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La magia de las hojas movidas por el viento – De Mercedes Adán

bebé expresa su propia voz

Autora: Mercedes Adán

Este fin de semana mi amiga Jessica me pidió que cuidara a su hijo Logan que solo tiene siete meses. Cuando nos encontramos, miré a sus ojos azules, sonreí, me miró, me sonrió, me dijo algo como «tétété», y yo le contesté «tétété». Cuanto más repetía «tétété…» él, más «tétété…» decía yo. Y Logan se partía de risa. «Aquí hay una señora que no sabe lo que dice, pero que por fin sabe hablar», debía de pensar mientras reía a carcajada limpia.

Logan me comunicó enseguida lo que sí y lo que no le parecía bien. Se resistió a sentarse en la sillita de paseo, poniendo todo su cuerpo rígido como una tabla de acero. Yo recordaba al encantador de perros cuando tumba al animal y coloca su mano sobre él para demostrar quién tiene el poder. Logan no necesita ningún gesto de poder para dejar las cosas bien claras. Silla no, brazos sí. Si tiene que descansar se apoya contra tu cuerpo, pone su cabecita en tu hombro, y se duerme.

En cambio, se quedaba extasiado si le llevabas a ver cómo se movían las hojas de los árboles. Las miraba como si estuviera en el museo universal del color y la luz. En ese momento estaba perdido, porque su atención estaba atrapada por la magia de las hojas movidas por el viento. Ahí podías hacer lo que quisieras con él… salvo sentarle en su sillita de paseo.

Por la noche se puso malito y solo quería estar con su mamá. Si ella desaparecía de su vista, le caía un lagrimón enorme por cada mejilla y salía de su garganta una queja profunda que te rompía el alma en segundos. A ratos tenía un llanto desesperado, de sufrimiento intenso, que había que consolar o curar como fuera. La habitación se le quedaba pequeña. Mientras su mamá lo sostenía, quería saltar de la cama al suelo empujando sus bracitos hacia abajo, y buscaba con la mirada en el techo hojas u otra belleza en la que perderse. No encontraba nada, así que, inquieto, balanceaba el cuerpo, subía los brazos, se doblaba…, se movía extendiendo su inquietud por toda la habitación.

Logan aún no habla, ni falta que le hace. Y su voz, lo que expresa, está muy presente. Mucho. La voz de Logan comunica su singularidad, dice que es especial, que no hay nadie como él. Y que está presente en el mundo. Él aún no sabe todo esto y sin embargo hace perfectamente lo que necesita hacer. ¿Alguien haría caso en la misma medida a un bebé silencioso y que no respondiera a los estímulos?

La libertad natural de expresión que tenemos de niños disminuye a la vez que los conceptos invaden nuestras cabezas. La expresividad desaparece bajo nuestros complejos sistemas mentales. Clic para tuitear

Sé que este es el lugar para hablar de la voz narrativa. Me resisto a ponerle ese apellido porque para mí escribir es sencillamente el espacio donde consigo tener voz. Lo puede ser también pintar, actuar, bailar… aquello con lo que me expreso libremente. Aunque he intentado ignorarlo, he sentido muchas veces que no tenía voz. Muchas de esas veces ha sido verdad. Me enseñaron a ser una niña buena y a portarme bien. Calladita estás más guapa. A fuerza de callar, cuando hablas la lías, porque los silencios acumulados empujan contra un muro que finalmente rompen, y producen el destrozo de una riada imparable que arrastra un montón de desperdicios que dañan lo que encuentran en su camino.

No sé cómo lo hacemos para domesticarnos tan bien. La libertad natural de expresión que tenemos de niños disminuye a la vez que los conceptos invaden nuestras cabezas. La expresividad desaparece bajo nuestros complejos sistemas mentales. Dejamos de habitar el cuerpo para hacernos cabezas gigantes. Y pasamos a creernos lo que pensamos y dejar de atender a lo que sentimos. La voz no es solo la de las cuerdas vocales. Lo que expreso lleva sensaciones que van más allá de lo que pienso. Mi relato es mi expresión, y en él cabe todo lo que cabe en mí.

Cuando escribo se da una extraña y maravillosa paradoja: utilizo las palabras para liberarme de los conceptos. Me tiro a jugar en la hierba con Logan, de la misma forma que empiezo la historia de un hijo que habla con su padre sentados en la cocina. Me enredo en la comunicación entre ellos, que creo que no tiene nada que ver conmigo, y cuando acabo de desenredar la madeja, me doy cuenta de que algo ha cambiado en mí, puede ser una nueva comprensión, un enfado que ha pasado, o cualquier cosa insospechada. Ocurren cosas cuando creo que me escondo tras mis personajes, porque a la vez me expongo de la forma más sincera que para mí es posible.

