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Entrevista a Eloy Tizón sobre «escritura y mente»

Aquí os dejo la entrevista que he realizado al escritor Eloy Tizón en torno a la temática «Escritura y mente». Creo que sus respuestas pueden ser un auténtico faro para las personas que se están entrenando en el oficio de la narrativa.

Aparte, es una charla que también merece la pena escuchar a nivel humano, porque Eloy no es solamente un máximo exponente de la narrativa en lengua española, sino de lo que yo llamaría de la «ética del escritor». Y la generosidad que desprende cada frase de cada una de sus obras, la desprende también su persona cuando nos ofrece los mayores tesoros del oficio, sin guardarse nada.

Te dejo aquí el vídeo de la entrevista, pero me gustaría también extraer algunas de las joyitas que Eloy nos ha regalado.

«La escritura tiene una parte física, muy material, a través de la cual accedemos a una serie de sensaciones y de emociones». Clic para tuitear

«Para escribir se necesita un estado de conciencia ligeramente alterado. Exploramos una zona de la mente que no es la habitual, la cotidiana, que de repente trabaja con muchísima velocidad, intensidad y precisión. Yo noto que mi cerebro va a más revoluciones por minuto que el cerebro habitual, y que es capaz de establecer analogías y asociaciones que mi mente habitual no hace. Hay un elemento de sorpresa a la hora de escribir bajo esa sensación de que tu mente va por delante de ti. Trabajas con un material sin domar, hasta cierto punto incontrolable, pero que también te permite hacer descubrimientos».

«Estás en un estado de mayor libertad, de mayor osadía. Soy capaz de decir cosas que en la vida real me dan más pudor o tengo una barrera que me impide decirlas, y al escribir entro en un terreno de libertad, de exploración, de juego, de alegría también. Yo creo que en todo acto creativo hay alegría. Es un acto afirmativo de la vida. Cualquier acto de creación implica una afirmación, implica un trabajo a favor de la vida».

«Cuando escribo los sentidos están agudizados. El mundo tiene colores más vivos. Es como si la vida diaria tuviera una tonalidad más desteñida, y cuando estás escribiendo todo adquiere fuerza y relieve».

«La escritura tiene una parte física, muy material, a través de la cual accedemos a una serie de sensaciones y de emociones».

«Adjudicar al personaje determinadas sensaciones negativas que nosotros hemos podido sentir —si no en ese momento, en otro— nos libera un poco de ellas. El problema se lo paso al personaje. El que está agobiado es el personaje. El que tiene un dilema que no sabe cómo resolver es el personaje. Ahí se produce un estado de liberación».

«En general tendemos a ser controladores, y eso en la escritura no es bueno, porque nos hace estar rígidos, encorsetados. Creo que escribir (y también meditar, según lo que he oído) es ceder el control, aceptar esa parte nuestra que no va a controlar la situación, que no sabe cómo va a terminar, que no tiene la batuta de lo que ocurre. Es algo más fácil de decir que de hacer. Ese proceso de dejarte llevar en la escritura produce vértigo, produce miedo, porque es un momento en que se te puede ir todo al desorden, al desastre. Sin embargo, en ese gesto de ceder el control a la escritura se producen descubrimientos que de otra forma no se producirían».

«El juego de la escritura para mí estaría en ese diálogo que se establece entre el control y el descontrol».

«La escritura no es tanto una cuestión de habilidad técnica, de adquisición de conocimientos o de añadir cosas, sino que más bien es un desaprendizaje, es concedernos a nosotros mismos esa libertad para divagar, delirar… y esto puede que te lleve a un lugar imprevisto pero hermoso».

«Cuando escribimos manejamos algo material, tangible. Partimos de situaciones concretas, de personajes concretos, de cuerpos, de casas, de mesas… La narrativa está llena de “cosas”, que para nosotros son imprescindibles para llegar a otro estado que ya no es material, que ya tiene que ver con el mundo de la emoción y de la espiritualidad».

