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La desescalada: sacándome pelusas del ombligo

4 de mayo de 2020

 

 

Ahora se supone que estamos en la desescalada. No sé tú, pero yo me veo arrastrada por las circunstancias como un trozo de corcho por las olas del Cantábrico. Antes leíamos los periódicos para obtener información general. Ahora los leemos para saber a qué hora podremos salir mañana de casa o a ver si encontramos alguna luz sobre lo que será de nuestro trabajo en una semana o en un mes.

Hoy leía una entrevista hecha a Santiago Alba Rico en la que empieza diciendo que muy mal deben de estar las cosas para que se esté pidiendo la opinión de los filósofos. Más adelante decía: «Para un mundo como el nuestro, que vive de la constante novedad, que rumia y evacúa permanentemente y olvida el pasado más reciente, esto implica una humillación».

«Para un mundo como el nuestro, que vive de la constante novedad, que rumia y evacúa permanentemente y olvida el pasado más reciente, esto implica una humillación». Santiago Alba Rico Clic para tuitear

Al concepto de «humillación» lo he reconocido en la espuma del oleaje de las últimas semanas. Hay una parte de mi ego que se ha sentido humillada como una niña a la que le hubieran levantado la falda en el colegio. ¿Cómo puede ser que esto me haya pillado desprevenida? ¿Cómo puede ser que tenga que estar encerrada, ir con mascarilla por la calle, paralizar mi vida por un maldito virus? ¿Cómo puede ser que tenga que estar mano sobre mano ante lo que está ocurriendo?

Según Alba Rico, de ese sentimiento de humillación provienen las teorías conspiratorias, la necesidad imperiosa de buscar un culpable de todo esto que nos constriñe y nos duele. No podemos asumir que una mera contingencia de la naturaleza nos condicione de esta manera.

Del sentimiento de humillación provienen las teorías conspiratorias, la necesidad imperiosa de buscar un culpable de todo esto que nos constriñe y nos duele. Clic para tuitear

Pero si miro de frente ese sentimiento de humillación y rabia, he de reconocer que lo que más me duele no es la ausencia de un culpable, sino darme cuenta de que, aunque antes de todo esto me creyera libre, estaba igualmente encerrada y sometida por un sistema político, económico y social absurdo del que era una ruedecita giratoria más.

El virus va a dejar muchos muertos y, a nivel mundial, lo peor está por venir, de la mano de los países sin recursos, en los que casi toda la población vive al día y no puede permitirse un confinamiento. Pero el problema no está en el virus. El problema está en nosotros, en los seres humanos, en nuestra falta de consciencia para admitir nuestra interdependencia, entre nosotros y con el universo, en nuestra ceguera para ver que el bien de unos no puede ser —por más que nos empeñemos— a costa del mal de otros.

Yo no soy política, economista ni filósofa, sino una simple escritora y profesora, así que no tengo ni la más remota idea de cómo se puede solucionar esto. Soy incapaz de realizar análisis de lo que ocurre fuera del campo de mi experiencia, y a veces pienso que me miro demasiado el ombligo. Pero otras veces pienso que mi ombligo se debe de parecer mucho al del resto de la gente, así que escarbar en él para sacarme las pelusas puede ayudar a que otros también lo hagan.

A lo largo de estos dos meses he atravesado un túnel en el que se ha visto cuestionado el sentido de la vida. Eso sí, como toda crisis, ha sido un proceso de intenso aprendizaje, del que empiezo a sacar algunas conclusiones (provisionales, como todas las conclusiones). Soy consciente de que no puedo cambiar la realidad del mundo, pero creo que sí puedo cambiar algunas cosas de mi realidad, que también forma parte del mundo, y hacerlas constar por escrito.

Estas son algunas de mis conclusiones:

Que el tiempo no me cunda, por favor

La sensación en estas semanas —y lo he hablado con más personas— ha sido la de que el tiempo «no cunde». Cualquier cosa parece que se dilata mucho más que antes.

Hoy mismo he salido a comprar, y lo que habría hecho en media hora me ha llevado casi dos horas. He llegado a casa con el carrito a tope y la lengua fuera, como si volviera de la guerra. A cambio, se ha quedado impregnada en mi memoria la conversación con el técnico del ordenador a través de nuestras mascarillas, el color de las fresas en el puesto del mercado, los bailes sinuosos de la gente por las calles para —al fin— no poder respetar ni de coña la distancia reglamentaria, la repentina vida en mi calle (en la que hay más de diez peluquerías que han abierto todas a la vez) después de semanas de desolación.

