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Escribir para sanar: cómo transformar tus emociones negativas en historias poderosas

Escribir y salud mental

Una cuestión de higiene mental

Solo podemos conectar con la auténtica inspiración cuando abandonamos nuestras estrechas ideas sobre quiénes somos, nos ponemos al servicio de lo real y nos abrimos a algo mayor y desconocido que nos conecta con los seres humanos. Clic para tuitear

Personalmente, cada vez me interesa más la escritura en relación con nuestra evolución como personas, tanto en el ámbito terapéutico como espiritual. Puede que sea la edad, pero el querer aprender a escribir por entretenimiento, desahogo o para publicar me parece simplista, egocéntrico, e incluso lo veo contrapuesto a la propia esencia del arte. Solo podemos conectar con la auténtica inspiración cuando abandonamos nuestras estrechas ideas sobre quiénes somos, nos ponemos al servicio de lo real y nos abrimos a algo mayor y desconocido que nos conecta con el resto de los seres humanos.

Recuerdo que cuando empecé a trabajar, muy jovencita, en el Taller Literario Fuentetaja, hacíamos rellenar un formulario a las personas que se apuntaban a los cursos. Entre las preguntas que se les hacía, una era: «¿Por qué quieres apuntarte a un taller literario?». Y una respuesta relativamente frecuente era: «Porque me lo ha aconsejado mi psiquiatra», lo cual nos parecía en aquel entonces bastante chocante. Sin embargo, ahora ya no me lo parece. La depresión, la ansiedad o la neurosis se han convertido más en la norma que en la excepción, por no hablar de toda la gama de trastornos traumáticos.

Así que plantearse la escritura —para quien se sienta inclinado hacia ella, lógicamente— como una vía de autosanación me parece a estas alturas casi una cuestión de responsabilidad e higiene mental. Si se combina con la meditación y la terapia, ya es mano de santo para ir avanzando un poquito en nuestra ceguera existencial.

Escribir no te garantiza la salud mental ni una buena relación con tu propia psique. Todos sabemos la cantidad de escritores y artistas que han sucumbido a las drogas o a la autodestrucción. Ahora bien, quizá cabría plantearse qué habría sido de esas personas de no haber tenido la creatividad como medio de expresión y liberación emocional. Siempre pienso que menos mal que el famoso cineasta David Lynch, por ejemplo, se dedicó al séptimo arte, porque si no quizá habría sido directamente un psicópata.

El sufrimiento existencial

A ver, no me entiendas mal, no quiero decir que haya que estar mal de la cabeza para escribir, ni tampoco que escribir cure las enfermedades mentales. Lo que pretendo es mirar este asunto abriendo el objetivo de la cámara a través de la espiritualidad. Todos, quienes escribimos y quienes no lo hacen, estamos metidos en un buen fregado vital, porque nuestra forma de buscar la felicidad está tergiversada. Confundimos la felicidad con el placer, de modo que continuamente estamos tratando de conseguir lo que queremos apartando lo que no queremos. Y como la vida per se está más llena de cosas que no queremos ni podemos cambiar que de cosas que queremos, pues no hacemos más que sufrir a lo bestia la mayor parte del tiempo. Incluso si en un momento determinado tenemos realmente las cosas que queremos, nos abordará el miedo a perderlas.

Ante ese sufrimiento inevitable, tenemos dos opciones: o nos neurotizamos del todo y nos anestesiamos para no sentir el dolor (lo que implicaría una amplia gama de adicciones, desde el tabaco o el alcohol hasta el trabajo, el sexo, el entretenimiento o el poder), o lo afrontamos. La meditación sería una forma de afrontarlo, pues nos enseña a abrirnos con amor y compasión al propio sufrimiento, que en el fondo proviene de nuestra visión dual de la realidad, la cual nos lleva a percibirnos como si fuésemos entes separados, permanentes e independientes. Con la práctica de la meditación todo ese material que antes rechazábamos (el de las cosas que no queremos) se convierte en la leña de la hoguera en la que calentarnos.

La escritura creativa es otra forma de afrontar ese sufrimiento existencial de fondo, Clic para tuitear

Qué hacer con las emociones negativas

Y la escritura creativa es otra forma de afrontar ese sufrimiento existencial de fondo, que se recubre en el día a día con infinidad de conflictos. Esos conflictos son, justo, la materia prima de nuestros relatos.

