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Entrar con el cuerpo a la escritura: el camino natural

Entrar al cuerpo con la escritura: talleres presenciales escribir y meditar.

Autora: Mercedes Adán

En Escribir y Meditar utilizamos la escritura como herramienta que nos empuja a explorar sin límite cualquier tema, pues en nuestros relatos puede ocurrir todo lo que podamos imaginar. Es nuestro campo de pruebas. Si los personajes que inventamos están vivos, pero vivos de verdad, transitamos con ellos sus emociones, sus conflictos y sus vidas.

En la meditación observamos la mente: es la forma de darnos cuenta de cuándo estamos en el mundo de las ideas y cuándo tocamos tierra dentro de una experiencia real, sea de la vida o de la imaginación. Sabemos que es real si habitamos un mundo en el que estamos vivenciando lo que sucede.

En los encuentros presenciales queremos sumar el cuerpo. Y así nos permitimos sentir nuestra propia presencia. Esto nos abre nuevas posibilidades al escribir y permite que nuestros relatos conecten con más facilidad con la experiencia. Porque si de algún lugar nos llega información concreta y sensorial es del propio cuerpo, que nos permite sentir el contacto, explorar el movimiento, notar la presencia y abrir un espacio para dar oportunidad a un encuentro real con lo que nos rodea.

La materia prima de la escritura son los personajes, el tiempo, el espacio y la acción, que se tiñen con nuestras propias batallas internas y con las que nos llegan de otros. Los mezclamos con las herramientas narrativas y los cultivamos para dejar brotar la historia que aparece ante quien lo escribe y quien lo lee. Para que sea algo vivo, recogemos lo que nos va llegando instante a instante, lo tenemos en cuenta, regamos y podamos lo que escribimos como si fuera una planta delicada en un jardín. El resultado se lo entregamos al lector, y es la flor.

Para convertir la escritura en experiencia y crear un universo al que podemos entrar tan vívidamente como al propio, Clic para tuitear

Este acto de alquimia llena de flores el mundo y, de alguna forma, esas historias también viajan por el aire, de mente en mente, y pasan a formar parte de la vida y el imaginario individual, y a veces también del colectivo. Quién no se ha sentido alguna vez Ulises haciendo el viaje del héroe, o Don Quijote luchando contra molinos, o un monstruo que no pertenece a este mundo como Frankenstein.

Para convertir la escritura en experiencia y crear un universo al que podemos entrar tan vívidamente como al propio, conviene aumentar nuestra percepción de las cosas. Abrir la mirada a lo que hay, sentir sensaciones y emociones con la apreciación nítida de por qué se generan, cómo son y de qué forma se expresan en nuestro cuerpo, a qué acciones nos empujan y con qué intensidad o movimiento.

Si me meto en su piel, siento la fuerza musculosa de Ulises, la voluntad de Don Quijote, que está más en su empeño que en la fuerza con la que empuña su lanza, o la torpeza de Frankenstein que no controla la energía prestada, y que siente sus manos torpes y su frente confusa. Esas sensaciones van a empujar los movimientos y la acción del relato a lugares muy diferentes.

Los maestros nos dicen que el camino para vivir en armonía contigo mismo está en permitirte experimentar aquello que evitas y lanzarte a mirar de frente lo que sea que hay en ti Clic para tuitear

Los maestros nos dicen que el camino para vivir en armonía contigo mismo está en permitirte experimentar aquello que evitas y lanzarte a mirar de frente lo que sea que hay en ti: tu fuerza, tu debilidad, tu torpeza, tus deseos, tus anhelos… Con la escritura puedes dejarlo que se exprese, incluso puede encontrar una salida. Y te lleva a conocerte a ti mismo.

Darnos cuenta de nosotros mismos es un camino que avanza hacia un estado auténtico y espontáneo que tapamos con nuestras defensas y corazas. No es fácil el camino. Como Ulises, vamos a tener que atravesar innumerables aventuras y enfrentarnos a nuestros más profundos monstruos, internos y externos. No es un viaje de una vida, por eso necesitamos vivir muchas. Escribir nos ahorra unas cuantas.

La escritura es el camino para «tocar» ese aprendizaje. Porque para eso hay que tocar esas defensas, ese darse cuenta, esas corazas. Y nuestros personajes son los trajes que vestimos para inventar y vivir sin riesgo. Los acompañamos en sus vidas de fantasía, y ellos se atreven a atravesar más lugares y experiencias que nosotros.

Para transitar mejor este viaje, viene bien entrar con el cuerpo a la escritura, pues es una guía fiable de las emociones que te empujan, de cómo sientes la acción y ese movimiento de hacia dónde vas. Si lo conoces, puedes introducirlo en el espacio de tus relatos de un modo más conectado y profundo.