En casa, el tiempo se me va en limpiar, hacer la comida, leerme un artículo o un libro hasta el final, charlar con una amiga o, como ahora, en escribir. Antes no tardaba tanto en estas cosas. Y en eso hay algo inquietante. Parece que llevo siglos encerrada, pero no me ha dado tiempo a hacer casi nada.

El tiempo no me cunde. Hago menos cosas, pero parecen tener más peso específico, están mas vivas. Me gusta más esta relación con el tiempo. Clic para tuitear

Ahora hago menos cosas, eso es verdad, pero esas cosas que hago parecen tener más peso específico. Están más vivas. Me acuerdo de ellas. Intuyo que la parte de mi que se inquieta porque el tiempo no le cunde es la neurótica, la que quería rellenar el tiempo con miles de cosas como un atracador de bancos con los minutos contados rellenaría una maleta de billetes.

Me gusta más esta relación con el tiempo en que entra el criterio y las verdaderas necesidades, la creatividad y la vivencia. No pienso volver a la compulsión de antes. Ya no necesito robar ningún banco.

Quiero vivir en el presente

Nunca, ni en mis mejores sesiones de meditación, había estado tan conectada con el presente como en estas semanas. Puede que tenga que ver con un simple mecanismo de defensa: el futuro, sencillamente, había desaparecido. Tratar de «prever» era lanzarse al más negro vacío, así que no quedaba más remedio que vivir al día, momento a momento.

Siempre he tenido mucho miedo de no poder sacar adelante a mis hijos, de la pobreza, de las catástrofes, de la enfermedad, de la muerte… No me ha quedado otra que atravesar todos esos miedos a pelo. Todo ese hipotético futuro al que temía se había transformado en presente: aquí mismo estaba todo eso que temía. Y, asomándome a ese primer instante de terror, he descubierto que el presente y el miedo al futuro son incompatibles. He podido palpar, de hecho, la inexistencia de cualquier posible futuro.

He descubierto que el presente y el miedo al futuro son incompatibles. He podido palpar, de hecho, la inexistencia de cualquier posible futuro. Clic para tuitear

Nunca me había sentido más tranquila (en cuanto a lo que pueda ocurrir) que en esta absoluta precariedad. No puedo decir que no vaya a tener miedo nunca más, porque por cosas mucho peores pasaré, seguro. Pero no pienso obsesionarme de antemano.

Prometo consumir menos

Sin hacer grandes esfuerzos (por no decir ningún esfuerzo) en estos dos meses mis gastos se han reducido bastante. Nunca he sido una persona derrochadora, pero está claro que gastaba bastante más de lo que necesitaba gastar.

Estar tanto en casa me ha permitido observar de cerca mis armarios. Creo que la ropa y los zapatos que tengo me alcanzan hasta que me muera. Por otra parte, no es necesario limpiar la casa dos veces a la semana ni contratar a alguien para que lo haga. También me he dado cuenta de que haciendo la compra cada dos semanas, uno se limita a lo esencial.

Así que espero seguir así. Sé que esta decisión va a afectar (aunque seamos una mínima parte de la población la que actuemos así) a la economía tal y como era antes del confinamiento. Sé que esto es justo lo que más temen todos los gobiernos del mundo, que dejemos de consumir, porque entonces (piensan) se hundirá la economía y el mundo con ella. Hoy he leído en el periódico (como si fuese una catástrofe) que en todo abril se matricularon los mismos coches que antes en un solo día. Todo esto tiene una parte tremenda, pero en algún momento habrá que parar esta locura y pasar a un sistema más acorde con las auténticas necesidades de las personas y del planeta, ¿no?

De momento, yo voy a hacer lo posible para realizar un consumo responsable, lo que me va a llevar también a trabajar menos y relajar la carrera desaforada por llegar a fin de mes en la que se había convertido mi vida.

Confiaré en mi intuición

Parar también me ha permitido ponerme en contacto con mi corazón y la intuición que lleva asociada. De dejarme arrastrar por la neurosis, he pasado a sentarme a su lado y dialogar con ella.

Antes, con el miedo de lo que pudiera ser de mi vida metido en el cuerpo, no distinguía muy bien entre la voz de mis patrones y la voz de la intuición. Ahora, he adquirido confianza en lo que me dice el corazón, porque me ha dado tiempo a comprobar que por ahí van los tiros.

