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Mindfulness y escritura: una combinación para el equilibrio emocional

Mindfulness y escritura en la gestión emocional

Mindfulness es un término bastante amplio que se aplica a toda práctica que tenga que ver con prestar atención a la experiencia del momento presente, sin juzgar y con total aceptación. Se suele traducir al castellano como «atención plena», aunque lo cierto es que está mucho más extendido su uso en inglés.

La atención plena, en realidad, se puede aplicar (o no aplicar, que eso se nos da mejor ;-)) a muchas actividades y situaciones de la vida, como puede ser bailar, comer, caminar, comunicarse, correr, fregar los platos, acariciar a tu gato, escuchar música, emocionarte etc. También se puede aplicar formalmente a través de múltiples prácticas y ejercicios. La práctica de la meditación, por ejemplo, lleva incluido el cultivo de la atención, ya que esa es la base sobre la que se asientan prácticas más avanzadas enfocadas al despertar de la consciencia.

Para mí, eso es la creación literaria: la capacidad de reescribir el pasado desde la potencialidad del futuro, lo que representa un acto de presencia. Share on X

Y a la escritura también se puede (o, más bien, se debe) aplicar el mindfulness, ya que, si queremos aprovechar al máximo esta herramienta creativa, hemos de escribir desde la experiencia presente con una actitud de aceptación y no juicio.

Thomas Hübl, maestro de espiritualidad y trauma, dice:

Sentándonos en presencia, tenemos la capacidad de integrar el pasado, para así poder tener un futuro diferente. Al integrar el pasado, podemos estar presentes. Ese es el principio de la gracia divina, y la gracia divina significa que el futuro tiene la capacidad de reescribir el pasado, que tenemos la oportunidad de alinear, reconectar y abrirnos a un futuro que está disponible para nosotros de forma constante. Y el futuro no es futuro porque estemos no-presentes. Hay un futuro que tiene que ver con estar soñando constantemente en otros lugares, porque no queremos estar aquí, y en eso hay una especie de evitación de la presencia. Y hay otro futuro en que, porque estamos presentes, tenemos la capacidad de innovar, tenemos la capacidad de ser creativos. Eso es lo que llamamos un acto de presencia.

Para mí eso es la creación literaria: la capacidad de reescribir el pasado desde la potencialidad del futuro, lo que representa un acto de presencia. Por decirlo de otro modo: mi yo del futuro tira de mi historia para que mi yo de ahora espabile y no me quede enganchada a un pasado inexistente ni huya hacia una fantasía futurista.

Por eso toda práctica de atención plena (empezando por la meditación) que hagas en tu día a día te ayudará a aplicar esa misma actitud a la hora de escribir, mientras que practicar la escritura desde la presencia facilitará que seas más consciente en tu vida cotidiana.

¿Y qué tiene esto que ver con el equilibrio emocional?

Bueno, las emociones (sobre todo las que no nos gustan) son la causa principal de que nos resistamos a permanecer en el presente, es decir, experimentando lo que experimentamos. Es por eso que nos enredamos en pensamientos que tienen que ver con el pasado o fantasías que tienen que ver con un falso futuro.

Así pues, cultivar la atención plena en la experiencia presente con apreciación y sin juicio nos va acostumbrando a permanecer con nuestras emociones, aunque sean desagradables, hasta que nos damos cuenta de que la energía emocional es neutra y creativa de por sí, y somos nosotros, con nuestro apego y rechazo, los que las convertimos en pasión desatada o en el más puro infierno.

