Blog

Un buen soporte para la significación

La significación de lo narrado

Para algunos estudiantes (muy dotados intelectual y sensitivamente) la profundidad de las ideas que se les ocurren para escribir relatos resulta en ocasiones ser un hándicap, ya que durante un tiempo puede existir una desproporción entre la profundidad filosófica de la idea o del matiz que quieren plasmar y la escasez de herramientas narrativas de las que aún disponen para hacerlo.

Al leer sus relatos, la sensación que tiene el lector es la de que el autor no estaba interesado tanto en la narración en sí como en plasmar la idea. Los personajes y las acciones parecen meras excusas que no quedaba más remedio que fabricar para poder soltar —de la forma más directa posible— el meollo del asunto. Es como si al autor le fastidiase o le aburriese justo aquello que constituye el alma de una narración, y es que por más sutil y trascendente que sea lo que se quiere expresar, al lector de literatura solo le llegará por medio de unos personajes vivos y unas acciones concretas.

La significación en la narraciónLa idea que quiere expresar el autor sólo le llegará al lector de literatura a través de unos personajes vivos y unas acciones concretas

Suelo recomendar, entonces, partir de la «recreación» de escenas más que de las ideas a la hora de contar las historias. Cuando se nos ocurra una idea, tratemos de buscar unas coordenadas lo más concretas posible (un/os personaje/s original/es, un lugar, una atmósfera, un periodo de tiempo lo más limitado posible, algún objeto o elemento visual que apoye a la trama…). Y, a partir de ahí, metámonos en la situación como si fuese una película o un sueño y mostrémosela al lector a través de las palabras.

Lo que ocurrirá al hacer esto, durante otra buena temporada, será que la idea inicial se quedará como un hilo musical apenas inaudible. Pero no importa. En ese momento conviene dejar, mientras uno escribe, que los personajes y los ambientes nos invadan y cuenten lo que les dé la gana, su propia historia, en un potente discurrir de la imaginación y el inconsciente. Aunque al principio pueda generar frustración despegarse de las expectativas con respecto a lo que se quería narrar, pronto se le cogerá el gusto a una experiencia literaria mucho más viva y dinámica que a la que uno estaba acostumbrado. De este modo nos acostumbremos a trabajar las historias desde dentro, es decir, desde la inmersión —a través del personaje— en un mundo ficcional concreto y vívido. Eso es maravilloso, porque una vez que uno se introduce en esta forma de narrar y le toma gusto, todo lo demás se va integrando con mucha más facilidad.

Al principio puede ser frustante despegarse de la idea que uno quería narrar, pero pronto se le coge el gusto a una experiencia literaria mucho más viva y dinámica

La contrapartida de entrar en este nuevo prisma es que al dejarse uno llevar por sus personajes y su imaginación, suele dejar de lado —en efecto— el conflicto y la trama. Pero, como digo, en este punto del aprendizaje es mucho más importante vivir en la piel de los personajes que la construcción de tramas perfectamente afianzadas. Es como aprender a patinar sobre hielo o a montar en bicicleta; en algún momento uno se tiene que soltar de la barra o quitarse los ruedines. Se caerá una y otra vez, pero le habrá dado tiempo a experimentar la maravillosa sensación de velocidad, el viento en la cara, la efímera libertad, el espacio abierto, cierto vértigo embriagador… Y eso es más importante ahora que la perfección formal o el dominio de la técnica o la esfericidad de las tramas. En esta etapa, la aparente «imperfección» de las historias visibles que construimos es un síntoma de salud y no de enfermedad. Un eslabón más en el camino del aprendizaje, el cual —si no nos dejamos dominar por el desánimo o el pánico— siempre va hacia adelante y nunca, nunca, hacia atrás.

Sin una fuerte identificación con lo que narramos no se puede construir un relato sólido

Entonces, está claro que sin una fuerte identificación con lo que narramos no se puede construir un relato sólido. Pero también es normal que nos resulte difícil compaginar unos personajes y unos hechos vívidos y dinámicos con el seguimiento de un conflicto y su resolución. Es como si nos pidieran que mirásemos a la vez en dos sentidos diferentes. Al tratar de hacerlo nos volvemos completamente estrábicos y nos cabreamos. Parece que el vivir dentro de los personajes y los espacios narrativos tuviese que ver más con la creatividad, con la imaginación, con dejar fluir el inconsciente, y que el confeccionar un argumento debajo del cual avance una trama se correspondiera más con nuestro lado racional. Si nos centramos en este último aspecto, los personajes se convierten en marionetas manipulables sin vida propia regidos por la lógica de una fría maquinaria. Si nos ponemos en el otro lado, el de la humanidad de los personajes, no hay forma de armar un conflicto coherente.

