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Los tópicos como platos

Tópicos como platos

Si algo tienen los tópicos, las frases hechas y los refranes es que son ciertos. De hecho, son tópicos, frases hechas o refranes porque han sido aceptados como verdad incuestionable dentro de la sociedad, con lo cual si los usamos en un relato el lector accederá a su significado de una forma directa y entenderá inmediatamente lo que le queremos decir.

Los tópicos son «obvios»  y si nos expresamos por medio de tópicos, estamos en el terreno de la obviedad, y eso no es muy literario

Ahora voy a usar otro adjetivo: los tópicos son «obvios». Si nos expresamos por medio de tópicos, estamos en el terreno de la obviedad, de lo consabido, y eso no es muy literario que digamos. Claro que la nieve es blanca y que los ojos muy abiertos se asemejan a platos o que los dientes a veces tienen la blancura de las perlas o que no por mucho madrugar amanece más temprano o que a buen entendedor… Y, sin embargo, esas expresiones no llevan al lector tomar contacto con la experiencia. ¿Por qué? Porque se han convertido en obviedad.

En el primer momento en que un escritor o un hablante usó la expresión «ojos como platos» estoy segura de que causó un gran impacto metafórico, y de hecho por eso se extendió… como la pólvora. Pero ahora mismo es ya una comparación gastada, sin fuerza, que para el lector constituye casi un síntoma de pobreza léxica o de creatividad renqueante por parte del escritor. Que un personaje tenga los ojos como platos o los dientes como perlas no constituye un rasgo particular y único, sino que que es algo que puede compartir con buena parte de la población.

Es cansino para el lector tratar de llamar la atención con un lenguaje lleno de obviedad, y lo alejan de su intención intensificadora

Pero es que además parece haber una contradicción entre la intención intensificadora o enfática de ciertas frases hechas y el efecto cansino que causan en el lector. Para decir «puso los ojos como platos» es mucho mejor decir «abrió mucho los ojos», porque así por lo menos el lenguaje no está tratando de llamar la atención sobre sí mismo para, al fin y al cabo, denotar una obviedad.

Conviene ser original y huir de este tipo de expresiones, pues una de las tareas del escritor es renovar el lenguaje y golpear al lector con imágenes que actualicen sus vivencias

En definitiva, por lo general conviene huir de este tipo de expresiones y buscar símiles originales, propios, únicos, que se adapten a nuestro universo particular y al de la narración concreta que estemos escribiendo. Ya sé que es una pesadez, que hay que estrujarse la imaginación durante días o semanas hasta que nos sale algo original. Pero es una de las tareas de todo escritor, renovar el lenguaje, buscar el extrañamiento, golpear al lector con imágenes que actualicen sus vivencias, que despierten sus sentidos, que le permitan experimentar nuevas situaciones y no solo «entender» lo que ya todo el mundo sabe.

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