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¿Cuál es tu misión en el mundo?

Misiión en el mundo, flujo de karuna

 

Lunes, 1 de junio de 2020

 

«¿Cuál es mi misión en el mundo?». Es una pregunta que me ha estado rondando estos meses. No es nueva, claro que no; es tan vieja como la humanidad. Pero el choque brutal que ha supuesto la pandemia en cuanto a nuestra percepción de la realidad ha hecho que al menos algunos de nosotros la desempolvemos, y nos preguntemos de nuevo qué podemos hacer para que este mundo (que ya no es el de hace cuatro meses) sea más habitable o, más bien, cómo podemos ser de máximo provecho a partir de ahora y durante lo que nos queda de vida. Cada minuto que pasa —y que queda— se ha hecho más valioso, dado lo extremo de las circunstancias.

La pregunta inscrita en nuestro ADN

Imagínate (solo por un segundo) que los niños no estuvieran saliendo indemnes —como amparados por las alas de un ángel— de este virus. A mí me entran escalofríos (más escalofríos aún) solo de pensarlo. Y, sin embargo, perfectamente podría haber pasado. De hecho, lo raro y casi mágico es esta selección natural que se ha producido para que, dentro de lo trágico, la pandemia no supongo una completa devastación o —directamente— la extinción de la especie. Por otra parte, una vez abiertos los ojos y vistas las empobrecidas reacciones de los dirigentes mundiales y del sistema económico establecido, no hace falta ni siquiera acudir a la imaginación para hacer oscuros augurios sobre el futuro del planeta.

Imagínate que los niños no estuvieran saliendo indemnes —como amparados por las alas de un ángel— de este virus. Clic para tuitear

Lo ocurrido nos ha arrancado de la evasión y nos ha situado en el precipicio de este tipo de cuestiones. ¿Qué puñetas hago, aparte de tratar de sobrevivir, como cualquier animal? ¿Cómo aprovechar el tiempo que me queda (para mi bien y para el de los demás)? ¿Cuál —por favor, por favor— es mi misión en el mundo?

Es una pregunta inscrita en nuestro ADN. Todos llevamos dentro el arquetipo del «elegido», como el Neo al que le toca elegir la pastilla roja en Matrix, aunque al pobre no le haga mucha gracia tener que salvar un mundo mucho menos brillante que en el que creía vivir. De alguna forma, todos somos Neo. Y ahora nos toca elegir la pastilla roja o dejar a nuestros descendientes —si nos quedamos en una evasión idiota— una herencia de muerte. En realidad, siempre hemos sido Neo (también lo han sido nuestros ancestros), pues todos estamos interconectados y conectados, al mismo tiempo, a niveles superiores de consciencia. Se nos han dado los recursos para escalar por ellos y dar lo mejor de nosotros para el bien común (que también es el nuestro), cada uno en su medida, en su entorno y en el tiempo en que le ha tocado vivir. Pero quizá pocas veces en la historia de la humanidad había quedado más a la vista que ahora esta realidad.

Todos somos Neo, siempre lo hemos sido. Estamos interconectados y conectados a niveles superiores de consciencia. Se nos dieron recursos para escalar por ellos y dar lo mejor de nosotros para el bien común. Clic para tuitear

Todo eso puede sonar muy bonito, pero ¿cómo actualizar —en base a esa realidad ahora más evidente— nuestra misión en el mundo? Mi maestra siempre dice que para emprender un viaje es importante saber a dónde quieres ir, pero más importante aún es saber de dónde sales. Si no sabes de dónde sales, no llegarás a ningún sitio.

Emprender un viaje desde las preguntas correctas

Para emprender este viaje (en el que espero que me acompañes), yo me he hecho estas preguntas: ¿dónde estoy?; ¿de qué herramientas me ha dotado la vida?; ¿son útiles en estas circunstancias o me tengo que buscar otras?; ¿estoy donde quiero estar?; ¿qué tengo valioso para ofrecer a los demás?; ¿lo estoy ofreciendo?; ¿con qué disfruto?; cuando disfruto, ¿hago disfrutar a los demás?; ¿qué se me da bien?; ¿cómo puedo cultivar en mí misma aquello que me gustaría ofrecer a los demás?

Personalmente, las herramientas de las que me he provisto en estos cincuenta años de vida (la meditación, la escritura y la indagación emocional) siguen siendo perfectamente válidas en la «nueva realidad». Son herramientas que llevo puestas, que no dependen de las circunstancias externas, que continúan siendo útiles, que disfruto, que hacen disfrutar y crecer a los demás y en las que puedo seguir profundizando sin fin para mi beneficio y el de todos los seres.

