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Conecta con tu inconsciente a través de la escritura: explora sus secretos

Conectar inconsciente con escritura, el mundo de los sueños

Uno de los aprendizajes de quien desea escribir, y también de quien desea explorar su interior a través de la escritura, es abrir un conducto que le comunique con su inconsciente y, cuando lo haya abierto, mantenerlo limpio para que, cuando encienda la chimenea de la creatividad, el humo del intelecto no invada la estancia.

Todo escritor o persona que desee usar la escritura para su despliegue interior ha de mantener una buena relación con su inconsciente. De otra forma, se quedará en la superficie de su ámbito de control, y desde ahí es imposible descubrir nada que merezca la pena.

Pero claro, vivimos en una sociedad tan acostumbrada a moverse entre los estrechos muros de la racionalidad, que no es fácil atreverse a cruzar la frontera de lo desconocido.

Teoría del iceberg

Según la metáfora que instauró Sigmund Freud, nuestra parte consciente sería la puntita de un enorme iceberg que estaría bajo el agua. Toda esa parte sumergida se correspondería con el inconsciente, que abarcaría el conjunto de pulsiones, impulsos, deseos, recuerdos reprimidos, complejos, traumas, etc. que subyacen a la conciencia. Esta teoría se extendió rápidamente en el estudio de la Psicología, proporcionando una visión bastante negativa y sexualizada en torno a todo eso que no vemos y que, tras esa definición un tanto oscura, tampoco entraban muchas ganas de ver, la verdad.

La psicología transpersonal te invita a explorar el mundo infinito de tu inconsciente y descubrir tu verdadera esencia. Clic para tuitear

Afortunadamente, la psicología fue avanzando, y también se fue haciendo permeable a tradiciones ancestrales como el budismo, el taoísmo, etc. Personalmente, comulgo mucho más con la idea de inconsciente que sostiene la psicología transpersonal, en particular con lo que difunde Virginia Gawel (directora del Centro Transpersonal de Buenos Aires). Esta idea se basa en la concepción de Karl G. Jung, que de alguna forma invierte la definición de Freud, aludiendo al inconsciente como el lugar donde realmente suceden y se cocinan las cosas más importantes e interesantes que afectan a tu vida, y que incluiría el «sí mismo», tu verdadera esencia (que en buena medida desconoces), esa parte del todo en ti que te hace único y, a la vez, te vincula con el resto del mundo.

Desde esta perspectiva, nuestra misión en esta vida sería desplegar nuestra consciencia al máximo para conectar con toda esa riqueza (cuyo núcleo sería la propia esencia) que nos espera al otro lado del espejo de las apariencias, del limitado marco de nuestros sentidos y de nuestra conciencia actual. Según la psicología transpersonal, esta es la única forma de ir descubriendo (a lo largo del proceso que Jung llamó de «individuación») lo que hemos venido a hacer a este mundo, y también de sentirnos plenos y felices.

Y según yo lo veo, una de las mejores formas de acceso a toda esa área infinita de lo intangible, que está deseosa de ser descubierta y expresarse libremente, para hacernos crecer y ser de beneficio a los demás, es la imaginación, el arte y, en el caso que nos ocupa, la escritura.

El pozo de los conflictos = el pozo de la felicidad

Solemos tenerle miedo al inconsciente por la mala prensa que tiene como nido de complejos y traumas, pero sobre todo porque coincide justamente con lo desconocido. Pensamos que, si le abrimos la puerta, entrarán por ella los monstruos más temibles, emociones que nos sobrepasen, que nuestra identidad desaparecerá, yo qué sé… Esta noción errónea hace que muchas veces nuestra escritura se quede encorsetada en los límites de lo racional y, por tanto, no nos mueva ni nos conmueva; ni a nosotros ni a nuestros lectores.