«Yo escribo en cierto estado de ceguera. No sé exactamente a dónde quiero llegar. Escribir es la manera de descubrirlo. Tengo cierta inquietud, hay una línea de trabajo o de imaginación que me interesa, y empiezo a trabajar a partir de los materiales concretos, como hace un pintor cuando mezcla los colores, confiando en que eso me va a llevar a descubrir aquello a donde me va a llevar el lenguaje».

«En la escritura hay un pensamiento propio, pero no es el pensamiento diurno de la lógica racional. Eso no quiere decir que no sea inteligente. Yo creo que hay una lógica subterránea que de algún modo te va llevando y va configurando el texto».

«Cuando estoy en estado de escritura, mi tarea es estorbar lo menos posible, permitir que la fuerza del lenguaje tome el control, y yo dejar de lado mi ego, mi vanidad, toda esa parte más sucia de la mente, para que se manifieste ese elemento misterioso».

«En esa mezcla entre el salvaje y el estratega, en ese pacto al que lleguemos entre esas dos mitades de nuestra mente, está la clave de la escritura. Es importante que dialoguen, que no se atropellen. Que el controlador no se imponga desde el primer momento, y que el anarquista tampoco pegue fuego a todo».

«Hay algo impresionante en sacar lo más íntimo, proyectarlo fuera y que eso pueda conectar con otras personas, y que la emoción que yo siento, la sientan otros». Clic para tuitear

«En la escritura hay que utilizar la inteligencia emocional para, por un lado, no tener que esperar a que nos llegue la inspiración, porque entonces a lo mejor escribíamos solo diez páginas en toda nuestra vida, pero tampoco tener esa mente carcelera que te obliga a estar todos los días cuatro horas escribiendo. Yo intento que la escritura no deje de ser un disfrute, que no se convierta en algo dañino y me haga sufrir».

«En tu relación con la escritura tienes que tener respeto, tratarla bien, para que la escritura también te trate bien. Y tienes que asumir que, si es un compromiso para toda la vida, no se va a mantener igual, va a evolucionar. Y unas veces vas a sentir amor apasionado por la escritura, y otras veces hartazgo, o vas a querer vivir separado de ella por un tiempo. Eso hay que aceptarlo con naturalidad».

«Cuando estás en trance, o en éxtasis, tienes la sensación de que la escritura fluye con total limpieza, que no tienes que hacer ningún esfuerzo. Yo creo que son regalos que nos hacen los dioses, no sé si los dioses del Lenguaje o de la Literatura. Son bendiciones. Tienes la sensación de que la pieza literaria ya está, ya existe en otro plano de la realidad, y tu trabajo es traerla a este plano con la mayor fidelidad posible y perdiendo lo menos posible de su belleza. Aquí entraría la figura del escritor como médium. Hacemos de médiums entre algo que no sabemos qué es, que no llegamos a aprehender del todo ni a controlar, y el plano puramente físico de la materialidad del texto, que es como es. En esas fases uno tiene que apartarse y estorbar lo menos posible, tiene que disfrutar del vértigo de esa experiencia, y también conviene ser conscientes de que si esas epifanías se producen es porque hay un trabajo de incubación previo bastante largo».

«Hay algo impresionante en sacar lo más íntimo, proyectarlo fuera y que eso pueda conectar con otras personas, y que la emoción que yo siento, la sientan otros».

«En esos momentos estás en sintonía con el mundo, o el mundo está en sintonía contigo. Entonces, estás trabajando un material pequeño, pero de alguna forma el cosmos entero está resonando. De repente entra el firmamento en tu texto, o te acuerdas de los planetas, o de una célula, o del movimiento de un átomo. Abarcas todo. Lo puedes todo. Son momentos temporales. Es difícil mantener esa intensidad más de unos pocos días, al menos en mi caso. Pero son días en que el mundo te habla».

«Intento que mi cabeza esté en estado de escritura de manera habitual. Pienso en la literatura, leo, estoy abierto a lo que leo, a las películas que veo… Es importante estar receptivo, estar poroso. Y en el mundo hay muchos estímulos que nos hacen sentir la necesidad de volcarlo sobre el papel. Lo duro es cuando ese hilo lo cortas por completo; luego, cuando quieres volver, es durísimo, es como mover montañas».

