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La escritura autobiográfica como vía de sanación

Escritura autobiográfica , cómo recuperar los recuerdos y hacer uso de la memoria en tu escritura

En artículos anteriores hemos visto lo que es la escritura autobiográfica y sus diferentes modalidades, así como sus riesgos. Veremos ahora un tema que me interesa particularmente y que es el que aplico en varios de mis acompañamientos: la escritura autobiográfica como vía de sanación.

No obstante, para que escribir sobre nuestra persona tenga un efecto terapéutico, hay que saber sortear los riesgos de los que hablaba en el artículo anterior, es decir:

  • Considera la diferencia entre lo sucedido, tu interpretación, la verdad y la verosimilitud.
  • Cuidado con mirarte el ombligo: escribes para explorarte y no para pavonearte.
  • Conviértete a ti mismo en personaje y deja que sea dicho personaje quien hable y actúe sobre el papel.
  • No lo cuentes todo: atente a la temática y a la unidad de sentido.
  • No te pierdas en pajas mentales y abstracciones.
  • Encuentra la medida justa en tu nivel de exposición emocional para manejarte con fluidez, pero con implicación.
  • No atiendas al qué dirán (o dirían) las personas que incluyas como personajes en lo que escribas. Date libertad de expresión.
  • Sacúdete el pudor; trabaja desde la intimidad contigo mismo.
  • No niegues el dolor ni trates de que las cosas sean de otra manera que como son.
La memoria es como el bolso de Mary Poppins: no tiene fondo y nunca sabes lo que puede salir de ahí. Clic para tuitear

Conque sigas estos consejos casi se puede asegurar que lo que escribas tendrá un efecto liberador. Pero vamos a ver a continuación algunas cuestiones más específicas.

1. La importancia de la vivencia

En nuestro día a día —salvo honrosas excepciones— solemos vivir las cosas a medio gas, eso cuando no estamos directamente con el piloto automático puesto. Pero eso no quiere decir que no estemos vivos; simplemente, nuestros condicionamientos no nos dejan darnos cuenta de la vivencia, lo que nos puede llevar —derivándose de esa desconexión— a actuar a ciegas, sin tomar en cuenta las consecuencias de nuestros actos.

Al escribir nuestras experiencias de forma narrativa a través del personaje que nos representa sobre el papel, tenemos la oportunidad de recuperar las vivencias del pasado, todo aquello que latía por debajo de la densa niebla de la ignorancia. Esto, a su vez, nos lleva a descubrir las causas y efectos de nuestras acciones, lo que a su vez nos permite modificar comportamientos dañinos del pasado que se reproducirían en el presente de no darnos cuenta de ello.

Por otra parte, las emociones que no son «sentidas» mientras vivimos, tampoco pueden ser procesadas, lo que hace que se queden congeladas en nuestra psique y, a menudo, en nuestro cuerpo. Al escribir desde la vivencia, todas esas emociones encapsuladas se van liberando, como si le abriéramos la puerta de la jaula a un montón de pájaros presos, que echan a volar y desparecen en la inmensidad del cielo.

Para que este proceso funcione, eso sí, hemos de recrear los hechos de una forma narrativa, a través de las coordenadas de lugar, tiempo y acción, identificándonos con el personaje y prestando atención a lo concreto, a lo sensorial. Es como si nos metiéramos en una película, en la que somos a la vez el espectador, los actores, la pantalla y el proyector. Sabremos que estamos haciéndolo bien si estamos zambullidos en la intensidad del sentir y nos olvidamos de todo lo demás, incluso de las palabras. Sabremos que estamos haciéndolo mal si estamos pendientes de las comas y los puntos, o si nos pillamos «pensando» lo que vamos a escribir, más pendientes de que «quede bien» que de vivir la experiencia.

La etimología de la palabra «evocar» creo que es muy significativa.Vendría a ser como «llamar a los recuerdos» Clic para tuitear

2. El uso de la memoria

La memoria es como el bolso de Mary Poppins: no tiene fondo y nunca sabes lo que puede salir de ahí. Además, un recuerdo llama a otro, así que no hay nada como empezar a engrasar la maquinaria memorística para que aparezcan vivencias a las que nunca podríamos llegar de forma premeditada.

Una vez alguien me contó cómo Marcel Proust escribió En busca del tiempo perdido. No sé si será una leyenda, pero en todo caso creo que es una buena estrategia, así que te la cuento. Parece ser que empezó con la escena primigenia, la de la famosa magdalena y luego el beso de buenas noches de su madre cuando era pequeño… y a partir de ahí, iba acordándose de diferentes escenas de su vida. Cuando se acordaba de algo, lo anotaba esquemáticamente en un papel y lo prendía en una cuerda de tender la ropa. Al acordarse de otra cosa, la colocaba antes o después de lo que ya hubiese colgado, según fuese anterior o posterior en el tiempo. Y así, fue reconstruyendo su vida de un modo cronológico a medida que se iba acordando de diferentes pasajes desordenados.