Sin embargo, si contemplamos nuestro inconsciente como ese algo más sabio que nosotros que trasciende nuestro pequeño ego y que nos cuida, que nos envía los mensajes que podemos comprender, las situaciones que podemos procesar, las palabras que nos llevan a descubrir aquello que necesitamos en cada momento… la cosa cambia, ¿no? Es como si se invirtieran los papeles: nuestro pequeño ego se ve reducido a un mecanismo de supervivencia, mientras que algo que va más allá, mucho más poderoso y más sabio, lleva la voz cantante y nos empuja a que salgamos de nuestro cascarón y evolucionemos.

Pero claro, cambiar nuestra visión no es tan fácil. Tenemos demasiado miedo, pensamos que nos lo jugamos todo (o eso cree nuestro pequeño ego, con el que tan identificados estamos). Por eso, la escritura es un terreno maravilloso para entrar en relación con el inconsciente, a través de nuestros personajes y sus conflictos, dentro de un terreno que consideramos ficcional. Los conflictos de nuestros personajes son en realidad nuestra resistencia a dejar de agarrarnos a las nociones irreales de ser entes separados, independientes y permanentes. Así que a través de la resolución de dichos conflictos nuestro corazón se irá expandiendo y tomando más y más contacto con la realidad. También iremos, poco a poco, volviéndonos más flexibles y confiando más y más en eso que realmente somos, una parte del todo cambiante e interdependiente.

Conectar con tu inconsciente a través de la escritura es esencial para tu desarrollo personal y creativo Clic para tuitear

¿De dónde salen las ideas?

Pero, de momento, antes de poderle dar la vuelta a las nociones que tienes sobre lo que es la vida y la realidad, te propongo que confíes un poquito en la bondad de tu inconsciente en el terreno creativo, como si fuese una especie de enorme baúl que te proveerá de todo tipo de disfraces y recursos para tus historias.

¿De dónde crees que surgen las ideas para tus relatos?

Si piensas que salen de tu esfuerzo intelectual, será muy fácil que te bloquees, te estarás poniendo demasiada presión y realizarás un sobreesfuerzo inútil. Sería como tratar de meter el sol en una botella de Aquarius.

Mucho mejor que empujar con la mente o tratar de «decidir» las ideas para tus relatos, es mejor que dejes que emerjan de esa zona que tú desconoces, pero que no por ello te desconoce a ti. Puedes sentarte a meditar y, cuando termines, permitir que a tu mente afloren imágenes, emociones, frases, etc.; esa puede ser una buena forma de encontrar ideas sobre las que escribir. O también puedes prestar atención a la atmósfera mental, física y emocional en la que te despiertas y tomar nota de ello. O dar un paseo relajadamente por un parque o por la naturaleza. Todas ellas son buenas formas de propiciar que del inconsciente afloren justo esas cosas sobre las que estás llamado a escribir.

¿Qué tira de nosotros?

Porque lo cierto es que no escribimos lo que decidimos previamente, sino lo que el inconsciente nos insta a escribir, y en buena parte lo descubrimos a través de la propia escritura, si nos dejamos. Si nos resistimos a ello y nos empeñamos en escribir aquello que concebimos intelectualmente, entonces nos estaremos poniendo un palo en las ruedas a nosotros mismos y yendo en contra de cómo funcionan las cosas en realidad.

Igual esto te suena a determinismo, como si todo estuviese ya decidido de antemano y tú no pudieras, entonces, ejercer ninguna voluntad. Pero no es así. Nuestro libre albedrío no está exactamente en qué escribimos, sino más bien en cómo nos relacionamos con el proceso de escribirlo. Y esa forma de relacionarnos con el proceso marca, curiosamente, el resultado. Por más que nos grite nuestro inconsciente a través de la escritura los mensajes que tiene para nosotros, si estamos sordos a lo que nos dice, no podremos recibir los beneficios de su sabia influencia.

Por el contrario, si nos ponemos al servicio de aquello que tira de nosotros desde ese lugar que va más allá de nuestros deseos y fantasías «pensadas», será cuando nos topemos con el auténtico poder creativo. La creatividad no es de tu propiedad; la creatividad es una fuente de la que todos podemos beber. Si tratas de poseerla, te fallará; pero si eres desprendido, estará siempre a tu disposición.

