque está influenciada fuertemente por tu cultura y tus creencias heredadas (que van saliendo por su cuenta de las cajas y tomando posesión de tu nueva casa), te hace pisar tierra y toparte con tus limitaciones. Y, contra todo pronóstico, eso te provoca un profundo alivio. Es como quitarte los pesados ropajes del orgullo, quedarte en cueros y decir: «Hasta aquí llego; no es mucho, pero si tratara de ir más allá sería un retroceso».

Una certeza no es una decisión, es solo una certeza. Clic para tuitear

Cuando le hablas de tu certeza, asomando apenas los ojos sobre el tazón de café, sostienes como puedes su cara de póker y su mirada de decepción. Te pregunta si has tomado la decisión y niegas con la cabeza. Una certeza no es una decisión, es solo una certeza. Además, el globo todavía no ha tomado tierra, flota a algunos centímetros del suelo. Tienes que ser paciente y esperar un poco más. Porque la otra certeza que está a punto de posarse, y que aún no sabes exactamente cómo compaginar con la otra, es que has de cuidar a esa parte de ti que precisa lo tridimensional del espíritu, que se moriría de tristeza entregando al completo tu cuerpo a la ciencia para que fuera tratado como un puñado de células. Esa parte, si la descuidas, podría incapacitarte para atravesar la quimioterapia.

Le hablas de todo esto. Y le dices cuánto agradeces su escucha activa. Sin él, sin estos ratos de café y desnudez, se te haría muy cuesta arriba transitar esta senda con consciencia. Sientes mucho su decepción, y la comprendes perfectamente, dado que su amiga K. empezó con un bultito en el pecho, como tú, y ahora se está muriendo irremisiblemente después de tropecientas sesiones de radio y de quimio, con metástasis por todo el cuerpo. Esto último no es necesario que se lo digas, porque ambos sabéis perfectamente lo que late por debajo de su decepción. Para los dos ha sido duro bajar a la tierra en el precioso y bruñido globo del amor. Y es que, por suerte o por desgracia, el amor verdadero tiene en común con el cáncer que siempre te devuelve a la tierra, con todo lo doloroso que eso es. Casi insoportable, diría yo.

Hoy es vuestro último día juntos, y por la tarde hacéis un extraño viaje estratosférico al parque Juan Carlos I, lo cual, atendiendo a lo que los titulares de los periódicos anuncian estos días sobre las barrabasadas del rey emérito, parece un chiste. Nunca antes habías estado en este parque, pero al verlo comprendes por qué a nadie se le había ocurrido llevarte allí. Es feo e inhóspito de narices, construido sin gusto, y ni siquiera el agua, que permanece embalsada en anchos canales de cemento gris que se curvan o se ensanchan arbitrariamente, lo puede arreglar. Tiene extraños montículos, algunos con esculturas apáticas y estridentes en la cima. Decidimos subir al más alto, y nos sentamos un rato en la ladera a contemplar las vistas del pueblo de Barajas, que no parece haber sido declarado patrimonio nacional precisamente. Un montón de cubículos grises y claustrofóbicos. Y, sin embargo, las vistas del cielo son espectaculares. Unos inmensos nubarrones perfectamente esculpidos en granito, con mil tonalidades que van desde el blanco brillante al gris oscuro, casi negro, dejan pasar algunos rayos de sol por unos orificios que parecen haber sido abiertos adrede con un cincel por el escultor del paraíso, para que los pobres mortales podáis apreciar la luminosidad que os espera cuando dejéis de solidificar y valorar negativamente los nubarrones de vuestra mente. Os dais la mano, y percibes con claridad la cuerda de la elipse que forman vuestros cuerpos, unidos por las manos (frías), los vectores de vuestras miradas anhelantes clamando al cielo y los nubarrones de vuestras mentes confusas. Y atravesando la elipse, dos flechas de luz clavándose en vuestros corazones. matándoos de amor, decepción y gloria.