Una de esas cosas que no queremos ver ni en pintura y de la que huimos en cuanto asoma la naricilla son las «emociones negativas». No queremos sufrir, no queremos pasarlo mal, y es normal, así lo marca nuestro instinto de supervivencia. Es un mecanismo que en los animales funciona a las mil maravillas. Pero en el caso de los seres humanos, debido a nuestro pensamiento discursivo, esto se convierte en un callejón sin salida. Sentir miedo ya no significa que un depredador nos persiga, sino que puede significar casi cualquier cosa. Lo mismo con la rabia, los celos, la tristeza… No entendemos las emociones, nos desagradan y lo único que queremos es librarnos de ellas. Pero cuanto más las rechazamos o las negamos, más grandes se hacen, hasta convertirse en monstruos que nos acechan detrás de cualquier esquina, nos hacen perder el control, etc.

Y, sin embargo, en la creación literaria, los conflictos de nuestros personajes se alimentan de emociones negativas. Así que es un terreno en que podemos alcanzar la ecuanimidad que se pretende en la meditación: los conceptos de «positivo» o «negativo» dejan de tener sentido cuando lo negativo sirve tanto como lo positivo para evolucionar. Es más, si no hubiese emociones negativas, ¿cómo íbamos a distinguir cuál es el siguiente paso que hemos de dar en la vida?

Así que, desde el punto de vista creativo (y también espiritual) no se trata de «eliminar» nada, sino de trascenderlo. La trascendencia implica una integración de lo que antes veíamos como cosas opuestas en un nivel de consciencia mayor.

Y eso es exactamente lo que hacemos cuando escribimos una narración. Un personaje tiene un conflicto que, en general, se pone de manifiesto a través de emociones negativas, y el propio conflicto se convierte en el motor de la acción.

En principio, el personaje está movido por lo mismo que nosotros en la vida, trata de conseguir lo que quiere huyendo de lo que no quiere. Pero para que la narración no se convierta en una huida hacia delante (lo que la convertiría en victimista) o en un autoengaño constante (lo que la convertiría en un fiasco), necesitamos un conflicto. Un conflicto implica una lucha interna, en la que una parte de ti quiere una cosa y otra parte quiere otra totalmente diferente. Ahí es donde colapsa nuestro mecanismo de defensa habitual, y donde —si no huimos del conflicto, y los buenos personajes no huyen de sus conflictos— hay que ser creativos.

Sígueme el rollo

En realidad no hay contradicción entre ser uno mismo y comprometerse, pero si lo sentimos como contradictorio y la vida nos pone en la tesitura de querer las dos cosas, es cuando tenemos un conflicto. Trascenderlo significaría,… Clic para tuitear

Pongamos que un personaje quiere vivir una vida despreocupada y sin compromisos, y por eso lleva siempre un anillo de casado, aunque esté soltero. Pero un día va y se enamora de verdad, la chica (veinte años menor que él) ve el anillo al día siguiente de acostarse juntos, y él (porque quiere conseguir a la chica) se inventa la historia de que se está divorciando. Ahí se mete en un embolado de mucho cuidado, y le pide a su amiga y secretaria (que está divorciada y tiene dos hijos) que finja ser su ex mujer, para que la otra no sospeche, mientras que los hijos de ella han de fingir que también lo son de él. Este es el argumento de la película Sígueme el rollo, que me sirve muy bien para explicar lo que es el conflicto.

El protagonista cree que estar con esa chica le va a dar la felicidad pero, por otro lado, para que ella lo quiera ha de fingir ser quien no es. Se enfrenta a ese conflicto, tratando de solucionarlo, pero las cosas le salen fatal, hasta que acaban haciendo un viaje a Hawai con su novia, su amiga-secretaria, los hijos de esta y el hermano de él (que quiere ligar con la secretaria). Todo va de mal en peor hasta que el propio conflicto pone al personaje contra las cuerdas. ¿Qué pasa al final? No te quiero hacer spoiler, pero él se da cuenta de que en realidad no es necesario dejar de ser quien es para poder amar y ser amado, y este final implica la trascendencia del conflicto. En realidad no hay contradicción entre ser uno mismo y comprometerse, pero si lo sentimos como contradictorio y la vida nos pone en la tesitura de querer las dos cosas, es cuando tenemos un conflicto. Trascenderlo significaría, pues, integrar esas dos partes.

