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Los 4 obstáculos para meditar

4 obstáculos a la hora de meditar

Antes de seguir leyendo te recomiendo que, si aún no tienes práctica meditando, te leas el post «10 claves para meditar», donde podrás encontrar las claves para empezar a practicar.

Si meditas habitualmente, estoy segura de que te va a resultar familiar lo que te voy a contar, porque se trata de los 4 obstáculos más habituales (y de los que se habla en la tradición) para meditar. No son los únicos, claro, pero sí los más flagrantes, por así decirlo. A pesar de ser muy de cajón, nos tropezamos con ellos una y otra vez, porque tienen que ver con los hábitos de nuestra mente asalvajada, a la que precisamente nos toca domar a través de la meditación.

Como siempre con lo que escribo, no te tomes al pie de la letra lo que te voy a contar: tiene que ver con mi propia experiencia y mi forma de relacionarme con ella. Solo espero que te inspire para que tú encuentres tu propia forma de sortear estos obstáculos tan persistentes.

1. No te sientas

Sí, no te preocupes, no te pasa solo a ti, nos pasa a todos los meditadores del mundo entero, incluso a los que nos sentamos a meditar todos los días. Personalmente, percibo que solo una parte de mí se sienta a meditar, mientras otra parte sigue a sus cosas y se niega a hacerme caso, como una adolescente rebelde.

Pero vamos a hablar de este obstáculo en el sentido literal. Eres meditador, pero una y otra vez te encuentras con que no te sientas a meditar, con argumentos del tipo «No tengo tiempo», «Ya lo haré mañana», «Tengo demasiadas cosas en la cabeza»… O, sencillamente, te olvidas de sentarte, durante días, semanas, meses o incluso años.

Es muy evidente, pero si no te sientas, o te sientas de Pascuas a Ramos, nada va a pasar. Esa es la cruda realidad. En tibetano, la palabra que se usa para «meditar» significa también «familiarizarse». Meditar tiene que ver con familiarizarte con tu mente, hasta el punto de ser capaz de contrarrestar todos los automatismos que tienes, reconociéndolos y dejándolos reposar en su propia esencia despierta. Eso conlleva necesariamente mucho tiempo practicando la atención, como esos matrimonios que llevan tantos lustros juntos que no necesitan decirse las cosas para saber lo que el otro está pensando.

En la biografía del reconocido yogui Milarepa (uno de los más importantes representantes de la escuela Kagyu del budismo tibetano) se habla de la enseñanza más importante que le dio a su discípulo Gampopa, cuando este partió de su lado. Gampopa ya era una persona muy realizada, incluso antes de conocer a Milarepa. Y sin embargo, lo que hizo Milarepa antes de despedirse de él, fue darse la vuelta, levantarse su túnica y enseñarle su culo lleno de callos. «Si no meditas tanto como lo he hecho yo, no alcanzarás nada —le dijo—. Ahora, te puedes ir».

Creo que una de las razones por las que nos dejamos vencer una y otra vez por el obstáculo de no sentarnos a meditar es la insensata creencia de que somos inmortales, de que siempre habrá tiempo por delante para hacer las cosas importantes. De ese modo, te sitúas siempre en corre que te corre para solucionar urgencias (muchas veces generadas por tu propia adicción a las obligaciones, que no te deja responsabilizarte de tu vida), en una especie de rueda de hámster de la que solo saldrás cuando le veas las orejas al lobo.

Pero no es necesario esperar a eso para sentarte a meditar, porque sabes perfectamente lo importante que es. Dale prioridad ante todas las cosas. Yo te propongo que te hagas el firme propósito de sentarte a meditar 21 días seguidos, y lo cumplas a rajatabla. Después de ese tiempo, posiblemente te será mucho más fácil darle continuidad al hábito.