Vale. Paciencia. Lo vivimos como una paradoja, pero no lo es. Digamos que llegará un momento en que nuestra perspectiva abarque ambos aspectos como si fuesen una misma cosa. De hecho, no hay personajes sin conflicto ni hay acciones sin trama. Todo forma parte de lo mismo. Y el objetivo a medio plazo es que podamos manejar los dos hilos a la vez (el de los personajes o «actantes» y el de la trama, que son como las dos riendas del caballo de un relato breve).

Paciencia, en literatura no hay personajes sin conflicto ni acciones sin trama, en un breve plazo podremos manejar todos los hilos a la vez

Pero hasta que lo podamos ver así, habrá que trabajar por separado, porque es por separado como lo vivimos. Lo primero es meterse en las historias y narrarlas como podamos y, a posteriori, con las revisiones y los comentarios que nos hagan desde el exterior, habrá que estudiar quién protagoniza la acción, cuál es su conflicto, de qué temática se está hablando, si en todo momento hay un avance de la trama, si el personaje cambia, etc. Y entonces, a posteriori, haremos lo posible para cuadrarlo todo, con sumo cuidado —eso sí— de no matar a los personajes.

Porque —es así, que le vamos a hacer— la brillantez en la construcción del personaje, el desarrollo de una línea de acción visible y llamativa y el despliegue de elementos visuales no nos salvan de tener que trabajar con el conflicto y la trama a tope en un avance continuo.

La manida afirmación de que las tres coordenadas indispensables de una narración son lugar, tiempo y acción no hay que tomársela a la ligera, como si fuese la anticuada canción de cuna de los teóricos de la literatura. Antes comentaba que no hay personaje sin conflicto y no hay acción sin trama (aunque ahora lo experimentemos de forma separada), y esto es así porque tanto los personajes como la acción, el lugar, la voz y cualquier elemento narrativo que quepa imaginar están ahí precisamente para poner de manifiesto una trama significativa; y, de la misma manera, una trama o temática interesante requiere —para ser asimilada por el lector— todo un espléndido despliegue de elementos narrativos que la «soporten», y los cimientos de ese despliegue son las tres famosas coordenadas.

Las coordenadas de una narración no están ahí para amargarnos la vida o para complicarnos la labor de narrar, sino precisamente para encauzar de una manera provechosa nuestras ideas significativas

Entonces, conviene tener en cuenta, aunque ahora se nos haga imposible manejarnos con todo a la vez y lo tengamos que hacer por fases, que las coordenadas de una narración no están ahí para amargarnos la vida o para introducir más complicaciones a la ya ardua labor de narrar, sino precisamente para encauzar de una manera provechosa nuestras ideas significativas. Elegir un protagonista y encuadrar unas acciones determinadas en un espacio a lo largo de un tiempo dado es importante no solo para que el lector pueda internarse en la ficción de una forma guiada, sino para que el mismo escritor disponga de un criterio, un cauce y un apoyo que le permitan ir desplegando la significación. Todo esto, sin matar a los personajes. Pero igual que no se puede patinar sin soltarnos de la barra, tampoco se puede hacer sin apoyar las cuchillas en el hielo.

 

Share on facebook
Share on twitter
Share on linkedin
Share on telegram
Share on whatsapp

Deja un comentario

¿Quieres aprender a escribir y meditar?

Suscríbete y recibirás gratuitamente una guía para escribir y meditar. Tendrás además acceso a artículos semanales sobre escritura, meditación y trabajo con las emociones, así como a recursos para vivir con plenitud y sin autoengaños

¿Quieres conocer mis cursos?

¿Quieres aprender a escribir y meditar?

Suscríbete y recibirás gratuitamente una guía para escribir y meditar. Tendrás además acceso a artículos semanales sobre escritura, meditación y trabajo con las emociones, así como a recursos para vivir con plenitud y sin autoengaños

Abrir chat
1
¿Necesitas más información?
Hola,
¿Cómo puedo ayudarte?