No estamos separados del mundo

De forma que el que te parezca que eres tú el que escribe, que eres tú el que crea, que eres tú el que inventa, al margen de todo y todos los que te rodean, no es más que una ilusión. No estás separado del mundo, así que la única posibilidad de desplegarte a través de la escritura es entregarte a esa enormidad que verdaderamente eres.

El inconsciente (propio y colectivo) no es, por tanto, algo que te sea ajeno, sino que es lo que verdaderamente eres, así que cuanto menos te identifiques con tu diminuta personalidad y más te abras a ese campo infinito de posibilidades que te trasciende y te completa, menos sufrirás, en tu escritura y en tu vida.

Si estuvieses separado o aislado del mundo, te sería imposible meterte en el pellejo de diferentes personas y de tus personajes. Eres múltiple, porque las fronteras del ego son ilusorias. Si te abres a experimentar esta multiplicidad a través de la ficción, si te dejas verdaderamente «ser» tus personajes, estarás mucho más cerca de tu verdadera esencia que si tratas de configurarlos de una forma pensada o racional.

Atrévete a dejar que tus personajes revelen los secretos de tu propio inconsciente en tus escritos. Clic para tuitear

Conviértete en canal

En realidad, estamos hablando de convertirnos en canal entre el reducido mundo en el que solemos vivir (nosotros y nuestros lectores) y ese enorme océano de la auténtica realidad, en el que los pequeños dramas humanos pueden ser abrazados y trascendidos. Ese es el mundo del inconsciente, que en realidad es la más pura consciencia, esperando a que seamos nosotros quienes superemos nuestra inconsciencia y nos abramos a ella.

Ese también es el mundo de la ficción. Hablamos de ficción para nuestras historias inventadas, sin darnos cuenta de que la ficción es más bien esta especie de hipnosis sufriente en la que vivimos y que confundimos con la realidad.

Es decir, todo está dado la vuelta en nuestra mente y nuestro lenguaje, porque estamos totalmente confundidos con respecto a quiénes somos y qué es la realidad. Cuando escribes, tienes la oportunidad de invertir este proceso y atravesar la confusión, y no es algo baladí. Si eres capaz de abrir tu visión, ingresarás en la auténtica espiritualidad, y tendrás la opción de desplegarte para tu beneficio y el de quienes te lean.

Sueño y vigilia

Igual que tenemos trastocadas las nociones de lo que son la conciencia y el inconsciente, y de lo que son la realidad y la ficción, también tenemos una visión distorsionada de lo que son el sueño y la vigilia. Nos creemos que lo que importa sucede por el día y que las noches son irrelevantes, que son para «descansar». En verdad, por las noches se están dando procesos importantísimos de procesamiento que dirige nuestro inconsciente. Es decir, lo que sucede por las noches marca nuestra vigilia. Podríamos decir que por las noches ingresamos en ese espacio desconocido para nuestra conciencia que es el inconsciente, y que vendría a funcionar como un taller de reparación. A lo largo de esas horas, se nos hace una puesta a punto para que, al día siguiente, podamos seguir floreciendo.

El mundo onírico es la forma en que nuestro inconsciente trabaja con nuestros procesos psicofísicos para que podamos digerir nuestras vivencias y aprender de ellas. Clic para tuitear

Según los estudios científicos, cada noche tenemos alrededor de 40 sueños (nos acordemos o no de ellos al día siguiente), y eso (soñar) es imprescindible para nuestra supervivencia. El mundo onírico es la forma en que nuestro inconsciente trabaja con nuestros procesos psicofísicos para que podamos digerir nuestras vivencias y aprender de ellas.

Ante esto, podemos hacer dos cosas: ponernos a favor o en contra. Si nos negamos a dar relevancia a estos procesos, nos resistimos a los cambios que se producen en nosotros cada noche y tratamos de situarnos cada mañana donde estábamos el día anterior, nuestro sistema de desregulará cada vez más y perderemos la oportunidad de evolucionar y trascender nuestros conflictos. Por el contrario, si consideramos sueño y vigilia como un continuo vital, un proceso desplegable, un movimiento continuo de apertura de nuestro ser; es decir, si nos ponemos a favor de lo que realmente está sucediendo en nuestra experiencia y permanecemos alineados con ello, entonces podremos sacar partido del proceso y caminaremos hacia la plenitud.

