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El camino es la meta

El camino es la meta

Nuestro punto de vista con respecto al mundo está basado en el miedo y la expectativa, la ganancia y la pérdida, así que cuando nos ponemos a meditar, partimos también de esa base: queremos alcanzar la calma (esa es nuestra expectativa y la ganancia) y no queremos sufrir (ese es el miedo y la pérdida). Es decir, siempre tenemos una meta.

«El reino de los pretas o de los fantasmas hambrientos», en budismo es en el que uno nunca se queda satisfecho y siempre tiene la sensación de que le falta alimento. Otra actitud posible es la que nos mete en «el reino de los… Clic para tuitear

Personalmente, tiendo a ver la parte negativa de todo, así que cuando aparece algo bueno, sea en la meditación o en la vida, lo veo como un premio de consolación que no llega ni para cubrir la centésima parte de los daños sufridos. Esa mirada me mete en lo que en budismo se llama «el reino de los pretas o de los fantasmas hambrientos», en el que uno nunca se queda satisfecho y siempre tiene la sensación de que le falta alimento (sea físico, afectivo, intelectual o espiritual).

¿Te resulta familiar?

Otra actitud posible es la que nos mete en «el reino de los dioses celosos», el de la competitividad y la lucha. Ambos reinos (o estados mentales) son samsáricos, porque se basan en una lucha de opuestos. Siempre estamos en el mundo de la ganancia y la pérdida y, por tanto, del sufrimiento. Me siento bien si gano; me siento mal si pierdo.

Los otros reinos (el de los dioses, el reino animal y el reino humano), no son mucho mejores, porque están dominados por la arrogancia, la ignorancia o el deseo.

Entonces, ¿qué hacemos?

La meditación lo que propone es la ampliación del punto de mira. Se trataría de ser conscientes de cómo nos movemos, una y otra vez, entre el apego y el rechazo, la ganancia y la pérdida, el miedo y la expectativa. Clic para tuitear

Podemos pensar que, para evitar el sufrimiento, podríamos tener en el punto de mira algo alcanzable, realista, modesto. Sin embargo, eso no nos saca del mundo de la dualidad y los tres velos: la ignorancia, el apego y el rechazo. Por muy alcanzable que sea (o nos parezca) la meta que nos ponemos, siempre pueden surgir obstáculos inesperados que nos impiden alcanzarla, como un simple esguince, la muerte de un ser querido o la subida del IPC, lo que nos llevaría a la frustración, y otra vez de cabeza al sufrimiento. O si se trata de una meta que no nos importa mucho, es difícil que saquemos energías para ir hacia ella.

La meditación lo que propone es la ampliación del punto de mira. Se trataría de ser conscientes de cómo nos movemos, una y otra vez, entre el apego y el rechazo, la ganancia y la pérdida, el miedo y la expectativa. Y al ser conscientes de ello, podemos desidentificarnos y verlo como un juego, el juego de la mente que se implica en sus contenidos.

Al verlo de ese modo no deja de ocurrir, pero cambia el modo en que nos relacionamos con ello, y eso hace que se afloje el sufrimiento de creernos que esa apariencia es real. Esta ampliación del punto de mira convierte todo en meta; cualquier cosa que surja es la manifestación del juego de la mente. Vemos nuestras tendencias y los reinos en lo que nos involucramos (sean más o menos incómodos), pero no creemos que esa es la realidad.

En la película Una mente maravillosa, el protagonista esquizofrénico, después de un viaje muy largo en que se hace consciente de su propia enfermedad, no deja de tener alucinaciones, pero cambia su forma de relacionarse con esos personajes imaginarios que él sabe que los demás no ven. Ya no los rechaza (sabe que el rechazo no es la solución), pero tampoco les sigue el juego. Los ve, les saluda con afecto, y sigue su camino. Considero que, de alguna manera, todos tenemos alucinaciones (personales y colectivas), nuestra percepción de la realidad es una pura alucinación que, sin embargo, nos creemos a pies juntillas.