El objetivo de la meditación no es hacerte sentir «bien» o «confortable» o «relajado», sino hacerte más consciente, Clic para tuitear

2. Te sientas, pero no sabes lo que tienes que hacer

Puede ser que hayas adquirido el hábito de sentarte a meditar, pero que cuando te sientas, no sabes muy bien qué tienes que hacer a continuación. Meditar sin seguir unas pautas de meditación fiables no es meditar, por más que te resulte placentero estar ahí sentado sin hacer nada, aunque te relajes o percibas unos síntomas cualesquiera que consideres positivos.

Creo importante aclarar en este punto que el objetivo de la meditación no es hacerte sentir «bien» o «confortable» o «relajado», sino hacerte más consciente, lo cual en un principio puede no coincidir con lo anterior. Y como la mente es muy engañosa o, mejor dicho, como ahora estamos muy engañados, es importante seguir unas pautas de meditación que apunten bien al objetivo.

Si cuando te sientas a meditar no sabes lo que tienes que hacer puede ser por dos motivos:

  1. Porque nadie te ha dado pautas para meditar correctamente. En este caso, te recomiendo que busques un entorno de meditación y una persona que te guíe en los que confíes, que puedas conocer personalmente, a ser posible, y que te dé unas pautas claras y precisas. Si te interesa el entorno de Escribir y Meditar, puedes apuntarte a las meditaciones guiadas mensuales por zoom, y al grupo de whatsapp, para tener acceso a los archivos de meditaciones guiadas.
  2. Porque tienes demasiadas pautas para meditar y no sabes por cuáles decantarte. Puede ser que escuches diversos tipos de meditaciones guiadas por youtube, o que vayas alternando pautas que hayas recibido de diferentes maestros, o que hayas hecho tu propia mezcla de pautas de meditación y no te aclaras bien con ella. Cualquiera de estas cosas la considero contraproducente, porque en vez de llevarte a la consciencia te puede llevar a la confusión. Es mejor elegir un método fiable y mantenerse en él; cambiar de uno a otro constantemente te dispersa y te impide profundizar.

3. Te sientas, sabes lo que tienes que hacer, pero no lo aplicas

Cuando yo era jovencita se usaba mucho el término «pasota». Bueno, pues cuando te sientas a meditar, algunas veces quiere tomar el mando tu parte pasota, indolente. Sabes lo que tienes que hacer, pero no te da la gana, o te haces el tonto, o haces frente a ti mismo el paripé de que estás cumpliendo con tu práctica diaria, cuando en realidad estás pensando en tus cosas, o estás evadido. También puede ser que la desconexión sea tan fuerte que desde que te sientas a meditar hasta que suena la alarma al final de la sesión no tengas ni idea de qué ha sucedido, como si te hubiesen abducido.

Este es un obstáculo mucho más frecuente de lo que estaríamos dispuestos a admitir. De hecho, en mi experiencia, siempre hay algo de esta actitud al meditar, una parte de ti que se resiste a rendirte a la evidencia de tu propia esencia clara y abierta. Si no fuera así, de hecho, no necesitaríamos la meditación.

Ante este obstáculo no hay otra que practicar con la atención y mucha perseverancia e insistencia. Puedes usar algún truco, como ponerte un cartel en tu rincón de meditación con un recordatorio de las pautas, o recurrir durante un tiempo a meditaciones guiadas, con las que te será más difícil ausentarte. En todo caso, es un obstáculo que se irá debilitando a medida que fortalezcas tu atención y vayas domando tu mente, tomando las riendas de ese caballito salvaje en vez de dejarte arrastrar por él.

Los 4 obstáculos para meditar Clic para tuitear

4. Haces demasiado

Este suele ser un obstáculo que tienen las personas muy obedientes y esforzadas, que quieren «hacer muy bien» la meditación, sin darse cuenta de que la meditación tiene más que ver con el «no hacer» que con el «hacer». Si pones demasiado esfuerzo en meditar, estarás en tensión, y una de las pautas es que relajes la tensión.

