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[Textos invitados] Escribir es practicar el poliamor – De Melissa Oberto

escribir de amor y pintar corazones multiculor

Autora: Melissa Oberto

Debía de tener unos cinco añitos cuando me puse a escribir aquellas dedicatorias de amor dentro de unos corazones de cartulina roja, que decían: «Mario Te Amo»; «Bello Mario»; «Love Mario»; corazón dibujado al lado de «Mario»; «Melissa y Mario». Tengo que reconocer que me sorprende mi memoria, y también la edad que debía de tener, pero aunque parezca mentira, producto de mi irrefrenable imaginación, o de mi tendencia novelera, no podía tener más edad que esa, porque lo cierto es que Mario era un niño del parvulario al que íbamos justo antes de entrar en primer grado.

El día de los corazones había una reunión en mi casa. Con unos cuantos adultos alrededor, yo estaba sentada en el suelo junto con otra niña recortando corazones de cartulina y escribiendo esos mensajitos de amor, cuando mi papá se acercó, movido quién sabe por qué clase de curiosidad, para fijarse en lo que estábamos haciendo. Yo me dejé abordar, asaltar, sin reservas, con la guardia baja y la inocencia propia de la infancia. Maldita sea la hora en que me dejé descubrir aquellas frases, porque mi papá me arrebató los corazones rojos, fúrico, y se los llevó pasillo adentro, no sé exactamente a dónde. Me dijo que aquello no era apropiado, me preguntó que quién era Mario, y que qué clase de mensajes eran esos. Yo no respondí nada, me quedé callada observando la escena, como por fuera de mi propio cuerpo, consternada por mi sensación de despojo e impotencia. Al poco rato se me había pasado, pero aún me embargaba un resto de vergüenza, teniendo claro, no obstante, que volvería a escribir, aunque la próxima vez tenía que esconderme y, sobre todo, resguardar mis escritos, ocultarlos bajo llave, donde nadie pudiese volver a arrebatármelos.

Yo seguí amando a Mario, y seguí pensando en cuidarlo, protegerlo, mimarlo y cogerle de la mano por los pasillos del maternal.

Escribir es perdonar e intentarlo de nuevo; extrapolar el Pacto de Ficción a todas las situaciones de la vida. Clic para tuitear

Años más tarde, ya con nueve años aproximadamente, creyendo que todo había pasado y que era la hora de darme una nueva oportunidad, me dio por escribirle una carta a María Eugenia, nada más y nada menos que la chica con la que estaba saliendo mi papá. Yo entonces vivía con él, y por las discordancias típicas de los divorcios, mi mamá y él no se ponían de acuerdo, así que a ella la veía poco.

María Eugenia me caía realmente bien, en casa se respiraba paz y alegría y puede que, después de todo, también estuviese extrañando un poco a mi mamá, cosa en la que nada tenía que ver la nueva novia, pero seguramente la cargaba de un sentimiento exacerbado. Sea como fuere, le escribí unas líneas sobre un papel en blanco que después decoré por los bordes con unos corazoncitos multicolores, y en la que dejé constancia de lo especial que me resultaba su cariño, ternura y compañía, y de la máxima frase, quizás la consternó, cómo no, a mi papá:  «Mi corazón se hincha como un globo lleno de amor cuando estás con nosotros».  Yo metí la cartita en un sobre de esos de los que se sella la solapita con saliva, el más seguro de todos, a pesar del amargor que te dejan en la lengua. Escribí el nombre de la destinataria en el frente, y dejé el sobre en mi mesita de noche, esperando el momento adecuado para entregárselo en mano. Pero, oh, oh, de pronto, no sé cómo mi papá se fijó y me increpó. Yo intenté oponerme, resguardar mi privacidad a toda costa, pero resultó que no. La carta debía pasar por el filtro de su censura, si pretendía entregarla, así que me vi obligada a entregársela, para que la leyese mi padre primero.

Por tanto, desgraciadamente, la carta me la decomisó, y María Eugenia, nunca supe por qué, tampoco volvió.

Tuvieron que pasar dos años hasta que me volví a atrever a escribir.

