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La escritura: entre el juego y el arte

Los escritores descubrimos los hilos rojos que nos conectan

Autora: Mercedes Adán

«Se pasa volando todo», le dije el otro día en un mensaje a mi amiga Marisa. Y ella me respondió: «Los días, a veces, eternos, pero los años, ¡ay, los años!, no duran nada». Marisa y yo hemos cambiado de vida y queremos vernos y contarnos cómo nos va. La conocí en un taller de escritura y, aunque sabemos poco la una de la otra, las dos escribimos y eso nos une mucho. No hay una norma por la que todos los que escribimos nos llevemos bien, claro que no. Pero sí hay una unión singular, parecida a la del hilo rojo de los japoneses.

Los escritores descubrimos enseguida que estamos unidos y enredados en infinitos hilos invisibles de colores que vienen y van por el aire a su antojo Clic para tuitear

La leyenda dice que «un hilo rojo invisible conecta a aquellos que están destinados a encontrarse, sin importar tiempo, lugar o circunstancias» y que un anciano, el abuelo que habita en la luna, sale cada noche y ata un cordón alrededor del dedo meñique de los recién nacidos para asegurarse de que será así. Pues los escritores descubrimos enseguida que estamos unidos y enredados en infinitos hilos invisibles de colores que vienen y van por el aire a su antojo. Son hilos que nos conectan entre nosotros, con nuestros personajes, y a estos personajes entre ellos. 

Puedes pensar que menudo agobio vivir entre hilos infinitos.

Pues no, lo llevamos bien.

Yo siento que me sujetan y me sostienen. Sirven para que me agarre y escale, salte o descienda, y así poder moverme para llegar mucho más allá de mis límites, a sitios donde no iría sin ellos. Me dan seguridad y me hacen sentir viva.

Dice también la leyenda que el hilo se puede estirar o contraer hasta el infinito, pero no se romperá nunca. Y ocurre igual con los de la escritura, que crean una malla de seguridad, una red flexible donde juegas, experimentas y rebotas como los niños en una cama elástica. Puedes probar a caerte y levantarte sobre ellos de mil maneras, y siempre sales indemne y enriquecido.

En cada grupo de Escribir desde el corazón, siempre hay alguien que parte de cero, que ha escrito solo diarios o que viene de otros talleres. Todos caben y siempre funciona. Porque se trata de jugar con la materia prima de la… Clic para tuitear

En la primera sesión de enero del grupo de «Escribir desde el corazón», Lola decía que ella nunca había escrito y que no sabía si iba a saber hacerlo. Que algo la había empujado a apuntarse y lo había hecho. En cada grupo siempre hay alguien que parte de cero, alguien que solo ha escrito diarios, quien ha estado en otros talleres, incluso de Escribir y Meditar, o quien ha publicado. Y la mezcla de personas en cada grupo siempre funciona. Y es que caben todos, porque se trata de jugar con la materia prima de la escritura, coger el barro, mancharnos desde el pelo hasta los pies y probar a inventar posibilidades. Tal vez llamarlo laboratorio cuántico serviría para que se comprenda que en este curso se puede jugar con los infinitos mundos posibles (bueno, en los infinitos mundos entran los imposibles también).

De lo que se trata es de encontrar entre ellos, el tuyo, el que te pertenece. Porque al colocar entre las manos esa masa de barro, cada uno la hace suya y le da la forma que surge en el momento. Ninguna mano es igual, ni mueve y amasa el barro de la misma forma, pero todas las manos saben amasar y la magia de las formas. El arte es el mismo para todos.

Así que empezamos jugando con las palabras. Es conveniente no ser demasiado serio en los primeros pasos con la escritura, bailas y si tropiezas, te ríes y sigues, y si caemos todos por el suelo, te ríes aún más. Curioseamos observando nuestra voz. Cómo es mi tono, mi ritmo, si hablo íntimo y susurro, o muestro lo que ocurre en acción y casi no dejo al lector ni respirar. Observamos nuestra mirada propia. Me fijo dónde poso mis ojos cuando miro entre todo lo que hay en el mundo. En cuanto me hago consciente de ese poder que tenía desde siempre, mi voz y mi mirada se engrandecen.

Y muy pronto, y suavecito, empieza a pasar algo mágico en el grupo, brotan esos hilos que nos unen: rojos, dorados, de lana, brillantes, flexibles, que ni nos paran ni nos separan porque son sostén y materia creativa. Con esos hilos saltamos de un relato a otro y dentro de cada uno. Vivimos la escena que se está contando y nos agarramos a otro hilo para volver. Esos saltos de la realidad a la ficción, y al revés, son la vida. A veces no sabemos en qué lado estamos, y nos damos cuenta de que no importa. La vida está en los dos lados.

