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Algo diminuto, pero que no puedes ignorar VI

la senda de la búsqueda

Con el Diario de lo diminuto quiero compartir contigo mi proceso personal con el cáncer de mama.    

Capítulo VI

La Senda de la Búsqueda II

Martes, 9 de marzo de 2021

Te levantas tarde, totalmente agotada. En el estado de excepción en el que te encuentras, no sabes ya ni de dónde te vienen los golpes, si de la enfermedad, del sobreesfuerzo emocional, de las dificultades en tu relación amorosa o del exceso de trabajo. Podría ser de cualquiera de esas cosas, o de todas a la vez. No obstante, no puedes detener ninguno de los trenes que conduces en este momento, así que has de multiplicarte como sea para seguir avanzando en todas las vías a la alta velocidad de las circunstancias.

Por si esos frentes fuesen pocos, tu teléfono no para de vibrar. A estas alturas ya lo sabe bastante gente. Los amigos, y también los alumnos. Eso trae un aluvión de mensajes y llamadas, de información y sobreinformación pero, sobre todo, trae la necesidad de tomar más decisiones. Hasta dónde compartirte, cuánta información puedes asimilar, qué es lo que verdaderamente te ayuda, cómo recibir tanto cariño en un corazón tan encogido…

Afortunadamente, te han salido unas antenitas —crees que venían en el mismo pack que el pequeño bulto— que te permiten moverte por la selva de tus necesidades de forma ligera.

Nunca había estado tan claro para ti el gasto energético y emocional que conlleva la palabra hablada. Te parapetas en el whatsapp para agradecer todo el interés de quienes te quiere tender la mano. Clic para tuitear

Lo primero que decides es que no le vas a coger el teléfono a nadie. Nunca te ha gustado mucho hablar por teléfono, pero ahora solo imaginarte esa posibilidad te agota. Nunca había estado tan claro para ti el gasto energético y emocional que conlleva la palabra hablada. Mucho más, en tu caso, que la palabra escrita. De modo que te parapetas en el whatsapp para agradecer el interés de las personas que te quieren tender la mano.

Con algunas personas sí vas a hablar por teléfono. Por ejemplo, hoy decides llamar a P. Aunque fue con la primera que hablaste del tema y la que te fue guiando en los primeros pasos, de las últimas novedades le has informado solo por whatsapp. Has estado demorando el momento de hablar con ella, porque intuyes lo que te va a decir, como médica de familia que ha sido toda su vida. Ante ella te sientes como una niña revoltosa a la que le resulta difícil quedarse quieta en el maldito pupitre en el que la vida la ha querido colocar. No obstante, ha llegado el momento de contarle de viva voz las malas nuevas y recibir con el corazón abierto lo que te tenga que decirte, que de todas formas será —sí o sí— lo mejor para ti. No piensas hablarle, no obstante, de las dudas que has tenido sobre si atender al frío tratamiento convencional o lanzarte en los pasionales brazos de lo alternativo. Le cuentas lo demás, y te permites desahogarte y hasta derrumbarte un poquito, quejándote de la torpeza de la doctora que te atendió, de la impotencia que te producen las prisas que te están metiendo, de tu dificultad para integrar todo tan deprisa…

P. te escucha con atención y, después, vierte en tu oído las dosis exactas de dulzura y de firmeza que requiere la situación. Abraza tu derecho al pataleo con un brazo mientras con el otro te advierte —agitando en el espacio de vuestra confianza el índice del sentido común— de la conveniencia de actuar lo antes posible y recordándote la suerte que has tenido de que, en esta fase, te hayan atendido tan rápida y eficientemente. Con mucha suavidad y cariño, coloca tu espalda derecha en el pupitre y gira tu cabeza inquieta para que mire a la pizarra, instándote a que permanezcas bien atenta a la lección que la gran maestra que es la vida tenga a bien enseñarte.

