Blog

Los personajes internos

La multiplicidad del ser:personajes internos -Drama Queen

En artículos anteriores hemos hablado de cómo encarnarse en un personaje y de los diferentes tipos de personajes literarios. En este me gustaría trasladar esto de la ficción a la vida real. Y es que eso a lo que llamamos «vida real» no es más que otra ficción, más flagrante todavía que la otra, porque esta nos la creemos a pies juntillas.

De hecho, si somos capaces de crear personajes de ficción y encarnarnos en ellos es gracias a una cualidad natural de la mente: la de la multiplicidad. Si realmente fuésemos entes fijos, unitarios e inamovibles (como a nivel emocional nos creemos), seríamos incapaces de meternos en la piel de nuestros personajes a la hora de escribir. También careceríamos de empatía hacia nuestros congéneres.

Eres multitud. Alguien a quien le interesa la escritura y/o la meditación, no puede ser ajerno a todos esos seres que le pueblan por dentro. Share on X

Así pues, tengas noción de ello o no, eres multitud. Y yo creo que si estás leyendo este artículo ya sabrás de qué te estoy hablando. Alguien que se interesa por la escritura y/o la meditación, no puede ser totalmente ajeno a todos esos seres que le pueblan por dentro.

Sistemas de Familia Interna

El psicoterapeuta Richard C. Schwartz, creador del modelo Sistemas de Familia Interna (Internal Family Systems, IFS) habla sobre cómo el interior de cualquier persona se estructura en partes. Aunque él las llama «partes», en realidad se trata, según sus palabras, de «sistemas mentales discretos y autónomos, cada uno con su abanico idiosincrático de emociones, maneras de decir, capacidades, deseos y puntos de vista del mundo».

Según el modelo IFS, estas partes de la persona se agruparían en tres bloques, marcados por el rol que cumplen. Uno de esos bloques serían los exiliados, y los otros dos serían los protectores (que a su vez se subdividirían en directivos y bomberos). Schwartz lo explica así:

En respuesta al peligro, los individuos de los sistemas humanos de todos los niveles abrazan roles que pueden clasificarse en tres grupos. Un grupo tiende a mostrarse muy protector, estratégico e interesado en controlar el entorno para preservar la seguridad. En IFS llamamos a los miembros de este grupo ‘directivos’. El segundo lo integran los miembros más sensibles del sistema. Cuando estas partes se sienten heridas o resentidas, los directivos las apartan, por su propia seguridad y por el bien de todo el sistema. Los denominaremos ‘exiliados’. Por último, un tercer grupo trata de suprimir, anestesiar o desviar la atención de los sentimientos de los exiliados, por lo que reaccionan con fuerza y automáticamente, sin importarles las consecuencias, ante su propia angustia y la inhibición extremada de los directivos. En IFS conocemos a los miembros de este grupo como ‘bomberos’, porque combaten las llamas de la emoción exiliada.

[…] Las partes protectoras (los directivos y los bomberos) forman alianzas y tienen conflictos entre sí. Asimismo, pueden ser muy duros (o asfixiantes) con el exiliado al que pretenden proteger o repeler. Cuanto más triste, aterrado, avergonzado o furioso esté un exiliado, más temen los protectores (con razón) que se desate, y más extreman sus esfuerzos de represión y limitación. A su vez, cuanto más se reprime a un exiliado, más intenta escapar.

Este sistema trigrupal interno estaría presente en todas las personas, aunque no hayan sido heridas gravemente o no hayan sufrido grandes traumas, ya que, según palabras de Schwartz, «a todos nos han educado para exiliar a distintas partes de nosotros y, en cuanto empieza el exilio, los roles de contención y distracción de directivos y bomberos se hacen necesarios».

Por otro lado, todos tenemos acceso (aunque muchas veces esté tapiado) a nuestra esencia, o a la sede de la consciencia, a la que Schwartz denomina Self (se podría traducir por Sí Mismo). El Self no sería una parte, sino que se trata de quien realmente somos. En palabras de Schwartz, «desde el nacimiento, este Self tiene todos los rasgos necesarios para un buen liderazgo, incluyendo compasión, perspectiva, curiosidad, aceptación y confianza. En consecuencia, el Self es el mejor líder interior, que engendrará equilibrio y armonía, si las partes le permiten liderar […]. Cuando las partes confían y abren paso al Self, la persona se siente, física y mentalmente, presente, alegre y centrada».

Por eso nos gustan las historias, porque nos ayudan a liberar a nuestros propios prisioneros internos. Share on X

El hábitat de los personajes internos

Esta visión me parece, además de certera y clarificadora, fascinante desde el punto de vista de la escritura. Tenemos un hábitat interno de individuos intangibles (o que comparten el mismo cuerpo físico) a los que, en vez de partes, espero que Richard C. Schwartz me perdone si les llamo «personajes». Y es que lo que han hecho los escritores de todos los tiempos es conectarse con su Self (o con su Inconsciente, o con su Imaginario, o con su Parte del Todo, o con la Musa… llámalo como quieras) para que este negocie con los directivos y bomberos internos al mando una tregua, prometiéndoles —si le dejan acceder a los exiliados— no solo no exterminarlos, sino la posibilidad de elegir un rol más liviano a la altura de sus maravillosas cualidades. El clímax de cualquier historia supone acceder y presenciar el sufrimiento de un exiliado, y el desenlace, la liberación de su carga. Y por eso nos gustan las historias, porque nos ayudan a liberar a nuestros propios prisioneros internos.