Y lo que me dice el corazón es que, por más que me haya tocado ir contracorriente en la vida, por aquí van los tiros. Que puedo confiar. Que puedo confiar en mis maestros y en mi camino espiritual. Que el cultivo de la escritura y la meditación tienen un sentido, un sentido que se ha hecho diáfano en mi interior y en el intercambio con mis alumnas y alumnos.

Confiaré más en mi corazón. y mi corazón me dice que el cultivo de la escritura y la meditación tiene todo el sentido, un sentido que se ha hecho diáfano en mi interior y en el intercambio con mis alumnas y alumnos. Clic para tuitear

Observaré mi mente con atención

El parón del encierro y la enfermedad me ha hecho quedarme a solas con mi propia mente, y eso ha sido una auténtica película de terror. Todos los esquemas grabados a fuego desde la infancia (la sensación de abandono, la vulnerabilidad, la imperfección, la desconfianza, la autocrítica…) han salido de su gruta para comerme viva. Abatida, sin fuerzas, me he rendido y me he dejado comer por ellos, Y así es como me he dado cuenta de que, aunque sea de terror, todo ese despliegue no deja de ser una película, y en mi mano está que no tenga poder sobre mí.

Sé que todos esos fantasmas seguirán viniendo, que incluso saltaré de miedo cuando vengan como si viera a Freddy Krueger riéndose junto a mi cama. Pero también sé que ya no van a llevar las riendas de mi vida.

Doy gracias a las personas que me rodean

Otra cosa en la que me ha afianzado el confinamiento es en mi relación con las personas. Siempre he temido mi tendencia al aislamiento, a desvincularme de la gente por desidia, miedo o excesiva presión. Sin embargo, ha sido el aislamiento justo el que me ha enseñado que tengo a mi lado justo a las personas que he elegido tener. No he tenido contacto con todas ellas, y con muchas el contacto ha sido muy fugaz. Durante muchas semanas no tenía fuerzas ni siquiera para hablar. Sin embargo, no me he sentido sola en ningún momento. Sabía con quienes podía contar y ellos sabían que podían contar conmigo.

Como profesora, me ha tocado pasar por el bache de no poder volcarme en mis alumnos/as todo lo que me habría gustado en estas circunstancias adversas, lo que me ha generado mucha angustia. Además, han podido ver —porque no podían estar más a la luz— todas mis debilidades y defectos. Gracias a esto he podido comprobar su comprensión y ternura, nuestra auténtica vinculación, que poco tenía que ver con mis sobreesfuerzos provocados por mi eterno miedo a no ser querida. Comprobar que me aprecian tal como soy (en cualquier circunstancia) me ha quitado un peso de encima, me ha llenado de gratitud y me ha afianzado en mostrarme sin máscaras.una paella en la desescalada para el día de la madre

Como madre, lo he pasado mal porque, sumándose a mi perpetua sensación de ser una mala madre, al estar enferma y no poder atender a mis hijos como quería, eso multiplicaba mi sentimiento de culpabilidad. Y luego, al tener que estar separada de ellos tres semanas por la cuarentena, pensaba que se olvidarían de mí. Ayer fue el día de la Madre. A las dos y media, llamaron al telefonillo, y un transportista me subió una paella de gambas, dos cervezas y dos cartas de amor de Elmo y Ari. También tenía una invitación de zoom en el correo. Germán les había preparado una mesa para los dos junto al ordenador y les sirvió paella. Comí con mis hijos por zoom en la comida más extraña y maravillosa de mi vida. Nunca pensé que en pleno confinamiento tendría el mejor día de la Madre.

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Tengo mucho que agradecerle al confinamiento, espero aprovechar esta oportunidad para desescalar la montaña por otra ladera que me lleve a nuevos paisaje. Y sé, que harás lo mismo Clic para tuitear

En fin, creo que tengo mucho que agradecerle al confinamiento, por más que me duela todo lo que está ocurriendo. A veces, el que la vida nos ponga contra las cuerdas es la única forma de reaccionar. Personalmente, espero aprovechar esta oportunidad para «desescalar» la montaña por otra ladera que me lleve a nuevos paisajes. Y espero, porque mi ombligo no debe de ser muy diferente del tuyo, que nos encontremos en el camino.

 

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29 comentarios en “La desescalada: sacándome pelusas del ombligo”

  1. Isa, me identifico con esa sensación extraña de tiempo, con haber destilado estos días lo que era importante y lo que no, con una autoconciencia extraña y nueva, que me ha llevado a hacerme más caso que nunca, para bien y para mal, porque a veces me cuido y a veces me castigo. A ver un patrón de estar en continua pelea interna (a ver si le identifico bien con los nuevos apuntes…;-)
    Si no fuera por ti no conseguiría completar las cosas que busco, estarían siempre a medias pues de tu mano me llega siempre la herramienta o la sugerencia precisa.
    Gracias infinitas.

