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Cómo escribir para liberar tus emociones

Escribir para liberar tus emociones

Lidiar con las emociones en la vida cotidiana puede parecer sencillo en primera instancia, pero no lo es en absoluto. Tienes emociones en todo momento y de todos los colores. Casi detrás de cada gesto hay una emoción, cuando saludas a alguien… o cuando decides no saludarle. Te levantas con un estado anímico y te acuestas con otro. Incluso cuando estás aparentando normalidad en una reunión de trabajo, por debajo de esa máscara están sucediendo un montón de cosas en tu mundo emocional, y en el de cada una de las personas reunidas. Se supone que con algo tan común y corriente como son las emociones, que te constituyen en buena medida (como te constituye el cuerpo o tus opiniones sobre el mundo), deberías tener una buena relación.

Sin embargo, tenemos un desconocimiento brutal de cómo funcionan nuestras emociones. Nos trastocan la vida, nos convierten en muñecos de guiñol en muchas ocasiones… pero no queremos mirar hacia ellas. Hay algo que nos duele, que no queremos abordar, que nos descoloca, quizá que nos conecta con la fuente de energía original y, por eso, pensamos que moriremos electrocutados.

Lo primero que has de hacer para volver a tu favor las emociones es admitir que existen Clic para tuitear

Escribir diariamente algún suceso que haya despertado alguna emoción o conectar con el sentir para dejar fluir las palabras desde ahí, puede ser de mucha ayuda, porque lo primero que has de hacer para volver a tu favor las emociones es admitir que existen. Y lo segundo, conocerlas, explorarlas, relacionarte con ellas, aprender de ellas, saber de qué están compuestas, apreciar su riqueza de matices.

En fin, justo lo contrario de lo que solemos hacer. Lo que solemos hacer es:

1. Identificarnos con ellas.
2. Reprimirlas o negarlas.
3. Actuar en base a ellas.
4. Pensar en ellas.

Cualquiera de estas acciones, no obstante, te lleva a alejarte cada vez más de la energía vivificante de la emoción en sí y a convertirla en algo sólido que, por lo general, te trae bastantes problemas añadidos en la vida. Algo, además, que no es inherente a la emoción, sino que superpones sobre ella. Así que cuando le echas la culpa a tus emociones de tantas cosas que te hacen sufrir en tu vida, no tomas en cuenta que, en su origen, la emoción no era más que energía clara e inteligente.

Así que mi propuesta para no actuar de forma automática llevado por tus patrones condicionados es no huir, no hacer nada más que permanecer en contacto con lo que sientes en el presente con una actitud de acogimiento y curiosidad. Dar la bienvenida a la emoción, sea cual sea, explorarla en todos sus matices y abrazarla. Esto da la oportunidad, a su vez, para que se libere.

La escritura es una magnífica herramienta para hacerlo… siempre que no se convierta en un hilo de pensamientos (con lo que sería, de nuevo, una huida, como hemos visto en el punto 4 de nuestras reacciones habituales).

Lo que estoy haciendo ahora mientras escribo esto, por ejemplo, es estar en contacto con mi mente analítica (con mis pensamientos) más que con mi parte emocional (con mis sentimientos), para que entiendas lo que quiero decirte. De esta forma podemos escribir sobre cosas que ya sabemos, cuyos registros tenemos almacenados en la memoria. Así, escribimos opiniones, afirmaciones, explicaciones, argumentaciones, ideas… Y esto está muy bien, cuando es esto lo que se requiere, como en el caso de este artículo. Pero no es esta la forma en que te sugiero que escribas para liberar tus emociones.

Lo que te propongo da un poco de vértigo. Cuando permanezco en contacto con lo que siento lo primero que percibo es una especie de desnudez. No quiero estar ahí. Es más fácil acudir a la máscara de mis pensamientos, de mis opiniones, de lo que creo que soy o quiero llegar a ser. Escribo a veces para dar una imagen agradable a los demás. Pero ¿acaso los buenos autores escriben para conservar su autoimagen? ¿Qué pasa si dejo caer las capas de la cebolla? Lo que pasa es que cuantas más capas de la cebolla quito, más ganas de llorar me entran. ¿Y qué si lloro? ¿Y qué?

Ahora me da el sol en la cara, se oye fuera el viento y el silencio interior me retumba en los oídos. Siento un hueco de ausencia en mi pecho que tiene que ver con mi vocación de enseñar.

De enseñar lo que nunca me enseñaron a mí (de ahí la ausencia): de enseñar a sentir el sol, el palpitar silencioso de mi corazón y el calor de la simple presencia. De enseñar a calmar el miedo con caricias, a vincularte a los demás seres humanos a pecho descubierto.

Escribir —escribir de verdad— es eso, es reconocer que estoy viva y que eso es —bien mirado— absolutamente milagroso, porque no hay ninguna buena razón para que el corazón palpite ni ninguna garantía de que alguien me sonría por la calle.

Todo lo que recibo es gratis.

El dolor también. El dolor me guía hacia esas parcelas de mí misma en que me toca arar la tierra, sembrar las semillas, regarlas, esperar a que crezcan y soltar el control.

Enseñar es mi única forma de aprender. Escribir es mi única forma de sentir Clic para tuitear

Todo ese aprendizaje viene en el pack de lo que soy yo, de lo que enseño.

Enseñar es mi única forma de aprender.

Escribir es mi única forma de sentir.

Y ahora no estoy pensando. Estoy sintiendo y compartiendo mi sentir contigo a través de la palabra escrita. Eso es lo que te propongo que hagas, a tu manera, cada día.

3 comentarios en «Cómo escribir para liberar tus emociones»

  1. Querida Isas. Qué bonito lo has dicho: ENSEÑAR ES MI ÚNICA FORMA DE APRENDER.
    ESCRIBIR ES MI ÚNICA FORMA DE SENTIR.
    Y si, si que ha visto y diferenciado los dos tipos de escritura.
    Este verano he paso el tiempo lejos de la escritura pero noto y siento su ausencia y no quiero que pase mucho más tiempo sintiendo ese vacío en el alma.
    Tengo la necesidad de volver a coger una hoja en blanco y llenarla con palabras que sean emociones de mi corazón y vaciar esa parte de mi ser que está llena de experiencia negativas y volver a sentirme ligera como esa gaviota que sobrevuela el inmenso mar azul.

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  2. Ay Isa! Qué bonito reencontrarme contigo. Y que fácil pones el ejercicio… Reconocerlo es fácil…. pero me pongo en tu piel… ¿y escribirlo? Ufff… eso es infinitamente mas dificil. Que buena profe tenemos!!! Un abrazo enorme. Y gracias, gracias, gracias. «Todo lo que recibo es gratis»

    Responder
  3. Gracias Isabel por esta interesante aportación. Supongo que no será facil llevarla a la práctica, pero todo es empezar. Mientras tanto intentaré asumir esa gran verdad …. «to lo recibimos gratis»

    Responder

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