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La magia de la escritura

Atrapasueños o la magia de la escritura

 

9 de marzo de 2020

Cuando nos acercamos a la escritura como medio de expresión nos creemos, como con cualquier cosa que despierta nuestro interés, que se convertirá en una herramienta más a nuestro servicio, como cuando compramos una olla exprés para cocinar, un ordenador para trabajar o un perro para que nos haga compañía.

Nuestro punto de vista egocéntrico nos hace ver el mundo de esta manera: nos valemos de todo lo que nos rodea (incluidas las personas) para satisfacer nuestras necesidades y deseos. No se nos ocurre pensar que la vida pueda ser de otra manera.

Lo que me ha enseñado la escritura

Sin embargo, el mundola realidadno funciona así. Funciona como le da la gana a ella, y no como nos da la gana a nosotros. Al menos eso es lo que me ha enseñado la escritura (y también la meditación) a lo largo de mi vida. Yo creía que la usaba para expresarme, cuando en realidad siempre ha sido ella la que me ha usado a mí para automanifestarse. Resistirme a eso me ha llevado a innumerables bloqueos. Rendirme a eso me ha llevado a innumerables catarsis. Cada vez me fío menos de mi manipulación y afán de control. Cada vez me fío más de lo que dejo que pase a través de mí.

Yo creía que usaba la escritura para expresarme, cuando en realidad siempre ha sido ella la que me ha usado a mi para automanifestarse. Clic para tuitear

El pasado sábado acompañé a trece mujeres en un Minirretiro de Escritura y Meditación. Fue una muestra más de cómo la escritura —o la consciencia— se vale de nuestros cuerpos, corazones y mentes para abrirse al espacio. A veces, cuando presencio el espectáculo de la significación abriéndose paso a través de los textos, me vienen a la mente los médiums, los psíquicos, las personas capaces de comunicarse con los animales, yo qué sé… Todos somos una especie de «terminales» de algo inmenso que está a nuestra disposición y, a la vez, nos usa para manifestarse sin fin.

A través de los bolígrafos de las trece valientes mujeres que asistieron al minirretiro salieron experiencias que a todas nos traspasaron con su belleza y ante las que cada una, al leerlas, se quedaba sorprendida. Aquello no salía de la mente analítica, ni siquiera salía de la memoria o del pasado (aunque se basaran en recuerdos), sino de abrirse a la experiencia del presente con el generoso anhelo de proporcionar también a las demás la llave para entrar en ella.

Y a mí, acompañándolas a la hora de usar la técnica de la escritura automática, me salió el siguiente texto:

Cariacontecido. Berenjenas de matadero con ojos de marinero, con pecas. Capullo de piernas flacas como pellizcos de fiera. Puf. Pelmas. Caramba. Cómo me miras de costado sin piedad. Pobreza de mimbre con pétalos. Con pájaros por sombrero. Petirrojos de metal. Vete. Vete. No me toques. Cómo se ven las páginas de perplejidad provistas de polémica. Prepotente de mierda. Por qué no te vas. Polígrafos de mentiras o constelaciones de petardos dorados. Complejidad.

Esto, que para mi mente racional es un absurdo total, vibra no obstante de significado en algún otro lugar. Una de las participantes me dijo, cuando lo leí: «Estás muy enfadada». Y sí, quizá hay algo muy enfadado en mí o en la mujer que soy, ancestralmente enfadado, que se manifestó a través de mi inconsciente, y mi inconsciente no debe de ser sino la base de datos del terminal conectada a la red central.

El enfado se manifestó a través de mi inconsciente, y mi inconsciente no debe de ser sino la base de datos del terminal conectada a la red central. Clic para tuitear

Las ventanitas que nos abre la escritura

Estas ventanitas que nos abre la escritura a otras dimensiones desconocidas de la mente solemos despreciarlas, porque no encajan con nuestras ideas preconcebidas sobre el mundo, sobre nuestros objetivos, sobre lo que tiene que ser o debería ser. Pero si nos soltamos, si nos dejamos usar por la escritura, esta nos devolverá verdad y realidad en estado puro. No siempre comprensible ni fácil de asimilar. Pero podremos confiar en que es lo que hay. Rabia, enfado, miedo, belleza…

Escribí una novela y me di cuenta de que siempre había vivido supeditada a los demás. Escribí un relato breve y me divorcié. Escribí sobre mis hijos y descubrí su mundo. La escritura me ha llevado a lugares donde no habría entrado… Clic para tuitear

Escribí una novela y me di cuenta de que siempre había vivido supeditada a los demás. Escribí un relato breve y me divorcié. Escribí sobre mis hijos y descubrí su mundo. La escritura me ha llevado a lugares donde no habría entrado ni a rastras. Y, a la vez, nunca me ha defraudado. Confío en ella más que en mí misma o, más bien, confío en ella más que en los patrones que condicionan con tanta fuerza mi percepción de la realidad.

Le doy las gracias a la escritura, a esa inmensidad lúcida y amorosa que se manifiesta a través de ella y a las trece mujeres que el sábado me lo volvieron a poner en evidencia, calentito, como el pan recién hecho. Gracias por escribir desde el corazón.

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3 comentarios en “La magia de la escritura”

  1. Yo también confío. Si no me hubiera enganchado a escribir, no hubiera entendido casi nada. Ahora tampoco entiendo mucho, pero confío y está bien.
    ¡Gracias, Isa!

    Responder

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