A veces ni sabemos lo que llevamos dentro, y la mirada de los otros es la que nos hace darnos cuenta de lo valioso que es. Clic para tuitear

Así que Lola, que se lanzó agarrada a un pequeño y endeble hilo blanco, se encuentra con que ahora tiene montones de hilos a su alrededor que la pueden llevar a infinitos sitios. No ha dejado de presentar relato ni una semana, y diría que ha podido distinguir cuándo escribía desde la cabeza, cuándo desde el corazón y cómo era mezclarlo.

Todas juntas hemos visto, entre el juego, el barro y los hilos, la riqueza de la escritura. Escribir en grupo te permite ir en modo pelotón de ciclistas, uno tira y el otro ve el camino siguiendo al de delante, cada uno pone lo mejor de sí y empuja al grupo, que parece un solo ser volador. El viaje acompañado amplifica los límites.

A veces ni sabemos lo que llevamos dentro, y la mirada de los otros es la que nos hace darnos cuenta de lo valioso que es. Necesitamos ambientes que permitan la exposición, los experimentos y el atreverse. Y estar cómodos y sin estrés. No necesitamos exigencias ni autoexigencias para jugar y crear. Si están, hay que disolverlas hasta que casi no pesen.

Permanecen los hilos de colores que nos hacen seguir conectados para siempre y nos recuerdan que la escritura está llena de infinitos mundos. Clic para tuitear

Los hilos de colores que van envolviendo al grupo pueden ser elásticos, firmes, fuertes, de bobinas de máquinas de coser, de costureros o de mercerías, serpentinas, espumillón, o de ese material que guarda un anciano que vive en la luna, y que sale cada noche buscando atar almas predestinadas a unirse en la tierra, como dice la leyenda japonesa. Si escribes, se crea un vínculo especial con quién también escribe. Es así. Ven a experimentarlo.

Pues lo que decía mi amiga Marisa también pasa en el tiempo de la escritura: cuando estás escribiendo un relato se mete en tu cabeza (o tú en el relato, no sé) y parece que vives en él y que nunca vas a acabarlo. Pero los grupos de «Escribir desde el corazón» empiezan y acaban en un suspiro.

Permanecen los hilos de colores que nos hacen seguir conectados para siempre y nos recuerdan que la escritura está llena de infinitos mundos. Y aunque visites algunos y entres en los de tus compañeros, lo mágico es encontrar el tuyo particular. Y eso es posible con una mezcla de juego y arte. Te damos la fórmula y el sitio para jugar. Para que pruebes una mirada nueva al mundo y dejes salir tu propia voz. La escritura es un mundo lleno de hilos invisibles de colores. Hazlos visibles y así podrás encontrar el tuyo.

18 comentarios en «La escritura: entre el juego y el arte»

  1. Hola Mercedes,
    Magnífico y precioso relato, ENHORABUENA.
    Me ha encantado.
    El último párrafo resume perfectamente lo que es la escritura «hilos de colores » como el arcoíris que con sus colores nos llenan de alegría y de esperanza.
    Muchas gracias Mercedes.
    Abrazo fuerte.

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    • Gracias, Marta.
      Han salido muchas cosas en el texto, es verdad, aunque me ganarás siempre en metáforas, que en eso eres la reina 😉
      Un abrazo fuerte para ti también,
      Mer

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      • Buenas tardes Mercedes!!! 💞
        Es increíble todo lo que lo que expresas y además creo en ello desde hace tiempo: 11 años, cuando empecé a hacer teatro que esos son algo que están liados al corazón y cuando vuelves a encontrarte de forma física con alguno de los colores sientes como el corazón late de forma especial y hasta antes de intercambiar el abrazo ya lo estoy sintiendo.
        Este mes pasado cuando forme parte de taller fue algo tan, tan especial que no había experimentado en otros talleres pero que tuvo una enorme conexión con mis orígenes de teatro. Por eso de la conexión por la humanidad y por ese ese lazo tan conexionado en el grupo que aún no continuará el siguente hayais puesto un lazo color violeta por eso de la flor 🌸.
        Gracias, por trasmitir tan cálido y entrañable.
        Asuncion

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        • Gracias a ti por tus palabras, Asunción.
          El teatro se mueve por lugares muy afines. La creatividad nos permite unir partes nuestras que a veces tenemos olvidadas o poco exploradas. Con algo creativo las dejamos ser y expresarse, y sumamos más a lo que ya somos. También nos llegan cosas nuestras que nos rozan, que no nos gustan, no todo es color de rosa. Entender que eso es la riqueza igual y trabajar con ello es lo interesante.
          Un fuerte abrazo,
          Mer

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  2. Qué bonito, Mer. Quizá consciente de que mi cabeza no recuerda todo, tengo la costumbre de extraer y resumir cuando algo me interesa para, al menos, quedarme con lo esencial para mí. Este post tiene tantos hilos que es imposible extraer, hay que dejarse liar por ellos. Me ha encantado. Un beso grande.

