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Comprender el desapego y el bypass espiritual en la meditación

Bypass espiritual o el desapego en la meditación como herramienta para no sufrir.

En el entorno de la meditación se habla mucho de los velos del apego y el rechazo, que rigen por lo general casi todas nuestras acciones y nos hacen la vida imposible. Se comenta a menudo, también, la necesidad de «desapegarse» para poder alcanzar la plenitud.

Sin embargo, a menudo se confunde el «desapego» con la «desconexión», lo que puede llevar al grave error de usar la meditación para alejarte cada vez más del mundo, para desvincularte de las situaciones, para que no te afecte la vida; para, en definitiva, huir del sufrimiento.

John Wellwood (autor de un interesante libro titulado Psicología del despertar) habla de algo a lo que llama «bypass espiritual», y que define de la siguiente manera:

Bypass espiritual es una expresión que acuñé para describir un proceso que vi que ocurría en la comunidad budista en la que me hallaba, y también en mí mismo. Aunque la mayoría de nosotros intentaba sinceramente trabajar consigo mismo, noté una tendencia generalizada a usar las ideas y prácticas para soslayar o evitar cuestiones emocionales sin resolver, heridas psicológicas y tareas de desarrollo inconclusas.

[…]

Es peligroso intentar ir más allá de nuestras cuestiones psicológicas y emocionales a base de derivarlas o circunvalarlas. Establece una grieta agotadora entre el buda y el humano que llevamos dentro y conduce a una especie de espiritualidad conceptual, de una sola cara, en la que un lado de la vida se eleva a expensas de su contrario: se favorece la verdad absoluta frente a la verdad relativa, lo impersonal sobre lo personal, el vacío sobre la forma, la transcendencia sobre la encarnación y el desapego sobre el sentimiento. Por ejemplo, uno podría practicar el desapego al descartar la propia necesidad de amor, pero esto solo entierra la necesidad, de modo que a menudo uno actúa inconscientemente encubierto y posiblemente de forma perjudicial.

Este es un malentendido que solo se puede disolver de una forma: meditando con una guía y unas pautas fiables. Solo eso te lleva a darte cuenta de que la meditación nada tiene que ver con la desconexión, sino que te lleva a vincularte desde la no lucha con todos los fenómenos, las experiencias de la vida y los seres que te rodean, de un modo mucho más directo, intenso y honesto.

Las personas realizadas nunca huyen o se desvinculan; al contrario, abren su corazón y se entregan con un desapego ecuánime. No se aferran, no hay rechazo. Clic para tuitear

Las personas realizadas nunca huyen o se desvinculan de ninguna situación que se les presente en su camino; al contrario, abren su corazón y se entregan a ella. Ese es, de hecho, el camino. ¿Y qué es lo que se lo permite? El desapego ecuánime, el no aferrarse ni rechazar. Porque son el apego y el rechazo que sentimos ante lo que se presenta lo que nos lleva a huir de ello. Apego y rechazo son, de hecho, las dos caras de la misma moneda.

El apego y el rechazo provienen de un punto de vista erróneo, el de que estamos separados del mundo y que, para completarnos y no sufrir, hemos de alejar lo que nos hace daño y apropiarnos de lo que queremos.

Sin embargo, esta actitud es la causante de nuestro sufrimiento y de nuestra constante sensación de pérdida. En el libro El proceso de la Presencia, Michael Brown propone un ejercicio muy interesante. Acércate al espejo, mírate, alarga tu mano y trata de coger algo de tu reflejo en el espejo, como si quisieras arrebatarle algo de su mano. Repite ese gesto tres o cuatro veces. ¿Qué sensaciones tienes? A continuación, haz el gesto contrario, el de darle algo a tu reflejo, extendiendo la mano y ofreciéndoselo. ¿Qué sensaciones tienes? Lo que sientes al realizar la primera acción se correspondería con el apego (querer coger algo que está fuera) y con el rechazo (lo que sentimos cuando vemos que el reflejo en el espejo nos quiere quitar algo). Lo que sientes al realizar la segunda acción se correspondería con el desapego: al dar, también soltamos al otro, le dejamos libre, y recibimos lo mismo del reflejo. ¿Qué actitud te conviene más en la vida? Tú decides.