En aquella época yo practicaba gimnasia olímpica y me había obsesionado con destacar y ganar medallas. Me esforzaba a diario; me sacrificaba; vivía bajo un régimen de disciplina, aceptado y autoimpuesto; me sobreponía a cualquier cosa con sumo optimismo. Yo era una niña alta y fuerte, pero me faltaba agilidad y un poco de levedad para según qué movimientos y qué saltos. Pero yo seguía entrenando, costara lo que costara. Una tarde, a pocos días de una importante competición, estaba enfrascada en unas piruetas sobre la barra de equilibrios, que no me acababan de salir bien. Yo repetía, una y otra vez, entre obstinada y cansada, como si mi cuerpo se dejase abandonar frente a mi voluntad.  Era el octavo o noveno intenso cuando perdí el equilibrio, caí mal en el suelo, y me torcí el tobillo. Yo era de las que siempre que caía me levantaba, pero aquel día no fue así. Días después, en casa, con la pierna enyesada hasta la rodilla, frustrada por la imposibilidad de ir a competir, me puse a escribir.

La niña del cuento se llamaba Vanessa, sufría una terrible caída de la barra de equilibrio practicando su deporte favorito, corriendo peor suerte que la mía; se rompía la cabeza, caía en coma, y finalmente moría en quirófano. Puede ser que se tratase de algún tipo de tara, pero entonces yo estaba convencida de que ahora sí, mi papá no tendría motivos para enfadarse de ninguna manera, sino más bien sentirse orgulloso de mis talentos dramatúrgicos, y alabar la sensibilidad de mi prolífica pluma. Al fin y al cabo, la historia no iba de amor, sino de sacrificio y voluntad, de adversidad, y de morir de una forma tan loable, como era practicar un gran deporte olímpico. Pero mi papá no dejaba de sorprenderme, y su abanico de miedos era tan amplio que abarcaba también el terror de verse reflejado en la terrible pérdida del alter ego de su propia hija. Se consternó, y me preguntó, realmente afectado, que cómo había sido capaz de escribir aquella tragedia tan horrible. Entonces yo le arranqué de cuajo mi borrador, primero por instinto, para ponerlo a salvo, antes de que me lo decomisara, y a continuación, reescribí el final, solo para consolarlo. Declarada muerta, llegaba un médico eminente que, con su inconmensurable talento, conseguía salvarla y retrotraerla a la vida. Aquel final dejó indiferente a mi padre, porque no pude borrarle el terrible estrago que le había causado, y encima yo me sentí doblemente frustrada.

Apareció enseguida Gabriel García Márquez para consolarme. El realismo mágico, el periodismo, la crónica, la auto ficción, el relato, la novela breve. Una cadena de sucesos que me salvaron. Clic para tuitear

Por suerte apareció enseguida Gabriel García Márquez para consolarme, con El relato de un náufrago y Crónica de una muerte anunciada. El realismo mágico, el periodismo, la crónica, la auto ficción, el relato, la novela breve. Una cadena de sucesos que me salvaron.

Escribir es como hacer el amor con el mundo, con mucha gente, con el universo entero. Practicar el poliamor, sobre todo para no morir en el intento. Respetar y aceptar al otro, con sus más y sus menos; dejarse atrapar por las pasiones, poniendo coto a los celos, un poco de orden y conciencia, pero solo lo justo y necesario, hasta donde se pueda controlar el cotarro.

Escribir es angustia, cuando las metáforas no se atrapan ni vienen hacia mí como mariposas al vuelo. Una boa constrictor, un collar venenoso de perlas. Frustración cuando el ritmo se estanca, y el discurso ágil y entretenido no se asoman por ninguna parte. Peor aún cuando intento organizar en mi mente las ideas que pretendo plasmar sobre la hoja en blanco, y en lugar de desfilar obedientes palabra sobre palabra, línea tras línea, párrafo a párrafo, las veo correr despavoridas como cucarachas al encender las luces.

Pero escribir es perdonar e intentarlo de nuevo; extrapolar el Pacto de Ficción a todas las  situaciones de la vida. Observar la realidad con la gracia de un mimo, la curiosidad de un mago, la intensidad de un anacoreta, la fortaleza de un atleta, el afán de un filósofo y la inspiración de un santo.