Lunes, 8 de marzo de 2021

Hoy solo él bebe café, porque tú tienes que ir en ayunas al hospital para hacerte los análisis. Al no poderte esconder detrás de tu tazón, la asimetría se hace tan evidente como tu decisión: te atendrás al tratamiento que te digan en el hospital, pero también buscarás tratamientos complementarios que te ayuden en el proceso y, sobre todo, te encaminen a cambiar tus patrones y a rebajar el estrés. No tienes la sensación de haberlo decidido tú, sino más bien de que la toma de postura se ha ido abriendo paso como lo único viable para mantener vivas las brasas del presente, entre las cajas que arrastras del pasado y las sombras en la pared de un futuro incierto. Él ha hecho también su trabajo a lo largo de la noche, porque asiente sereno y te ayuda a sostener la maldita decisión.

En el hospital te despachan rápido con los análisis, el electrocardiograma y la placa de tórax, así que llegas a casa a tiempo para acompañarlo al aeropuerto. De este viaje, dentro de unos meses solo recordarás la subida de las escaleras mecánicas hacia la T4, otro de esos momentos intemporales que prevalecen impolutos en tu memoria. Tantas veces repetido. Tantas veces irrepetible. Tú un escalón más arriba, vuelta hacia él, abrazándoos, los cuerpos unidos, las mascarillas bajadas, las bocas buscándose y encontrándose, los ojos de uno buceando en los del otro.

El amor.

El amor.

El amor.

Felizmente inconscientes aún de que esta es la última vez que os veréis en esta vida.

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Con el Diario de lo diminuto tengo la intención de compartir contigo mi proceso con el cáncer de mama a lo largo de estos meses. Este compartir tiene dos direcciones:

  • Mostrarte de un modo muy personal cómo es este camino en una situación nueva y compleja como es la pandemia.
  • Contarte cuáles son los tratamientos y vías de sanación que he descubierto, cuál es mi elección final y cómo será su desarrollo a lo largo de estos meses.

¿Y cómo puedes apoyarme en este proceso? También tienes dos vías (que no se excluyen mutuamente ;-)):

  • La primera es apuntarte, disfrutar y difundir mi nuevo programa online «Escribe y medita por tu cuenta»,  que puedes realizar cuando quieras y a tu ritmo y me ayudará a mantener algunos ingresos en los meses en los que debo estar enfocada en el tratamiento y mi sanación (como sabes, los autónomos no lo tenemos fácil en este sentido).
  • La segunda es leyendo, dejándome tus comentarios y compartiendo estos artículos con todos aquellos conocidos, amigos o familiares a quienes pueda ayudarles mi diario.

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«Algo diminuto, pero que no puedes ignorar» es una frase de un relato de Mercedes Adán cuyo protagonista es un neurocirujano que contrae un melanoma, Cuando la leí, me pareció la definición perfecta del cáncer, así que se la pedí prestada para esta serie de artículos sobre mi proceso personal atravesando el cáncer de mama.

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29 comentarios en «Algo diminuto, pero que no puedes ignorar V»

  1. Mi querida Isa, gracias por compartir tus experiencias, por que me ayudan a comprender y ser más empatica con el proceso de cáncer, con el que por arduo que sea están pasando varias amigas mías.
    Espero que estés encontrando fuerza y amor, mucho amor para caminar sobre este suelo de ascuas que transitas.
    Un abrazo enorme y un montón de cariño
    Fortunata

    Responder
    • Hola, Fortu,

      Muchas gracias por tus palabras y tu empatía.

      El amor siempre está ahí… A veces juego con él al escondite, pero bueno, siempre me encuentra ;-).

      Un abrazo muy fuerte,

      Isa

      Responder
  2. Isa querida gracias por compartir
    Que gusto y sana envidia me da el amor recuperado que te acompaña en todo este proceso, tan vivido, claro y poderoso.
    Empatizo también con las difíciles decisiones a que te enfrentas
    Por las amigas que he tenido, pienso que Hamer puede ser un vehículo de comprensión importante, pero no más.
    Me siento vulnerable, atravesando un problema con mi rodilla derecha, que me tiene semiimmobilizada desde hace 2 meses
    Eres valiente Isa, al ser consciente de tus necesidades, límites, deseos para tomar tus decisiones
    Un abrazo grande a los dos
    Curra

    Responder
    • Muchas gracias, Curra :-).