Le preguntas tímidamente sobre los tratamientos alternativos. Te dice que no es el momento de correr riesgos, todo lo que pueda ayudar sin interferir en la labor de los médicos está muy bien, pero lo mejor es ir a lo seguro. Clic para tuitear

Accedes, obediente, aunque, antes de colgar, decides correr un último riesgo —o patalear por última vez— y le preguntas tímida pero directamente qué opina de los tratamientos alternativos. Tratando de disimular su alarma y de parecer ecuánime, te dice que no es el momento de correr riesgos, que cualquier cosa que pueda ayudar sin interferir en lo que te manden los médicos estará muy bien, pero que ahora los avances en este tipo de cáncer son muy grandes y mejor ir a lo seguro. Por debajo de sus educadas palabras, recibes el mensaje subyacente: «Gilipolleces, las justas, Isa, no me jodas». Cuando colgáis, sabes que se ha quedado preocupada por si se te va la olla, pero es discreta y sabrá aguardar en la retaguardia y confiar en que harás lo mejor. Aunque tus quejas y tu rebeldía la hayan alertado, te alegras de haberte atrevido a mostrarle tus cartas.

Mientras hablabas con P., como si los caminos de lo alternativo y lo alopático se siguieran entrecruzando en tu vida, Karin —la consejera del programa 3-e— te ha dicho en el whatsapp, muy por encima, en qué consiste su trabajo de desintoxicación, nutrición y cambios de patrones, que te enviará unos documentos para que los leas y podáis poneros a trabajar. Le propones que antes os reunáis por vídeoconferencia para que te cuente, y te contesta que tiene que arreglar su Skype, que te avisará para reuniros, pero que mientras tanto le des tu e-mail para enviarte los documentos. Le mandas tu e-mail. Lo que quieres averiguar, en realidad, es si el tratamiento que te propone es compatible con tu decisión de pasar por el aro de la ortodoxia.

El resto del día lo dedicas a trabajar a destajo, porque ya estás otra vez a tope con las clases y, además, te viene hasta bien sumergirte en las historias de otros personajes que no seáis tú y ese diminuto bulto que ya ha logrado invadir todos los ámbitos de tu vida.

Por la noche, después de la clase, cuando hablas con él por zoom lo notas tan exhausto como tú. Le dices que ese agotamiento que sentís los dos cada vez que pasáis unos días juntos no es normal. En vez de cargaros las pilas mutuamente, parece que os las descargaseis. Es algo a lo que prestar atención, teniendo en cuenta vuestros patrones autodestructivos. Notas cómo tu comentario repercute en él con una onda expansiva de bloqueo y mutismo.

Esa noche tardas en dormirte, inquieta. Te da la impresión de estar exponiéndote demasiado en todos los frentes. Tus cartas están sobre la mesa, a la vista de todos. Cualquiera que haga trampas u oculte las suyas te ganará sin remisión. Tienes todas las de perder.

Miércoles, 10 de marzo de 2021

Te levantas con la respiración inquieta y una premonición en los párpados, que parecen no querer abrirse hoy. No entiendes qué ocurre hasta que ves en el móvil que, en lugar del habitual whatsapp de buenas noches, te ha mandado un e-mail. Mientras lo lees, un escalofrío te recorre y se te queda clavado entre las costillas. Te dice que no sabe lo que le pasa, que sus sentimientos hacia ti están cambiando y que necesita tiempo y espacio para aclararse. Tu mente negativa empieza a mandarte mensajes hirientes a lo bestia (ya-lo-sabía-yo-mira-que-eres-ingenua-otra-vez-la-misma-historia-¿cuándo-vas-a-aprender?-¿te-habías-creído-de-verdad-que-alguien-te-podía-querer?-pobrecito-corazón-solitario…), el miedo se dispara y tu cuerpo empieza a temblar. Todo se te hace bola en el esternón y casi no puedes respirar.

Así que te sientas en el cojín de meditación, te pones las dos manos sobre el pecho, y te abres dentro del marasmo de tus sensaciones, emociones y pensamientos, dejando que algo más grande que tu pequeño ego sostenga lo… Clic para tuitear

Pero no puedes permitirte estar así mucho tiempo, porque tus otros trenes (el del trabajo y el de la salud) ruedan a toda velocidad, surcando el presente, y también tienes que prestarles atención para que no descarrilen. Así que te sientas en el cojín de meditación, te pones las dos manos sobre el pecho, y te abres dentro del marasmo de tus sensaciones, emociones y pensamientos, dejando que algo más grande que tu pequeño ego sostenga lo insoportable por ti. Tener cáncer tiene una cosa buena: te mantiene en contacto con lo esencial. Y lo esencial, en estos momentos, es no descarrilar. Si necesita tiempo y espacio, se los darás, y tú te centrarás en tu proceso. El miedo al abandono, al fin y al cabo, ya te lo conoces, es un viejo amigo. Sabes que puedes convivir con él.

