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Escritura y realidad: cómo plasmar emociones y vivencias en tu narrativa

Escritura y realidad como plasmar las emociones y viviencias en la narrativa.

Comunicación versus transmisión

Cuando comenzamos a escribir, caemos en el error de pensar que las palabras pueden expresar lo que queremos transmitirle al lector. Esta creencia, basada en el uso habitual que hacemos del lenguaje en nuestra vida diaria, empaña nuestra escritura durante bastante tiempo.

Si yo quiero una barra de pan, voy a la panadería y le digo a la persona que me atiende: «¿Me da una barra de pan?». Él me entiende y me la da. Si quiero informar a mi amigo Tomás de que he perdido el trabajo, le digo: «Ayer me despidieron». Si quiero enterarme de lo que ha sucedido en Ucrania, leo el periódico. Es nuestra forma de comunicarnos unos con otros, así que lo normal es pensar que, si deseo expresar al lector cómo se sintió mi personaje cuando su jefe le llamó a su despacho para entregarle el finiquito, lo explique sin más.

Pero el arte no funciona asíLos músicos, por poner un ejemplo, tienen muy claro que su arte no consiste en comunicar cierta información a través de una serie de corcheas y semicorcheas, es decir, a través de unos signos musicales cuyo significado el oyente no tiene ni por qué conocer. Su oficio consiste más bien en —a través de un conocimiento y un uso profundo de sus herramientas, eso sí— construir un templo en el oído del receptor en el que este pueda encontrarse (o reencontrarse) consigo mismo en conexión con el todo en un acto único y ritual.

La realidad es inefable

La realidad es inefable por naturaleza y el arte de escribir es una vía de acceso a la realidad. Clic para tuitear

La realidad es inefable por naturaleza, ya que es totalmente ajena a nuestra necesidad continua de reafirmarnos. Y el arte —el arte verdadero, me refiero, no el de consumo— es una vía de acceso a la realidad. Cuando contamos una historia las palabras, los hechos, las escenas, los personajes, la voz… la narrativa misma no es sino el fraseo envolvente con que embaucamos al lector para, por debajo, trabajar en un plano más profundo de su conciencia. Como dice el escritor Eloy Tizón: «Nuestra mesa de trabajo, como escritores, es la mente del lector».

En el terreno de la transmisión literaria tendríamos tres niveles, del más burdo al más sutil. Si mientras escribimos un relato nuestra intención está dirigida a explicarle al lector directamente lo que consideramos que queremos transmitirle, nos mantendremos en el nivel del intelecto. Es decir, el lector «entenderá» lo que le estamos diciendo, pero eso no tiene nada que ver con la realidad, con la experiencia, sino solo con una interpretación conceptual de la realidad.

En un siguiente nivel, podemos ya haber comprendido que lo que hemos de hacer es introducir al lector en una vivencia, a través de las coordenadas de lugar, tiempo y acción. Entonces, podremos contar unos hechos con mucha precisión, y está muy bien aprender a hacerlo, porque es importante que el lector permanezca muy atento a los hechos que le contamos.

Pero hemos de pasar a un nivel más profundo (en que se aúnan, de alguna forma, lo abstracto y lo concreto). El argumento de una historia (los hechos protagonizados por un personaje) es una mera apariencia de la que quien escribe se ha de valer, pero por la que no se ha de dejar engañar. Una vez dominada la herramienta, el siguiente paso será usar el embeleso en el que tenemos sumido al lector («el sueño vívido de la ficción», como lo llamaba John Gardner) para clavarle una estaca de sentido profundo en el corazón.

Expertos dibujantes de pájaros

El escritor ha de propiciar esa estaca de realidad, una experiencia inexpresable. Clic para tuitear

Esa estaca de realidad es una experiencia inexpresable y, sin embargo, es lo que el escritor ha de propiciar. Todo lo demás es decorado, parafernalia (imprescindible, eso sí) para acceder a lo importante pero, a la vez, completamente inútil, banal por sí misma.

Hay una anécdota que se cuenta de Chogyam Trungpa Rinpoché, un célebre maestro budista, que ilustra muy bien este aspecto. Se dice que un día Chögyam Trungpa Rimpoché, en un seminario que estaba impartiendo a sus estudiantes, dibujó en la pizarra algo parecido a un ave y preguntó: «¿Qué es esto?». Un estudiante respondió: «Un pájaro». Otro dijo: «Una paloma». Otro comentó: «Una gaviota». Y así, todos fueron dando respuestas de este estilo. Cuando finalmente se quedaron callados, Chogyam Trungpa dijo, señalando algún punto de la pizarra fuera del ave: «No: es el cielo». Y entonces, el dibujo adquirió un sentido completamente distinto para los presentes.

Como escritor, has de ser un experto dibujante de pájaros pero, a la vez, consciente de que ese aspecto artesanal no es sino la herramienta para que tus lectores accedan al cielo. El cielo siempre está ahí, abierto y hospitalario, pero sin el pájaro se hace invisible a los ojos humanos. Solo sabemos percibir las cosas por contraste, por oposición. El cielo, la espaciosidad, la realidad… no se puede nombrar; nuestra única vía de acceso a ello son los pájaros y las nubes, que en literatura serían los personajes con sus conflictos.

