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El avión está a punto de despegar

[Aquí tienes el prólogo del libro ‘Puerta de embarque’, el libro de relatos de los participantes en los acompañamientos de Escribir y Meditar 2020-2021. Aquí puedes disfrutar de la presentación del libro, y en este enlace puedes adquirir un ejemplar].

Puerta de embarque.

Me gusta empezar el prólogo evocando el título del libro, porque en él (como en las buenas historias de ficción) no hay nada de casual. Es como un cartel luminoso que nos indica por dónde van los tiros del instante en que vivimos, al menos de lo que vivimos en este egregor o alma colectiva en que hemos coincidido las autoras y autores de este libro y yo a lo largo de nueve meses alrededor de la hoguera de la literatura consciente, la espiritualidad creativa o cualquier otra de las combinaciones posibles entre estas dos disciplinas que nos unen: la escritura y la meditación.

Perplejos aún con la vida en pandemia mundial, este año ya vacunados y curados de espanto, nos hemos acostumbrado a la excepcionalidad, valga la paradoja, y permanecemos en una especie de limbo que podría parecerse a una puerta de… Clic para tuitear

Si hace un año estábamos perplejos aún con el vuelco que había dado nuestra vida con la pandemia mundial y esperanzados con una «nueva normalidad» que nunca llegó, este año estamos no solo casi todos vacunados, sino también curados de espanto. Nos hemos acostumbrado a la excepcionalidad, valga la paradoja, y permanecemos en una especie de limbo que muy bien podría ser una puerta de embarque. Tenemos muchas ganas de montarnos en el avión, de volar a países lejanos, de marcharnos de fiesta, de abrazarnos como posesos y de besarnos en los morros… pero esperamos pacientemente a que nos avisen por los altavoces para embarcar. Un aviso que no acaba de llegar.

Nos hemos acostumbrado a la precariedad, a los ertes, a los jadeos del planeta, incluso a la enfermedad y a la muerte, lo que parecía imposible. No sé si nos hemos vuelto más flexibles o sencillamente más dóciles. Ciertas personas lo llamarían «resiliencia». En algunos textos budistas se habla de este «reino del aguante», refiriéndose al modo en que nuestra mente confusa resiste apretando los dientes en el samsara con tal de no expandirse, trascendiéndolo. Cuando miro a mis gatos, me sorprende su extraordinaria aceptación del predominio humano, su confiada dependencia, aunque algo en ellos parece advertirles de que aquellos a los que se someten no son muy de fiar. Nosotros somos iguales con nuestros patrones mentales: nos sometemos a ellos, aunque nuestro instinto nos dice que nos van a defraudar.

De modo que permanecemos en la puerta de embarque a la espera de un avión que quizá ya despegó, o quien sabe si ni siquiera existió.

Lo bueno —o la suerte que nos hemos forjado a pulso— es que, mientras esperábamos en los incómodos asientos del aeropuerto, con las mascarillas puestas y respetando la distancia de seguridad, hemos aprendido a viajar de otro modo. Con nuestra imaginación hemos hecho tantos simulacros de vuelo que ya le vamos cogiendo el tranquillo a eso de pilotar un avión. Y nos hemos atrevido con todo tipo de piruetas.

La osadía es un valor en esta comunidad. Existe un relato de Salinger que define la literatura que más aprecio, aquella que no intenta complacer a nadie, sino más bien «edificar, instruir» Clic para tuitear

La osadía es un valor en esta comunidad. Los relatos de este libro se salen de lo convencional, de lo estipulado, de ese tipo de temáticas que nunca nos exponen del todo. En su relato «Para Esmé, con amor y sordidez», Salinger da la definición perfecta de la literatura (al menos de la literatura que más aprecio): «Aquí nadie intenta complacer a nadie, sino más bien edificar, instruir».