La meditación me ha ayudado a no creerme tanto a esos personajes particulares o colectivos que constituyen el escenario en el que me ha tocado vivir Clic para tuitear

La meditación me ha ayudado a no creerme tanto a esos personajes particulares o colectivos que constituyen el escenario en el que me ha tocado vivir. Eso no los va a quitar de mi vista (constituyen mi particular modo de estar en el mundo, y lo otro sería una «nada» irreal), pero ya no sufro tanto por ellos, e incluso en algunos instantes aislados aprovecho la energía de su manifestación y gozo de la belleza de su curiosa forma de expresarse.

Voy lenta, eso sí, y a este paso, no voy a llegar nunca a la «visión pura», libre de opuestos. En el budismo se habla de «verdad absoluta» y «verdad relativa». Mientras tengamos una visión dual de la realidad, en la que consideramos que existimos como individuos separados del resto del mundo, nos hemos de atener a la verdad relativa. Es decir, no es un error que tengamos metas en la vida, y tratemos de alcanzarlas.

La meta no está en otro lugar, está en cada instante en que tenemos la oportunidad de ver verdaderamente el juego de apego y rechazo en el que estamos involucrados. Clic para tuitear

Dejar de hacerlo sería en este momento negar y anular nuestra propia energía, nuestro propio potencial (que es inmenso). Pero podemos poner los medios adecuados para, en el camino de esta vida (de esta preciosa existencia humana) hacia nuestras metas, ir abriendo la perspectiva de nuestra mirada gracias al cultivo de la atención consciente. La meta no está en otro lugar, está en cada instante en que tenemos la oportunidad de ver verdaderamente el juego de apego y rechazo en el que estamos involucrados. Cuando podamos hacer eso, instante a instante, es cuando habremos alcanzado la meta y, a la vez, la noción de meta carecerá de sentido alguno.

7 comentarios en «El camino es la meta»

  1. Gracias Isa por tu comprensión y compartir.
    Me lleva directamente al poema de Machado

    Caminante, son tus huellas
    el camino y nada más;
    Caminante, no hay camino,
    se hace camino al andar.
    Al andar se hace el camino,
    y al volver la vista atrás
    se ve la senda que nunca
    se ha de volver a pisar.
    Caminante no hay camino
    sino estelas en el.mar

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  2. Muchísimas gracias Isabel. Después de unos días asediada por el miedo y por tanto por el surgimiento, te agradezco mucho tus palabras de hoy, «me vienen como anillo al dedo». Un beso

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    • Cómo es que estamos todos tan conectados? O será que lo común es el miedo
      Ayer durante la noche me desperté con miedo. Me había comparado con los éxitos de los demás y eso me hacía sentir angustia y miedo. He visto el titulo de tu blog y he pensado que en eso «DEBO enfocarme» jo , otra vez con la meta. Recambio a » que todo es un aprendizaje y un camino».

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  3. «El camino es la meta»
    » Es decir, no es un error que tengamos metas en la vida, y tratemos de alcanzarlas.»

    hay que marcarse el camino y conseguir las metas que nos hemos propuesto en la vida a pesar del miedo que aparece y confiar en nosotras mismas para lograrlo.
    Gracias Isabel.
    Abrazo.

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  4. Hoy, en una tarde un poco perdida y calurosa
    Perdida en elucubraciones, al ver tu correo, me he sentido identificada
    Miedo, angustia, camino.., al menos, me he dado cuenta que no estoy sola
    Metas, tengo que trabajarlas, olvidando los miedos que me acompañan desde que nací
    Ha sido inspirador el encuentro. Gracias

    Responder
  5. No sé en que reino estoy pero pongo las metas, peleo por ellas, pero cada poco me desconecto, bebo, como y duermo…, y hago cosas que me alejan en vez de acercarme a ellas. Supongo que será el reino de los animales. Me cuesta mantener la constancia y la motivación y me digo por dentro «¡puf! quiero dejarme en paz…»
    No sé. Igual es solo el verano y el calor, pero agradezco el post igual… ¡Gracias, Isa!

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