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El tema y la unidad de sentido

El tema, la unidad de sentido, el principito y lo esencial no se ve pero es lo que importa

Como veíamos en el post Lo concreto y lo abstracto en la escritura, cuando escribes le estás ofreciendo al lector un mundo concreto y vivencial con personajes, acciones, objetos, olores, sabores, etc., y a través de esa vivencia el lector hará su propia interpretación. Así que tu escritura ha de basarse en lo concreto.

Pero también veíamos que has de tener en cuenta el proceso de abstracción que hará el lector cuando lea el texto. Lo abstracto y lo concreto se complementan, pues. Aunque escribas en concreto, eso ha de tener un sentido, y el lector ha de poder interpretarlo.

Lo abstracto, entonces, te llevará a saber de qué estás hablando, qué es lo que quieres decir con lo que estás narrando. O sea, cuál es el TEMA de la narración. Ese tema se debería poder resumir en una o dos palabras abstractas.

Por ejemplo, si te has leído El principito, de Antoine de Saint-Exupéry, y traes a tu cabeza la historia, seguro que acuden a ti un montón de imágenes y objetos concretos: el avión, la rosa, el cordero, la boa, el pozo, el zorro, los planetas y sus habitantes, el propio principito etc. La narración está plagada de elementos concretos, que se convierten en símbolos en aras de la significación.

El sentido de incluir frases abstractas en las narraciones es iluminar y unificar el sentido de lo que se ha vivenciado previamente en lo concreto. Clic para tuitear

Sin embargo, todo se sintetiza en una sola frase abstracta, que también se menciona explícitamente en el texto: «Lo esencial es invisible para los ojos». Para el lector, esta frase —situada más bien hacia el final de la historia— adquiere una luminosidad tremenda. No obstante, si no te has leído el libro y solo lees esta frase, se quedará en un plano meramente intelectual. Si esas palabras abstractas resultan tan poderosas dentro del texto es porque, cuando se pronuncian, el lector ya ha pasado por una serie de vivencias que las dotan de significación y profundidad, es decir, que convierten la lectura de esa frase en una experiencia, más sublime si cabe que todas las anteriores, porque las abarca y unifica a todas. Entonces, ese es el sentido que tiene incluir a veces frases abstractas en las narraciones: iluminar y unificar el sentido de lo que se ha vivenciado previamente.

Esa frase («lo esencial es invisible para los ojos») sería también el tema de El principito, es decir, la síntesis abstracta o el mensaje que subyace a todos los hechos concretos narrados, y lo que aporta unidad de sentido al texto.

Con este ejemplo hemos podido ver cómo se complementan lo concreto y lo abstracto a la hora de escribir.

El tema como brújula

Si cuando escribes tienes claro el tema, este actuará de brújula, orientándote sobre qué incluir en el texto o qué desechar. Por contar, podrías contar muchas cosas, pero has de encontrar un cauce que te guíe, y ese cauce tiene que ver con la temática y la unidad de sentido.

A veces uno se pone a escribir un relato, y empieza a encadenar acciones una detrás de otra sin criterio alguno. Por ejemplo, imagínate un relato que comienza con que suena el despertador, el protagonista se levanta, va al baño, se ducha, desayuna, sale de casa, coge el metro, llega al trabajo, allí habla con un compañero, luego el jefe le llama a su despacho y le amenaza con despedirlo por un error que ha cometido, etc.

¿Qué pasaría en este relato? Pues que a lo mejor no es necesario contar todo lo que le ocurre al protagonista desde que suena el despertador hasta que llega al trabajo. Si sabemos que lo que queremos reflejar es el conflicto laboral del personaje, entonces nos será fácil desechar todo lo que no tenga que ver con eso, y podremos empezar directamente el relato cuando llega a la oficina.

Así que, si te sientes perdido al escribir, te puedes hacer la siguiente pregunta: «¿Qué quiero transmitir con lo que estoy escribiendo?». Aunque no sepas dar una respuesta clarísima a esto, la propia pregunta te servirá de orientación.

No tienes que pensar mucho en el tema, y ni siquiera has de ser capaz de verbalizar aquello que te impulsa a querer escribir un texto sobre ciertas cosas y no sobre otras. Precisamente para eso escribes, para averiguarlo. Pero cierta intuición e intención de partida te va a ayudar a la hora de elegir determinados personajes, determinada ambientación, determinados gestos, una voz narrativa en particular, etc. Y a esa intuición es justo a la que tienes que seguir la pista.

Forma y fondo

De modo que los hechos concretos de una narración constituirían el argumento, mientras que la parte abstracta subyacente constituiría el tema. Ambas partes son indisociables y esenciales en una narración. Todo lo que digamos en concreto ha de estar apuntando a un tema. Sería a lo que podríamos llamar «forma» y «fondo».

