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Cómo reescribir tu propia historia, en compañía y desde el corazón

Charla Como Reescribir tu propia historia, en compañía y desde el corazón

Por Mercedes Adán

Vuelvo a casa profundamente conmovida por esta tarde de jueves en el Espacio Cómo, con un nudo oscuro en la garganta y el corazón abierto de par en par. Y me sorprendo pensando que querría quedarme a vivir en esta sensación de «verdad dolorosa», porque tiene una belleza inmensa y terrible.

Conozco a Isa desde hace muchísimos años, y no tenía ni idea de cómo se iba a desnudar en esa charla que ha llamado «Cómo reescribir tu propia historia». No he cogido ninguna nota y no sé si mis impresiones son exactamente lo que ocurrió, pero son las que se han quedado aquí conmigo, en un rinconcito cálido del corazón.

El Cómo es un lugar precioso y muy especial. Cuando Isa dijo en un mensaje que se habían agotado las entradas, le contesté diciendo que era una sala de estar en familia, y ella respondió con el emoticono de susto, diciendo que «una familia de más de 100 personas». Y más que en familia, siento que estamos en intimidad.

Pilar Antoñanzas, cara visible del Cómo y muy unida a Escribir y Meditar, presenta a Isa y a Martina. Ellas aparecen caminando lento, agarradas de la mano como si temieran que desapareciese el suelo y fueran a quedar sobre una cuerda floja que no las pudiera sujetar. Así se sostienen una a la otra. Se sientan en el sofá de cuero marrón del centro de la sala, mirándose, como si estuvieran frente a frente en una mesa-camilla con un brasero y como si el encuentro de sus ojos fuera el calor de las brasas. El perfil de Isa destaca sobre la pantalla roja que hay detrás del sofá con su fotografía, y Martina nos pide que escuchemos con el corazón, sin juzgar, recogiendo eso que se nos va a regalar y sosteniendo el regalo.

Esos mensajes vitales, esos que a cada uno nuestro entorno nos sopla al oído , que nos creemos a pies juntillas y de los que a veces no logramos deshacernos en toda la vida Share on X

Las preguntas de Martina llevan de la mano a Isa durante toda la charla. Primero a la Isa de la infancia, esa niña que quería desaparecer, no estorbar, que pensaba que el mundo estaba mejor sin ella, que cuando estaba en el colegio no quería volver a casa y si estaba en casa no quería volver al colegio, porque ningún sitio era su sitio. Que se escondía en casa debajo de las faldas de una mesa, pero que ahora va asomándose en directo y saliendo de su escondite al enumerar sus mensajes vitales, esos que a cada uno nos sopla al oído nuestro entorno, que nos creemos a pies juntillas y de los que a veces no logramos deshacernos en toda la vida. Va nombrando cada creencia con voz suave, como si estuviera deshojando una margarita y soltando un pétalo al aire con cada una. Las máscaras que había creado para soportar la vida y defenderse se quedan sobrevolando el espació del Cómo, por encima de nuestras sillas.

Martina nombra en un susurro lo que a Isa se le escapa. En sus cualidades de niña añade «y sensible», y recuerda esto alguna vez más, mientras escucha con una caricia en sus ojos. La extrema sensibilidad es ese agujero por él se escapaba lo que Isa necesitaba y es lo que Martina trae una y otra vez. Los que estamos aquí permanecemos en un silencio envolvente y protector. Por un momento, ni siquiera tengo mucha constancia de tener gente a mi alrededor. Vuelvo un instante la cabeza para comprobar que la gente sigue aquí: todas las caras están enfocadas hacia Isa y Martina como los girasoles al sol.

Hay heridas que la humanidad no sabe cómo digerir y se indigestan. Share on X

Se pasea entonces la camaleónica Isa adolescente que se adapta al ambiente y que hace reír a Martina, y la que empieza a tener parejas y trabajos, y a perderlos o cambiarlos por amor y compromiso.

Y llega el capítulo del dolor.