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    • Me encanta esa idea de dejarse liar, ¡qué divertido y sugerente!
      Voy viendo que es así, Marusela, cuánto más quiero agarrar las cosas, veo que me resulta más inútil y estresante. Voy usando lo que llega, lo que hay, y lo no se queda en mi cabeza y en mi memoria, pues nada, ya volverá, si quiere…
      Un beso enorme,
      Mer

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  3. Es precioso, me ha encantado leerlo, debe ser maravilloso sentir esa conexión del grupo. Un abrazo grande

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    • Pues sí, Nieves. Y no veas lo que se aprende. Es más fácil ver en otro que en una misma, pero en cuanto se ve en el otro, lo tuyo te salta a la cara y no puedes evitarlo. El avance en grupo es exponencial. Y sentir que estamos todos en lo mismo tiene mucha magia.
      Gracias por tu comentario y un abrazo grande,
      Mer

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  4. Qué bien reflejas lo que ocurre en los cursos, Mer. Doy fe de que es así, gracias a que tú e Isa nos acompañáis con mucho tino para que aprendamos a jugar en el barro, disfrutemos y vayamos avanzando en las artes narrativas como por arte de magia. ¡Gracias! Un fuerte abrazo.

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    • Garbiñe, me alegro que lo ratifiques por experiencia propia. Cualquier cosa que se haga en el barro tiene que salir bien aunque ensucie. Y no sé si habrá otro sitio donde se rebocen tanto con la escritura como nosotros 😉
      Un fuerte abrazo,
      Mer

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  5. Expectante al curso que va a empezar y aunque no tengo ninguna experiencia, me encanta meter las manos en el barro, amasar, acariciar y hacer nudos con cuerdas, hilos de colores, invisibles. Con este comentario me lanzo y acogo dentro de mi a la familia de Escribir con el corazón. Gracias

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    • Carlos, ¡qué bien! bienvenido a la familia 😉
      Suena un poco mafioso pero ya sabes que todas las familias son complejas. Esta también. Date tiempo para conocerla y verás que hay un muchas cosas interesantes para ver y compartir 😉
      Un fuerte abrazo,
      Mer

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  6. Mer! Que bonito todo lo que describes.
    El curso ha sido precioso y enredadas estamos, siguiendo tu hermosa metáfora porque en esa red de ir y venir aprendemos, crecemos, compartimos, reconocemos y es que tu mirada es precisa sugerente pero sobre todo cariñosa, y eso es básico para seguir avanzando.
    Gracias Mer por tu mirada, y por tus palabras.
    Maite Corroto

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    • Maite ¡gracias por tanto cariño! El curso ha sido precioso, sí. Habéis trabajado y avanzado mucho. Y yo con vosotras.
      Da pena que se acabe pero ahí seguimos, en los mismos hilos 😉
      Muchos besos,
      Mer

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  7. ¡Ay, Mer! cuánto me identifico con tu amiga Marisa, y contigo. ¡Ay, el tiempo! y la unión de hilos rojos haciendo unas veces de cama elástica donde dar saltitos, otras de trampolín, otras de cama mullida, otras simplemente de recipiente donde poder estar y ser con todo lo que hay. Tu artículo me ha recordado que , hace mucho tiempo, escribí un cuento sobre una tejedora. Tejía bufandas en forma de rosas hechas de lana, y mientras unía los hilos de colores, nudo a nudo, iba hilvanado su vida, la creaba cada día. ¿No es eso Escribir desde el Corazón? Así lo siento yo.
    Te mando un fuerte abrazo de un extremo del hilo al otro.

    Responder
    • Chus, qué bonito ese cuento de la tejedora, sí, así es la vida, unir nudos hilo a hilo , cada día con su afán… 😉 Ese cuento igual tiene que salir del cajón… ¿no?
      Un fuerte abrazo,
      Mer

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  8. Gracias Mer, cuanta razón tienes y aunque hace tiempo que no nos vemos esos hilos rojos nos siguen uniendo.
    Un beso enorme
    Fortunata

    Responder
    • Fortunata, los que escribimos no paramos de bucear en la naturaleza humana que nos complica la vida pero la hace más emocionante.
      Seguro que de alguna manera, tú sigues en ello…, como yo 😉
      Un beso grande,
      Mer

      Responder

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