Prácticas de mindfulness y escritura para equilibrar tus emociones

1. Observa cómo enjuicias e interpretas

Cuando salgas a la calle y te internes en tus actividades cotidianas (trabajar, ir a la compra, lo que sea) pon la atención en cómo juzgas a las personas y en cómo interpretas la realidad. Por ejemplo, entras en un vagón del metro y (si no estás absorto en tu propio ombligo) se te suelen ocurrir cosas de este tipo: «Vaya pintas que lleva ese», «Esa chica parece estar necesitada de un abrazo», «¿Por qué la gente viste de marrón?»…

Cuando no estamos concentrados en una actividad concreta o perdidos en nuestras fantasías mentales, solemos entretenernos juzgando e interpretando lo que pasa fuera y a las personas con las que nos cruzamos. Si somos capaces de percibirlo conscientemente, entonces tenemos la oportunidad de abrirnos, de dejar de aferrarnos a esos pensamientos y juicios como si fuesen la realidad.

2. Escribe hechos del pasado desde tu experiencia del presente

Escribe sobre algo que recuerdes. Ya solo el hecho de que aflore a tu mente una situación y no otro no es casual. La memoria tiene mucho que ver con las emociones, y dependiendo de nuestro estado anímico, nuestro archivista interno rescata unos recuerdos u otros. Por otra parte, eso que viene a nuestra mente a veces es una especie de reflujo emocional, algo que ha quedado mal digerido, y a través de la escritura tenemos la posibilidad de terminar de elaborarlo y dejarlo realmente atrás.

Para ello, no trates de contar el suceso «tal como fue». No existe ya ese «tal como fue», se trata de un espejismo, y si tratamos de ser «fieles» a lo que sucedió, no lo haremos desde la presencia, sino desde una idea que se ha quedado atrapada. Lo mejor que podemos hacer es evocar lo que sucedió, pero pasándolo por el filtro del presente, de lo que experimenta nuestro cuerpo, nuestro corazón y nuestra mente en el mismo instante en que estamos escribiendo. Si además usamos la imaginación y movemos a los personajes y la situación hacia otros derroteros diferentes, más acordes con nuestro sentir actual, entonces estaremos abriendo las puertas a un futuro mejor y más acorde con el río en continuo movimiento que es la vida.

Escuchar conversaciones ajenas, sin juicios ni interpretaciones, prestando atención a los matices, te ayudará a soltar las proyecciones y equilibrar tus emociones Share on X

3. Escucha las conversaciones ajenas con ecuanimidad

Espero que no me taches de cotilla por recomendarte escuchar las conversaciones ajenas, pero bueno, a mí es algo que me funciona muy bien para practicar la ecuanimidad. Y yo creo que es más fácil practicarlo primero con las conversaciones ajenas, antes de hacerlo con las propias.

Sería escuchar a los demás (en el autobús, en un restaurante, en la farmacia…) sin involucrarte en juicios o interpretaciones, con total apertura, sintiendo el tono de voz, los matices, la energía de cada uno de los interlocutores, pero sin involucrarte, identificarte ni tomar partido.

No es fácil practicar esto, pero si pones la atención y la intención en ello, podrás ver los movimientos y la tendencia de tu mente a aferrarse a lo externo en función de lo interno. Y darte cuenta de eso te ayudará a soltar las proyecciones y equilibrar tus emociones.

4. Transcribe tus pensamientos a tiempo real

Las emociones y los pensamientos siempre van de la mano. Un pensamiento, cuando nos lo creemos (es decir, cuando lo confundimos con la realidad) nos puede llevar a una emoción, y una emoción (cuando nos identificamos con ella) suele traer asociada múltiples pensamientos. Los pensamientos son escurridizos, pero a la vez conforman un discurso mental que casi siempre nos acompaña. Consignar dicho discurso por escrito es una forma de dejar de estar involucrados en él. Es como pillar a la mente in fraganti en sus juegos ilusorios.

Puede que cuando quieras hacer este ejercicio de forma premeditada sientas que tu mente se queda en blanco y, paradójicamente, no aparezca pensamiento alguno. Esto es un efecto de la tensión o el control que estás ejerciendo sobre ella. Relájate —sin dejar de prestar atención— y tarde o temprano la mente volverá a las andadas y generará pensamientos, que podrás ir consignando por escrito a medida que aparecen, en una suerte de exorcismo que te ayudará a restar poder al juego de los patrones.

