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Los 7 errores más frecuentes a la hora de meditar

7 errores en tu meditación

En la actualidad somos mucho más conscientes que cuando yo empecé a meditar (hace más de veinte años) de que buena parte de nuestros problemas provienen de nuestra propia mente, y eso ha llevado a que la práctica de la meditación y el mindfulness se hayan extendido a una buena parte de la población.

Esto es estupendo, y a la vez conlleva mucha confusión, pues no siempre la persona dispone de información suficiente o de una guía correcta para aplicar instrucciones eficaces, ni sabe interpretar los síntomas que se van dando en su práctica.

Meditar consiste en descubrir la mente. Y la mente mirando la mente nos puede meter en un laberinto de espejos sin fin. Clic para tuitear

Hay que tener en cuenta que meditar consiste en descubrir la mente. Pero claro, se trata de la mente descubriendo a la mente, y eso nos puede meter en un laberinto de espejos sin fin. No es lo mismo practicar deporte que practicar meditación, y a veces veo personas que se lo toman así.

En la parte del blog de Escribir y Meditar dedicada a Consejos de Meditación tienes muchos artículos que te pueden aclarar las ideas. Pero quería dedicar este en concreto a recopilar los errores que considero más frecuentes a la hora de meditar, para que, si te ves reflejado en alguno de ellos, puedas corregirlo.

La mente tiene mucho poder, y hay que aprender a cabalgarla sin desconectarse en ningún momento de lo que esté ocurriendo en ella Clic para tuitear

1. Querer detener los pensamientos

A menudo se oye decir que la meditación nos lleva a un estado de calma exento de pensamientos. Y hay algo de verdad en ello, pero a un principiante eso le puede hacer creer que ha de «provocar» ese estado de calma a base de parar cualquier pensamiento que se le acerque. Eso, lejos de llevarte a la calma, te llevará a un estado de congelación que, en la vida cotidiana, se traducirá en frialdad y represión emocional, pues tendrás separados corazón y mente.

La actitud de lucha o resistencia nunca te llevará a la verdadera calma, que ha de provenir de una apertura de corazón cada vez mayor ante todo lo que se presenta, incluidos los pensamientos.

2. Dejar la mente en blanco

Otro enfoque que a veces se confunde con la meditación es el de que hay que vaciar la mente de pensamientos. Sería a lo que usualmente se le llama «dejar la mente en blanco». Es decir, cada vez que aparece un pensamiento, te desconectas, te evades, y confundes ese estado de aturdimiento con la calma. Pero de ese modo desconectas de la energía emocional, y practicar así te llevará en la vida cotidiana al aturdimiento en vez de hacia la lucidez.

La mente tiene mucho poder, y hay que aprender a cabalgarla sin desconectarse en ningún momento de lo que esté ocurriendo en ella, sea calma o agitación.

3. Cultivar los pensamientos positivos

Hay meditaciones reflexivas en las que se cultivan los pensamientos positivos, y eso está genial para ir cambiando patrones mentales, pero en la meditación en que llevas la atención a un soporte sensorial (como puede ser la respiración) has de permanecer ecuánime con respecto al tipo de pensamientos que se te presenten. De lo que se trata es de mantener la atención en el soporte y dejar pasar los pensamientos, sin rechazarlos ni perseguirlos.

Buscar lo positivo o lo agradable, rechazando lo negativo o desagradable, es justo la tendencia que tratamos de trascender con este tipo de meditación no conceptual, porque dicha tendencia nos lleva a estar saltando continuamente del apego al rechazo, en un estado de confusión e ignorancia. Hemos de favorecer un estado en que se trascienda la polaridad entre positivo y negativo.

Hay personas con traumas o fuertes problemas de identidad a las que les atrae la idea de meditar porque les lleva a un terreno de nadie. Este es un error garrafal, porque no se puede trascender el ego sin haber tomado primero… Clic para tuitear

4. Hacerte un bypass espiritual

En este artículo te hablo más en extenso sobre esta tendencia en que caemos a menudo cuando nos lanzamos a un camino espiritual. Pero, abreviando, el «bypass espiritual» consiste en usar la meditación para darle esquinazo a tus conflictos emocionales. Vendría a ser querer llegar al cielo sin haber tomado tierra antes.

Hay personas con traumas o fuertes problemas de identidad a las que les atrae la idea de meditar porque les lleva a un terreno de nadie (o de todos) en que no se tienen que cuestionar su relación consigo mismos y con su entorno. Este es un error garrafal, porque no se puede trascender el ego sin haber tomado primero contacto con él. Meditar para evadirte de una realidad interna dolorosa nunca te llevará a ningún lado.

Si percibes que tienes este problema, mi recomendación es que compagines la meditación con una buena terapia.

