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EL OTRO DÍA EN LA DUCHA – De Chus Losada

la ducha del miedo

Autora: Chus Losada

El otro día en la ducha, por primera vez, me di cuenta de que no me gusta que me caiga el agua caliente en la cara. Me di cuenta de que siempre dejo que caiga desde la cabeza hacia abajo, evitándola. La dejo caer, me froto la cara con jabón rápido y, más rápido aún, la aclaro para seguir con el resto del cuerpo. De hecho, con el resto del cuerpo me recreo y nunca tengo prisa de cerrar el grifo.

Me di cuenta realmente de que lo que no me gusta es que los chorros de agua me tapen la nariz, porque me da sensación de ahogo. Fui consciente de que tenía miedo a que el agua entrara por mi nariz a chorros y no me dejara respirar. En ese momento me pregunté a qué venía ese miedo si nunca temí el agua, menos aún el de la ducha, donde yo tengo el control de abrir y cerrar el grifo, de hacer magia haciéndola desaparecer si yo quiero. ¿Qué daño podría hacerme un agua cálida que limpia, que calma?

Desnuda y empapada me escuché decirme en alto, toda chulita: «¿Qué miedo ni que miedo, Chus? Tú y tus tonterías…». Así que, toda digna y valiente, como buena mujer adulta reconocida que soy, pero con el miedo de una niña pequeña sin reconocer, levanté la cabeza hacia los chorros de la ducha con una determinación a medias y, apretando los ojos, fui metiendo mi cara en el torrente de agua, dejando que su cortina resbalara por mi cara. Apreté los dientes, aguanté la respiración, noté como el pulso se me aceleraba, y sentí todo mi cuerpo tenso, mientras mi cabeza no paraba de repetir: «Tranquila, todo está bien, no pasa nada, respira…».

En un movimiento casi involuntario, saqué un poquito la nariz de la cortina y, miedosa, empecé a respirar, como entrecortado, no fuera a ser que una gota entrara de golpe y ¡zas, ahogada! La sorpresa fue mayúscula cuando noté que el aire caliente entraba sin obstáculos, entraba sin más. Así que comencé a respirar como en la meditación, un respirar acompasado, percibiendo cómo la humedad entraba por la nariz y me limpiaba. Mientras el agua chorreaba, dejé de apretar los ojos y la mandíbula, dejé que los brazos colgaran sin tensión, sentí la alfombrilla antideslizante en mis pies, el calor del agua más pronunciado al llegar a las corvas de mis piernas.  Percibí cómo resbalaba un pelo desde mi cabeza, atravesaba el ombligo y llegaba al suelo hasta quedarse enredado en el dedo gordo del pie. El agua chocaba en lo alto de mi cabeza y corría a sus anchas por mi espada, por mi cara… Me sentí una pequeña isla en medio de un río con sus flores frescas, su casita de campo con chimenea, y la madera robusta de sus árboles.

Me vi dentro de esa casa, salía de la ducha con el pelo mojado, me vestía con un pijama cómodo y secaba mi pelo con el secador. Me vi mirándome al espejo durante un buen rato. Mirándome sin más. Y me vi salir del baño y caminar hasta la mesa del escritorio. Me senté y observé por la ventana. Veía las flores frescas, pero también las marchitas, veía los árboles robustos, pero también el manto de hojas al pudrirse, el agua del río sereno y ese mismo agua en caída libre al chocar contra las rocas. Así un buen rato.

Para mí, escribir es la isla con todas esas flores marchitas y frescas, es la casita de campo con chimenea, fría por la mañana y cálida por la noche, y es también la madera robusta de sus árboles y todo su manto de hojas podridas. Clic para tuitear

 

Me vi después abriendo el ordenador, y tecleando la primera frase de este artículo: «El otro día en la ducha…». Y me di cuenta de que, para mí, escribir es la isla con todas esas flores marchitas y frescas, es la casita de campo con chimenea, fría por la mañana y cálida por la noche, y es también la madera robusta de sus árboles y todo su manto de hojas podridas.

