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Cómo integrar en tu meditación el amor y la compasión hacia ti mismo

meditación, amor y compasión hacia uno mismo, mi método

 

Cuando hablamos de «amor y compasión» solemos pensar que estos sentimientos tienen más que ver con los otros que contigo mismo. Supongo que a muchos nos viene de fábrica lo de tener que estar ahí para los demás, ser desprendidos, no ser egoístas y todo eso, que además se multiplica cuando entramos en el campo de la espiritualidad, donde supuestamente hemos de ser «muy buenas personas». Muchas veces estos pensamientos y creencias encubren una excesiva autocrítica y autoexigencia, y se acaban convirtiendo en un arma que disparas contra ti mismo para sentirte desamparado, débil, exhausto e incapaz de atender tus propias necesidades (ni, por tanto, las de los demás).

Mi método de meditación, más auténtico, ligado al cuerpo y corazón

Y yo creo que si cuesta tanto sentarse a meditar es a menudo porque te da la impresión de que has de vaciarte en favor de los demás, como si tuvieras que inflar un inmenso globo con amor, lo que te sobrepasa totalmente y te deja sin respiración.

En el método de meditación que uso, antes de llevar la atención al soporte (de la respiración, del tacto, o el que sea) hacemos un preliminar que te ayuda a entrar en la práctica de una forma más auténtica, más ligada a lo que hay:

  • En primer lugar, llevas la atención a la postura y a las sensaciones corporales;
  • luego la diriges al corazón, a cómo te sientes en el momento presente, y entonces es cuando has de aplicar la compasión y el amor hacia ti mismo;
  • a continuación, extiendes ese amor y compasión hacia todos los seres, que imaginas a tu alrededor.
Este preliminar sirve para salir del plano mental en el que das una excesiva importancia a los pensamientos. Conectar con el cuerpo y las emociones te ayuda a habitar la experiencia de un modo más completo, pasas del pensar al… Clic para tuitear

Este preliminar sirve, entre otras cosas, para salir del plano mental en que sueles encontrarte en el día a día y en el que das una excesiva importancia a tus pensamientos, confundiéndolos con la realidad. Conectar con el cuerpo y las emociones te ayuda a habitar la experiencia de un modo más completo que cuando estás perdido en los conceptos. Es decir, con este preliminar pasas del pensar al sentir, lo que te saca de tus fantasías conceptuales y te acerca a un estado de conciencia más espacioso, donde la práctica de llevar la atención al soporte sin lucha fructificará más rápidamente.

En el segundo paso de este proceso, en ese momento en que tomas contacto con lo que sientes, suceden un montón de cosas, que irás percibiendo más y más a medida que practiques y logres ir descorriendo el velo de la ignorancia. Entre otras cosas te darás cuenta de que no eres plenamente feliz, que siempre parece haber un ansia que te come por dentro, algo que falta o que sobra, la sensación de que estás incompleto o dividido, como partido en dos. Una parte de ti corre desesperadamente en pos de aquello que (en ese momento, ese día, ese mes o ese año) considera bueno, necesario o urgente, y otra parte de ti lucha a brazo partido contra los obstáculos que te impiden alcanzarlo, que identificas con el enemigo. Aunque normalmente no te des cuenta, en tu interior siempre se está librando una batalla. Y gracias a la atención, puedes ver cómo juegan su juego en ti los velos de la ignorancia, el apego y el rechazo.

Por debajo de esa división interna aparece otra más sutil, entre aquella persona que te gustaría ser y aquella que eres. Verás que hay una parte de ti que quieres esquivar, apartar, negar, suprimir o ignorar, y a lo mejor llevas toda la vida haciéndolo. Tenemos ciertas creencias incorporadas de cómo han de ser las cosas, y todo lo que se sale de ahí lo tapiamos con el cemento del olvido y la vergüenza, lo que nos crea un permanente y enorme sufrimiento subterráneo. Gracias a una atención abierta y sin juicio todo esto va saliendo a la superficie, y entonces es cuando has de aplicar —sobre esa herida llena de pus— el bálsamo del amor y la compasión hacia ti mismo.

Compasión hacia uno mismo: elementos que la componen, según Kristin Neff

Según Kristin Neff en su libro Sé amable contigo mismo: el arte de la compasión hacia uno mismo, la compasión hacia uno mismo se compone de los mismos elementos que la compasión hacia los demás:

  1. Reconocer y ver claramente el sufrimiento;
  2. sentir bondad y deseo de ayudar a quien está experimentando ese sufrimiento;
  3. reconocer que el ser humano es imperfecto y frágil.

