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Los riesgos de la escritura autobiográfica

Escritura autobiográfica, riesgos y errores

En el artículo «Escritura autobiográfica: qué es y sus modalidades hoy en día» decía que me parece muy sano el impulso de trasladar por escrito nuestra experiencia vital. Creo que abundan más que nunca las personas que quieren escribir sobre sí mismas, y no me extraña, porque el mundo en el que vivimos ahora mismo carece de estructuras fiables en las que apoyarnos, y nos sentimos muy perdidos. Por eso es más necesario que nunca explorar nuestro interior y encontrar ahí los anclajes que el exterior nos escamotea.

Personalmente, como profesora de creación literaria desde hace más de treinta años, siempre he sido un poco reticente ante la llamada «escritura autobiográfica», porque es un epígrafe bajo el que al ego le gusta camuflarse. ¿Quién no ha querido escribir sus «memorias» en la adolescencia? Por otra parte, tendemos a pensar que lo que nos ha ocurrido a nosotros es más interesante y aleccionador que lo que les ocurre a los demás, por la simple razón de que somos nosotros quienes lo experimentamos. Por último, existe la extendida y falsa creencia de que escribir sobre uno mismo es más fácil que escribir ficción, y cuesta bastante trabajo convencer a alguien que quiere escribir su vida de forma novelada de que eso requiere conocimiento de las técnicas narrativas y que resulta casi más difícil trabajar con material propio que con material inventado.

No obstante, después de los años que llevo ofreciendo acompañamientos en que se explora la escritura desde el ámbito de la autoindagación y la espiritualidad, se me han ido quitando los prejuicios sobre el uso del material autobiográfico, siempre que se use de la manera adecuada, claro está. Es por eso que me he decidido a escribir una serie de artículos sobre este tema y, después de haber explicado qué es la escritura autobiográfica y sus modalidades, me gustaría hablarte de sus riesgos, así como de aquellos malentendidos en torno a este tema y errores en los que se suele caer al usar material propio.

1. Lo sucedido, tu interpretación, la verdad y la verosimilitud

Estos son cuatro conceptos que solemos tener muy mezclados y que nos pueden llevar a cometer errores a la hora de escribir sobre cosas que nos han pasado en nuestra vida. Veámoslos más de cerca:

  • Lo sucedido: Se trata de los hechos que ocurrieron en realidad. Por ejemplo, si dices «mi padre me pegó una bofetada cuando tenía diez años», eso es un hecho, y es irrefutable.
  • Tu interpretación: A veces nuestra interpretación de los hechos va muy pegada a ellos, pero son cosas diferentes. Por ejemplo, si dices: «mi padre era una mala persona» o «yo me merecía el castigo», eso no son hechos, son interpretaciones. Y no son la verdad; son solo ideas, pensamientos, que varían en función de nuestros condicionamientos.
  • La verdad: La verdad (o la realidad) es algo que está por debajo de los hechos, más allá de las interpretaciones y que no es conceptual, o sea, no se puede expresar con palabras; como mucho se puede señalar, y la narrativa es una forma de hacerlo. Puede haber múltiples interpretaciones de los mismos hechos, pero una sola verdad. Por otra parte, no se puede acceder a la verdad que subyace a los hechos a través de interpretaciones. Por eso en narrativa hay que exponer lo sucedido de tal forma que sea el propio lector quien lo interprete a su manera y, a través de una trama congruente, trascienda dicha interpretación y acceda a una realidad más amplia.
  • La verosimilitud: Es la cualidad de una narración de hacerse creíble a los ojos de quien lee. Para que el lector se crea lo que le cuentan y acceda a la verdad que subyace a los hechos, no basta con que estos hayan sucedido en realidad, sino que además han de estar mostrados de tal forma que apunten a un significado subyacente que sea congruente con el resto de la narración y que el lector pueda captar.

Así que cuando narras algo que te ha sucedido, has de tener cuidado de que no se te mezclen estos conceptos. A veces creemos que contar las cosas que sucedieron tal como las recordamos es suficiente, pero si en vez de mostrar los hechos los interpretas, y/o lo haces de una forma inverosímil y falta de congruencia y/o no apuntas con ellos a la verdad, a nadie —ni siquiera a ti mismo— le interesará lo que escribas.

Toda buena obra nace del cuestionamiento. Escribes porque no sabes, porque no entiendes nada. Escribes para explorar eso que desconoces. Escribes porque si no escribes explotas. Clic para tuitear

2. Mirarse el ombligo: ¿para qué escribes?

Hay una diferencia abismal entre mirarse el ombligo y usarse a uno mismo como laboratorio, como terreno de exploración de la verdad. Y como a veces los extremos se tocan, al escribir sobra la propia vida hay que andar con mucha cautela sobre la intención que nos mueve.