      Te deseo lo mejor con tu rodilla. Y ya sabes, la vulnerabilidad no es un problema, sino nuestra lucha contra ella.

      Un fuerte abrazo,

      Isa

      Responder
  3. Isa, gracias por compartir tus vivencias.
    Estoy aliviada de saber que todo ha salido bien, que los pasos que has dado te llevaran a la recuperación recorriendo el camino de la medicina tradicional. Estoy aliviada de estar en junio y saber que los nubarrones de marzo quedaron atrás. Y el calor del verano y su luminosidad domina tu horizonte de hoy.
    Te abrazo con afecto y grito a los cuatro vientos que te quiero y admiro…
    Ligia

    Responder
  4. Hermoso viaje día a día. Hermoso y minucioso y sincero y emocionante y verdadero. No te aflijas, Isabel. No te preocupes. Sé feliz. Todo saldrá bien. Sé que es muy fácil decirlo. Y también sé que es posible hacerlo. Tu tienes los recursos. Besos, besos, besos, Isabel.

    Responder
    • Gracias, Rafael :-).

      Bueno, ahí vamos… Aún no he llegado a eso de la felicidad, pero sí me valgo de los recursos que tengo y, desde luego, voy siendo menos desgraciada.

      Un fuerte abrazo, y gracias por leerme y apoyarme de otras formas,

      Isa

      Responder
  5. Querida Isa. Cuanto te admiro. La sencillez es tu mejor arma para describir y mostrar toda tu preocupación ante un hecho tan duro. Te mando todo mi cariño yvte doy las gracias por tus enseñanzas.

    Responder
  6. Me encanta y te doy la enhorabuena de la Gran capacidad que tienes de transmitir tus emociones a través de la Escritura (Senda de la Búsqueda I). De tu Gran Fortaleza a través de tu Sensibilidad, cuidándote a través de la Meditación. El tomar una decisión es lo Importante y tu las vas tomando día a día, de verdad que es para quitarse el sombrero y que estés orgullosa de como vas llevando este Proceso. Esa dualidad que tan bien describes entre la medicina alopática y la medicina natural, que Camino escoger, y tu Valiente tomas una decisión. Al tomar la decisión ya has ganado una gran batalla, la de la Incertidumbre. Te admiro mucho no solo como profesional, sino como Ser Humano. Te deseo lo mejor Isa, un cálido abrazo y a por todas, eres una Gran Luchadora. Se te quiere mucho.

    Responder
  7. Gracias Isa por compartir tu experiencia! Aunque no lo creas eres muy valiente, y seguramente la forma que tú decidas afrontarlo será la mejor para ti! Confía en ti misma, tú ser interior te guiará a tomar la mejor decisión! Vivo una experiencia como la tuya hace ya muchos años y hoy podría decir que agradezco infinitamente e cada día vivido porque me permitieron ser quien soy hoy en día! Si un día te provoca conversar estoy a tus órdenes! Un abrazo preciosa!

    Responder
    • Hola, Nora,

      Muchas gracias :-). Espero que tu camino no sea muy empedrado y llegues pronto al destino de la salud. Ya nos queda menos ;-).

      Te mando un fuerte abrazo,

      Isa

      Responder
  8. Querida Isa.
    He leido tu texto con el corazón encogido.
    Gracias, amiga, por tomar esa emoción y transmitirla a palabras, para poder compartirlas con los demás.
    ¡Cuánta ternura, cuánta reflexión, cuanto miedo y cuanto amor!
    Y cuanta autenticidad, que desnudo mas bonito nos muestras cada dia.
    Cuanto frío, frio del que se mete bien dentro aunque estés arropada y protegida. Qué maravilloso el aroma de ese café, entre conversaciones, lágrimas y deseos.
    Qué maravilloso ese despertar con la certeza.
    Te sigo, te llevo en mi dia y te tengo presente. Te envio toda mi energia y mi cariño.
    Mil gracias de nuevo por cruzarte en mi camino.

    Responder
    • Jo, gracias, María José, qué precioso todo lo que me dices y cómo me lo dices. Me he emocionado.

      Yo también me alegro de que te hayas cruzado en tu camino. La verdad es que me siento muy afortunada de las personas que se están acercando a mí en los últimos tiempos.