Personalmente, crecí en una familia muy desestructurada, y la literatura me salvó de que mi esencia no quedara completamente tapada de por vida, pues a través de los personajes de las historias que leía podía conectarme con mi Self y atravesar mis nubarrones internos.

Cómo accedí a mi multiplicidad

Con catorce años encontré un libro en mi casa cuya portada llamó mi atención: se titulaba Poemas de Alberto Caeiro y, sobre un fondo negro, se abría una ventana al cielo y a los árboles, sobre los que se recortaba la oscura silueta de perfil de la cabeza un hombre. Debajo del título ponía «Fernando Pessoa», y yo pensé que sería el editor o el traductor o vete a saber qué.

Me leí el libro de un tirón y, cuando me lo terminé, me lo volví a leer. Luego lo copié entero en la vieja máquina de escribir de mi padre. Me enamoré de ese poeta —Alberto Caeiro— que vivía en medio de la naturaleza y escribía sus poemas en la cumbre de un otero. ¿Cómo podía existir en el universo un alma tan pura?, me preguntaba. «Creo en el mundo como en una margarita, / porque lo veo, mas no pienso en él / porque pensar es no comprender… / No se hizo el mundo para pensar en él / (pensar es estar enfermo de los ojos) / sino para mirarlo y aprobarlo», decía mi amado Caeiro. Yo cerraba los ojos, y mi corazón se abría como una flor. «No tengo ambiciones ni deseos. / Ser poeta no es una ambición mía. / Es mi manera de estar solo», leía, y se me saltaban las lágrimas.

Tres años después descubrí que Alberto Caeiro (mi amado Alberto Caeiro) no era sino uno de los heterónimos del escritor portugués Fernando Pessoa, junto con Bernardo Soares, Ricardo Reis y Álvaro de Campos. Algo se rasgó en mi corazón. Supuso una decepción tremenda (más que cuando descubrí que los Reyes son los padres), porque eso quería decir que aquella persona tan pura que vivía en la cumbre de un otero, mi alma gemela, ni era tan pura ni éramos gemelas, y ni tan siquiera existía. A la vez, ese velo que se rasgó de una forma tan dolorosa, me descubrió —milagrosamente— mi propia multiplicidad.

Tomé conciencia, por primera vez, de que yo era un ser múltiple. Un día era de una manera y otro día era de otra, a veces dominaba en mí una pequeña niña avergonzada y otras veces un chico furioso, o una macarra pasota. Perdoné a Fernando Pessoa (otro géminis, como yo) por su exuberante pluralidad y pasó a ser ya de por vida mi escritor de cabecera, en todas sus facetas. «El poeta es un fingidor. / Finge tan completamente / que hasta finge ser dolor / el dolor real que siente», me susurraba al oído Bernardo Soares, y yo empezaba a intuir —leyendo entre líneas— que fingir a través de la escritura para desvelar la verdad es más legítimo que identificarte con uno de tus personajes internos, dejar que domine tu vida y darlo por bueno y real.

Cuando los directivos y bomberos tomaron el control de mi vida

Con menos de treinta años escribí un libro sobre la construcción del personaje literario y, mientras lo hacía, mi padre murió. Mi vida se vino abajo, pero yo no me di cuenta, porque mis directivos y bomberos tomaron un férreo control de mi vida para que mis pequeños exiliados traumatizados desde la infancia no salieran a la luz.

Ahí estaba la Bruja, para amenazarme con convertirme en sapo si dejaba asomar aunque fuese un hilillo de tristeza. O el señor Juez, para culpabilizarme si paraba el ritmo y me dejaba vencer por el cansancio. O don Crítico Mordaz, para recordarme lo mal que se me daba todo lo que hacía. O doña Perfecta, para señalarme las tareas que se me acumulaban sin fin. O la Madre Teresa, que me llevaba a ser compasiva y agradable con todos menos conmigo.

Y cuando estos personajes aflojaban, por puro agotamiento, ahí llegaban para apagar el fuego la Trabajadora Compulsiva, capaz de estar frente a la pantalla del ordenador diez horas seguidas; o la Fiestera Mayor, que salía por las noches y se emborrachaba hasta la inconsciencia; o la Promiscua Desconectada, que iba de relación en relación dejándose maltratar; o la Drama Queen, que montaba un espectáculo de aúpa cuando todos los demás distractores fallaban.