Ocho cartulinas rojas, no en forma de corazón, pero sí rectangulares, recogen hoy los preciosos testimonios de mis compañeros del Taller Intensivo de Escritura y Meditación, al que tuve la oportunidad de asistir en septiembre de 2018, de la mano Isabel Cañelles, donde comenzó este periplo, y que ella me entregó en mano, dentro de sobre plateado sellado con saliva, rubricado con el título «Corazón Tierno», con sus corazoncitos dibujados y todo. Ocho cartulinas que atesoran mensajes dentro de un sobre rasgado.

Y mira tú por dónde, papá lindo de mi corazón, sin rencor, acritud, ni un poquito de retintín, te acabo de dedicar el relato de nuestro próximo libro. Justo ahora, que te vienes a morir, el puto 23 de abril, Día Internacional del Libro y la Diada de Sant Jordi.

Curiosa leyenda, la de una princesa ofrecida en sacrificio a un Dragón, que en el último instante, con su lanza, es rescatada de las fauces por un valiente príncipe, convirtiéndose la sangre del dragón en un inmenso rosal repleto de terciopelo y espinas.

38 comentarios en «[Textos invitados] Escribir es practicar el poliamor – De Melissa Oberto»

  1. Melisa, qué belleza de escrito, cuanto corazón en las cartulinas de tu vida, las de chiquita y las de ya mujer. Me ha conmovido.

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  2. Melisa, he leído tu texto y me he puesto a llorar. No me preguntes por qué… Me gusta tanto esta sensación de no necesitar ponerlo palabras…, ya no me parece extraño que la palabra me lleve al sentir que no necesita expresarse. Parece el mundo al revés, pero tiene mucho sentido… Gracias por hablar del amor y el dolor.

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    • Hola, Mer, me llenan de mucha emoción e ilusión tus palabras a mí también. ¡Es una gozada!! Muchísimas gracias por tu comentario.

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  3. ¡Qué belleza de escrito, Mel! Y qué bella apertura. No sabes cuánto me conmueve leerte.
    Sólo me sale dar un abrazo a ese «Corazón Tierno»

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  4. Me ha encantado, Melissa. Lo digo de veras. Al escribirlo, como diría Miguel Delibes, creo que te has despojado de lo postizo y has salido a cuerpo limpio. Sigue así, no lo dejes. Me gustaría también poder hacerlo, pues a mí también me mordió el bicho de la literatura cuando leí por primera vez a Gabo.

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    • Muchas gracias, José María, que comentario más emocionante. Nunca pensé poder recibir comentarios tan lindos, estoy muy emocionada. ¿A que mola mucho el bicho? ¡Aunque muerda y escueza!! Un abrazote.

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  5. Que maravilla de texto, Melisa!!! Una auténtica obra de arte que llega al corazón de aquellos que amamos las letras, como tú.
    Tienes frases espectaculares, pero de todas ellas me quedo con ésta:
    «Pero escribir es perdonar e intentarlo de nuevo; extrapolar el Pacto de Ficción a todas las situaciones de la vida. Observar la realidad con la gracia de un mimo, la curiosidad de un mago, la intensidad de un anacoreta, la fortaleza de un atleta, el afán de un filósofo y la inspiración de un santo.»
    Gracias por el regalo de tu sensibilidad y precisión con la pluma!

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    • Muchísimas gracias, Stella, tus palabras me sobrecogen, son muy emocionantes. Espero poder seguir explorando este camino junto con todos vosotros, en esta preciosa comunidad. ¡Un abrazo enorme!

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  6. Fantástico. Lo que has escrito es algo que me ha llevado a mi niñez. A una época dura de incomprensión . Y me he identificado mucho contigo. Sigue adelante. Triunfaras en un arte tan difícil como el escribir. Un abrazo y todo mis buenos deseos para ti.

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    • Muchas gracias, Matilde, me llena de ilusión y de mucho ánimo lo que me dices. Lo que más me llena en el mundo es poder compartir y emocionar a través de la escritura, así que tus palabras me gritan a voz en cuello SIGUE y te lo agradezco de corazón. Un besote.

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  7. Querida, Mel:

    Me uno a las hermosas palabras de los compañeros sobre tan Bello texto.