Estas son tres buenas claves (y fáciles de recordar) que puedes aplicar en ese momento de tu meditación en que contactes con esa división interna que te hace sufrir. Estas tres actitudes, que normalmente te salen de forma natural cuando ves a alguien sufrir, no resulta tan fácil aplicárselas a uno mismo. Esta dificultad se debe a un exceso de autocrítica y dureza, que solemos arrastrar de antaño. Sin embargo, esa dureza no es indisoluble, puedes practicar con ella y ablandarla cada vez que te sientes a meditar, y ampliar el espectro de esa práctica a tu vida diaria.

No has de saltarte este paso en tu meditación, porque si tratas de expandir el amor y la compasión hacia todos los seres sin haber sido capaz de generarlo primero para ti mismo, estarán pasando dos cosas:

  1. Estarás excluyéndote a ti mismo de «todos los seres», lo que provocará una grieta interna aún mayor.
  2. Sentirás que, al ofrecer algo que previamente no has generado en abundancia, te quedas vacío y completamente desempoderado.
Quedarte demasiado tiempo en ese calorcito de la compasión hacia ti mismo sería construir una especie de corralito o espacio personal que te separa de los demás Clic para tuitear

De la misma forma que no has de saltarte el paso de dejarte sentir amor y compasión hacia ti mismo, no has de quedarte estancado ahí, y has de pasar al siguiente, que es expandir ese amor y compasión hacia todos los seres. Quedarte demasiado tiempo en ese calorcito de la compasión hacia ti mismo sería construir una especie de corralito o espacio personal que te separa de los demás, lo cual te llevaría de nuevo a la escisión y a la lucha interna para defender «tu territorio». Así que, una vez que has podido conectar con tu propio sufrimiento, darte alivio y reconocer tu humanidad e imperfección, abriéndote con aceptación y sin juicio a tus luces y a tus sombras, es el momento de darte cuenta de que eso, precisamente, te une a todos los seres, que el espacio del amor y la compasión no tiene fronteras, y de esa forma dejas que se expandan sin límites. Una vez has podido vivenciar esta experiencia de espaciosidad amorosa y consciente, abandonas ya cualquier concepto, y llevas la atención al soporte que hayas elegido.

Realizar este preliminar diariamente irá ablandando tus corazas, y te permitirá ir profundizando cada vez más en aquello de lo que está hecha la realidad, que no es otra cosa que amor y compasión en cantidades industriales.

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8 comentarios en «Cómo integrar en tu meditación el amor y la compasión hacia ti mismo»

  1. Hola Isa querida. Viene bien volverlo a leer de vez en cuando porque según cada persona, según yo, se me olvida muy frecuentemente expandir ese amor y compasión hacia mi misma y es entonces cuando me siento excluida y vacía. Me pasa muy frecuentemente. Un enorme beso y gracias porque siempre estás ahí cuando se te necesita.

    Responder
    • Gracias, Matilde… A mí me pasa lo mismo que a ti, siempre me olvido de darme cariñito a mí misma antes que a los demás, y eso, como dice, nos hace sentir vacías y sin energía. En fin, hemos de recordárnoslo unas a otras ;-).

      Un fuerte abrazo,

      Isa

      Responder
  2. Entendemos el amor y la compasión como algo que damos, y por tanto, sale de nosotros hacia fuera. La idea de necesitar una misma, amor y compasión, de una misma, parece que funde los circuitos. Pero es una maravilla, aligera, reconforta, sana…
    Un abrazo,
    Mer

    Responder
    • Gracias, Mer, sí, es una maravilla poder darnos lo que necesitamos sin estar demandando todo el rato del exterior :-).

      Un fuerte abrazo,

      Isa

      Responder
  3. Hola Isabel,
    Aunque la práctica de la compasión y amabilidad hacia mí misma me resulta a veces complicado, reconozco que cuando he conseguido acercarme a esa sensación, es reconfortante.
    Gracias por tus consejos.

    Queta

    Responder
    • Qué bien que te hayas podido acercar a esa sensación de la compasión hacia ti misma, Queta, porque así tienes una muestra de a donde regresar una y otra vez.

      Un fuerte abrazo,

      Isa

      Responder
  4. Me vendieron muy bien la moto de pequeña, y de mayor, y siempre entendí la compasión como algo que yo tenía que dar… Y efectivamente, cómo dar cuando una no tiene, cuándo saca la cabeza como puede en medio del mar de su autocritica.
    Ir quirando capas a traves de la meditación, aceptar esa continya fricción interna en la q me enzarzo con casi todo como parte de mi misma, de mi humanidad….mirarme con ternura, como a un cachorrito herido q encuentre en la carretera, como dice la lama, está siendo la experiencia mas sanadora de mi vida. Aligera mucho, si, como dice Mer
    Un abrazo

    Responder

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