Al margen de lo que te pueda parecer este método, es un magnífico ejemplo de cómo funciona la memoria. Quizá creas, por ejemplo, que no te acuerdas de muchas partes de tu infancia, pero cuando empiezas a recordar, empiezan a aflorar otros recuerdos, algunos aledaños en el tiempo, otros similares en cuanto a la carga emocional, o al contexto familiar, o a la repetición de patrones, etc. Así que si crees que no te acuerdas de muchas partes de tu vida y que, por tanto, no podrás usarlas como material para escribir, no te aflijas. Solo es cuestión de entrenamiento.

La etimología de la palabra «evocar» creo que es muy significativa. Viene del latín evocare: ex (hacia fuera) + vox (voz) + are (sufijo para formar verbos). Vendría a ser como «llamar a los recuerdos». Es tan sencillo como eso. Tú los llamas, y ellos acuden. El problema de las evocaciones, es que cuando empiezas, no es fácil parar. Has de tener en cuenta que la cantidad de recuerdos y el nivel de detalle con el que los consignes habrá de estar marcado por la temática y la unidad de sentido, es decir, por lo que quieras explorar. De todas formas, lanzarse a evocar por escrito de forma indiscriminada es un ejercicio muy beneficioso que puedes hacer para entrenarte y desatascar las cañerías de la memoria.

Otra palabra que me gusta mucho es «aflorar», que significa «brotar o asomar a la tierra». A menudo propongo a los participantes de mis acompañamientos que dejen que aflore en su mente un recuerdo o una imagen relacionada con determinada cosa, y luego escriban a partir de eso. ¿Por qué lo hago así y por qué uso esa palabra? Porque los recuerdos que afloran a nuestra mente en el presente no son casuales ni arbitrarios. Es decir, si determinada información pasa del inconsciente a la conciencia —aprovechando esa puertecita que abrimos con la intención— es que es el momento adecuado para procesarla.

Si tratáramos de forzarnos a recordar y/o elegir uno de esos recuerdos con nuestra mente racional, eso no funcionaría en absoluto, porque nuestra mente racional es muy buena analizando a posteriori las cosas, pero no decidiendo qué es lo mejor para nosotros en cada momento. Para eso, hemos de confiar en nuestra inteligencia emocional y en nuestro inconsciente (que viene a representar aquello más grande y sabio que nosotros de lo que formamos parte).

He de reconocer que la narrativa es uno de los medios más eficaces para ir a la raíz del problema, porque no pasa por la mente racional, no se deja atrapar por nuestros muy bien entrenados mecanismos de defensa para evitar el dolor Clic para tuitear

3. Pasado y presente

Muchos de nosotros hemos pasado por numerosas terapias, talleres tántricos, constelaciones familiares, retiros espirituales, ritos chamánicos, entrenamientos para hacernos amigos de nuestro niño interior,  para perdonar a nuestros padres, para honrar a nuestros ancestros, para trascender el trauma del nacimiento o para reconocer a nuestros guías… y una de dos: o creemos tenerlo ya todo superado, o solo de que nos hablen de excavar en el pasado otra vez se nos ponen los pelos como escarpias.

Sin embargo, mientras el pasado siga reproduciéndose en el presente en forma de patrones dañinos que se heredan a sí mismos de un instante a otro, mientras sigamos comportándonos como niños bajo el disfraz de adultos, pues habrá ahí algo en lo que indagar. Y, aunque soy de las que han hecho muchos seminarios y se vale de un montón de herramientas, he de reconocer que la narrativa es uno de los medios más eficaces para ir a la raíz del problema, porque no pasa por la mente racional, es decir, no se deja atrapar por nuestros muy bien entrenados mecanismos de defensa para evitar el dolor de desinfectar las heridas. También es una de las formas menos dolorosas (e incluso gozosas) de hacerlo, pues atravesamos el dolor y lo trascendemos a través de la identificación con esos «otros» que son los personajes, en el entorno seguro de la imaginación y el juego.

Por otra parte, si creemos que cuando escribimos sobre experiencias pasadas estamos simplemente reflejando lo que ocurrió, estamos muy equivocados. El pasado no existe, solo existe el presente. Y, aunque heredemos una buena parte de nosotros (especialmente nuestros condicionamientos) de un instante para otro, estamos en continuo cambio. Nuestro yo que escribe en el presente poco tiene que ver con el yo que vivenció aquello que estamos recreando en el papel. Esta interacción o diálogo entre esos dos yoes provoca un efecto mágico de integración, pues el yo del presente presta al del pasado todo lo que ha aprendido durante el tiempo transcurrido entre lo que sucedió y el ahora, además de una mayor lucidez, conexión y empatía con quien protagoniza la acción (ese personaje que lo representa en el papel).

Aparte, la unidad de sentido del texto y la propia escritura te darán muchas pistas sobre tu manera de actuar (tanto en el pasado como en el presente), por lo que la posterior reflexión sobre el texto será casi tan fructífera como la propia escritura.