La humildad es esencial a la hora de escribir, pero mucho más cuando se trata de escritura autobiográfica. Así que si escribes para enseñar al mundo lo guay que eres, lo bien que has hecho las cosas, lo feliz que eres o, por el contrario, lo desgraciado que has podido llegar a ser… difícilmente podrás escribir nada que merezca la pena.

Toda buena obra nace del cuestionamiento. Escribes porque no sabes, porque no entiendes nada. Escribes para explorar eso que desconoces. Escribes porque si no escribes explotas. Escribes para quitarte todos los disfraces y quedarte en pelotas delante de ti mismo y de cualquiera que te lea. Si no escribes para desenmascarar al ego, el ego escribirá por ti un montón de banalidades que no harán sino endurecer la coraza con la que te cubres.

3. Personajes autobiográficos

Cuando quieres construir un personaje autobiográfico o, lo que es lo mismo, convertirte a ti mismo en personaje, el proceso de creación se complica, pues has de convertirte primero a ti mismo en otro.

Podría pensarse que, si quieres ser tu protagonista, no sería necesario que te observaras como otro, sino que simplemente habrías de plasmarte como tú mismo eres —o crees ser—; pero no es así. El proceso psicológico mediante el cual la persona que escribe pone distancia para ver a su personaje como otro para después encarnarse en él y explorarlo a su gusto, resulta imprescindible para escribir una buena narración. No te puedes identificar con un personaje si antes no lo sientes como alguien ajeno. Sin ese alejamiento previo, que te permitirá objetivarte, los árboles (tus condicionamientos) no te dejarán ver el bosque (la verdad). Tú te encuentras demasiado cerca de ti para poder verte.

El esfuerzo que habrías de hacer para intentar verte como te ven los demás es similar al que has de realizar para construir un personaje autobiográfico. Si consigues observarte como si fueras otra persona, aunque de iguales características, como una especie de doble o hermano gemelo, habrás saltado el primer obstáculo. Después has de introducirte dentro de ese doble (que ya no eres tú) y contar tu historia, poniendo cuidado de que en ningún momento se produzca una fusión entre creador y criatura, que impediría al personaje desenvolverse con libertad y lógica narrativa en la consecución de la historia. Tras haber saltado este segundo obstáculo, habrás conseguido crear un personaje autobiográfico.

4. Cuidado con querer ser fiel a los hechos

Cualquiera que lleve tiempo escribiendo sabe que es más difícil escribir algo autobiográfico que escribir una historia totalmente imaginada. Y es más difícil porque el apego a la realidad de los hechos vividos habitualmente nos impide manipularlos para convertirlos en arcilla literaria. Solemos tener reparos a la hora de falsear los hechos, aunque el objetivo de las modificaciones que introduzcamos sea precisamente el de ser fieles al espíritu de la historia real.

La memoria es un elemento nutriente, pero finalmente no puede abarcarlo todo. Y allá donde la memoria no alcanza, la imaginación cumple el papel de enriquecer lo real. No importa tanto que todos los hechos de la historia que se narra ahora hayan ocurrido de forma literal, como que la sensación que deje al leerla sea análoga emocionalmente a la que le sirvió de base. Esa es la auténtica realidad literaria, no la pretendida traducción literal de lo que pasó hace algún tiempo.

5. No lo cuentes todo: la unidad de sentido

Por otra parte, no puedes pretender contar tooooodo lo que recuerdas con pelos y señales. Es un error frecuente empezar a evocar los hechos y dejarse llevar por la nostalgia y los detalles sentimentales, que podemos desmenuzar hasta el infinito. Pero si todo eso que cuentas no está tramado por un hilo de sentido, solo servirá para que el lector se disperse y acabe aburriéndose.

Porque lo que importa no son los hechos en sí, sino a dónde apuntan. ¿Qué es lo que quieres contar con lo que estás contando? ¿Qué subyace a esos hechos? Eso, que ha de estar marcado por esa búsqueda interior de la que hablaba antes, por un conflicto claro que vaya evolucionando a lo largo de la línea de acción, es lo que dará unidad de sentido a la obra. Y también es lo que te permitirá seleccionar unos hechos, desechar otros, inventar algunas cosas, modificar otras, etc.

Por otra parte, es importante elegir una línea temporal que sea acorde con la secuencia de hechos que queramos abarcar para completar el sentido. A lo mejor no es necesario completar desde el nacimiento hasta la actualidad, quizá pueda bastarnos abarcar un año de nuestra vida, o una semana, o un día, o cinco minutos. Todo depende de aquello que queramos explorar, de la temática, del conflicto, del punto de dolor o del punto ciego sobre el que queramos echar luz.