    Responder
    • Gracias por tus palabras, Mer,

      Creo que nos completamos y buscamos entre todos. Al menos a mí tú también me ayudas a hacerlo.

      Un abrazo fuerte,

      Isa

      Responder
  2. Isa, me ha encantado este post, mucho de lo que dices me resuena!! Yo también quiero desescalar despacio la montaña… Un abrazo 🤗

    Responder
  3. Pues sí, has hecho que las pelusas de mi ombligo se pusieran de punta al sentirse tan retratadas en la imagen de las tuyas.
    Gracias por un texto tan rico, profundo y bonito de leer.
    Te deseo un bello paseo de desescalada. Nos veremos en él. Seguro.

    Responder
  4. Isa, cada vez que leo un post semanal tuyo parece que me lees la mente, reflejas con exactitud muchas de las cosas por las que atravieso. Yo también espero que este confinamiento me haga reaccionar, haga que no se me olvide que puedo vivir muy bien con lo esencial, y que pueda comenzar a construir lo que creo que es fundamental en esta vida, una relación fructífera conmigo misma y con el resto de las personas. ¡Gracias!

    Responder
    • Hola, Garbiñe,

      Tú también me haces mucho de espejo. Qué bien que tengamos algo que construir, y que sepamos muy bien lo que es. ¡A por ello!

      Gracias y un abrazo,

      Isa

      Responder
  5. Qué buena síntesis que haces de como concluir el aprendizaje que nos deja el confinamiento. El confinamiento que ha dado tiempo a mirarse desnudo, frente a si mismo, tomándose tiempo para escarbar incluso en el ombligo.
    Ojalá el aprendizaje llegue más allá de nosotros, a los que manejan el escenario detrás de las bambalinas, cosa que dudo.
    Elmo y Ari no se desmienten nunca, hijos atentos y sensibles.
    Te admiro y te quiero mucho,

    Responder
    • Hola, Ligia,

      Los que manejan entre bambalinas no son muy diferentes de nosotros. Están confundidos, enfadados y asustados. Su aprendizaje no podemos manejarlo, les llegará cuando y como les tenga que llegar. Pero con el nuestro sí podemos hacer algo, quizá vamos más ligeros de peso que ellos.

      Yo también te quiero, preciosa Ligia,

      Isa

      Responder
  6. Hola Isa, me ha encantado, muchas gracias por todo lo que te compartes. Me encanta ver cuantas personas estamos afectadas de estar confinadas con la sensación de no tener tiempo para nada…Me he dado cuenta de lo exigente que soy conmigo, no lo tenía tan a la vista. Y a la vez me ha servido para decidir que puedo ser más organizada, aprovechar que no me ha tocado erte, como yo quería y que será por algo. Me he emocionado mucho con tu regalo del día de la madre, qué bonito, me alegro mucho de que tuvieras esa extraña comida. Un abrazo de los de verdad

    Responder
    • Hola, Teresa,

      Ya me puedo imaginar lo que comentas, teletrabajando, con los niños… Pfffff… ¿Tiempo? ¿Qué es eso? ;-). Me alegro que podamos aprovechar las circusntancias para ver un poquito más allá de la neurosis. Menos mal que veníamos bien enseñadas 😉

      Un fuerte abrazo para toda la familia,

      Isa

      Responder
  7. Gracias isa. Por describir tan magistralmente la tortuosa subida hacia lo que de verdad importa en la vida, y mostrarnos, por otro lado, la luz tenue que nos ofrece la desescalada.

    Gracias por tanta profundidad. También me siento así. Cómo huérfana de todo, menos de mi misma.

    Gracias por estar en mi camino. Siempre.

    Responder
    • Qué bonito, Pilar: «huérfana de todo, menos de mí misma».

      Muchas gracias por tu precioso acompañamiento en la escalada y la desescalada.

      Un fuerte abrazo,

      Isa

      Responder
  8. Hola Isa,
    Te he de confesar que me está naciendo una nueva adicción. Es la de entrar a leerte en cuanto recibo la notificación de una nueva publicación en tu bloc. Comparto más de dos y de tres de tus conclusiones y deseo que algunas de ellas se queden en mi vida. S mayúscula de sueño y D mayúscula de deseo para que todo esto sirva para alguna pequeña mejora global.
    Para acabar y no extenderme solo te pido que sigas alimentando mi adicción para la que espero no encuentren nunca vacuna ya que leerte me hace crecer como persona y no quiero padecer los efectos secundarios de la medicación.