Si no recuerdas, invéntatelo, y te aseguro que lo que escribas desde esa libertad creativa, dará justo en la diana de lo que necesitas saber sobre ti mismo. Clic para tuitear

4. La memoria somática

Por último, una de las mayores problemáticas a la hora de sanar determinadas heridas del pasado es que no tenemos acceso a los recuerdos correspondientes al momento en que se generaron, bien porque pertenecen a una etapa preverbal (incluso intrauterina) o porque nuestros mecanismos de defensa tienen totalmente bloqueados dichos recuerdos. De hecho, hay personas que apenas tienen recuerdos de su infancia, lo que es un claro síntoma de supresión del dolor, que queda encapsulado y se puede manifestar a través de numerosos síntomas (estrés, tensión, ansiedad, terrores nocturnos, vacío existencial, culpa, insatisfacción permanente, enfermedades crónicas, etc.).

En mi experiencia de muchos años trabajando las emociones a través de la escritura, he tenido y asistido a regresiones espontáneas a través de la escritura al momento del nacimiento, a experiencias del bebé interno (que sigue viviendo en nosotros aunque nos resulte difícil entender su lenguaje de sensaciones) o recuerdos de la infancia que se tenían bloqueados hasta que, de pronto, surgen a través de una recreación narrativa o un pequeño relato.

Un factor muy importante para la sanación de este tipo de heridas a las que no se tiene acceso a través de la memoria convencional (que está más ligada a las imágenes o a los conceptos) es la imaginación. A veces tenemos la noción de que lo que nos inventamos no tiene nada que ver con la realidad o con lo que nos pasó. Y, sin embargo, es más bien al contrario: todo lo que «aflora» a nuestra imaginación, aparece por algo, y es relevante en nuestro recorrido vital.

Así que, cuando trabajes con etapas de tu vida de las que no te acuerdes, eso no es ningún problema. Si no lo recuerdas, invéntatelo, y te aseguro que lo que escribas desde esa libertad creativa, dará justo en la diana de lo que necesitas saber sobre ti mismo. Claro, que también hay que saber interpretar lo que te salga, porque el lenguaje de la imaginación y el inconsciente es simbólico, como el lenguaje de los sueños, y hay que entrenarse en interpretarlo, ya que estamos demasiado acostumbrados a un tipo de lenguaje más analítico y racional. Pero bueno, es solo cuestión de práctica.

La narrativa (como la literatura) tiene la cualidad de trascender los polos de lo positivo y lo negativo a través de la creatividad y la belleza. Clic para tuitear

5. Reescribir tu propia historia

Para redondear, quería animarte a que reescribas tu propia historia. Utilizo el verbo «reescribir» y no «escribir», porque, según mi experiencia, y según lo que he venido exponiendo en este artículo y los dos anteriores dedicados a la escritura autobiográfica, considero que no es suficiente con hablar de ti mismo, sino hacerlo de un modo en que «resignifiques» lo que ocurrió desde la experiencia presente, y para eso más vale que te atengas a todos los consejos que te he venido dando.

O sea, no se trata tanto de volver porque sí a las situaciones dolorosas de tu vida, sino de hacerlo de tal forma y con una actitud que se conviertan en un camino de aprendizaje y liberación. La narrativa (como la literatura) tiene la cualidad de trascender los polos de lo positivo y lo negativo a través de la creatividad y la belleza, de modo que por doloroso que sea lo que narres, si lo haces a través de un personaje, de detalles concretos y de las coordenadas de lugar, tiempo y acción, estás a salvo de tus propias predisposiciones egoicas, poniéndote al servicio de la exploración y la verdad. Es como si te quitaras de en medio y dejases a la vida desplegarse con su propia significación, beneficiándote de ser un canal para su sabiduría ecuánime.

Esto es con lo que estamos experimentando en mi acompañamiento «Reescribe tu propia Historia», en el que se puede además ver el beneficio de realizar este trabajo en grupo, porque da la oportunidad de verse reflejado en las experiencias de los demás, mientras que los demás se ven reflejados en la tuya, comprendiendo que todos los seres humanos somos similares, aunque diversos, que estamos interconectados, y que con el apoyo compasivo de una comunidad es mucho más fácil sanar nuestras heridas.

De todas formas, espero que con la ayuda de estos artículos sobre la escritura autobiográfica puedas empezar a hacer tus pinitos por tu cuenta o, si ya estás en ello, puedas situarte frente a tu escritura con más confianza y conocimiento de causa.

2 comentarios en «La escritura autobiográfica como vía de sanación»

  1. Muchas gracias, Isa. Esta guía que nos ofreces me sirve como sostén ir avanzando sobre seguro en este tipo de escritura. Qué bien y con qué detalle lo explicas todo. Muchísimas gracias. Un abrazo

    Responder
  2. Gracias Isa, eres una maestra de la escritura creativa, aunque estoy escribiendo poesía en este momento, me animas a recolectar esos papelitos que andan por allí y convertirlos en algo autobiografico o un autorretrato tal vez
    Un abrazo grande

    Responder

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