      Un abrazo muy fuerte,

      Isa

      Responder
  9. Querida Isa:

    Te deseo toda la serenidad y la fuerza en este proceso tan duro que estás viviendo. Me admira la consciencia y la capacidad para construir una mirada tan limpia y honesta, escribiendo con pulso firme cada día, y compartiéndolo.
    Un abrazo enorme y todo mi cariño,
    Mónica Crespo

    Responder
    • Muchas gracias, Mónica. Me acuerdo de ti de la presentación de tu libro, me acuerdo de esa leona y de sus instintos. Un verdadero placer compartir contigo estas mareas de letras.

      Un fuerte abrazo,

      Isa

      Responder
  10. Querida Isa, me gusta y me emociona tanto que seas capaz de sacar de dentro tus sentimientos de forma tan sincera y en esta situación tan difícil como es la enfermedad, que lo que me pide el cuerpo y el alma es darte un abrazo grande, largo y silencioso.M.Luz

    Responder
    • Hola, Mari Luz,

      Espero que muy pronto nos podamos dar ese abrazo en persona.

      De momento, ahí va uno virtual, pero bien gordo,

      Isa

      Responder
  11. Qué duro Isa. Y qué triste. Aunque también he sentido la belleza del amor.
    Te preguntas donde se quedó abatida la ecuanimidad de la meditación, pero yo “veo” durante todo el relato la presencia de la meditación.
    Un abrazo enorme. Te quiero mucho.

    Responder
    • Hola, Paloma,

      Muchas gracias por tu buen ojo clínico al detectar la meditación también en la incertidumbre y la vulnerabilidad, cosa que yo, cuando estoy demasiado metida en el proceso, no puedo ver.

      Un abrazo muy fuerte,

      Isa

      Responder
  12. Querida Isa: gracias por compartir de esa manera tan bella ( lo que no quita que sea dolorosa) todo lo que vas pasando. Te siento frágil y, sin embargo, con una fuerza descomunal.¡Mucho ánimo!Sí puedo ayudarte en cualquier cosa, aquí estoy.
    Un abrazo enorme.

    Responder
    • Muchas gracias, Emma, por leerme y compartir… Esto es a lo que se debe de llamar «sacar fuerzas de flaqueza» ;-).

      Un abrazo muy fuerte,

      Isa

      Responder
  13. Hola, Isa,
    Una cosa es saber de la impermanencia de todos lo fenómenos y que nada tiene naturaleza propia y otra es experimentarlo en el propio cuerpo.
    El dolor se diluye cuando lo compartimos y sentimos que todos somos uno. Muchas gracias por compartir y recibe un dulce abrazo.
    Marta

    Responder
    • Hola, Marta,

      Como bien dices, una cosa es entender de cabeza y otra de corazón y de cuerpo ;-). Y en efecto, el poder compartir estos textos y comprobar que le llegan a la gente diluye un montón el dolor. Pasa de ser veneno a ser miel.

      Un fuerte abrazo,

      Isa

      Responder
  14. Querida Isa,
    Tienes el poder de desmenuzar lo diminuto de las grandes emociones. Es un poder que te empuja a verlo más fácil, y así poder decidir. Es muy bello lo que cuentas, unir el cáncer y el amor, y hacer que se besen… sublime.
    Te admiro, veo tu fortaleza, y sé que todo va a salir bien. El cáncer desgraciadamente es una pandemia mundial. Y solo el amor lo vence.
    Un beso fuerte,
    Pilar.

    Responder
    • Hola, Pilar,

      Gracias, no había sido consciente hasta que me lo has dicho tú lo relacionado que está el cáncer con el amor (o la falta de él), al menos en mi caso.

      Un abrazo enorme,

      Isa

      Responder
  15. Hola Isa,
    Me encanta tu fortaleza (Y sí la tienes-confía en ti) para afrontar este tema.
    Y es maravilloso la facilidad de palabra que tienes para expresar tus emociones y hecho de una manera bellísima.
    Muchas gracias.
    Mucho ánimo.
    Un abrazo fuerte.
    Marta

    Responder

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