Trabajar con atención y habilidad el detalle, la filigrana, el adjetivo, lo concreto, el punto y la coma sin perder la conexión en ningún momento con la inmensidad, con el misterio, con lo inexpresable que todo lo impregna, es nuestro duro pero maravilloso entrenamiento como escritores.

Vamos por partes

Al escribir lo primero es bajar a lo concreto, porque la realidad siempre empieza por ahí, por nuestra experiencia sensorial. Clic para tuitear

Para ello, hemos de empezar por el principio y bajar a la tierra, porque normalmente al comienzo estamos en las nubes, pero sin ser conscientes del cielo. Es decir, estamos sumidos en un montón de creencias y fabricaciones mentales que confundimos con la realidad. Así que al escribir lo primero es bajar a lo concreto, porque la realidad siempre empieza por ahí, por nuestra experiencia sensorial. Es como cuando meditamos: la atención siempre ha de reposar en un soporte sensorial (la respiración, el tacto, la escucha…). ¿Por qué? Porque la realidad nunca puede estar separada del cuerpo y nuestra tendencia, sin embargo, es a disociarnos.

Así que una buena pauta de entrada es usar nuestros sentidos a la hora de escribir. ¿Dónde está el personaje? ¿Qué ve? ¿Qué oye? ¿A qué huele? ¿Qué texturas toca? ¿Cómo se mueve? ¿A dónde va?

Y poco a poco, les iremos haciendo otras preguntas a nuestros textos: ¿qué quiere conseguir?, ¿por qué no puede conseguirlo?, ¿qué siente?, ¿qué hará para salir de esta? Pero a estas preguntas habrá que contestar desde lo concreto también, porque lo concreto —lo visible— es el pájaro que señala el cielo, es el símbolo de lo trascendente, de lo misterioso, de lo inefable. Nuestro trazo ha de ser tan hermoso que subyugue al lector y tan sutil que no se pueda atrapar y lo traslade al espacio inmenso.

Este es el camino del aprendizaje de la escritura, en que nunca has de dejar de lado tu parte artesanal (la tierra) ni la profundidad de tu mirada (el cielo). Como dijo un gran maestro: «Mi visión es más elevada que el cielo, pero la atención respecto a mis acciones es más fina que la harina».

9 comentarios en «Escritura y realidad: cómo plasmar emociones y vivencias en tu narrativa»

  1. Me encanta este texto.
    Ese es el objetivo: clavarle una estaca de sentido profundo en el corazón al lector. Lo que tal vez no contamos es que antes, el escritor, se la clava a sí mismo al escribir, y a veces es doloroso, a veces maravilloso… pero sobre todo, es una manera de mirar el mundo y la realidad. Y de vivir. De vivir en la realidad.
    ¡Gracias, Isa!

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  2. Nunca había definido la realidad como inefable. Subjetiva si que me es un adjetivo más familiar pero es exactamente esa subjetividad la que la rinde tan inmensa que la hace precisamente eso: inefable.
    Por ello que entiendo que “bajarse a la realidad, a lo concreto” te ha que ser el puente a la magia de la escritura.

    La experiencia sensorial, el ponerse en los zapatos del personaje. Me encanta!!

    Gracias por tan clara introducción al proceso.

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  3. Siempre he sentido admiración y un poco de envidia por eso que comentas, Isa, sobre la música. Ese poder que tiene el lenguaje musical para envolver y trascender; conmover; subyugar. Creo que como escritores podemos intentar aprender mucho de esa forma de transmitir la experiencia, pero qué difícil llegar a ese nivel tan profundo. Bonito texto, gracias!!

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  4. Como siempre, Isa, nos llegas al corazón como personas y como escritores. Como el rocío refresca a las plantas para que florezcan, tú nos rocias de consejos para que podamos florecer.
    Gracias
    Un beso enorme
    Fortunata

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  5. Hola Isa. Yo respeto mucho la escritura y siempre alabo a los buenos escritores. Mi eterno afán es conseguir un buen relato, una buena novela, pero es muy dificil. Por eso admiro tanto a los escritores y te admiro a ti
    Se que a tu lado se pueden conseguir muchas cosas. Siendo consciente de que todo es muy difícil. Pero teniéndote de guía y de consejera es el mejor modo de aprender un poquito de todo lo que tú sabes.
    Eres sabía y yo te admiro por ello. Eres trabajadora y eres tan sensible que incluso los ángeles quieren aprender de ti.
    Un fuerte abrazo y siempre mi eterno agradecimiento y cariño.

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  6. Gracias, Isa. Gracias a tus cursos vamos aprendiendo a acercarnos cada vez más a esa realidad mientras intentamos no perder de vista el cielo, un equilibrio difícil pero cada vez más intrigante. Un abrazo fuerte

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  7. 👌👍.
    Si estoy ya suscrito, tengo que poner de nuevo mis datos para cada comentario?.
    Demasiado repetitivo para mí
    Podría ser sin volver a dar mis datos?.
    Sólo hay que conectar con mi inscripción ya realizada.
    Muy buen artículo.

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  8. Maravilloso texto Isabel, muchísimas gracias.
    Efectivamente cuando escuchas a un músico no entiendes de notas, lo que toca tiene que ser tocado de tal manera que te llegue al corazón, que esa interpretación que hace de la partitura te conmueva.
    De la misma manera debemos hacer cuando escribimos, que esa vivencia que transmitimos al lector le conmueva y le traslade a algo maravilloso.

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