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LA ISLA

Es una isla que oculta una parte bajo el agua con forma de boca de cocodrilo

En estas semanas me estoy dando cuenta de una cosa: el que lleve casi toda mi vida escondiendo el sufrimiento que estaba oculto en mi corazón tiene que ver con lo inabordable que resulta —está resultando— mostrármelo a mí misma, pero también con lo intolerable que resulta para los demás. Todos huimos del sufrimiento, así que ver cómo una persona lo saca a la luz es… eso… intolerable, casi diría que se considera un acto impúdico. Todos sabemos cómo las personas deprimidas pueden succionarnos hasta la última gota de energía y nuestro tan preciado bienestar.

Me encuentro en la tesitura de que eso es lo que me toca hacer ahora, dejar de ocultar a la niña herida y anulada que se quedó congelada en la nevera del olvido, pero… ¿ante quién lo hago?, ¿ante quién me desnudo? Tengo a mi terapeuta, desde luego. Tengo a los amigos que han pasado o están pasando por algo similar, aunque hay tantas fases y formas en el reconocimiento de nuestra verdad, que no tienen por qué querer mirarse en el espejo de mi particular forma de abordar la devastación. Y las personas que no han pasado por algo parecido… o resulta cruel hablarles de estas cosas, porque lo único que pueden hacer es pasarlo mal y sentirse impotentes, o resulta inútil, porque tratarán de usar sus propios parámetros, tan diferentes de los míos, para buscar una solución —una solución que solo puedo buscar y encontrar yo misma—.

«Devastación» puede parecer una palabra exagerada. Pero es como me siento. Devastada. Desolada. Aislada.

Cito un fragmento del libro El cuerpo lleva la cuenta: cerebro, mente y cuerpo en la superación del trauma, de Bessel Van der Kolk:

«Sé que yo no fui deseada —me dijo—. No estoy segura de cuándo me di cuenta de eso por primera vez, pero he pensado en cosas que mi madre me dijo, y las señales siempre estuvieron allí. Me decía: “Sabes, no creo que pertenezcas a esta familia. Creo que nos dieron a una hija equivocada”. Y me lo decía con una sonrisa en el rostro. Pero claro, la gente suele fingir que bromea cuando dice algo en serio».

Con los años, nuestro equipo de investigación ha comprobado repetidamente que el maltrato emocional y el abandono crónico pueden ser igual de devastadores que el abuso físico y sexual. […] que no te vean, que no te conozcan y no tener adónde ir para sentirte seguro es devastador a cualquier edad, pero es particularmente destructivo en los niños pequeños, que aún siguen buscando su sitio en el mundo.

(Pág. 97 y 98)

Me siento anclada en algo que sé que pertenece al pasado pero que para mí siempre ha sido presente. Antes, presente en el subsuelo; ahora, presente en la superficie. A la vista de todos, pero a la mía la primera, surge una Isa que a duras penas maneja su vida, su economía, su día a día, la relación con las personas, que ha buscado una independencia aislada por no saberse manejar con la interdependencia, que se esconde del cariño y el reconocimiento pero está sedienta de ellos, que ha estado haciendo concesiones a quienes no debía hacerlas y evitando afrontar los verdaderos problemas, que es incapaz de establecer vínculos estables y tiene enormes dificultades para no desconectar, cuyo cerebro permanece en la niebla y cuyo corazón está muerto de miedo, muy dañado por cada una de las muescas de una existencia vivida sin apenas conocimiento de lo que estaba sucediendo.

Cuando era pequeña, era muy callada y pensaba que lo mejor era desaparecer, así que me recluí en una isla llamada «literatura»

Ayer estuve en el colegio de mi hijo Ari haciendo unos talleres por el día del libro para las clases de tercero y cuarto de primaria. Les conté lo desgraciada que era de pequeña. Que mis padres habían sido huérfanos los dos y lo habían pasado fatal, así que no habían tenido quien les enseñara a transmitir el cariño. Por eso yo creía de pequeña que no me querían y era tan callada y pensaba que lo mejor era desaparecer y ser invisible. Y como era tan callada y tan tímida y además llevaba gafas, en el colegio me trataban fatal y se burlaban de mí. Así que me recluí en una isla.

«¿En una isla? ¿A qué isla te fuiste?», preguntó un niño, fascinado. Es una metáfora, le dije. Era una isla llamada «literatura», donde me sentía protegida, nadie me podía atacar y era libre de hacer lo que me diese la gana. Y así fue como leer y escribir se convirtieron en la parte más importante de mi vida (en mi salvación) hasta el día de hoy, con un diario en la adolescencia, con la escritura de relato y novela desde la juventud. Y convirtiéndome finalmente en escritora, profesora y editora.