Es más sencillo elucubrar, especular, expresarse con abstracciones y ambigüedades que nos eviten conectar con el dolor de estar vivos y de ser humanos imperfectos y vulnerables. Clic para tuitear

6. Las pajas mentales

Un error muy habitual cuando se escribe literatura autobiográfica es ponerse a reflexionar sobre el papel. Puede que tengas ideas interesantísimas, pero una narración no está para exponer ideas (para eso, escribe un ensayo) sino para mostrar un recorrido vital a través de las coordenadas de tiempo, lugar y acción. Cuando escribes tu historia, es una tentación muy grande escaparte al plano de las ideas, mucho más fácil de habitar y mucho menos comprometido que el de los hechos. Cuando dejas que el personaje actúe y tome decisiones, se equivoque, se caiga, se vuelva a levantar, etc., te estás posicionando como autor, y eso tiene repercusiones. Por un lado, tienes que revivir (y sufrir) todo eso y, por otro lado, te estás pringando, echando la carne en el asador, abriéndote a la verdad que se vaya revelando. Eso puede dar mucho miedo y crear mucha incomodidad. Es más sencillo elucubrar, especular, expresarse con abstracciones y ambigüedades que nos eviten conectar con el dolor de estar vivos y de ser humanos imperfectos y vulnerables.

Así que si cuando estás escribiendo te ves expresándote con abstracciones, desconectado de tu cuerpo y tu corazón, eso suele ser una señal de que te has desplazado al algodonoso y evitativo plano de las pajas mentales.

7. La distancia justa

La experiencia personal es un campo minado. Ahí se esconden los sucesos más bellos y tiernos, pero también los mayores miedos, los traumas, la vergüenza, las inseguridades, los patrones, la familia, los condicionamientos, los conflictos… Y adivina qué: los primeros no pueden brillar sin el contraste de los segundos. O, por decirlo de otro modo, no hay verdadero amor ni verdadera belleza si no tenemos el coraje de atravesar todo aquello que los tapa.

Así que has de ser consciente de que si quieres escribir sobre tu vida, habrás de tocar puntos oscuros. Eso no quiere decir que hayas de meterte en asuntos que te sobrepasen o exponer tus vísceras sobre el papel. Has de plantearte un reto a tu medida, pero que suponga dar un paso en la exploración de tu persona. Escribir sobre lo que ya tienes superado es un aburrimiento (para ti y para quien te lee), y escribir sobre lo que te sobrepasa te llevará a una escritura frígida (pues tendrás que poner distancia emocional para protegerte).

Encontrar la medida justa en tu nivel de exposición es importante para poder manejarte con el material narrativo con fluidez y a la vez con implicación.

La literatura siempre es una apertura hacia la luz, hacia el amor. Si confías en eso, en tu propia verdad, desvelada a través de una exploración honesta, tendrás la fuerza de considerar que quienes de verdad te quieran, han de… Clic para tuitear

8. El qué dirán

He conocido a bastantes personas que querían escribir su vida sin exponerse al qué dirán. Antes de que te pongas a escribir sobre experiencias propias, has de darte el permiso y la libertad para hacerlo. Yo suelo recomendar a las personas que se embarcan en esto que no piensen de entrada que su obra se hará pública, porque esa es una fuerte presión que puede llevar al bloqueo o a edulcorar los hechos en pos de que lo que escribamos sea políticamente correcto o desviemos nuestra intención a agradar a aquellos que introducimos como personajes.

Pero, sobre todo, animo a las personas a que sean valientes y no se dejen condicionar por su entorno a la hora de escribir. Uno escribe para buscar su verdad, que en realidad es «la» verdad, porque, si somos honestos, a través de indagar narrativamente en nuestra propia experiencia llegaremos a aquello que la trasciende y que, por tanto, pertenece a la experiencia común a todos los seres humanos. Es un derecho inalienable del escritor, el libre albedrío del artista.

Puede que esto «rasque» a aquellas personas en las que has basado algunos de los personajes para realizar esa búsqueda de la verdad, porque pueden ver dañada su autoimagen o leer lo que escribimos bajo el filtro de sus propios condicionamientos. Pero, siempre que no escribas para vengarte o algo así, no creo que eso sea malo o dañino, sino que puede dar lugar a un debate nutritivo, abierto e integrador.

La literatura siempre es una apertura hacia la luz, hacia el amor. Si confías en eso, en tu propia verdad, desvelada a través de una exploración honesta, tendrás la fuerza de considerar que quienes de verdad te quieran de un modo saludable, han de estar dispuestos a atravesar sus condicionamientos para aceptar tu verdad y autenticidad; y que los que no te quieran, o te quieran de un modo poco saludable, habrán de resolver sus propias limitaciones —de las que no eres responsable— por sí mismos.