Me di cuenta de que, para mí, Escribir es ese contemplarme desde fuera y ver cómo me miro en el espejo, pero no solo en el de la escritura y la ficción, sino también en la de mi vida cotidiana.

Para mí, Meditar es ese respirar entre la corriente que arrastra miedos, incertidumbres, sombras, juicios y patrones que conviven conmigo y a los que ahora me asomo con la nariz para respirar, aunque aún aprieto los ojos y los… Clic para tuitear

Me di cuenta de que, para mí, Meditar es ese respirar entre la corriente que arrastra miedos, incertidumbres, sombras, juicios y patrones que conviven conmigo y a los que ahora me asomo con la nariz para respirar, aunque aún aprieto los ojos y los dientes.

Y me di cuenta de que en Escribir y Meditar yo he encontrado ese espacio donde me rodeo de corazones compasivos y puedo reconocerme en el espejo, puedo verme dentro de la cabaña, y donde puedo salir desnuda y expandirme en una ducha en la que ni siquiera era consciente de que tenía miedo.

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20 comentarios en «EL OTRO DÍA EN LA DUCHA – De Chus Losada»

  1. ¡Que grande, Chus!, maravilloso escrito repleto de prodigiosas imágenes que te guían como lector al rico mundo interior del que gozas y donde, el que más o el que menos, puede encontrar un lugar en el que también verse reflejado. Enhorabuena por todo. Un abrazo

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    • Muchas gracias, Estrella. Me alegra que las imágenes te llegue como «ese lugar dónde verte reflejado». Creo que todos somos reflejos de otros. Latimos así.
      Un abrazo fuerte

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  2. Qué articulo tan bonito, Chus. He podido sentirme en la ducha, sacar la nariz para respirar y ahora, también en la cabaña. Es verdad que este espacio se convierte en una cabaña donde poder salir sin disfraces ni artificios, un sitio donde contar con la posibilidad de compartir con aquellos que transitan un camino parecido al tuyo.

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    • Cierto, Jaime. A mi me encanta ese compartir «narices para respirar», y es un placer poder ir de visita de cabaña en cabaña con todos vosotros.
      Un abrazo sin disfraz.

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  3. Y así es como nos muestras que las cosas pequeñitas tienen mucho que ver con las grandes 😉
    Estamos en un lugar fabuloso, es una suerte.
    Un fuerte abrazo,
    Mer

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    • Una suerte infinita, Mer. Este espacio es ¡de narices! 🙂 Lo grande, para mí, son la suma de esos corazones cálidos alrededor de la chimenea. ¡Vaya corazones suerturdos!
      ( Y no se lo digas a Isabel, pero… es todo culpa, culpita suya… )
      Un abrazo fuertote

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  4. Hola Chus, me ha conmovido tu escrito y me siento muy identificado cuando empiezas hablando sobre el miedo del agua que no te de en la cara cuando te estas duchando. En mi caso hace años que me daba miedo que el agua me diera en la cara, y que se me metiera el agua dentro de la orbita del ojo que perdí de niño, cuando de niño me repitieron tantas veces que tuviera cuidado con no mojar esa zona de mí cuerpo. Al final he conseguido mojarme en la ducha esa zona y hasta disfrutar del agua caliente, fue un proceso de adaptación y aceptación, respirando como tú y dejando de apretar la mandíbula, relajando los hombros y volviendo a la vida. En mí caso el lugar elegido como lugar de recogimiento, es un faro, con la chimenea encendida, las velas iluminando la estancia, secando mis miedos cerca del fuego, mientras enciendo el ordenador, y me encuentro con tu post, tan visual, tan consciente y tan valiente, abriendo tu corazón a los lectores, compartiendo una parte de ti con el mundo. Enhorabuena, un abrazote!!