«Soy un enamorado del lenguaje, y no lo veo como una herramienta que usamos para comunicarnos con otro, sino que creo que el lenguaje crea el mundo. No creo que haya una realidad objetiva, que sea igual para todos, que sea “el mundo” y que el lenguaje haga una fotocopia de eso. Yo creo que la literatura, cuando es buena, inventa el mundo otra vez. No se trata de que exista un árbol, y como si fuera una plantilla, tratar de describir ese árbol, sino que yo, al utilizar determinadas palabras, determinado ritmo, determinada musicalidad, de alguna forma invento el árbol. Es esa capacidad de generar vida que tiene el arte, en este caso la literatura».

«Intento con todas mis fuerzas no juzgar a mis personajes, porque eso implica una manipulación en el lector. Siento curiosidad hacia mis personajes, me gusta acompañarlos en su camino. A ver qué hace el personaje. A ver cómo habla el personaje. A los personajes se los hacemos pasar bastante mal. Les hacemos pasar por pruebas dolorosas, por pruebas que a nosotros nos resultan difíciles, de las que no sabemos cómo saldrán airosos. Pero para mí es importante no destruir al personaje, no aplastarlo. Aunque los personajes lo pasen mal, yo prefiero dejar un pequeño resquicio de luminosidad. El personaje ha pasado por una experiencia y ha sido vapuleado, pero la última imagen es de él alejándose hacia un punto lejano del horizonte. Eso me reconcilia con la narrativa y con algo que va más allá de la narrativa, que toca algo humano, una necesidad humana que tengo».

«No me gusta que al final de la narración los personajes aprendan una lección moral. “Es mejor hacer las cosas con amigos que solo”, “La familia es lo más importante del mundo”… Para mí, si el personaje no aprende nada, mejor, porque creo que en la vida pasa eso. Muchas veces pasamos por experiencias fuertes, y no podemos decir que no vamos a tropezar otra vez en la misma piedra».

«Yo creo que nuestra experiencia con los personajes es la del actor que se mete en la piel de otro. Obviamente, les prestas parte de ti; mis personajes tienen parte de mí, pero no son yo al cien por cien. Eso nos permite explorar una gama humana muy amplia. Nos permite salir de nuestro pequeño y mezquino yo, y reencarnarnos en seres humanos muy alejados de nosotros. Yo puedo hablar como una prostituta neoyorquina o como un cyborg del año 3000. Ese ejercicio de transmigración de almas que propicia la escritura me parece uno de los aspectos más fascinantes que nos puede ofrecer».

«Cuando escribo, acepto que me estoy dando, no sé a quién, no sé cuándo, pero yo me estoy volcando en lo que hago». Clic para tuitear

«Mis personajes me han enseñado a ser más compasivo. Porque a mí me inspiran bastante compasión los personajes, y sin la creación literaria no habría llegado a eso. Esa compasión se extiende a casi todo el género humano. Al final lo que domina en mí hacia especie humana, con todo lo desastre que es, es una cierta piedad. Y eso pasa, en mi caso, por la creación de personajes, y también por la lectura de otros personajes que no he creado yo».

«Yo tenía un patrón de mucha incomunicación, y creo que la escritura me ha ayudado a ir abriéndome poco a poco, a ir comunicándome con los demás, a aprender esas habilidades sociales que a lo mejor para otras personas eran algo muy fácil, pero para mí ha sido un camino arduo».

«La escritura te obliga, de alguna manera, a abrirte a los demás. Parte de carencias, de faltas, de huecos emocionales que todos tenemos, y me parece un buen vehículo para canalizar todo eso, me parece que siempre hace bien, asumiéndola como un diálogo con una parte tuya desconocida, con otra parte del mundo también desconocida, y que te obliga a abrirte. Podemos ser tímidos en nuestra vida diaria (yo de hecho lo soy), pero cuando escribimos no podemos ser tímidos. La escritura es para valientes, necesita ese coraje de desnudarte, de hacer un striptease emocional, en que sabes que la gente que te lea va a ver tu interioridad, te va a ver al desnudo, y vas a mostrar facetas de ti de las que quizá no estás orgulloso. Hay que asumir eso y lanzarse».