Cada vez que me toca desapegarme de algo o alguien a quien amo, siento el mismo miedo y vértigo que debió de sentir Indiana Jones en La última cruzada Clic para tuitear

Claro que desapegarse sin desvincularse no es fácil. Yo diría que es lo más difícil que hay en el mundo, porque tienes la sensación de que, si no te agarras a los objetos y a las personas, los perderás. Sin embargo, es una percepción errónea. Tratar bien a una persona, respetarla, escucharla, dejarle margen de error y libertad para que dirija su vida… es la mejor forma de que quiera permanecer a tu lado. Este sería el desapego vinculante. Al principio puede parecerte una tarea inabordable. Sin embargo, es cuestión de practicarlo una y otra vez.

Personalmente, cada vez que me toca desapegarme de algo o alguien a quien amo, siento el mismo miedo y vértigo que debió de sentir Indiana Jones en La última cruzada cuando ha de realizar el acto de fe de poner un pie en el precipicio, en el vacío, antes de que aparezca el peldaño que lo sostendrá. Te arriesgas (porque así lo sientes) a caer al precipicio, a perder a la persona amada, a hundirte en la soledad, etc. No obstante, cuando das el paso de correr ese riesgo, de soltar… resulta que recibes un maravilloso regalo del reflejo en el espejo (que son los demás y el mundo que te rodea).

¿Y cuál sería la forma de practicar el desapego vinculante? Pues meditar, aunque no de cualquier manera, como decíamos al principio. Si practicas la meditación para fabricar un estado de calma mental que te saque de tus conflictos cotidianos, estarás aplicando los velos del apego y el rechazo, y no funcionará. Afortunadamente, la propia técnica de la meditación te lleva, una y otra vez, a conectar o vincularte con el soporte (por ejemplo, la respiración) de un modo desapegado. El soporte, en la vida cotidiana, es cualquier cosa a la que llevemos nuestra atención (una emoción, la taza de café que estamos bebiendo, nuestro hijo que llora, las ganas de llorar, el baile que nos echamos en la discoteca, nuestro jefe gruñón, la persona amada…).

Esto es una buena y una mala noticia: buena, porque no hemos de temer que la meditación nos arrebate nuestro «sentir» o nos haga seres distantes; mala, porque no nos llevará a huir del sufrimiento, sino que nos llevará a atravesarlo —eso sí— con dulzura y desapego, a través de la apertura de corazón.

4 comentarios en «Comprender el desapego y el bypass espiritual en la meditación»

  1. Hola Isabel,

    Muy interesante el post.
    Me quedo con estos párrafos:

    «Las personas realizadas nunca huyen o se desvinculan de ninguna situación que se les presente en su camino; al contrario, abren su corazón y se entregan a ella. Ese es, de hecho, el camino.»
    ¿Qué es una persona realizada? No lo sé. Me da miedo 😨 esta pregunta.

    «Tratar bien a una persona, respetarla, escucharla, dejarle margen de error y libertad para que dirija su vida… es la mejor forma de que quiera permanecer a tu lado. Este sería el desapego vinculante. »
    Estoy completamente de acuerdo con este párrafo. 😭

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  2. Gracias Isa…magnífico el análisis que haces, mil gracias. Qué fácil es confundir desapego con desconexión, sobre todo cuando no quieres darte cuenta e identificas la meditación con un estado de calma q es completamente ilusorio. La verdadera espiritualidad pasa por la concreción en la materia, en esto que estamos y somos aquí y ahora, con aceptar y dejar de luchar para que la Vida Sea, pero solo desde ahí…Bueno, en fin, mil gracias 🙏😘

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  3. Gracias Isa.Muchísimas gracias por tu post. Me ha servido de muchjo yu en un momento en que lo estaba pasando muy mal. Según iba leyendo y al llegar al punto el que dices»Tratar bien a una persona, respetarla, escucharla, dejarle margen de error y libertad para que siga su vida es la mejor forma de permanecer a su lado» Justo al acabar de leer este párrafo he cogido el teléfono y he llamado a mi hermana. Tenía un conflicto con ella y creo que lo he solucionado y me he quedado muy tranquila. No debo meterme en su vida, en sus cosas, no quiere ni un consejo sin pedirlo. Y yo me he dado cuenta. Ella es dueña de su vida y no admite consejos. Es muy independiente y hace siempre lo que quiere. Y yo tengo que respetarlo aunque su forma de ser vaya en su contra. O sea que desde ahora consideraré dejarle cualquier margen de error.Ella es así y así seguirá.
    Gracias Isa.Un gran beso

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