Si me paro y observo, a veces puedo notar que hay una especie de tirón entre lo que siento y lo que muestro (o no muestro). Puede llegarme esa certeza en cualquier momento cotidiano, también mientras medito o escribo. Ese tirón o incongruencia es el conflicto, tan importante para los escritores, el ingrediente fundamental para avanzar en la vida y en la escritura. No queda más remedio que entrar en él. Es la única manera de desatar nudos y que mi voz pueda fluir como si fuera agua por el tubo de una manguera. Una manguera que va dejando brotar su corriente pero que estaba doblada, anudada y enganchada en un montón de sitios.

Cuando escribo y saco mi propia voz, lo tengo que hacer en cuerpo y alma. Solo así me tomo en serio. Solo así me dejo expresarme y me trato bien a mi misma. Clic para tuitear

Tener voz es lanzar lo que sale de verdad, por muy absurdo y contradictorio que resulte. Hacerlo en la vida cotidiana nos metería en demasiados líos, porque supone incomodar y equivocarse. Se puede hacer solo en cierta medida. Por eso la escritura me sana, me da la libertad de crear mi expresión. Me ofrece una oportunidad inigualable de gritar, decir basta, defenderme, atacar, hacer cosas absurdas, poner orden o ser feliz. Y me quiero meter en ese lío, y hacerlo hasta el fondo. Además, me permite equivocarme y rectificar, y hacerlo es parte de un juego divertido y emocionante.

Cuando escribo y saco mi propia voz, lo tengo que hacer en cuerpo y alma. Como un bebé que se rebela a que le sienten en una silla o que se queda extasiado con las hojas de los árboles. Solo así me tomo en serio. Solo así me dejo expresarme y me trato bien a mi misma.

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26 comentarios en «La magia de las hojas movidas por el viento – De Mercedes Adán»

  1. Hola Mercedes!mis felicitaciones por tu escrito.A mi parecer tienes la capacidad de encontrar palabras adecuadas para expresar sentimientos con mucha ternura y realidad de situaciones realistas de la vida.Me alegra que personas como tú sean capaces de intentar encontrar su propia voz y tener la valentia de compartirla con otros seres humanos.Mi agradecimiento por sembrar en mi una pequeña semilla de envidia sana que tiene la posibilidad de florecer algún dia.Un abrazo con mis deseos que continues con esa intención.

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    • Qué bonito lo que dices, María. Llevo diez años en los cursos de Isa. Siento como si ella hubiera sembrado esa semilla en mí, y pasarla a alguien que quiere florecer me parece el mejor plan que puedo imaginar. También te deseo que riegues esa intención. Un fuerte abrazo.

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    • Muy gentil por compartir
      Cierto lo más importante es tener la libertad de escribir tus pensamientos y emociones. Cómo Dolan que se expresa libremente aunque no sepa hablar, gracias por compartir, saludos un abrazo buena tarde

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  2. Hola Mer. Bonita tu!!!!
    Me has asombrado con tu escrito. LA MAGIA DE LAS HOJAS MOVIDAS POR EL VIENTO.Nos conocemos hace cuantos años??? Y sin embargo parece que te acabo de descubrir.
    Me has emocionado con este relato. Eres algo insustituible en mi vida y en mis emociones. Estoy irgullosa de ti y de tu modo de ser, de expresarte y de contar y narrar como lo haces.
    Te quiero un montón y te deseo todo lo mejor en esta nueva andadura. TRIUNFARAS!!!!! y yo estaré a tu lado.
    Un abrazo inmenso querida Mer.

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    • Querida Matilde, que bien que me descubras 😉 Estás ya a mi lado. Lo del triunfo, ya sabes que es relativo y que da susto.
      Con seguir, pasito a pasito, como hemos hecho hasta ahora… más que suficiente 😉
      Yo también te quiero.
      Un abrazo,
      Mer

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  3. Hola Mercedes, en tus reflexiones he encontrado el reflejo de lo que me pasa, de lo que nos pasa a todas, acostumbradas a callar, o a liarla parda cuando reventamos. Al hacer tu propuesta para el reto de encontrar nuestra voz, me salió algo que no por analizado en el intelecto, he conseguido librarme de su influjo. Qué curioso es el dolor que creemos haber integrado y que recupera su fuerza y su rabia, saliendo como un volcán una y otra vez. Es seguro como dice Isa, que contigo y tus relatos y propuestas saldremos ganando. Gracias por estar en este proyecto de Escritura y Meditación.