Cuando descubrí a los exiliados

No fue hasta muchos años después, al descubrir que padecía Trastorno de Trauma del Desarrollo, cuando empecé a vislumbrar a mis exiliados. Con la primera que tomé contacto fue con la Niña encerrada en el Sótano, y ya entonces dije en un post: «si por dentro eres una niña aterrorizada, avergonzada y anulada, la mujer madura que trata de llevar una vida «normal» tiene que hacer enormes esfuerzos para mantener maniatada y amordazada en el sótano a esa niña que no puede parar de llorar. En segundo lugar, ha de inventarse quién quiere ser a base de razón. Y, en tercer lugar, ha de aparentar ante los demás, por imitación, ser ese personaje que se ha inventado».

Un poco más adelante salió a la luz la Náufraga, la pequeña víctima de un maremoto familiar que se tuvo que recluir en la isla de la literatura.

Y así, muy poco a poco, a través de la escritura, la meditación y la terapia, que me permitían ir abriendo un boquete en el muro que me separaba del Self, este fue tomando las riendas, ganándose la confianza de directivos y bomberos, pactando con ellos para poder acceder a todos esos personajitos encapsulados, desamparados y heridos, y dándoles lo que necesitaban para liberarse de sus cadenas: amor y compasión.

La vida me ha traído de nuevo a la orilla de los personajes, como si todo este tiempo hubiera estado compleanto un pasatiempo, uniendo puntos con líneas, descubriéndome un dibujo oculto: cómo valernos de los personajes para… Share on X

La orilla del sentido

Ahora, curiosamente, la vida me ha traído de nuevo —a través de Richard C. Schwartz y su modelo Sistemas de Familias Internas (IFS)— a la orilla de los personajes, o quizá es que en el fondo nunca me había separado de ellos.

Me siento como si hubiera estado completando desde pequeña, sin saberlo, uno de esos pasatiempos en que se van uniendo puntos numerados con líneas, descubriéndose así un dibujo al principio oculto.

Me queda mucho trabajo por hacer, muchos directivos y bomberos con los que negociar para que cambien sus trajes estrechos por otros más cómodos, muchos exiliados que rescatar de sus pequeñas y oscuras celdas.

Pero ya puedo vislumbrar el dibujo, ese lugar de sentido al que parece que me quiere empujar la vida. Y tiene que ver con mostrar a los demás cómo valerse de los personajes (los internos, los externos y los literarios), quines, liderados por la esencia, son los únicos que pueden construir un mundo (interno y externo) mejor.

5 comentarios en «Los personajes internos»

  1. Querida Isa, que articulo tan luminoso. Tienes el don de hacer accesible la complejidad y como una traductora de un idioma desconocido que podamos comprenderlo en toda su extensión y aplicarlo a la escritura, y lo que aún es mejor, a nosotros. Cada vez siento con más intensidad dentro de mi la necesidad de recorrer ese camino interior al que te impulsa la escritura y, leyéndote, he reconocido a personajes hermanos de los tuyos y a otros diferentes que se han ocupado de que no viera a mis propios exiliados interiores.
    Muchas gracias
    Un abrazo
    Sole

    Responder
  2. Ay Isa, qué maravilla. Cada vez me sorprende más tu claridad, la luz q desprende todo lo que escribes. Seguiremos rescatando a esos exiliados q se nos quedaron por el camino para poder llegar a la esencia
    Un abrazo. Inés

    Responder
  3. Isa, ¡qué interesante! Nos traes cosas que nos dan un empujón, esta tiene pinta que un empujón grande, como si estuviera pensada para escritores…
    Un abrazo,
    Mer

    Responder
  4. Issa:
    El contenido que nos muestras es realmente valioso, y no solo porque me abre conocimiento nuevo con el Sistema de Familias Internas, que dicho sea de paso, desconocia totalmente, sino por mostrarnos tu alma y la manera que lo has aplicado en tu vida personal.
    A mi me ha dado luz en reconocer que soy multitud y en muchas ocasiones asi he sentido, que actuo ytengo conductas que no son consistentes. En la referente a la escritura me serà ùtil en el momento que identique tambien la multiplicidad que existen en los personajes.
    Gracias y muchas bendiciones.

    Responder

Deja un comentario

Buscar

¿Quieres aprender a escribir y meditar?

Suscríbete ahora y recibe gratuitamente mi guía para escribir y meditar. Tendrás además acceso a artículos semanales sobre escritura, meditación y trabajo con las emociones, acceso a las meditaciones guiadas en directo y mensuales, así como a recursos para vivir con plenitud y sin autoengaños

¿Quieres conocer mis cursos?

Escribe tu libro ya

¿Quieres superar de una forma divertida el miedo a la hoja en blanco?

Aquí tienes un archivo con 10 técnicas de desbloqueo que te permitirán arrancar a escribir sin esfuerzo ni presión, sacar tu parte niña y juguetona, desatascar tu imaginación y escribir historias que nunca antes habrías pensado. Y no son de usar y tirar: ¡podrás usarlas tantas veces como quieras!

Logotipo de Escribir y Meditar
Abrir chat
1
¿Necesitas más información?
Hola,
¿Cómo puedo ayudarte?