«Para escribir se necesita ser generoso. Estamos abriendo compuertas, compartiendo con los demás aspectos nuestros. Sartre decía que la escritura es un pacto de generosidad. Yo estoy bastante de acuerdo. Escribir es un acto fundamentalmente generoso, porque además normalmente no tiene recompensa, o una recompensa pequeña. La mayoría de los escritores tenemos poca recompensa material, salvo una minoría. Tenemos recompensas humanas, eso sí. Es generoso quien escribe, y los lectores también somos generosos, porque le concedemos parte de nuestro tiempo (que es el bien más limitado que tenemos) a ver qué nos cuenta esa persona. Y luego hay una generosidad que funciona quizá en un nivel fuera de la literatura, que toca más lo humano. Creo que escribir nos conecta con otras personas, y eso propicia relaciones muy enriquecedoras».

«Cuando escribo, acepto que me estoy dando, no sé a quién, no sé cuándo, pero yo me estoy volcando en lo que hago».

«Hay generosidad también entre escritores. La literatura tiene mucho de cadena de continuidades. Son escritores a los que has leído, que admiras, pero cuando ves esa parte humana, cuando ves que te reciben con normalidad, y no subidos a ningún pedestal, y puedes hablar con ellos, y bromean… eso te baja el mito de la literatura al terreno de la vida diaria».

«La literatura tiene algo de salvación. En un mundo en que yo me sentía incómodo, como muchos adolescentes, entré a otro universo, el de los libros, que me ofrecía todo lo que no me daba la llamada “vida real”. Me ofrecía un mundo mucho más intenso, mucho más sugerente, lleno de personajes con los que me encantaba convivir, muchos más atractivos que los vecinos del bloque de al lado… Yo siento una gratitud infinita hacia la literatura. No se me ha pasado, por suerte, el enamoramiento hacia los libros. Ojalá no se me pase nunca mientras esté vivo. Esa deuda de gratitud hay que reconocerla, y me parece que es necesario pronunciarlo en voz alta».

«Tengo la convicción que si no me hubiera desarrollado como escritor habría sido mucho más pobre, mucho más infeliz, y que habría estado menos vivo. La literatura es una manera de estar en el mundo, de mirar el mundo, y es una forma de vivir. La literatura ha coloreado toda mi vida. He tomado decisiones importantes por la literatura. Y no me arrepiento en absoluto».

«Hay un elemento que tengo bastante presente últimamente, que es la diferencia entre la verdad de los hechos y la verdad emocional de la literatura. Cuando escribimos ficción la verdad de los hechos no tiene importancia. Podemos partir de hechos, pero podemos traicionar o desfigurar esos hechos, o llevarlos a un terreno imaginario. Sin embargo, la verdad emocional del texto no admite ninguna traición, y a ella hemos de aferrarnos. Ahí hemos de ser intransigentes y no hacer trampas. He de ser fiel a la verdad emocional a la que yo quiero llegar. Muchas veces eso implica ir en contra de estructuras previas que tenemos en la cabeza, de lo que debe ser una narración… Y a veces la verdad emocional nos lleva por otro camino. Creo que hemos de ser fieles a ese camino. Se nota mucho cuando uno hace trampas. Hay que ser valiente y llegar hasta donde nos lleve el texto. Así que, si tuviera que deciros algo, es: sed fieles a la verdad emocional de vuestros textos».

 

Hasta aquí las «perlas» que he extraído de la entrevista. Doy las gracias a Eloy por su generosidad y sus valiosas palabras, de las que espero que saquen provecho el mayor número de personas posible.

