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Ahora no estoy pensando

Diario de emociones
En mi curso presencial de escritura y meditación avanzado estamos trabajando sobre cómo lidiar con las emociones en la vida cotidiana, algo que puede parecer sencillo en primera instancia, pero no lo es en absoluto.

Tenemos emociones en todo momento y de todos los colores. Casi detrás de cada gesto nuestro hay una emoción, cuando saludamos a alguien… o cuando decidimos no saludarle. Detrás de cada línea que escribimos; joder, aunque no quiera ya se me ha colado una. Nos levantamos con un estado anímico y nos acostamos con otro. Incluso cuando estamos aparentando normalidad en una reunión de trabajo, por debajo de esa máscara están sucediendo un montón de cosas en nuestro mundo emocional, y en el de cada una de las personas reunidas. Se supone que con algo tan común y corriente como son las emociones, que nos constituyen en buena medida (como nos constituye nuestro cuerpo o nuestras opiniones sobre el mundo), deberíamos tener una buena relación.

Se supone que deberíamos saber mucho sobre nuestras emociones, pero tenemos un desconocimiento brutal de cómo funcionan

Sin embargo, tenemos un desconocimiento brutal de cómo funcionan nuestras emociones. Nos trastocan la vida, nos convierten en muñecos de guiñol en muchas ocasiones… pero no queremos mirar hacia ellas. Hay algo que nos duele, que no queremos abordar, que nos trastoca, quizá que nos conecta con la fuente de energía original y, por eso, pensamos que moriremos electrocutados.

A mis estudiantes les he propuesto que escriban, hasta que termine el curso, un DIARIO DE EMOCIONES. Porque lo primero que hemos de hacer para volver a nuestro favor las emociones es admitir que existen. Y lo segundo, conocerlas, explorarlas, relacionarnos con ellas. Aprender de ellas. Saber de qué están compuestas. Apreciar su riqueza de matices.

En fin, justo lo contrario de lo que solemos hacer cuando entramos en contacto directo con ellas, que es:

1. Reprimirlas o negarlas.
2. Actuar en base a ellas.
3. Pensar en ellas.

Cualquiera de estas acciones, no obstante, nos lleva a alejarnos cada vez más de la energía vivificante de la emoción en sí y a convertirla en algo sólido que, por lo general, nos trae bastantes problemas añadidos en la vida. Algo, además, que no es inherente a la emoción, sino que superponemos sobre ella. Así que cuando le echamos la culpa a nuestras emociones de tantas cosas que nos hacen sufrir en nuestra vida, no tomamos en cuenta que, en su origen, la emoción no era más que energía clara e inteligente.

Cuando le echamos la culpa a nuestras emociones de tantas cosas que nos hacen sufrir en la vida, no tomamos en cuenta que, en origen, la emoción no era más que energía clara e inteligente

Así que la primera propuesta para no actuar de forma automática llevados por nuestros patrones condicionados es no huir, no hacer nada más que permanecer en contacto con lo que sentimos en el presente con una actitud de acogimiento y curiosidad. La escritura es una magnífica herramienta para hacerlo… siempre que no se convierta en un hilo de pensamientos (con lo que sería, de nuevo, una huida, como hemos visto en el punto 3 de nuestras reacciones habituales).

Lo que estoy haciendo ahora mientras escribo esto, por ejemplo, es estar en contacto con mi mente analítica (con mis pensamientos) más que con mi mente emocional (con mis sentimientos). Ahora no lo estoy haciendo para huir, sino para que entendáis lo que les he propuesto a mis alumnos y alumnas.

He decidido acompañar a mis alumnos y alumnas en este viaje, realizar yo misma un DIARIO DE EMOCIONES

Y lo que he decidido hacer a partir de ahora es acompañarlos en este viaje. Realizar yo misma un DIARIO DE EMOCIONES. Ver a dónde me lleva.

Da un poco de vértigo. Cuando uno permanece en contacto con lo que siente lo primero que percibe es una especie de desnudez. No quiero estar ahí. Es más fácil acudir a la máscara de mis pensamientos, de mis opiniones, de lo que creo que soy o quiero llegar a ser. Escribimos muchas veces para dar una imagen agradable a los demás. Pero ¿acaso los buenos autores escriben para conservar su autoimagen? ¿Cómo será eso de escribir para dejar caer las capas de la cebolla? ¿Y si (como se decía en aquella magnífica película de Ken Loach, Agenda oculta) cuantas más capas le quitemos a la cebolla más ganas nos entran de llorar? ¿Y qué si lloramos? ¿Y qué?

Ahora me da el sol en la cara, se oye fuera el viento y el silencio interior me retumba en los oídos. Siento un hueco de ausencia en mi pecho que tiene que ver con mi vocación de enseñar. De enseñar lo que nunca me enseñaron a mí (de ahí la ausencia): a sentir el sol, el palpitar silencioso de mi corazón y el calor de la simple presencia, a calmar el miedo con caricias, a vincularme a los demás seres humanos a pecho descubierto.

Enseñar es mi única forma de aprender. Escribir es mi única forma de sentir.

Y ahora no estoy pensando.

Diario de emociones
Siento la ausencia de enseñar lo que nunca me enseñaron a mí: a sentir el sol, mi palpitar, el calor de la presencia de la simple presencia.

 

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3 comentarios en «Ahora no estoy pensando»

  1. Llenas un gran vacío en la enseñanza o el acompañamiento de la escritura. Hay tantas propuestas de talleres y academias y escuelas…. pero ninguna parte de las emociones o la consciencia. El afán por publicar, conseguir éxito y fama nublan el camino de muchos. Transmitir desde el interior eso lo logran pocos. Gracias por caminar tu propio camino y servirnos de inspiración. Espero poder tomar pronto uno de tus talleres pir ahora medito y escribo desde mi intuición y experiencia. Un abrazo.

    Responder
    • Muchísimas gracias por tus palabras, tocaya :-). A veces este camino es un poco arduo y solitario, así que cuando se encuentran compañeros/as que van en el mismo sentido, es toda una alegría. Me encantará tenerte en alguno de mis talleres, y estoy segura que tienes mucho que aportar. Un abrazo fuerte, y mucho ánimo hasta que nos volvamos a encontrar en el camino,

      Isa

      Responder

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