Así que te pones a trabajar como si nada, como si no hubiera una grieta insalvable entre tu vida de antes y la de ahora, como si el mundo siguiese siendo un lugar seguro en el que vivir, amar y ser amada. Si hay algo bueno en la adicción al trabajo, es que mientras te estás chutando esa droga todo lo demás se desvanece en la niebla de lo inexistente. Al menos hasta que tu móvil vibra y un número desconocido se abre paso entre la niebla.

Lo coges, y una potente voz de mujer pregunta por ti. Te dice que es la cirujana que atiende tu caso, y que le gustaría verte el martes de la semana que viene. Te alegras de no reconocer en esa voz a la doctora a la que la semana pasada se le deshacía la coleta mientras le extraías con sacacorchos los detalles sobre el mundo que te esperaba a este lado de la grieta. Para asegurarte, le preguntas si no es la misma persona que te atendió. Te dice que no, que ella no estaba la semana pasada, pero que tú le correspondes (extraño sintagma posesivo), y le gusta conocer a sus pacientes, así que te acerques el martes a primera hora, porque además para entonces ya se sabrán los detalles del resultado de la biopsia y cuáles serán los pasos a seguir. Te gusta su voz potente, asertiva y cercana. Te gusta que muestre interés por sus pacientes. Te gusta que quiera conocerte, porque hasta ahora «querer conocer a las personas» no entraba dentro del vocabulario de los médicos a los que has tratado. Te gusta incluso ser de su posesión, hasta ese punto te sientes desamparada.

Le dices a todo que sí, y cuando cuelgas te das cuenta de que las piernas se te han vuelto de plastilina. Se acaba de concretar la fecha del juicio final, en el que se sabrá por fin el nombre y apellidos del malo de la película, o cómo de malo puede llegar a ser ese pequeño conglomerado de células amotinadas en tu pecho derecho. Cuando abres en el google calendar una ventanita naranja —el naranja es el color de las «cosas personales», y no se prodiga mucho en tu agenda— para el martes 16 de marzo de 2021 de 10 a 11h, sabes que no es una ventanita cualquiera, sino que marcará otra frontera claramente delimitada en tu vida.

Te das cuenta de que necesitáis aire, de que AMOR y CÁNCER constituyen un cóctel molotov poco acorde con un noviazgo re-incipiente. Clic para tuitear

Continúas trabajando todo el día, y por la noche hablas por teléfono con A. Te desahogas con respecto al mensaje de él que has recibido por la mañana, y le expresas tus dudas sobre cómo actuar, porque de pronto se te ha despertado una gran necesidad de recogerte en ti misma para poder llevar tu proceso con el cáncer en solitario, sin el lastre de alguien muy amado pero tan pronto cercano y amoroso como lejano y frío. Te sugiere que hagas un ejercicio con dos papelitos, en el que en uno escribas «sola» y en el otro «con él», luego los dobles, los tires al aire, y veas hacia cuál de ellos se siente atraído tu cuerpo. Repites dos veces el ejercicio y te sale lo mismo: «sola». Y te das cuenta de que es así, de que necesitas aligerar la mochila. De que el AMOR con mayúsculas os está aplastando otra vez, como ya os sucedió cinco años atrás. De que necesitáis aire. De que AMOR y CÁNCER constituyen un cóctel molotov poco acorde con un noviazgo re-incipiente. Si él viviera aquí y no hubiera bultito, estaríais quedando para ir al cine o a cenar los fines de semana, para hablar con un par de mojitos delante de vuestros cinco años de separación o de trivialidades, y no para plantearos qué tipo de tratamiento puede evitar que te mueras o te quedes sin pecho o si podrá viajar a España cuando te operen.

O sea, no solo respetarás su necesidad de espacio y tiempo, sino que le dirás que tú necesitas lo mismo, igual que lo necesita la relación para que todos podáis seguir respirando sin asfixiaros. Abrir espacio a esto hace que el escalofrío que llevabas clavado en las costillas desde por la mañana afloje su puñalada.