Toda narración (toda buena narración, me refiero) es un universo de interconexiones, y cualquier palabra, escena, coma o incluso elipsis no da la impresión de que sea fruto del azar, sino de tener una intención subyacente. Eso no quiere decir que el buen escritor esté todo el rato «pensando» qué incluye o no incluye en el texto… Se trata más bien de que alcanza un estado de consciencia en que se quita de en medio como individuo y se convierte en canal de algo superior. No tiene nada que ver con pensar; es otro tipo de cognición mucho más amplia. De ese estado de consciencia abierta surgen las obras maestras.

Estamos hablando, pues, de la esencia de lo literario. No es fácil trascender la división entre forma y fondo. De momento, no te tienes que preocupar si no sabes de qué estás hablando cuando estás escribiendo una historia. Es lo más normal del mundo. Y, además, no conviene que estés tratando de buscar el tema mientras escribes, porque entonces se bloqueará la parte creativa de tu cerebro, y eso es contraproducente para la narración. Lo que importa, mientras escribes, es que estés en contacto con lo que sientes. Al principio es imposible estar atento a muchas cosas a la vez, y si estás en contacto con lo que sientes, no vas a poder estar preocupándote de la temática del texto.

Tu escritura siempre te habla del presente, de lo que te preocupa, de lo que te pasa. Escribimos de hecho para eso, para descubrir esos mundos soterrados o reprimidos. Así que déjate en paz. Clic para tuitear

Permanece a la escucha

Mi recomendación es, pues, que no seas rígido con este asunto. A veces uno se encabezona en que quiere contar determinada cosa, pero se pone a escribir y sale otra. Y lo que sale, sale por algo. Tienes que escuchar atentamente lo que te dice tu escritura, y hacerle caso. Has de tener una mirada abierta para poder vislumbrar las joyas —que a lo mejor están mezcladas con barro y con basura— y rescatarlas.

Tu escritura siempre te habla del presente, de lo que te preocupa, de lo que te pasa. Escribimos de hecho para eso, para descubrir esos mundos soterrados o reprimidos. Así que déjate en paz.

El poder soltarte creativamente te va a dar muchísima información sobre ti mismo y sobre tus propias temáticas. Si logras soltar el control y permites que surjan las vivencias, los personajes y las acciones mientras estás escribiendo, eso te dará pistas de por dónde tirar. Deja que tu propia escritura, que es más sabia que tu intelecto, te diga de qué quiere hablar.

Escribir, de hecho, es establecer un diálogo con el propio texto mientras este va surgiendo. Tan importante es el propio hecho de dejar que aflore lo que llevas dentro, como el hecho de pararte a escuchar y estar receptivo a lo que se va desplegando sobre el papel. Los buenos músicos no solo tocan el instrumento, sino que también escuchan lo que está saliendo de él momento a momento, y eso les ofrece una guía para continuar con su interpretación.

Escribir es observar el mundo con una mirada nueva y trasladar al lector esa visión por medio de la literatura. Clic para tuitear

La etapa de revisión

Un momento en que sí conviene que tengas en cuenta la unidad de sentido y la temática es a la hora de revisar, después de terminar el primer borrador de tu narración. En ese momento verás un montón de cosas que a lo mejor no veías al principio o mientras escribías, y vas a poder trabajar el relato desde la perspectiva de la significación. Entonces, ya sí, has de delimitar la temática y desechar sin piedad todo lo que no tenga que ver con ella.

El hecho de que algo suceda no significa que merezca ser plasmado sobre el papel. Dichos sucesos hay que mirarlos con criterio de escritores y dotarlos de significación (en eso consiste el acto literario). Escribir no es poner una palabra detrás de otra. Ni tampoco poner un hecho detrás de otro. Escribir es observar el mundo con una mirada nueva, y trasladar al lector esa visión por medio de la literatura.

Has de ser consciente, pues, de que toda narración tiene una temática, y de que lo que sea que cuentes no ha de componerse de hechos enlazados por una mera relación de contigüidad, sino que con esos hechos vas a estar «significando» algo, algo que el lector tendrá que interpretar, ya que no se percibe a simple vista. Porque, como se dice en El principito, «lo esencial es invisible para los ojos», y —me permito recalcar— no por eso deja de ser lo esencial.

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1 comentario en «El tema y la unidad de sentido»

  1. Escuchar lo que te va diciendo tu escritura me parece un proceso lleno de magia.
    Esta mañana me pongo a escribir lo que me salga, sin pensar para expresar el agobio que llevaba encima desde ayer. Empecé a escribir y lo que salía era algo muy distinto de lo que yo quería contar, la escritura hablaba por si misma y yo la iba siguiendo con cierto asombro pues en lugar de quejas iba hablando de lo sublime en una relación de pareja. La escritura te habla de lo que te preocupa en este instante y si sueltas el control aparece algo nuevo, una creación. Como dices tu la escritura habló de lo que quería hablar.
    Gracias Isa, todo esto me parece maravilloso.

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