Con respecto a la escritura, te propongo que tengas siempre en tu mesilla de noche un cuaderno donde escribas nada más despertarte, en ese estado en que aún estamos entre el sueño y la vigilia. Si te acuerdas de algún sueño, escríbelo; y si no te acuerdas, escribe igual unos cinco o diez minutos, sobre lo que sientes o sobre lo que te salga. Deja que surjan las palabras sin una intencionalidad definida, sin colapsar el flujo de tu escritura con pensamientos. Si haces este ejercicio cada mañana, verás como tu creatividad va adquiriendo una mayor preponderancia en tu vida y en tu escritura. También pueden salirte ahí temáticas o ideas para tus historias.

Los sueños en sí mismos, es un magnífico material para trabajarlo de forma narrativa. Un baúl de personajes, objetos, atmósferas, acciones y conflictos confeccionados exactamente a tu medida. Clic para tuitear

El mundo de los sueños

En cuanto a los sueños en sí mismos, es un magnífico material para trabajarlo de forma narrativa. De hecho, escribir relatos basados en tus sueños es ponerte a favor de tu propio despliegue. Es como un baúl de personajes, objetos, atmósferas, acciones y conflictos confeccionados exactamente a tu medida.

Muchas veces los sueños se nos aparecen como jeroglíficos indescifrables, o nos provocan rechazo, o simplemente optamos por olvidarlos. Todo esto se debe a nuestro hábito de huir del conflicto. Los sueños suelen tocar justo nuestras zonas «ciegas», esas justo que no queremos ver. Sin embargo, si unimos los sueños a la escritura, ese campo de juegos donde podemos permitirnos ser libres e inocentes y jugar sin miedo, entonces dejaremos de sentir rechazo por el mundo onírico, y se convertirá en una fuente infinita de recursos para escribir.

Además, la técnica narrativa nos permitirá dar coherencia a esos mundos oníricos que en apariencia no la tienen. Es decir, la escritura nos permitirá ir descifrando los mensajes que el inconsciente nos ofrece encriptados en los sueños.

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He intentado, a lo largo de este post, desarticular algunas nociones erróneas que tenemos sobre el inconsciente y la conciencia, la ficción y la realidad, el sueño y la vigilia, porque tus avances en la escritura y en tu propia existencia están en función de cómo concibas todas estas cosas. Cuanta más resistencia opongas al continuo despliegue que es la vida, menos avanzarás. Cuanto más a favor te pongas del movimiento subterráneo y creativo que propicia tu inconsciente, y lo apoyes con tu escritura, más podrás ir avanzando en la resolución de tus conflictos, y además ayudarás a los demás con tus historias en la resolución de los suyos.

4 comentarios en «Conecta con tu inconsciente a través de la escritura: explora sus secretos»

  1. Isa es muy interesante, además de motivador
    Gracias por estas porciones que yo hoy voy a poner en danza pues me viene como anillo al dedo. Gracias 🥰

    Asun

    Responder
  2. Muy valioso este artículo.
    Suena raro porque es como creer en la magia, cuando sabemos que todos los magos tienen sus trucos. Pero la magia está en todo, por eso nos confundimos y no la vemos, porque pensamos en lo que creemos que es la magia. Está en la caída de las hojas y en el nacimiento de nuevos tallos, en que mi oído escuche la moto de la calle y el susurro de un amante… De pronto nos lo dan todo, a veces nos quitan algo o de pronto nos lo quitan todo. Y es una idea demasiado grande para vivir con ella, pero debe ser así, crear. Y como escritores y como seres vivos creamos todo el rato, si nos dejamos…
    Somos magia andante.
    ¡Gracias, Isa!

    Responder
  3. Isa, gracias. Qué maravilla! Me siento caminando ahí contigo, navegando en las profundidades buscando esa parte del Todo q se manifiesta en nodotros y nos hace únicos y lo mismo a la vez. Gracias, 🙏❤️

    Responder

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