En caso de haber llegado a la conclusión de que mis herramientas hubiesen sido insuficientes, inadecuadas o perjudiciales, teniendo en cuenta la nueva realidad, creo que no habría dudado en buscar otras o tratar de mejorarlas. ¿Qué mejor momento que este para hacer un replanteamiento de nuestra vida?

Una vez clarificado esto, que tiene que ver con «de dónde parto», tendré que ver si este software —estas herramientas— está actualizado. Dado que mi percepción de la realidad —y la de todos— ha cambiado, deduzco que el uso que haga de estas herramientas también ha de cambiar. ¿En qué sentido? ¿Cómo actualizarme?

A mí personalmente me ha servido encontrar un centro, como un sol que iluminara todo lo demás, un sol que tuviera que ver con aquello que ha despertado o abierto en mí la nueva realidad. En esa búsqueda (que nada tiene que ver con «pensar») me he valido de la ayuda de Ferrán Caudet, de la LKC (Lectura Kinesiológica de Campo)  y de mi propia intuición, que ha situado la palabra «KARUNA» en el centro del mandala. Karuna significa «compasión» en sánscrito, y también es el nombre de una formación en psicología contemplativa que ha sido crucial en mi vida, pues a raíz de ella creé mi propuesta Escribir y Meditar. Con ese sol de «karuna» en el centro de mi corazón me he sentado a meditar varios días para familiarizarme con la esencia de la actualización de mi propósito vital.

A continuación, un día, sin pensármelo mucho (la clave de casi todo, para mí, está en pillarme in fraganti y no dejar que los pensamientos, la razón y el control aplasten a la intuición y la creatividad) cogí cuatro DIN A4, los pegué con celo por detrás, y extendí una caja de rotuladores sobre la mesa. Puse y escribí el sol de «karuna» en el medio, rodeado por un círculo y rayitos alrededor… y a partir de esos rayos empezaron a salir como flechas aquellos parámetros relacionados con mi propósito —mi misión— y su actualización.

Y salió un bonito arcoíris aparentemente caótico que representa la base de mi actualización. Sus líneas principales son:

  • Mis acompañamientos. Debido a las nuevas circunstancias, todos los acompañamientos habré de hacerlos online. Los que he ofrecido hasta ahora siguen siendo válidos, pero habré de adaptarlos para acompañar a las personas en su nuevo presente. Afortunadamente, la escritura, la meditación y la indagación emocional son perfectamente adaptables a la situación personal de cada uno y de cada grupo que surja.
  • Nuevos acompañamientos. Algunos proyectos que me gustaría que pasaran a ser propuestas formales tienen que ver con:
    • Acompañar a profesionales (ajenos al mundo de la creación literaria) a escribir un libro sobre su experiencia que pueda ayudar a extender un mensaje importante para el mundo.
    • Crear una Comunidad de Escribir y Meditar, a la que ofrecería un sostén en la mezcla de estas dos disciplinas a través de propuestas, materiales y sesiones conjuntas de meditación y resolución de dudas mensuales.
    • Confeccionar cursos autoguiados (con vídeos, materiales y propuestas) sobre escritura y meditación, la construcción de un personaje literario y sobre cómo planificar la escritura de una novela.
  • Mi práctica de meditación. En estos momentos, una de las patas más importantes para no caer de cabeza en el caos, la desesperación, la evasión o el autoengaño es mi práctica de meditación, estar cerca de mi maestra y mis compañeros, seguir profundizando en las enseñanzas y aumentar mi compromiso con el linaje que me sostiene. Todo esto es lo único capaz de abrir al mundo mi asustado corazón.
  • Escribir. Una de las cosas que más me ha ayudado a lo largo de estos meses tan duros ha sido escribir los textos que he ido publicando en el diario de confinamiento. Me ha sido de utilidad para poder ir asimilando lo que me iba ocurriendo, para expresar mis emociones, para profundizar en la comprensión, para aportar luz desde la oscuridad, para traer de otras esferas (más allá de mi conciencia) información relevante, para conectarme con otras personas a través de las palabras… Quizá no se me da bien el voluntariado, pero se me da bien escribir y, en esta nueva realidad, creo que he de seguir aprovechando ese don, a través del blog y, quien sabe, la escritura de algún libro.
  • Economía Humana. En esta nueva etapa es importante para mí mi colaboración en la organización Economía Humana, que me permite coordinarme con otras personas interesadas en crear una economía más consciente, próspera y humana, me hace sentirme acompañada, conectada y útil en esta travesía del desierto y me permite profundizar en aprendizajes tan importantes para mi trabajo como la prosperidad, la creación de redes o la LKC.
  • Apoyo para la creación de un largometraje. Hace unos meses una amiga, Cris, me propuso que la ayudara en el desarrollo de una película sobre la muerte infantil. Este proyecto, por alguna razón que no acabo de comprender muy bien (al menos con el intelecto), me capturó en seguida y se ha convertido en uno de los tentáculos del pulpo que me apetece desplegar en estos momentos de incertidumbre. Somos un equipo creativo de cinco personas y cada vez que nos reunimos para ir concretando la propuesta, la sangre bulle dentro de mí como un volcán. Es un proyecto que despierta mi creatividad y mi ternura, con un componente espiritual y social importante. Ojalá podamos hacerlo realidad.
  • Descanso y espacio. Se ve que mi intuición ha creído importante incluir esta pata. Si quiero ser de utilidad a los demás, he de cuidarme a mí misma, algo que no se me da demasiado bien. Cultivar el disfrute, abrir espacios en mi vida para el ocio, descansar lo suficiente, estar con mis hijos, leer, salir con amigos, dejarme en paz en el «ser» y no solo en el «hacer»… quizá sea el reto más importante al que me enfrento en esta nueva realidad.