Escribir nos vendrá de perlas para ir transformando todo eso que consideramos «negativo» en alimento para agrandar el corazón de nuestros personajes; es decir, el nuestro. Clic para tuitear

A veces nos creemos que las emociones negativas y los conflictos vienen de fuera, pero en realidad los tenemos dentro, en base a nuestros patrones y nuestras predisposiciones. En realidad no hay fuera ni dentro, solo hay reflejos en un espejo. Si dentro solo experimentáramos amor, fuera solo podríamos experimentar amor hacia todos los seres, que forman parte de lo mismo de lo que nosotros estamos hechos. Pero si dentro estamos divididos y experimentamos conflicto entre nuestras diferentes partes, eso es lo que se reflejará fuera. Hasta que entendamos que no hay división ni, por tanto, nada con lo que pelearse, escribir nos vendrá de perlas para ir transformando todo eso que consideramos «negativo» en alimento para agrandar el corazón de nuestros personajes; es decir, el nuestro.

9 comentarios en «Escribir para sanar: cómo transformar tus emociones negativas en historias poderosas»

  1. Muchas gracias por tu post, Isa. A ver si poco a poco mi roca de la resistencia cede y deja mostrar mejor los conflictos. Un abrazo fuerte,
    Garbiñe

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  2. Muchas gracias por tu post, Isa.
    No estoy de acuerdo con esto:
    «A veces nos creemos que las emociones negativas y los conflictos vienen de fuera, pero en realidad los tenemos dentro, en base a nuestros patrones y nuestras predisposiciones.»
    en algunos casos sí vienen del exterior porque entonces si todo viene de nosotros, de nuestro interior, ¿por qué hay rupturas entre las personas, guerras, etc ? Algunas veces sí tenemos emociones negativas originadas exclusivamente por agentes externos.
    Estoy cansada de vivir constantemente en conflicto, se puede vivir sin conflicto y en el caso de que lo haya hablarlo para resolverlo solamente con las personas adecuadas por supuesto.
    abrazo fuerte Isa y feliz año 2024

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  3. Me ha parecido muy interesante tu post. Me ha venido muy bien en este momento para desbloquear ciertas emociones negativas y poderlas manejar
    Muchas gracias.

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  4. Uff, Isa, cuanta «enjundia». No sabría ni qué comentar xq lo comentaría todo….Para mi la escritura es un modo de sanación, creo q forma parte de mi camino espiritual. Se ha convertido, con tu ayuda, en un medio muy eficaz para darme cuenta de cómo se teje en mi ese sufrimiento existencial del que hablas…en un modo de ver cómo corro detrás de lo q aparentemente quiero, rechazando lo q no quiero… Me ayuda a ser consciente de lo q no quiero ver, cómo me paso la vida en eso… y ese es el único camino para transcender esa aparente dualidad…
    Un abrazo fuerte
    Inés

    Responder
  5. Me ha encantado como lo cuentas. Así es escribir para mí. A veces me cuesta enfocar el conflicto, otras poner de acuerdo a las partes y dar una salida, otras que no queden cabos sueltos que hacen que esa salida sea de mentira… Y así, voy viviendo como un juego la escritura, tratando de lo que de verdad me importa en la vida.
    ¡Gracias, Isa!

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  6. Querida Isa.Yo creo que cualquier ser humano lleva los conflictos como un peso que le dura toda la vida. Se puede ir uno pero llega otro conflicto y luego otro y otro y otro…
    Pienso que si todos supiéramos descifrar esos conflictos por medio de la escritura todos seriamos escritores. Como el que tiene un catarro y se toma un Paracetamol para bajar la fiebre y disminuir el dolor, hasta que fiebre y dolor desaparecen.
    Estoy un poco pesimista y quizás esté equivocada, pero así lo siento ahora.
    Un beso enorme, querida Isa y todos mis mejores deseos para ti.

    Responder
  7. Hola Isa, me ha gustado mucho este post, aunque ahora me siento como Matilde, que los conflictos se transportan a la espalda y poco a poco pesan tanto que es cuando nos morimos, jaja
    Se soluciona uno y viene otro. Si solo estamos aquí este rato no tiene sentido tanto sufrir, así que espero que haya un mas allá donde ir a mejor.
    Aparte de mi actual pesimismo, tengo esperanza. Soy testaruda o loca. Seguiré con la escritura creativa con la visión que nos propones, que es la que a mí me gusta aunque me cueste.

    Responder
  8. Isa! Me encanta tu forma de ponerle palabras a cosas que nos pasan… y me gusta mucho la idea de servicio personal de escribir, sin presión si no como una forma de agrandar nuestra mente nuestras emociones y nuestro corazón.
    Un abrazo muy fuerte.

    Maite Corroto

    Responder

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