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    • Con ese dolor creamos. Si no nos resistimos y lo dejamos ser, se transforma en cosas interesantes. La energía de la rabia es muy poderosa y, especialmente a las mujeres, nos han enseñado a evitarla. Encontrarse con ella me parece buena cosa. Yo tardé mucho en conectar con ella y ahora su fuerza me gusta.
      Gracias por tus palabras y por compartir.

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  4. Querida Mer: tu llega como esas hojas que mece el viento, suave y auténtica, y brilla como esa luz que tanto le gusta a Logan y a mis nietos cuando paseamos bajo los árboles.
    No se si encontrar nuestra voz es un camino permanente que nos permite moldearnos como escritores, pero estoy convencida que tu serás una maestra en cruzar ese camino
    Un abrazo enorme amiga
    Sole

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    • Sole, qué ganas de encontrarnos en persona. Y si podemos dar un buen paseo bajo árboles, mejor que mejor.
      En mi voz estáis todos los del grupo.
      Un abrazo muy, muy grande,
      Mer

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  5. ¡Hola, Mer!
    Soy Bea Cuesta ,compañera de Escritura Consciente B y de unas cervecitas en la terraza de La Orotava. Enhorabuena por este relato, por tu futuro libro y por seguir el camino de Escribir y Meditar, pero esta vez, siguiendo el sendero de tu propia voz.
    Besos miles
    Bea

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    • Hola Bea Cuesta 😉
      Muchas gracias.
      Espero que nos juntemos y celebremos mucho más (soy muy de celebrar ;-)))
      Muchos besos,
      Mer

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  6. Hola Mer, es un articulo muy bien trabajado, y se nota que llevas mucho tiempo, incluso me atrevo a decir, sin que seas consciente y a través de los años escribiendo este articulo dentro de tu cabeza y ha salido cuando tenia que salir. Y que maravilloso que la mecha que prendió para que empezaras a escribir, fuera la voz del bebe de tu amiga, me encanta como el trabajo del día a día da sus frutos. Te felicito, enhorabuena.
    Un abrazote!!
    David (Sonrisa de Pirata)

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    • David, tienes mucha razón, algunas cosas que escribimos llevan mucho tiempo elaborándose en nosotros. Y esta es una de esas. Gracias por tus felicitaciones.
      Un fuerte abrazo,
      Mer

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  7. Qué bueno, Mer… Muchas gracias por tus reflexiones y por expresarlas de modo tan auténtico y bello.
    Jo…qué difícil es encontrar la propia voz, sobre todo cuando nos han callado tantas veces, entre otras cosas por ser mujeres…cómo encontrar esa voz perdida entre los «desbarres» y los «berridos furibundos» que nos salen, al menos a mi, cuando el dique de la contención, levantado por no escucharnos, se desborda. Escritura y meditacion o meditacion con escritura son las armas potentes q he encontrado. Apenas he empezado a escribir pero es cierto que cuando no pierdo el contacto con mis emociones mientras lo hago, el resultado es mágico y sanador….diría, en mi corta experiencia, que me pone en contacto con los mismos rincones de mi misma que la meditacion, con eso que, lo quiera o no, soy por dentro.
    En fin. Gracias Mer. Un placer leerte, siempre es un placer leerte

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    • Son unas armas poderosas, la escritura y la meditación, y más juntas. Así que a ver si sabemos usarlas para la paz en vez de usarlas para la guerra. Igual hay que hacer un poco de todo para probar y encontrar nuestra medida.
      Un abrazo fuerte, Inés, y feliz verano.

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  8. ¡Qué reconfortante y a la vez reconstituyente este texto tuyo, Mercedes! Gracias por este chorrito de agua fresca en la cara que me pone las pilas ante el sopor veraniego y el mío propio. Un abrazo enorme, os echo mucho de menos a tod@s. Besos fresquitos!!!
    Cristina

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    • ¡Qué bien que te despierte el relato! A mí me despierta leerte. Y también os echo de menos. Será un aliciente para la vuelta del verano, que aunque es mi estación preferida, este año está siendo diferente y raro.
      Un abrazo muy grande,
      Mer

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  9. gracias Mercedes, me ha encantado leer tu texto.
    Cuánta honestidad y verdad. mi enhorabuena, lo releeré cada vez que me ponga a escribir.
    enhorabuena, un abrazo

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  10. Precioso relato Mercedes.
    Las 3 últimas frases de tu relato te definen perfectamente.
    Muchas gracias.
    Abrazo enorme.

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