El primer choque inesperado con él cuando muere su padre. Este es un dolor natural, pero nos muestra tipos diferentes de dolor. Y nos llega a todos. Hay heridas que la humanidad no sabe cómo digerir y se indigestan. Isa tiene la cualidad de traer lo que hay de una forma tan natural, que ahí queda expuesto y presente el dolor, mientras todos contenemos la respiración. Y el llanto. Bueno, en realidad, la mayoría lo dejamos salir.

Si algo he aprendido con Isa es que lo que hay es lo que hay y ya veremos qué hacemos con ello a partir de reconocerlo. Share on X

Si algo he aprendido con Isa es que la salida que buscamos tiene como principal herramienta reconocer lo que hay, lo que hay es lo que hay, y luego veremos lo que hacemos con ello. Esto pone en evidencia nuestra constante huida y la extraordinaria capacidad de recurrir prácticamente a cualquier cosa para esquivar la realidad. Y ella nos muestra ejemplos de las innumerables formas de esquivar la realidad: la ceguera, la ignorancia, la negación, la ironía hiriente o ser capaz de minimizar hasta el universo…

Si encuentras la cordura, pero el mundo la llama cualquier cosa menos «cordura», hay que tener el cielo de tu parte o hacer un trabajo de titanes para no caer o para levantarte. El proceso de Isa va desplegándose ante nosotros como el camino del héroe.

De la heroína, mejor. Una heroína muy humana.

Entonces Martina la invita a que traiga el otro lado de la historia, ese que había ido apareciendo con esa niña que leía y leía sin parar, que encontró la escritura muy pronto, que miraba los conflictos de los personajes pensando que si ellos los enfrentaban y los resolvían, ella también podría con los suyos.

Si soy parte de algo importante, yo soy importante, lo que yo hago me trasforma y repercute en los demás. Share on X

Isa empieza a nombrar las cosas que le sirvieron para trasformar la paja en oro, como en ese cuento de la hija del molinero: reconocer el dolor, abrazar, la meditación, encontrar sentido… Si soy parte de algo importante, yo soy importante, lo que yo hago me trasforma y repercute en los demás.

Isa está entre los que trabajan para reparar esta red que somos y para que esa sanación se expanda como las ondas en el agua. Cada uno somos un pequeño nudo de la red que, si se enreda o se deshilacha, hay que cuidar y reparar. Una red flexible y resistente se consigue con el trabajo sobre la propia vida: sanando a través de una transformación. Las herramientas de la escritura y la meditación que Isa nos enseña a usar, ahora, las enfoca para cambiar nuestro mundo y reescribir la vida.

Habla de la enseñanza y de acompañar a sus alumnos. Y muestra que hay muchísimo amor y respeto, que es mutuo. La comunidad de Escribir y Meditar se ha creado y mantenido con el cuidado sensible de Isa. En todos los grupos de escritura y en los encuentros de meditación hay mucha belleza y lazos muy especiales. Es un reflejo de su manera de hacer las cosas.

Pasa la tarde entera, como si fueran cinco minutos, Martina pregunta a Isa si quiere añadir algo más, si queda algo por decir.

Entonces Isa despierta del encantamiento y vuelve al espacio del Cómo, entra en el tiempo para mirarnos y dar las gracias. Salta del sofá al mundo, pisa suelo firme y se pasea por la sala mirando a cada uno de los que estamos allí en un paseo muy diferente al del torero, dejándose ver, porque ya no necesita más escondites.

Hay aplausos y en un instante una enorme fila para abrazarla.

Una ola de ternura se lleva cosas que ya son pasado.

Hace poco leí algo así como que la razón de algunas cosas que ocurren ahora es que existe la loca fantasía de que un hombre fuerte y duro resolverá los problemas de la gente.

Y cuando me conmuevo recordando cómo Isa nos ha mostrado cómo reescribir la vida, pienso que tal vez sea una mujer valiente y vulnerable la que nos acompañe en el camino para que nos salvemos a nosotros mismos.

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Si deseas profundizar en esta temática, puedes apuntarte al programa «Reescribe tu propia historia». En este enlace encontrarás la información.