Jueves, 11 de marzo de 2021

Te levantas con fuerzas para seguir en la senda de la búsqueda, que cada vez tienes más claro que ha de ramificarse en cuatro ámbitos: lo físico, lo psicológico, lo energético y lo nutricional. Algunas facetas las tienes cubiertas, y otras no.

Mandas un whatsapp a María, una terapeuta que te ha recomendado A. y que basa su tratamiento en los colores. De toda la información que te ha llegado, decides que confiarás en ella para el ámbito energético. No sabes qué porras es eso de los colores, ni te importa. Lo que sí que sabes, a estas alturas, es que la confianza y la apertura a que otros saben cosas que tu desconoces siempre te ha llevado por mejor camino que el escepticismo, la desconfianza y la opinionitis.

A continuación, hablas con Pablo, tu entrenador de fitness chi-kung, que también es nutricionista y que —aunque parezca mentira— conoce tu cuerpo bastante mejor que tú. Después de hacerte algunas preguntas, te dice que él cree que este cáncer no proviene de una causa fisiológica, sino emocional, que se corresponde con algún proceso que necesitas llevar a cabo y que, si es así, todo irá bien, porque estás dando los pasos adecuados. Luego te dice que te enviará una dieta que ayudará a secar el tumor y que, cuando llegue el momento de operar, la extirpación sea mucho más sencilla. Se lo agradeces, y cuando cuelgas, además de agradecida, te sientes contenta de tener personas alrededor que saben cómo ayudarte.

Decides terminar la ronda de búsqueda de hoy mandándole un whatsapp a Ana, la suegra de tu amiga C., que pasó por un cáncer como el tuyo, es naturópata y siguió un proceso consciente y exitoso. Te contesta enseguida, muy amable, y quedáis para hablar mañana por teléfono.

El día se va desenrollando entre el trabajo y la búsqueda. Por la tarde tienes sesión con tu terapeuta, Ari Goldfield, que vive en San Francisco y con el que te comunicas en inglés por Skype desde hace… ¿ya nueve años?, qué barbaridad. En estas semanas, es curioso, no estáis hablando del cáncer, sino del amor. En la sesión de hoy, habláis de cómo estás siendo capaz de atravesar el miedo sin soltar la mano del amor. Después de la sesión, eres capaz de responderle a su mensaje de esta mañana con unas palabras espaciosas y abiertas que dan margen a lo que tenga que pasar. Quedáis en veros mañana por zoom, y te acuestas con la sensación de que, con la perspectiva que tienes ahora, las cosas no pueden ir mal. No obstante, tu corazón late más rápido de lo habitual, así que te diriges a él sin mover los labios: «Todo irá bien, corazón, no pasa nada, puedes reposar tranquilo». Y notas una ternura en tu voz interior que nunca antes habías usado contigo misma. A ver si el bultito no va a ser solo el malo y el feo de la película, sino también el bueno.

Viernes, 12 de marzo de 2021

Hay noches, como la de hoy, en que duermes fatal, pero en que a la vez se produce un gran avance en el procesamiento de tus experiencias. Es como si todas las piezas de un inmenso puzle que flotaban en la inmensidad se fueran juntando solas para desvelar un dibujo reconocible de la realidad. De pronto, todo va teniendo un sentido, su razón de ser, nada parece arbitrario y ves el fondo del mar por debajo de las olas.

Te levantas prontito y te pones a meditar. Tu meditación de hoy también está plagada de matices y relámpagos de comprensión. Entiendes que es el momento de dar otro paso en tu proceso, el de abrirte a un espacio en la relación amorosa de igual a igual. Hasta ahora, el miedo a ser abandonada te ponía en una posición muy débil y dependiente. Pero ahora, después de casi morirte de miedo por su mensaje, sientes que es el momento de expresar tu individualidad, tu toma de postura, tu necesidad de llevar tu proceso a tu manera.

Cuando habláis, él parece estar esperando a una Isa acoquinada por el miedo a perderlo, y se encuentra a alguien que le mira abierta y honestamente a los ojos para decirle: «Necesito aire. Creo que lo necesitamos los dos». Notas cómo eso aligera su carga y despeja su mirada, hasta entonces nublada. Algo se suelta y amanece el amor entre vosotros como una flor recién abierta. Percibes su belleza, la tuya, el milagro eterno del presente desnudo sin poseedor ni poseído. Te habla de su bloqueo y de sus dudas, pero todo cabe en ese espacio de aceptación. Te sientes totalmente comprometida y dispuesta a atravesar mil mares, por más fieros que sean, para dejar atrás tus patrones de niña desangelada.