En los acompañamientos de Escribir y Meditar huimos de la polaridad con la que habitualmente contemplamos el mundo, porque descartar lo desagradable no funciona. El conflicto sube nota y construimos personajes que tienen olfato… Clic para tuitear

Si algo aprendemos en los acompañamientos de Escribir y Meditar es que la polaridad con que contemplamos el mundo normalmente, persiguiendo lo agradable y descartando lo desagradable, no funciona. Y lo aprendemos a través de la literatura. A la hora de escribir ficción, el conflicto sube nota, lo cual no quiere decir que nuestros personajes sean masoquistas. Todo lo contrario: nuestros personajes tienen el olfato que a nosotros nos falta para aproximarse a la felicidad auténtica.

Así que en este libro se habla de una pequeña cuya madre le unta los dedos con su propia caca para que no se los chupe y de un padre que abusa sexualmente de su hija de doce años, de hijas o hermanas muertas, de vómitos de hormigas y de la víctima de un pederasta, de acosadores mezclados con Rociíto y de un suicida al que le salvan los cordones de sus zapatos.

Ahora bien, también se habla del alma de la masa madre que nunca ha de abandonar el hojaldre y de la estrecha vinculación entre un niño autista y un anciano con Althzeimer que juegan en un terrado bajo la vigilancia de un perro grandote, de la necesidad de escuchar con atención a las esculturas y de lo excepcional de disponer de un segundo más, de un tierno gorrión llamado Pirri y de las margaritas salvajes que crecen junto al IFEMA tras el duro invierno madrileño.

Lo trágico, lo siniestro, lo bello y lo sutil se entretejen en estas historias que reflejan la perseverancia, el mimo y la pericia de sus autores para realizar acrobacias con su mente, sobrevolando este planeta enfermo y fumigándolo con hectólitros de amor.

Después de estos 9 meses realizando simulacros de vuelo, hemos descubierto que nosotros mismos somos el avión, el piloto y el vuelo mismo. Clic para tuitear

El avión que estábamos esperando en la puerta de embarque ya hace tiempo que despegó, o quien sabe si nunca existió. La buena noticia es que, después de todos estos meses realizando simulacros de vuelo mientras esperábamos, hemos descubierto que nosotros mismos somos el avión, el piloto y el vuelo mismo, y que la aparentemente infranqueable puerta de embarque quedó atrás como un mal sueño o una simple fabricación mental.

Querid@ pasajer@: solo me queda avisarte de que ya puedes embarcar porque, para ti, el avión está a punto de despegar. Que tengas un feliz y consciente vuelo.

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2 comentarios en «El avión está a punto de despegar»

  1. Isa,
    tienes toda la razon, no hay que moverse solo hacia las cosas agradables y descartar las desagradables, querer probar unicamente lo dulce y escupir lo amargo.
    No debemos olvidar que las horas mas oscuras son las que preceden al alba.
    Besos
    Marta

    Responder
  2. Estimada Isabel
    Soy de Argentina, y en algun momento mientras trabajo me sorprendio tu tarea … hermosa x cierto!!! yo soy una de las personas que añorando x muchos años conocer Espàña me embarque con mi esposo un 7 de Marzo de 2020 con una valija repleta de ilusiones cuando aqui no se sabia nada de nada, estuve 3 dias en Madrid, 3 en Paris , desde donde salimos con los cierres de fronteras desde Alemania y haciendo un breve relato, de lo ocurrido, pudimos regresar en el ultimo vuelo de Lutfthansa que entraba a mis pais…… desp todo lo que es conocido, un horror!!! mis amigos terminaron internados en nuestra ciudad y nosotros asintomaticos, x suerte… en fin… fue y es un sueño que se perdio aunque atravese la puerta de embarque….. me encanto España y volvere x cierto no es mucho lo que vi….me quede con ganas enormes.. y ojala eso sea el motorcito que nos impulse a regresar… cuando las condiciones sean optimas para disfrutar todo
    un abrazo enorme!!

    Responder

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