    Todo en la vida nos llega cuando estamos a punto de caramelo. Siempre recordarás que fue el 23 de abril de 2022 cuando la vida te dijo que estabas preparada para convertirte en escritora.
    Tal vez , quien sabe, te sorprendas dibujando un corazón rojo en una esquinita de un folio en blanco donde escribas I love Daddy.
    Muchos besos y un fuerte abrazo
    Bea

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    • Muchas gracias, Bea, recibo tus palabras con todo mi amor, es un placer compartir contigo toda esta aventura que florece♥️

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  8. Melissa esos corazoncitos rojos fueron haciendo del tuyo un lugar de sabiduria, de ternura y de magia. Gracias por compartir. Un placer haberte leido!!!!!!!

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  9. Melissa,
    He visto la carita de esa niña enamorada de Mario su compi del maternal cuanta ternura, que dolor ver la espalda del papà después de arrebatarle su declaración de amor. Gracias por regalarnos esa preciosidad

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  10. Mi Meli! Bellísimo! siempre admire lo que escribías , tu imaginación , , un relato muy lindo lleno de emociones y sentimientos que tenías guardados pero que aún así siempre superaste .!! Tqm amiga !! Sigue adelante con tu pluma en la mano

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    • Mi Cathe, bella, qué emoción!!!

      Gracias por tomarte el tiempo de entrar a leerlo y dejar tu comentario. Es un gran honor para mí, de verdad, muchísimas gracias. TQM!!!

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  11. Me ha encantado leerte Melissa, cuánta honestidad a la hora de explicar el daño infligido por ese ser amado, cuánta comprensión de la situación. Gracias por traer ese trozo de tu experiencia. Te acompaño en el sentimiento por tu pérdida. Un abrazo

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    • Muchas gracias, Isabel, por tu acompañamiento. Lo bonito de todo este compartir, es que el dolor y la pérdida nos motivan a crear y cultivar comunidades tan lindas como éstas. Un placer compartir contigo. Un abrazo.

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  12. Uauu Melissa! como me gustaría mirarte a los ojos, y reconocer en ellos la niña que pintaba corazones en cartulinas de colores. Gracias por tu relato
    !Me ha encantado!!

    Y siento mucho que la diada de Sant Jordi se vincule com algo tan triste para ti. Pero quizás había de ser así.

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    • Hola, Ester, mis ojos están puestos sin reparo en el relato, y ahí los has mirado, muchísimas gracias por conectarte.

      Lo de la Diada es bonito; porque en el fondo se convierte en una metáfora existencial para mi, y la oportunidad de hacer mía una tradición de la que aún me sentía un poco ajena, a pesar de llevar tantos años en Catalunya, pero ahora sé que me pertenece de algún modo.

      Un abrazote.

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  13. Un texto profundamente conmovedor para mí. Podía ver, oir, escuchar, tocar y saborear las situaciones narradas. Un gran abrazo a la distancia!

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  14. Hola Melissa, me ha encantado el texto, lleno de ternura y amor hacía las demás personas que han ido formando parte de tu vida, desde que eras una niña, hasta tu etapa adulta, e incluso llegas a perdonar a tu «padre censor», para llegar a sentirte bien contigo misma, sin culpas, sin rencor a través de la escritura, tus pinturas, trasmutando a través del arte y tu sensibilidad para estar en paz contigo misma. Enhorabuena, un abrazote.
    David

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    • ¡David! Qué ilusión leerte, me encanta que mi texto llegue a ti cargado de amor y de ternura, como esas cartitas rojas del taller… Un abrazo enorme.

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  15. Gracias, bella, a mí también me encanta leerte, se me abren las venas línea tras línea con tus textos… Kia ya es nuestra🎈

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  16. Melissa, he leído tu texto y me ha gustado por poseer un ritmo natural, sincero, sin artificios literarios; esa característica hace que sea leído con el deseo de llegar al final para saber qué pasó, amén de todos los altibajos que tuvo que sortear la protagonista para finalmente descubrir su verdadera vocación. Gracias por compartir.

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    • Hola, Florentino, muchas gracias por tomarte el tiempo de leer mi texto y apreciarlo. Espero de corazón que te haya aportado algo. Un abrazo.
      Melissa

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