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10 comentarios en «Entrevista a Eloy Tizón sobre «escritura y mente»»

  1. Yo creo que esto me lo voy a guardar como lectura de referencia para cuando esté estresada, aburrida, distraída, desesperada, vacía, borde, generosa, cansada, hiperactiva… Es tan valioso como El Principito, :=)
    Un beso y gracias por compartir tanta cosa buena.

    Responder
  2. Hola Isabel, queria pedirte que me recomendaras , cual seria para vos el primer libro para comenzar a conocer a Eloy Tizon . Mi primera aproximacion a el fue el video que presentaste .

    Gracias !

    Responder
    • Hola, Graciela,

      Yo te recomendaría empezar por “Velocidad de los jardines”. Fue el primero que publicó (en la editorial Anagrama), pero hicieron una preciosa reedición en la editorial Páginas de Espuma cuando se cumplieron 25 años de su publicación: https://paginasdeespuma.com/catalogo/velocidad-de-los-jardines/

      Te recomiendo que adquieras esa edición.

      A mí, personalmente, me ha gustado seguir a Eloy Tizón por orden cronológico, pero realmente cualquier orden que sigas para leerlo estará bien. Déjate llevar por la intuición.

      Un abrazo fuerte,

      Isa

      Responder
  3. Gracia Isa, por facilitarnos el conglomerado de las enseñanzas que nos transmitió Eloy durante la entrevista que le hiciste.
    Su mensaje abrió tantas puertas que tenerlas ahora aquí recogidas por ti, nos facilita el acceso a todo su significado.
    Como dicen algunas de las compañeras anteriores. Guardaré este post, igual que he guardado el link del YouTube de la entrevista, como una de las clases importantes de escritura que he recibido. También me ha despertado interés su obra y me gustaría me ayudarás a escoger el primer libro de Eloy. Aquel que recomiendas leer para encuadrar mejor las palabras que aquí recoges.
    Gracia Isa por mucho. Un abrazo.
    Àngels

    Responder
    • Hola, Àngels,

      Como le decía a Graciela, yo empezaría con “Velocidad de los jardines” (la edición de la editorial Páginas de Espuma), y seguiría leyéndole en orden cronológico. Pero bueno, cualquiera de sus libros avala punto por punto lo dicho en la entrevista.

      Gracias por tus palabras y tu valoración :-).

      Un abrazo fuerte,

      Isa

      Responder
  4. La imagen dolorosa de una manga de camisa pillada por la puerta del armario me sigue viniendo a la mente de vez en cuando desde que leí el cuento Manchas Solares de Eloy Tizón. Así mismo cuando veía la imagen del firmamento con todas sus constelaciones, me decía: este chico tiene algo dentro. Me ha gustado mucho ponerle cara y escucharle en esa entrevista tan viva que habéis tenido. Pues si como dice Eloy hay que ser valiente para lanzarse y desnudarse con toda la sinceridad y ternura del marido cornudo.
    Escribir te sale en un estado alterado de conciencia donde puedes presentar lo real de una manera única, singular y a la vez universal.
    Muchísimas gracias a los dos.

    Responder
    • Gracias a ti por escucharnos y entender en profundidad aquello de lo que se está hablando. Esa actitud crea la “cadena de continuidades” de la que hablaba Eloy al final de la entrevista.

      Un fuerte abrazo,

      Isa

      Responder
  5. Isa, gracias.
    Agradecida del collar de perlas que nos regalas. Y en primer lugar, de la sabiduría de Eloy que tan generosamente comparte. Me emociona cuando dice “la literatura tiene mucho de cadena de continuidades”…¡Cuanta razón, Eloy”. Es lo que tú pones en práctica cada día, Isa.
    Gracias por la síntesis de una clase magistral acerca de la energía vital que nos ofrece la escritura.
    Un abrazo…
    Ligia

    Responder
    • Gracias a ti, Ligia, por tu sensibilidad y delicadeza a la hora de captar lo genuino y devolverlo en forma de ternura.

      Un abrazo transoceánico e intemporal,

      Isa

      Responder

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