Comienzas a diferenciar entre tratamiento alternativo y complementario. Son tus antenitas recién entrenadas las que te van guiando en este camino de la búsqueda, y no las opiniones ni el conocimiento. Clic para tuitear

El día sigue su curso milagroso de la ausencia de miedo, y cuando hablas con Ana por teléfono te muestras expansiva y acogedora. Ana pasó por el cáncer de mama hace ya diez o quince años, pero te cuenta su viaje con todo lujo de detalles, y te encanta que lo haga. En su camino de búsqueda de algún tratamiento alternativo, llegó hasta un hospital en Suiza en el que, en vez de admitirla, la enviaron de vuelta a Madrid, donde justamente había una doctora que había trabajado con ellos muchos años y conocía a fondo todas las prácticas que usaban allí para el tratamiento del cáncer. Así que Ana volvió a Madrid y fue a ver a la doctora B., que la trató de forma paralela al tratamiento tradicional. Se operó, pasó por quimioterapia, por radioterapia y por hormonoterapia, pero el tratamiento complementario de la doctora —aquí empiezas a vislumbrar la diferencia entre «alternativo» y «complementario»la ayudó a mantener altas las defensas y a que todo resultase mucho más fácil y llevadero. Llevaba ya muchísimos años con esa doctora, a la que toda la familia se había encomendado. Se la había recomendado a varias amigas que habían sufrido cáncer de mama y, no sabía si era casualidad o no, pero aquellas que siguieron su consejo y fueron a la doctora tuvieron un desarrollo muy favorable, mientras que las que no, tuvieron complicaciones y murieron.

Todo lo que te cuenta Ana te sobrecoge, y también te suena a gloria bendita, porque se corresponde con tus certezas y con la decisión que ya has tomado. Te aporta justo esa parte holística o tridimensional que le falta a la medicina científica, pero sin cuestionarla, sin ejercer lucha u oposición. Así que cuando cuelgas, sabes que te pondrás en contacto con la doctora B. No sabes muy bien si es homeópata o qué exactamente, pero te da igual.

Son tus antenitas recién entrenadas las que te van guiando en este camino de la búsqueda, y no las opiniones ni el conocimiento. Tú no entiendes de medicina, y no te vas a formar en pocas semanas. Lo que te sirve ahora es la intuición, la apertura y la confianza en que aquello hacia lo que te inclines —como te pasó con el papelito con la palabra «sola» escrita— será lo mejor para ti.

Así que esta noche te acuestas con la sensación de que las cuatro ramificaciones (lo físico, lo psicológico, lo energético y lo nutricional) están siendo transitadas, y que además has logrado terminar el día sin que ninguno de tus trenes de alta velocidad descarrile. Te parece casi una proeza, y por fin duermes profundamente durante ocho horas seguidas, reuniendo fuerzas para enfrentarte a los días más difíciles de tu vida.

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Con el Diario de lo diminuto tengo la intención de compartir contigo mi proceso con el cáncer de mama a lo largo de estos meses. Este compartir tiene dos direcciones:

  • Mostrarte de un modo muy personal cómo es este camino en una situación nueva y compleja como es la pandemia.
  • Contarte cuáles son los tratamientos y vías de sanación que he descubierto, cuál es mi elección final y cómo será su desarrollo a lo largo de estos meses.

¿Y cómo puedes apoyarme en este proceso? También tienes dos vías (que no se excluyen mutuamente ;-)):

  • La primera es apuntarte, disfrutar y difundir mi nuevo programa online «Escribe y medita por tu cuenta»,  que puedes realizar cuando quieras y a tu ritmo y me ayudará a mantener algunos ingresos en los meses en los que debo estar enfocada en el tratamiento y mi sanación (como sabes, los autónomos no lo tenemos fácil en este sentido).
  • La segunda es leyendo, dejándome tus comentarios y compartiendo estos artículos con todos aquellos conocidos, amigos o familiares a quienes pueda ayudarles mi diario.

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«Algo diminuto, pero que no puedes ignorar» es una frase de un relato de Mercedes Adán cuyo protagonista es un neurocirujano que contrae un melanoma, Cuando la leí, me pareció la definición perfecta del cáncer, así que se la pedí prestada para esta serie de artículos sobre mi proceso personal atravesando el cáncer de mama.