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    • ¡Jo, David! Muchísimas gracias por compartir una experiencia tan íntima, por compartir el torrente del agua de tu ducha y permitirnos mojarnos contigo. He sentido la órbita de tu ojo y he visto tu corazón, tierno y valiente, sentado entre velas, en tu faro, frente a la chimenea. Gracias por este destello de luz compartido a los navegantes como yo, por acercarnos a tierra firme aunque no lleguemos a saber, si en la costa, encontremos piratas. 😉
      Un abrazo de manta zamorana

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  5. ¡Hola, Chus!

    ¡Qué pasada de escrito! Muchas gracias por convertirte en una isla que respira libre de miedos.
    Enhorabuena. Un abrazote

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    • Querida Bea:

      En la isla hay de todo… ¿sabes que hay un jardín lleno de esculturas de Diosas griegas? Es un placer poder contemplarlas, tienes que venir. Te va a encantar escucharlas.
      Te mando un achuchón bien apretado.

      PD: Al Dios Apolo lo tengo guardado a buen recaudo para que se lo lleven al Museo

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  6. Hola Chus,me alegra mucho por ti seas capaz de sentir todas esas sensaciones tan placenteras en tu cuerpo con el agua y te felicito por poseer esa capacidad de plasmarlas en letras y trasmitirlas.Gracias por deleitarme con este escrito,reconocerme en el.
    Un abrazo lleno de gotas de agua.

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  7. Hola, María, ¡Qué bonito lo que dices! Que hayas podido reconocerte en él. Qué maravilla las letras cuando nos hacen de espejo para poder vernos.
    Muchísimas gracias.
    Te mando un torrente de abrazos

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  8. Gracias Chus por regalarnos esas imágenes. Imágenes que facilitan la limpieza de los miedos esos que no nos dejan respirar con libertad. Compartir este rincón es una maravilla.

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    • Muchas gracias, Àngels. Un placer encontrarnos en este rincón y compartir limpiezas, miedos y retos, esos que a veces no nos dejan respirar pero que liberan.
      Un abrazo fuerte, fuerte.

      Responder
  9. ¡Qué lindo Chus! Tu escrito y tú, me encantáis. El pelo rodando cuesta abajo hasta enrollarse en el dedo gordo, jajajaja, ¡tremendo! La verdad es que tienes razón, escribir es todo un ejercicio de contemplación y relajación, pero cómo cuesta soltarse bajo el chorro de agua, pensando que te vas a ahogar. Me has hecho pensar que hay tantas situaciones de la vida que pasamos «aguantando la respiración» y en cómo se eternizan, hasta que por fin soltamos y dejamos que nos entre el aire por las fosas y nos llene el pecho. Gracias por compartir esta experiencia y hacernos reflexionar.
    Un abrazote muy fuerte.
    Mel

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    • Muchas gracias, Mel. ¡El encanto es mutuo! Es muy curioso cómo, en cosas tan pequeñas y cotidianas, una, de repente, se hace consciente de algo mucho más grande y profundo de lo que tenemos dentro y fuera.
      Te envío un achuchón fuertote

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  10. Lo sencillo es un arte. Y en este relato se desliza esa cotidianidad por tus palabras. Como el agua te dejas caer por tus sentidos y te empapas de ellos.Y esa humedad léxica llega a tus huesos. Bendita exalacion que rompe la contracción y recoje tu cuerpo.
    Gracias Chus.

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  11. Hola Chus, me ha encantado tu relato, por tu forma de escribir directa y sin tapujos, y a la vez tan intensa y real que te siento debajo del agua y siento tu miedo, que es uno y muchos distintos, como somos uno y muchos a la vez.
    Comparto la casita con el fuego encendido, su frío en la mañana y su calor en la noche, (me encanta este hallazgo) y el pisar de las hojas que esconden tanta vida por debajo.
    En el escribir y el meditar me siento afortunada de compartir contigo.
    Un abrazo y mi felicitación sincera
    Loreto

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    • Muchas gracias, Loreto. Es todo un regalo encontrarnos y caminar en este espacio, a veces casa, a veces chorro de agua, pero compartido es como tomarse un café junto a la chimenea.
      Un abrazo fuerte, fuerte

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