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La mística de la escritura

la flor única que se abre cuando encuentras la inspiración en la escritura

Cuando un/a aprendiz de escritor/a lee a los/as grandes maestros/as de la literatura, suele sentirte pequeñito/a e incapaz a su lado, pensando que nunca llegará a lo que ellos han llegado. Esto puede enfadarle, e incluso llevarle a tratar de devaluarlos. Ya que no puede alcanzarlos, quizá traerlos hasta su nivel le haga sentir mejor.

Si quieres algún día llegar a ser un/a buen/a escritor/a, has de cultivar, desde ya, una aspiración sana y bien enfocada. Clic para tuitear

Esta actitud, como es lógico, no te beneficia en absoluto, pues estás rompiendo los votos que cualquier persona que escribe habría de asumir, que es respetar y admirar a aquellos que, antes que tú, han cultivado el oficio y contribuido a preservar el tesoro literario que son los cimientos de su quehacer. Si quieres algún día llegar a ser un/a buen/a escritor/a, has de cultivar, desde ya, una aspiración sana y bien enfocada.

La fe en una aspiración auténtica

Para tener una aspiración auténtica hay que tener fe, y eso no se hace de la noche a la mañana. Cuando empiezas a escribir, uno de los muchos velos que nublan tu vista suele ser una desconfianza casi tan grande como la credulidad que te embarga. Subes al altar de los maestros al o a la periodista de moda con la misma tranquilidad con que sueltas blasfemias del tipo «Italo Calvino es una caca».

Con el paso del tiempo pero, sobre todo, con los porrazos sucesivos que te vas dando, te vuelves más respetuoso, y aprendes a apreciar a ese largo linaje de escritores y escritoras vocacionales que te preceden y sin los cuales más te valdría dedicarte a la repostería, por poner un ejemplo.

Los escritores podemos ser ateos, agnósticos, musulmanes o budistas, pero creemos firmemente en nuestros maestros. Clic para tuitear

Los escritores podemos ser ateos, agnósticos, musulmanes o budistas, pero creemos firmemente en nuestros maestros. Y llega un momento en que estamos preparados para invocarlos. No estoy hablando de espiritismo. Estoy hablando de vocación, perseverancia y esfuerzo. Al escribir, conviene que te hagas preguntas del tipo: «¿Cómo habría resuelto Salinger este final?; ¿y cuánto tiempo se hubiera tomado para hacerlo?»; «¿Seguro que Cortázar hubiese usado esta voz de falsete? Imposible…»; «Si Kafka levantase la cabeza, se le caerían los ojos al leer esta obviedad…»; «Si Dinesen tenía una granja en África, ¿por qué mi personaje no puede tener un criadero de focas en Groenlandia?». Y, a poco que te dejes, tu mente se fundirá con otras, mucho más elevadas que la tuya, que te ayudarán en tu tarea.

Los escritores no somos ningunos genios (salvo unos pocos), pero procuramos ser buenos canales de transmisión. Lo que pasa es que para eso hay que renunciar a creerse el inventor del fuego, ya que este solo se mantiene vivo si se pasa de mano en mano. Es la única forma de acceder a una perspectiva más amplia de la literatura y del ser humano.

Nadie te va a librar del esfuerzo, por supuesto. Pero hay una diferencia entre cargar todo el peso de la creación sobre los enjutos hombros y la mente estrecha de tu pequeño ego, y abrirte a la poderosa corriente de quienes admiras. En cuanto que sabes perfectamente por qué les admiras, puedes dejarte impregnar por sus cualidades y, en ese momento, puedes ver tu obra desde una perspectiva más amplia, a gran y pequeña escala a la vez.

La inspiración proviene de la desaparición como escritor específico para convertirte en canal, entonces la historia que escribes se abre como una flor única . Clic para tuitear

Y, para mí, precisamente de ahí proviene la inspiración. Uno desaparece como escritor específico, se convierte en canal y la historia que está escribiendo se abre como una flor única en un hermoso jardín de flores únicas regadas por la misma agua. Cuando estás encerrado en tu pequeño mundo, solo puedes atender a una cosa cada vez, y luego te las verás y desearás para que encaje con las demás. Cuando estás inspirado, sin embargo, todo se conjuga en inesperadas ráfagas de sentido y sabes, con una certeza que te sobrepasa, cómo y en qué lugar ha de ir cada cosa.

Escribir es como respirar: aspiración, inspiración; aspiración, inspiración. Igual que no se puede respirar con los tabiques nasales cerrados, para acceder a nuestra propia riqueza hemos de estar dispuestos a compartir con generosidad y gratitud el mérito con un montón de gente maravillosa que nos precedió y dedicárselo a la humanidad entera.

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16 comentarios en «La mística de la escritura»

  1. Muchas gracias por tus palabras.
    En éste tiempo de confusión e incertidumbre es necesario compartir e inspirarse en lo mejor. Un abrazo

    Responder
  2. Qué bueno es dejarse inspirar por los maestros. En cada bocanada llenarnos de sus palabras, sus frases sus formas de componer y oxigenar nuestra propia escritura en cada exhalación; dejando que todo fluya suave y libre.
    Gracias por tus reflexiones.
    Un beso enorme
    Fortunata

    Responder
  3. Qué bueno es dejarse inspirar por los maestros. En cada bocanada llenarnos de sus palabras, sus frases sus formas de componer y, así, oxigenar nuestra propia escritura en cada exhalación; dejando que todo fluya suave y libre.
    Gracias por tus reflexiones.
    Un beso enorme
    Fortunata

    Responder
  4. Aspiración, inspiración, aspiración, inspiración. Me encanta esa metáfora.
    Son tantos los maestros que no he leído, pero siento VIDA en tu mensaje, esa que se transmite por ósmosis. Quiero confiar que la inspiración viene cuando la aspiración es sincera.
    Gracias Isa-bella.

    Responder
    • A mí también me faltan muchos maestros por leer, Verónica :-). Para mí importa más la profundidad y calidad de lectura que la cantidad. Y, por supuesto, que la aspiración sea sincera es fundamental.

      Un fuerte abrazo,

      Isa

      Responder
  5. Muchas gracias Isabel,
    Me quedo con esta frase tuya: “Para tener una aspiración auténtica hay que tener fe,”
    para aplicarla en el campo de la escritura y en la vida en general.

    Responder

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