    Un abrazote,

    P/D el haberte descubierto irá siempre ligado a este momento tan increible que vivimos. Gracias

    Responder
    • Hola, Àngels,

      Me ha hecho reír tu comentario :-D. Yo también me he hecho adicta a la escritura, y también espero que no encuentren nunca vacuna, así que espero que nuestras sendas adicciones puedan seguir congeniando.

      Me uno a tu S y a tu D.

      Un fuerte abrazo,

      Isa

      Responder
  9. Es hermoso lo que haces. Lo que eres. Lo que escribes. Lo que vives. Y muy especialmente, tu día de la madre 2020. Besos

    Responder
  10. Querida Isa:
    Ayer vi el aviso de tu post pero me resistí a leerlo, engullida por el trabajo y las ganas de acabar mi entrega. Esta mañana he ido de acá para allá por mi casa, demorando el momento de ponerme a trabajar y pensando (ay los pensamientos) que no se sacarle partido a mi tiempo. Me echaba en cara mi lentitud, que me costase todo tanto esfuerzo. Así que leerte, ha devuelto un cierto sosiego a la extrañeza en la que aún se encuentra mi vida. Una vida cada vez menos interesada en lo productivo y en la aceleración, de hecho esta mañana consideré primordial regar las plantas de mi terraza, que me lo agradecen floreciendo como nunca. Así que voy de acá para allá en la desescalada tanteando yo también el terreno que piso y oteando el paisaje que se abre ante mi.
    Gracias Isa, por compartir tu experiencia porque nos permite aprender de la nuestra
    Un abrazo
    Sole

    Responder
    • Hola, Sole,

      Muchas gracias. No hay nada que disfrute más que estas interacciones de vida en vena. Que bien poder ralentizarnos para tener tiempo de leer los mensajes de la vida.

      Un abrazo fuerte,

      Isa

      Responder
  11. Hola Isa.
    Como siempre decirte que me encantan tus reflexiones, aunque, como en este caso la lea con bastante retraso. Pero nunca es tarde, cuando la dicha es buena.
    Me encanta como escribes, y aunque te conozco poco también me encanta como eres.
    A la vida, y a Angels les debo agradecer el que te hayas incorporado a mi camino.
    Comparto casi todas tus reflexiones de este post, y especialmente me quedo con
    «me veo arrastrada por las circunstancias como un trozo de corcho por las olas del Cantábrico».
    Gracias Isa

    Responder
    • Hola, Mari Pau,

      Muchas gracias por tus palabras, que valoro mucho. Yo también le agradezco a Àngels la oportunidad de compartir contigo, pues tienes una mirada muy especial sobre el mundo. Así que aúpa ese corcho 😉

      Un fuerte abrazo,

      Isa

      Responder
  12. Isa, es genial leerte, es tan profundo el contenido de tus textos que requiere crear un «espacio» para hacerlo, dedicarle un tiempo en soledad y abrirte por dentro para darle la oportunidad a tus palabras de que cumplan su función, ya lo he aprendido.
    Por eso esta semana he retrasado hacerlo hasta estar dispuesta a acompañarte adecuadamente en ese camino que inicias tu, desnudándote, y relatando el descenso y nos conduce a todos a nuestro más profundo interior, ése donde lo falso no existe, no hay imagen, ni postureo, ni mentiras piadosas. Todo es real y brilla de pura sinceridad.
    Gracias

    Responder
    • Jo, Ana, que bonito lo que dices… Se nota que tú también te has tomado tu tiempo para decirlo de corazón, y se agradecer, muchísimas gracias por tu lectura atenta y activa.

      Un abrazo fuerte,

      Isa

      Responder
  13. Qué conclusiones tan sencillas y, a la vez, tan hermosas. Espero que sirvan de ejemplo para todas las personas que te rodean, que poquito a poco se extiendan y que el mundo se vuelva un lugar mucho más humano. El final, con esa ternura tuya, me ha hecho llorar.

    Responder
    • Gracias, Paloma, gracias por leerme con tanta ternura y escribirme con tanto mimo. Tus deseos son muy bellos y, entre todos, seguro que vamos haciendo del mundo un sitio más apacible donde vivir.

      Un abrazo,

      Isa

      Responder

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