9. El pudor

Te diré una cosa: si eres muy pudoroso, mejor que ni intentes escribir de forma autobiográfica. Incluso la ficción exige deshacerse del pudor en cierto grado. Pero mucho más cuando se trata de experiencias por las que has pasado. Si te dejas llevar por el pudor, todo lo que escribas estará cubierto por una capa de maquillaje tan gruesa que no permitirá acceder a la verdad subyacente a las situaciones.

Una de las cosas que más preocupan al escritor pudoroso es que el lector descubra, detrás de sus palabras, qué clase de persona es verdaderamente. Y es que el ser de múltiples facetas (no todas agradables) que se va desvelando con la escritura autobiográfica no suele coincidir, en absoluto, con la imagen que tienes de ti mismo. Esto te quita de debajo de los pies la tupida alfombra llena de arabescos que tanto habías tardado en tejer a lo largo de tu vida y te estampa contra el suelo.

Sin embargo, no por eso pienses que el lector estará juzgándote como persona. Más bien ocurre al contrario: si realmente trabajas sin agresión en las fronteras de tus miedos y pudores, propiciarás que quien te lee se identifique con tus personajes y vaya desvelando, a su vez, sus propios miedos.

Igual le suena un poco duro a tu ego, pero al lector le importas bien poco como persona, e incluso como escritor. Esto no va de ti. Lo que quiere quien te lee es un canal de transmisión para trabajar consigo mismo. Y si se lo proporcionas de la forma más auténtica posible, se olvidará de ti mientras lee, empatizará con tus personajes, y al final solo sentirá agradecimiento por la oportunidad que le has brindado de sentirse guiado y acompañado en sus inquietudes más profundas. Le habrás permitido rozar, sin agresión e incluso con goce, la herida abierta de su vida, que es la de todos.

10. La negación y el autoengaño

La negación y el autoengaño son los mayores enemigos de la escritura autobiográfica, y también los que te van a acechar al volver la esquina de cada párrafo. Estás trabajando con el material más sensible, delicado, frágil y vulnerable que existe sobre la tierra: tú mismo. La tendencia que tendrás que contrarrestar todo el tiempo es a escaparte de quien verdaderamente eres, sencillamente porque es lo que has hecho toda tu vida, aquello a lo que se nos enseña en este mundo de generación en generación y la fuente de todo nuestro dolor. Para trascender ese dolor escribes, de hecho. Lo que pasa es que, para poder trascenderlo, primero tienes que sentirlo y dar todos los pasos —sin saltarte ninguno— que te permitan transformarlo en belleza y liberación.

Si niegas el dolor, si tratas de que las cosas sean de otra forma que como son o si te engañas a ti mismo con fantasías elusivas, tu escritura se convertirá en un muro infranqueable en lugar de en una puerta abierta hacia la libertad y la plenitud.

Voy a terminar con una cita de El arte de la ficción, de John Gardner, en que habla de la ética del escritor a la hora de contar la verdad:

La narrativa persigue la verdad. Desde luego, se trata de una clase poética de verdad, cuyas constantes universales no son fácilmente traducibles a un código moral. En cambio, parte del interés que tenemos en tanto lectores estriba en conocer cómo funciona el mundo, cómo se pueden resolver los conflictos que compartimos con el escritor y con todos los demás seres humanos, si es que tal cosa es posible, y qué valores podemos reafirmar, cuáles son los riesgos morales implícitos, etc. El escritor que no pueda distinguir la verdad de un bocadillo de mantequilla de cacahuete jamás podrá escribir buenas historias. Todo lo que él afirme lo negamos, y terminamos por tirar el libro indignados. Si nada afirma, ni siquiera nuestra unicidad en un triste o cómico desamparo, y si insiste en que está en su perfecto derecho al hacer tal cosa, le demostramos que está equivocado cerrando su libro.

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Espero que lo que te he contado te ayude a calibrar los riesgos de la escritura autobiográfica antes de meterte en un jardín del que luego no sepas salir. En otro artículo trataré de facilitarte un plano para usar este tipo de escritura como forma de autoindagación, en pos de descubrir los recovecos más bellos y floridos de tu persona.

2 comentarios en «Los riesgos de la escritura autobiográfica»

  1. Muy interesante el post. Para mi sobre todo el indagar en buscar el equilibrio entre lo que se puede abordar en cada momento, porque es un punto que me cuesta encontrar y voy de la ficción a pensar en que quizás debería exponerme más, pero no puedo y me confunde sobre si es para mí la escritura o no. Gracias Isa, un abrazo

    Responder
  2. Isa:
    El contenido del blog me resultó sumamente esclarecedor en cuanto al tema de la escritua autobiográfica. Todos los puntos son muy importantes a tomar en cuenta para la escritura y aunque se requiero contar con los elementos que mencionas de honestidad, separarte del personaje, dejar el ego…estoy interesada en comenzar esa aventura.
    Gracias por la generosidad al compartir.

    Responder

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