Cuando estés en compañía de más gente y todos estén exponiendo sus opiniones, cállate. Ejercitarnos en la desidentificación y suspensión de nuestras opiniones es una excelente práctica de atención plena que facilita nuestro… Share on X

5. Suspende tus opiniones

Esta es una práctica que te recomiendo que hagas cuando estés en compañía de más gente, en esa típica situación en que todo el mundo está exponiendo su opinión sobre algo, y una fuerte oleada emocional te impulsa a decir la tuya (que, por supuesto, es la única correcta). En ese momento, subido en esa enorme ola, en lugar de lanzarla sobre los demás, deja que se recoja sobre sí misma y se disuelva en el océano. Es decir, cállate la boca.

No es que esté mal tener nuestras propias opiniones, desde luego. Pero a veces no nos damos cuenta hasta qué punto estamos identificados con ellas como si fuesen la verdad, lo que nos impide ver otras perspectivas y, además, nos desequilibra emocionalmente, pues cuando otros difieren de nuestro punto de vista, nos lo tomamos como algo personal. Por eso, ejercitarnos en la desidentificación y suspensión de nuestras opiniones es una excelente práctica de atención plena que facilita nuestro equilibrio.

6. Conecta con tu malestar

Cuando algo nos molesta (no estoy hablando ahora de agresiones graves hacia nosotros) no es porque sea molesto de por sí, sino porque toca una herida interna que nos duele. Nos duele todo el rato, pero solo percibimos el dolor cuando algo externo lo despierta. En estas ocasiones, lo que solemos hacer es reaccionar ante aquel o aquello por el/lo que, desde el exterior, nos sentimos agredidos.

Te propongo que, cuando te suceda esto, en vez de reaccionar inmediatamente, lleves tu atención al malestar que sientes interiormente. Centra allí tu atención y tu intención. Explora en todos sus matices las sensaciones, emociones y pensamientos que se están generando en ti. Abre espacio a todo eso con cariño y aceptación. Haz las paces contigo mismo, y hasta que esto no ocurra, no vuelvas tu mirada hacia el exterior. Si sigues este consejo, tus respuestas ante los demás serán más atinadas y congruentes con la situación. A la larga, esto te llevará a un mayor equilibrio emocional.

La meditación es la disciplina por excelencia que te posibilita una apertura de consciencia que trascienda tus enganches emocionales, mientras que la escritura te da la posibilidad de trabajar con ellos de un modo creativo y… Share on X

7. Medita y escribe todos los días

 A lo mejor esto tendría que haber ido en primer lugar, pero bueno, lo voy a poner al final para que no se te olvide. La meditación es la disciplina por excelencia que te posibilita una apertura de consciencia que trascienda tus enganches emocionales, mientras que la escritura te da la posibilidad de trabajar con ellos de un modo creativo y liberador.

Si estamos tan desequilibrados emocionalmente es porque no tenemos ni idea de cómo funciona nuestra mente, y no nos damos cuenta de que somos nosotros mismos, con nuestras compulsiones y comportamientos automáticos, quienes estamos agitando constantemente la marea emocional; y, si alguien nos lo dice, lo negamos y echamos la culpa de nuestro dolor a las circunstancias externas y a los demás. Somos muy tozudos, y solo la práctica diaria con la atención puede contrarrestar las fuertes tendencias que nos mantienen en la ignorancia; más que contrarrestar, yo diría que las pone a nuestro favor, porque nos hace ver que en el fondo no hay nada que contrarrestar, porque todo proviene de un malentendido esencial, el de que tomamos por real lo que no lo es.

 

3 comentarios en «Mindfulness y escritura: una combinación para el equilibrio emocional»

  1. Me ha parecido muy interesante todo lo que cuentas en el pot de esta semana.
    Estoy poniendo en práctica tus sugerencias y me están funcionando . Gracias

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  2. Muy interesante Isa,
    Con algunos puntos discrepo.
    Hay que leerlo varias veces porque tiene bastante contenido para reflexionar.

    Responder

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