A continuación, expresé en una sola frase mi propósito vital: «Escribir y Meditar quiere convertirse en un referente para personas que quieran abrir su consciencia mediante las disciplinas de la escritura, la meditación y la indagación en las emociones; tiene vocación de convertirse en una comunidad en que los miembros (en grupos más pequeños y/o grandes) se retroalimenten a través de dinámicas de vinculación sanas».

Recuerda: cada uno tenemos una misión en el mundo, y es esencial, porque nadie sino nosotros puede llevarla a cabo. Clic para tuitear

Quería compartir este proceso contigo, por si te apetece apoyarte en él para hacer tu propio replanteamiento de vida y ver qué sale de ahí. Seguramente has hecho un camino muy importante hasta este momento que te valga como base, pero puede que la nueva realidad haya movido en ti algunas nuevas percepciones que te pueden ayudar a actualizar tu misión en el mundo. Recuerda: cada uno tenemos una, y es esencial, porque nadie sino nosotros puede llevarla a cabo.

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6 comentarios en “¿Cuál es tu misión en el mundo?”

  1. Me encanta la propuesta y me encanta todo lo que escribes, incluido el post de la semana pasada sobre tu cumpleaños. A ver qué me sale a mí en el mapa… ¡Gracias por la idea!

    Responder
    • Hola, Garbiñe,

      Me alegro de que te guste la propuesta. Ánimo con tu mapa, que seguro que tiene en el centro la Torre Eiffel ;-).

      Un fuerte abrazo,

      Isa

      Responder
  2. Karuna, «compasión» en sánscrito, en muchas ocasiones las palabras tienen mensajes escondidos en su ADN. La palabra compasión deriva del griego συμπάθεια (sympatheia), cuya etimología indica un sentimiento de simpatía, y del latín cumpassio, que enfatiza en la sensación de tristeza.

    La compasión es un valor que permite que todos sean tratados con igualdad al comprender las miserias. También empuja a ayudar a los otros en su sufrimiento. La compasión es un efecto que surge de la simpatía, la tristeza, la comprensión y la empatía frente a aquellos que se encuentran en una situación peor que la propia.

    Isa, puedo verte perfectamente en ese camino, y también con pasión, que creo que es el otro mensaje que tiene para ti la palabra. No dudo que es tu camino y que se cruzará con el mio más de una vez.

    Responder
    • Hola, Ana,

      Gracias por tu análisis etimológico, se nota cómo amas las palabras :-). Lo que dices me ha recordado dos cosas. Una, es que mi maestra siempre habla del amor como «el deseo de que los otros sean felices» y de la compasión como «el deseo de que los otros no sufran». Y la segunda cosa, que no me acuerdo a quién se lo escuche: la compasión es pasión sin agresión.

      Gracias otra vez por tus valiosas aportaciones. Me alegrará siempre compartir contigo en el camino.

      Un abrazo fuerte,

      Isa

      Responder

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