Así que si te encuentras en medio de la meditación haciendo «multitarea», por un lado, muy agarradito al soporte, por otro esforzándote mucho en relajarte, por otro tratando de que no haya ningún pensamiento, por otro cortándole la cabeza a cualquier emoción que se le ocurra asomar, etc., entonces puede que hayas sucumbido a este cuarto obstáculo. Estás haciendo demasiado, estás «fabricando» una meditación falsa, impostada. No estás dejando que la consciencia respire naturalmente a su propio ritmo.

Entonces, cuanto menos hagas, mejor. Eso no quiere decir que haya que estar de brazos caídos. Por supuesto, hay que aplicar las pautas, pero a la vez hay que dejar suelta la mente. Es como navegar por el mar: hay que llevar el timón, pero a la vez hay que ir a favor de los vientos para poder alcanzar el objetivo. Si tratamos de forzar la marcha, lo único que conseguiremos es bloquearnos.

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Quizá estos 4 obstáculos te hayan parecido muy obvios. Sin embargo, con ellos nos solemos tropezar una y otra vez. De hecho, no prestarles atención, no darles la suficiente importancia y dejar que se repitan puede llevarnos al desánimo y a tirar la toalla, pensando que nosotros no estamos hechos para meditar o que lo que falla es el método.

Espero que este recordatorio te sirva para mantener a raya estos obstáculos y preservar tu práctica siempre fresca, continuada y estable, de manera que te vaya llevando a un estado de consciencia y apertura de corazón cada vez mayor. Que así sea, para beneficio de todos los seres.

4 comentarios en «Los 4 obstáculos para meditar»

  1. Me reconozco en todos, pero en especial en no sentarme. Es increíble cómo me boicoteo y cómo esa inercia de vivir en el hacer, hace que me cueste tanto, tanto y tanto… parar.
    También me quiero reconocer, que ver eso, me ha hecho ir cambiando poco a poco el ritmo en el que funciono, y ahora me siento mejor y con menos estrés. Aunque no sea el objetivo de meditar, me ayuda a ir superando los obstáculos.
    Mer

    Responder
  2. Yo también me reconozco en casi todo. No es poco ser consciente, creo yo.
    Leyendote me he dado cuenta de lo desconectada de mi misma que estaba cuando empecé a meditar de un modo mas o menos continuo y con un metodo claro, hace poco mas de un año. Hasta entonces cuando me sentaba supuestamente a meditar me iba a las chimbambas y ni siquiera lo sabía, asique tampoco era en absoluto consciente de los automatismos q manejan mi dia a dia y que muy poco a poco voy viendo.
    Muchas gracias, Isa
    Inés

    Responder
  3. Hola!!!
    Es así, tal y como lo describes Isabel.
    Llevo tiempo desde que comencé a meditar, unos 8 años tal vez, es tiempo, pero me costó llegar a comprender y aplicar adecuadamente la sintonía de la esencia de la meditación para recoger sus frutos. Hoy por hoy puedo sentarme a meditar y lograr meditar. También es cierto que hay días que caigo en la dispersión, pero ya no me afecta, se orientarme, aceptar y fluir.

    Responder
  4. Isa, yo como tu me levanto a las seis y con el ojo cerrado me pongo a hacer 108 postraciones, luego un montón de estiramientos así que un buen rato mas tarde ya solo deseo sentarme a meditar, esa media hora es un bálsamo. Bueno a mi no me cuesta sentarme, lo que me cuesta es levantarme porque cuando medito soy un ángel y en cuanto me levanto me llevan todos los demonios por esto, por lo otro y por lo de mas allá, je je.
    Lo que es seguro es que esta práctica no sería posible sin la maestra que te la da y sin los retiros donde la aprendes y compartes con otros. Luego en mi casa cuando la practica comenzaba a flaquear, venia otro retiro y así hasta incorporarla totalmente a mi vida como te duchas o te lavas los dientes. Bueno si tengo que elegir entre ducharme o meditar, me lavo la cara como los gatos, me pinto los labios, me siento a meditar aunque sea unos minutos y me limpio por dentro antes de hablar con nadie.
    Besitos.

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