5. Fantasear

Fantasear se nos da de miedo. Y confundir las fantasías con la realidad, no te digo nada... La imaginación y la fantasía están genial para escribir, pero no para meditar. O, por decirlo de otro modo, a los fantaseos que sucedan en el ámbito de tu meditación has de tratarlos como a cualquier otra distracción o pensamiento.

A veces los fantaseos son muy sutiles, porque somos como niños y nos quedamos fascinados con cualquier cosa. Tenemos sensaciones buenas en el cuerpo, atmósferas emocionales agradables… y enseguida nos imaginamos que estamos tumbados en una playa del Caribe, tan panchos y felices. Pero eso no tiene nada que ver con meditar, y mucho menos con la realidad. A no ser que uses el darte cuenta de ello para regresar al soporte que hayas elegido, claro, por muy bien que se estuviera en la playa del Caribe.

Esto también puede pasarte con sensaciones físicas desagradables o síntomas que no sabes identificar, como puede ser un mareo, un repentino dolor en la costilla, el sudor de manos o un pitido en los oídos. De repente lo agrandas y se convierte en el centro de tu meditación, en algo extraordinario a lo que quieres encontrarle una explicación, en una tragedia griega o en una neurosis hipocondríaca. Sin embargo, a cualquier síntoma que tengas en la meditación, sea agradable o desagradable y a no ser que te esté dando un infarto, mejor no darle mayor importancia. Trátalo, de nuevo, como cualquier distracción.

Por último, otra forma de fantasear es contarte una película sobre tu meditación, como si le pusieses una voz en off que le da vidilla al asunto cuando se pone demasiado aburrido. No pasa nada mientras corrijas esa tendencia y no lo tomes como un hábito.

La pérdida de atención en el soporte te servirá para avisarte de que estás fantaseando, y así poder revisar esta tendencia tan común. Te sucederá una y otra vez, pero lo importante es que entiendas que perderte en fantasías —por muy «meditativas» que parezcan— no es meditar.

6. Relajarte sin más

Relajarte «sin más» no es meditar. Aunque la relajación sea una de las pautas de la meditación, no es la única. Es decir, el objetivo de la meditación no es «relajarse» o estar cómodos sino, como decía al comienzo, descubrir la mente. Si el objetivo fuese simplemente relajarse, sería más operativo irse a un spa, darse un masajito o ponerse música clásica.

Lo que se busca con la meditación es una relajación que se combine con la lucidez. De ahí la importancia de cultivar la atención en un soporte, porque eso nos asegura que la apertura que vayamos alcanzando está ligada a la claridad.

La relajación convencional nos puede llevar a un estado de amodorramiento, e incluso si nos quedamos dormidos, eso estará bien. Sin embargo, en la meditación, el hundimiento sería una señal de que hemos subir el grado de nitidez con que percibimos el soporte.

Hay un símil que habla de las diferentes vías espirituales auténticas como los radios de una rueda: cada uno de ellos, si lo sigues, te llevará directamente al centro; sin embargo, si te pones a saltar de un radio a otro, tardarás… Clic para tuitear

7. Mezclar metodologías diferentes

Hay personas que practican buscando meditaciones diversas en YouTube, apuntándose a un retiro de esto y luego a otro de lo de más allá, saltando de un maestro a otro, etc. Personalmente creo que, como para aprender cualquier otra cosa, conviene ceñirse a una metodología concreta. Eso no quiere decir que, si esa metodología no te convence, no puedas cambiar a otra. Pero estar saltando continuamente de un método a otro, o mezclarlos, puede —en el mejor de los casos— provocarte muchísima confusión mental, llevarte a un estancamiento, e incluso hacerte retroceder en tu camino de aprendizaje.

Hay un símil que habla de las diferentes vías espirituales auténticas como los radios de una rueda: cada uno de ellos, si lo sigues, te llevará directamente al centro; sin embargo, si te pones a saltar de un radio a otro, tardarás muchísimo más en llegar al centro.

Si ves que estás picoteando de aquí y de allá distintos métodos de meditación, te recomiendo que investigues a fondo sobre diferentes acercamientos, y elijas uno entre los que te resuenen o consideres afines a ti. A lo mejor la búsqueda te lleva un tiempo, y no encuentras a la primera aquella metodología que vaya contigo, pero si pones la intención y la aspiración en ello, tarde o temprano acabará apareciendo una vía en la que puedas profundizar. Tampoco significa eso que tengas que comprometerte con ella para siempre, pero sí lo suficiente para que las pautas y la técnica calen en ti hasta hacerse sangre de tu sangre, de manera que puedas navegar las poderosas aguas de la mente sin tener que preocuparte de cómo se maneja el timón.

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Espero que estos consejos te sean de utilidad y, en una época con tantas prisas y sobrecarga de información, puedas encontrar un remanso de paz en tu práctica, que esta te sirva para encontrarte contigo mismo y que tu consciencia se vaya abriendo al espacio, para tu beneficio y el de todos los seres.

2 comentarios en «Los 7 errores más frecuentes a la hora de meditar»

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