La lectura y la escritura siempre os pueden ayudar en la vida; aunque seáis químicos o pilotos, abogados o ingenieros… siempre podéis llevar vuestro cuaderno para escribir historias, porque a través de las historias cambian no solo vuestros personajes, sino también vuestras vidas.

También les conté que cuando fui madre la escritura me volvió a salvar, porque yo no quería repetir la historia y transmitirles el terror que llevaba dentro a mis hijos, así que escribía y escribía las historias de Elmo y Ari para poder entender su universo infantil, para poderme conectar a ellos aun con todas mis dificultades para permanecer conectada a mí misma. Así que, les dije, que sepáis que la lectura y la escritura siempre os pueden ayudar en la vida; aunque seáis químicos o pilotos, abogados o ingenieros… siempre podéis llevar vuestro cuaderno para escribir historias, porque a través de las historias cambian no solo vuestros personajes, sino también vuestras vidas. Algo así les dije, y luego entre todos vimos cómo se construía una historia, y después diferenciamos entre palabras concretas y abstractas, y después escribieron una historia maravillosa en siete minutos. Y por la tarde, cuando vino Ari del colegio, me dijo que le había dicho un niño de cuarto: «qué madre tan interesante tienes».

El fin de semana di un taller de escritura y meditación en Barcelona. Una de las participantes, Ester, al final del taller me dijo que le había llamado la atención la cantidad de experiencias por las que habíamos pasado a lo largo de dos días, y cómo había dejado de tener importancia si esas experiencias eran buenas o malas, porque incluso las malas habían sido bellas. Yo me di cuenta de que en mi forma de ser, de expresarme, de enseñar, no puedo dejar de lado el sufrimiento. El sufrimiento es lo que me ha configurado como persona y lo que me ha iniciado en la búsqueda de un camino para poder trascenderlo. Es esencial para mí, pues, tomar contacto con él y que las personas a las que enseño también lo palpen. Esa es, quizá, mi forma de desnudarme sin agredir a otros.

En mi forma de ser, de expresarme, de enseñar, no puedo dejar de lado el sufrimiento; es esencial para mí, es quizá mi forma de desnudarme sin agredir a otros

Y también está este diario, que solo leerá quien así lo desee y esté preparado para ello. Muchas gracias, diario, lectoras/es, escritura… por existir.

Posts relacionados: Trastorno por estrés postraumático, Trastorno de trauma del desarrollo, La niña encerrada en el sótano.

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6 comentarios en «LA ISLA»

  1. Cuando leo tu sufrimiento hay una parte de mi que se reconoce en él. Y digo una parte porque al ser mayor hice más camino y conseguí reconocerlo y mirarlo de frente y encontrar quien me ayudara. Escribir sin método, incluso sin escribir, fue también mi isla. Gracias por compartir con nosotros tus sentimientos Isa. Me has hecho sentir menos sola y menos extraña

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  2. Es un post muy valiente, Isa. Y mostrar tu vulnerabilidad, además de honrarte, te acerca a otras personas que nos hemos sentido así de desoladas… y con el agravante de creer que éramos los únicos. Gracias desde lo más profundo por compartir tu oscuridad, porque lo único que hace es aumentar tu brillo.

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  3. Isa,

    Soy Pilar, de Barcelona, no sé si te acordarás, hice el seminario intensivo de escritura y meditación en setiembre. En aquel momento aún no estaba preparada del todo y lo sufrí bastante. Por otra parte, no me sentí cómoda con las reuniones en línea. Pero fue un inicio y nunca podré agradecerte suficientemente que me llevaras de la mano delante de la puerta hacia mi interior y mi pasado, sobretodo la infancia, en apariencia muy feliz, y que me animaras a entrar en ese espacio tan íntimo que ha resultado también doloroso. Desde entonces que estoy en ello y soy una adicta a seguir tus andanzas en las redes y sobretodo a tu diario de emociones. Acabo de leer el libro de Besser Van der Kolk y también a mí me ha desvelado muchas incógnitas que no conseguía despejar. Así que me esfuerzo en liberar a la niña del sótano, sola, temerosa y acomplejada en que me convirtieron unos padres traumatizados por las experiencias terribles de la guerra civil.

    Aquí me tienes si te puedo servir de ayuda como tu lo hiciste y lo continuas haciendo. Muchas gracias, Isa.

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    • Hola, Pilar. Claro que me acuerdo :-). Me alegro de que encontrases gracias al curso una puerta para conectar con tu interior. De hecho, lo que me cuentas me es de gran ayuda en estos momentos, porque me anima a seguir por este camino. Me has desvelado, además, otra pista de por qué muchas personas de nuestra generación en España están marcadas por el trauma… un trauma que hemos heredado de quiénes pasaron por las penurias y miserias de la Guerra Civil.

      Gracias, Pilar, ya me estás ayudando un montón transmitiéndome tus sentimientos. Seguimos en contacto. Muchos besos,

      Isa

      Responder

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