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15 comentarios en «Algo diminuto, pero que no puedes ignorar VI»

  1. Buen día . Me gusta escribir. Me enamoré de las palabras. Pero al leerte crece ese amor y el deseo de hacerlo mejor de poder expresar lo que siento.Te admiro por tu proceso y deseo que sea un éxito. Te sigo leyendo. Un abrazo

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  2. Con pocas palabras que decir después de leerte, como siempre. Me sorprende y me maravilla la fuerza y el poder clarificador de la intuición, de ese algo sereno y equilibrado que llevamos dentro y q solo aflora cuando dejamos tanto barullo y nos quedamos por fin en silencio. La fuerza de nuestro interior, de tu interior expresado a través de la música de las palabras …me deja muda.
    No me cabe ninguna duda de q todo esto te hará mas bella por dentro…y mas sabia. Seguro.
    Un besote

    Responder
    • Hola, Inés,

      Tus palabras también hacen música al expresar lo que sientes. Muchas gracias por tu generosa mirada.

      Un abrazo fuerte,

      Isa

      Responder
  3. Gracias, Isa, por compartir esta experiencia tan dura con nosotros. Sin embargo, decribes y escribes con tal nitidez tu proceso, tus miedos, las tres ramas, que nos haces ver mucha luz.
    Te mando un abrazo enorme y todo mi cariño.

    Responder
    • Muchas gracias, Emma, por apreciar la magia de la literatura, que nos permite ver luz a través de la oscuridad.

      Un abrazo muy fuerte,

      Isa

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  4. Hola Isa. Tienes tanta fuerza interior que te envidio. Y creo no ser la única en sentir esa satisfacción de conocerte y tenerte a mi lado. A nuestro lado. Eres sabía y nos puedes dar tantas lecciones. De fortaleza y seguridad aunque tu creas que no. Un beso enorme y sabes que quiero yvte deseo todo lo mejor. Siempre. Siempre. Siempre.

    Responder
    • Muchas gracias, Matilde, por todo ese calorcito que siempre sabes transmitirme. Te mando de vuelta todo mi amor.

      Un abrazo muy fuerte,

      Isa

      Responder
  5. Hola Isa. Hoy no puedo mas que nombrar dos palabras: Generosidad y gracias. ¡Como me gusta el trote con el que llevas tu sendero pedregoso!. Un abrazo enorme

    Responder
  6. Estimada Isa, es una bendición y un trabajo maravilloso como vas hilando las parcelas de tu vida a través de la Escritura en un momento tan removido emocionalmente. Con tu gran Sensibilidad trabajada durante años consigues mostrar al lector/a y lo más importante, a ti misma, las cartas que te han tocado jugar y sin esperas te pones manos a la obra para Sanar tu Vida, ya que sabes que las decisiones hay que tomarlas lo mas rápidamente posible y de la forma mas acertada, como Tú lo estas haciendo. Enhorabuena profe, eres muy Valiente y te admiro mucho. Abrazos llenos de luz y armonía, para que te guíen en tu proceso de Sanación.

    Responder
    • Muchas gracias, David, qué bonito todo lo que dices, dicho desde el corazón de alguien a quien le han salido en la vida, también, unas cartas complicadas… Eso sí, aprenderemos tanto que en la próxima vida nos tocará una mejor mano ;-).

      Un abrazo enorme,

      Isa

      Responder
  7. Tu nuevo post en este diario me hace admirar como escribes y querer infinito a ese “personaje” del que nos hablas. Intentaré no olvidar de tus clases de escritura cuando nos dices: al lector le debes hacer sentir lo que siente tu personaje. Maestra que bien lo haces.
    También lo dices aunque a mi me resulte difícil: muestra, muestra no expliques.
    Pero lo màs complicado del mostrar es llegar a tu franqueza, tu honestidad, tu valentia, tu gran sensibilidad para abrirte a través de la escritura y hacerme sentir que se mueven cosas en mi interior.
    T’estimo, Isa
    Àngels

    Responder
    • Muchas gracias, Àngels, por tu cálida compañía. Juntas vamos haciendo este aprendizaje de escritura y de vida.

      Un abrazo muy fuerte,

      Isa

      Responder

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