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El lado salvaje de la vida

El lado salvaje de la vida es la autenticidad en la escritura. Leon reflejado en un lago

 

(Prólogo del libro Relatos imperfectos, de los participantes en los acompañamientos de Escribir y Meditar)

 

«El lado salvaje de la vida» es lo primero que me ha surgido, antes ni siquiera de saber de qué iba a hablar en el prólogo. Será por algo. Es una expresión que uso mucho a la hora de aconsejar a las personas que participan en mis acompañamientos: «Si te ha salido eso, será por algo».

Hay algo en la escritura que nunca miente, pero a veces no sabemos reconocerlo. Descubrir ese punto ciego es la razón por la que escribimos Clic para tuitear

Hay algo en la escritura que nunca miente. A veces no es fácil separar el grano de la paja. Diría incluso que nuestra tendencia es a no fijarnos en esa voz verdadera que subyace a cualquier cosa que escribimos y que nos está diciendo, continuamente, por donde van los tiros. Y no nos solemos fijar porque, normalmente, nuestra atención está puesta en la idea previa de lo que queremos alcanzar o fabricar, de modo que cuando lo auténtico brota de forma espontánea, en ocasiones no sabemos reconocerlo, porque no se ajusta a nuestras expectativas, a nuestra idea de logro.

Un fogonazo de autenticidad

En ese punto de autenticidad que se destapa a través del arte y ante la que solemos permanecer ciegos está justo la imperfección que nos hace humanos y que, por tanto, nos permite encajar perfectamente en el conjunto del cosmos, siempre desplegándose, siempre en crecimiento (lo perfecto solo podría ser estático). Diría que descubrir ese punto ciego es la razón por la que escribimos. Así —imperfectamente perfectos— son estos relatos, así son las personas que los han compuesto y así ha sido este curso con su pandemia en el medio, que nos ha puesto en contacto precisamente con el lado salvaje de la vida.

Ahí estábamos, debatiéndonos entre las expectativas ante el aprendizaje y esa autenticidad espontánea que surgía al escribir o al meditar, cuando nos ha sorprendido algo totalmente imprevisto, algo que nuestra mente no podía prever ni explicar, algo que nos ha arrancado de nuestros anclajes y nos ha dejado en pelotas en medio de la jungla.

De pronto estábamos confinados. De pronto los cursos presenciales pasaban a modo virtual. De pronto enfermamos, o lo hicieron personas cercanas a nosotros. De pronto se moría la gente a nuestro alrededor. De pronto nuestra perspectiva del mundo cambió, nuestra escritura cambió, todo cambió. Y, por un lapso de tiempo, se operó un milagro: no teníamos expectativas, porque el pasado ya no nos servía para calibrar el presente y el futuro era totalmente incierto. Esto, en la escritura y en la meditación, se tradujo en que —al estar libres de fabricaciones mentales— tomamos pleno contacto con nuestra autenticidad. Fue como el fogonazo de un flash que alumbró todo ante lo que permanecíamos ciegos; solo por un instante, pero lo suficiente para que ya no hubiera marcha atrás.

Cuando escribimos de forma creativa, conectamos con una inteligencia espacial en la que el tiempo no existe Clic para tuitear

Estos relatos tienen que ver con ese fogonazo, aunque algunos están escritos antes de la pandemia. Y es que en la escritura el tiempo es muy relativo. Igual que podemos situar en el presente narrativo algo del pasado, también podemos prever situaciones que aún no han sucedido, o lo puede hacer la autenticidad de nuestra escritura. Cuando escribimos de forma creativa, conectamos con una inteligencia espacial en la que el tiempo no existe, y en ese no tiempo todos estos relatos tocan la parte salvaje de la vida que hemos experimentado de lleno en los meses de confinamiento.

En mis acompañamientos no me interesa la escritura convencional. No buscamos los relatos bonitos o «bien» escritos, redondos o de técnica precisa. Animo a las personas a asumir riesgos, a entrar en sus conflictos a través de sus personajes, a pringarse en las historias, a adentrarse en las narraciones como quien lo hace en una selva de la que no sabe cómo saldrá. Lo importante no es la perfección, lo importante es la vida.

Lo desagradable puede adquirir tanta valía literaria como lo agradable, porque el arte logra igualar los extremos Clic para tuitear

De modo que la pandemia ha hecho estragos en muchos ámbitos, pero a estos relatos —que se alimentan de sangre fresca— les ha venido muy bien. Igual no apetece leer ciertas cosas o «despertar en las catacumbas» (es el título de uno de los relatos), pero las apetencias tampoco son lo importante en mis acompañamientos. Lo desagradable puede adquirir tanta valía literaria como lo agradable, porque el arte logra igualar los extremos y trascender la dualidad en la que vivimos permanentemente, huyendo del dolor y buscando el placer.

Estos relatos no siguen ese patrón dual, así que te encontrarás a Mugre y a la madre de Mugre, un canario que muere y la urgencia de un consolador, hombres con lanzallamas y la crudeza bulímica, a un niño real que muere o los interminables segundos en la consulta de un médico después de que a tu padre le han diagnosticado un cáncer. No son cosas benignas ni apacibles, ni agradables, ni mucho menos perfectas.

La perfección nos interesa tan poco a quienes escribimos de verdad como la comodidad. Lo que nos interesa es sacudirte por los hombros a ti, lector o lectora, situarte —una y otra vez— en ese lado salvaje de la vida que ahora —después de lo ocurrido en estos meses— podrás reconocer muy bien como algo propio. Y es que lo suave y lo bueno no están en otro lugar (allá lejos donde solemos buscarlos), sino en el corazón mismo de la crudeza.

Me gustaría concluir con unos versos de Gottfried Benn, que mencionó Gustavo Martín Garzo en un maravilloso artículo titulado Lo suave y lo bueno, para expresar la integración de esa dicotomía entre lo salvaje y lo benigno:

He encontrado a personas que,
con los padres y cuatro hermanos en una sola habitación,
crecieron, y de noche, con los dedos en los oídos,
aprendieron en el fogón, se elevaron, exteriormente bellas, y señoriales como condesas,
e interiormente suaves y diligentes como Nausicaa,
y tenían la frente pura de los ángeles.
Me he preguntado muchas veces, sin encontrar respuesta,
de dónde viene lo suave y lo bueno,
tampoco hoy lo sé y ya me tengo que marchar.

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Si deseas conseguir un ejemplar del libro Relatos imperfectos, mándame un mensaje a isabel@escribirymeditar.es

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