En realidad, el camino es espontáneo y sencillo. No hay nada que hacer ni nada que buscar. Solo dejarse un poco en paz, jugar como cuando éramos pequeñajos, dejarse atrapar por la creatividad como cuando te sale sola una carcajada viendo una película o cuando el que camina a tu lado se tropieza y tú le sujetas de un brazo sin pensar. La creatividad es un músculo que a veces se mueve como el reflejo que tenemos en la rodilla cuando le dan con un martillo en el sitio adecuado. Solo hay que conseguir llegar a ese sitio adecuado y no huir.

En los encuentros presenciales vamos a propiciar el llegar a ese lugar y experimentar cómo es estar en él sin huir. Sostener un poco lo que llegue: alegría, disfrute, incomodidad, fuerza o debilidad. Nos podemos permitir experimentar las sensaciones reales de estar en el cuerpo. Tan diferentes como diferentes somos cada uno. Cuando nos dejamos estar, empezamos a sentirnos como en casa.

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El próximo encuentro será en el Espacio Kalam, en Madrid, el sábado 11 de marzo de 2023 de 9.30h a 13.30h. Puedes inscribirte en esta página.

8 comentarios en «Entrar con el cuerpo a la escritura: el camino natural»

  1. Hola Mercedes,
    Precioso tu texto.
    Si nos hacemos conscientes de las sensaciones que ocurren en nuestro cuerpo podremos ponerles remedio en caso de que nos perturben.
    Muchas gracias.
    Abrazo

    Responder
    • Gracias, Marta.
      Estamos muy ajenos al cuerpo y cuando nos miramos, o nos sentimos, es para hacerlo desde moldes que nos vienen dados, aún más las mujeres.
      Darme cuenta de mis sensaciones reales propias me ha ayudado mucho a verme, no siempre me ha gustado, pero siempre me ha servido 😉
      Me alegra mucho que te haya gustado el texto.
      Un fuerte abrazo,
      Mer

      Responder
  2. Hola Mer, bonita.
    Cuantas verdades has dicho en este texto y con cuanta certeza y sabiduria está escrito. Creo, de verdad que escribir es lo más parecido a confesarse con uno mismo y luego darlo a conocer a todas las personas que quieran leerte.
    Lo que creo que ocurre es que no todos estamos desde un inicio preparados para esa confesión sincera y nuestras ideas se alborotan y se mezclan o diluyen con otras cosas ajenas a nuestros deseos.
    Un gran abrazo, Mer y me ha gustado esa frase que has dicho. Es así, más o menos: TENEMOS QUE REGAR Y PODAR. LA FLOR QUE NAZCA DE ESE TRABAJO ES LO QUE SE ENTREGA AL LECTOR.
    Un beso, Matilde

    Responder
    • Matilde, nosotras tampoco estábamos preparadas cuando llegamos a los cursos de escritura de Isa. Y nos quedamos.
      Creo que la clave es darse cuenta de que es un proceso. Un proceso en el te quedas a pesar de sus momentos de sin sentido, de euforia, de repetición, de ver luces luminosas… y sigues, pase lo que pase.
      Es como el camino de Ítaca, nos ha dado muchísimas cosas este viaje, nos ha hecho enormemente ricas 😉 Y además, ahora escribimos y estamos rodeadas de flores 😉
      Un fuerte abrazo.

      Responder
    • Almudena, sí. Es la manera de que nuestra vida también sea creativa y no una vida de cadena de montaje de fábrica.
      En el fondo es la motivación que nos empuja a los que llegamos aquí: buscar nuestra forma propia de hacer las cosas, vamos, buscarnos a nosotros mismos, que a veces nos tenemos un poco perdidos.
      Gracias a ti y un fuerte abrazo,
      Mer

      Responder
    • Bueno, Mariajo, eso nos decimos.
      Es un poco verdad y un poco mentira, en realidad estamos arriesgando mucho, por eso da tanto susto escribir. Lo que vive mi personaje yo lo vivo y deja una huella profunda en mí. De hecho, lo que escriba en un relato puede cambiarme la vida.
      Pero es muy tranquilizador pensar que es un poco un teatrillo, un decorado montado por mí. Hay que aprovechar esa idea para jugarnos de verdad lo que sea, pensando que no hay riesgo, pero estamos viviendo nuestra identidad en ese papel y ese juego es de valientes, y de riesgo. (Pero no lo cuentes por ahí. ;-))
      Besos,
      Mer

      Responder

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