14 comentarios en «Cómo reescribir tu propia historia, en compañía y desde el corazón»

  1. ¡Hermoso! Reescribir la propia historia de Vida puede ser el proceso necesario para convertir el dolor en valor. Confío en Isabel. Me uno a ese abrazo de familia de cientos! Aunque no pudiera estar presencial ,puedo imaginar el momento especial vivido.
    Gracias por transmitir tan buena energía.

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    • Haces bien en confiar en Isa, Ermi, acompañar a otros con la guía de su propio proceso y la manera tan acertada de usar la escritura, va a ser de inmensa ayuda.
      ¡Gracias por tu comentario y un abrazo!
      Mer

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  2. Mer me ha sentir la emoción de estar allí. Cómo me hubiera gustado! Un enorme, cálido y agradecido abrazo a ambas

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    • Ana, no hay palabras para el ambiente que se creó pero me alegra que lo hayas podido sentir un poquito.
      Un enorme abrazo para ti también,
      Mer

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  3. Querida Isa. Ya sabes todo lo que he sufrido por no poder asistir a esa reunión.
    Y me he emocionado cuando dices que te escondías dentro de las faldas de la mesa camilla. ¡¡¡YO también lo hacía!!! Y me he emocionado.
    Sabes todo lo que te quiero, te admiro y te respeto. Conocerte ha sido para mí encontrar ese tesoro que nunca desaparecerá de mi vida.

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  4. Después de un tiempo sin escribir (ahora me dedico a la pintura), gracias a ti he vuelto a querer retomar la historia qué sobre mí vida estaba escribiendo. Quiero seguir porque considero qué todo lo que llevo dentro, todo lo qué he vivido y todo el dolor que llevo arrastrando, considero que sólo escrobiendo lo podré sacar a fuera y estar más tranquila. Gracias

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    • Rebeca, escribir es muy terapéutico y seguro que con Isa te va a ir muy bien. No solo tiene el valor de la experiencia, también consigue que los grupos que forma sean acogedores y los participantes se aporten lo mejor.
      Mucha suerte con el proceso y un fuerte abrazo,
      Mer

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  5. Una preciosa crónica. Gracias Mercedes. No sé por qué pero el ambientito «rojizo», el escenario en sí reflejaba una intimidad sorprendente y una suavidad autenticidad verdaderas. Especial felicidades a los organizadores (¡Pilar Antonanzas!) y a ti Isa, porque cada vez que te abres iluminas al mundo (¡Y nos inspiras a los demás a hacerlo también!)

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  6. Querida Mer, no había leído el post hasta hoy. ¡Qué hermosa crónica! Qué dulzura la tuya contando el dolor de Isa. Has condensado como solo tu sabes hacer la esencia de lo que allí escuchamos. Y es cierto lo del silencio, yo también en un momento miré a mi alrededor porque nos envolvía un silencio tierno, atento, como si todos allí nos mantuviéramos suspendidos por un hilo invisible de la conversación entre Isa y Martina.
    Un abrazo
    Sole

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    • Sí, ahí estábamos, suspendidos en un hilo invisible. Esa sensación la identifico mucho, cada vez que pasa algo mágico que parece que se puede romper fácil, como una hojuela de Semana Santa.
      Un abrazo, querida Sole,
      Mer

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  7. Te leo ahora Mer y te doy las gracias. Gracias por esa sensibilidad tan tuya q te ha permitido percibir y transmitir, asi como lo haces la magia, la sensibilidad, el dolor (si, también el dolor) y la dulzura de aquella tarde. Yo sentía continuamente cómo un hilo de oro nos unía, y nos «trenzaba» a todos los q alli estábamos en la danza de la vida.
    Gracias Mer

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    • Creo que todos sentimos muchísimo dolor allí. Es extraño y bello que nos una así el dolor. Y que sintamos nuestro el dolor de otros. Es un buen punto de partida, también, para cambiar las cosas.
      Un beso, Inés,
      Mer

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