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Reconoce estos 4 síntomas en tu meditación

4 síntomas de la meditación

Si estás empezando a meditar, puede que pienses que lo estás haciendo fatal porque tienes muchos pensamientos, porque no consigues mantener la atención en el soporte de la respiración, porque te quedas roque, porque no sientes esa calma de la que otros hablan, etc. Es como si, inconscientemente, fueses buscando un estado mental que coincida con lo que tú piensas que es meditar «bien»; pero ese estado mental es una fantasía, mientras que lo que de verdad estás experimentando en ese instante te está pasando inadvertido, al no coincidir con tu idea de lo que debería suceder.

Ese es precisamente el primer chiringuito que te desmonta la meditación: tu persecución del logro no te deja ver lo que te sucede. Y lo que te sucede, sea lo que sea, es lo más valioso, es tu material de trabajo, es lo único que hay, de hecho. Así que si reconoces que tienes muchos pensamientos, notas una contractura en la espalda, te das cuenta de que te distraes, percibes que se te cae la cabeza de sueño… vas por muy buen camino. Si lo rechazas como algo negativo, que no debería estar ahí, estás desaprovechando esa toma de consciencia para internarte en otro engaño, persiguiendo la zanahoria de lo inexistente, que es exactamente lo que nos hace sufrir en la vida.

Por eso te sugiero que reconozcas estos cuatro síntomas (que a mí me llevó a reconocer mi maestra, Lama Tashi Lhamo) en tu meditación:

1. La distracción

La meditación te proporciona la maravillosa oportunidad de que te des cuenta de lo dispersa y malacostumbrada que está tu mente Clic para tuitear

Te distraes cuando pasas de tener la atención en el soporte de la respiración a tenerla en algún otro estímulo. Y vas a distraerte, eso está asegurado, así que aprovéchalo a tu favor. Descubrirte distraído es lo que te permitirá volver a llevar la atención al soporte de la respiración.

Imagínate que no te dieras cuenta de que te has distraído y que, por tanto, no pudieras depositar la atención en el sitio al que te habías propuesto llevarla. Bueno, pues así se nos pasa la vida, absortos en mil cosas menos en lo esencial. Así que la meditación te proporciona la maravillosa oportunidad de que te des cuenta de lo dispersa y malacostumbrada que está tu mente. Le dices que se esté un ratito quieta en un sitio, y nada, que no le da la gana. Descubrir eso está muy bien, porque nos permite empezar a domarla y, por tanto, a tomar las riendas de nuestra vida. Porque, por si no te habías dado cuenta todavía, tu mente y tu vida están en íntima relación.

Así que, cuando te des cuenta de que te has distraído con la lista de lo que tienes que comprar o con las ganas que tienes de irte a la playa, no te pelees con esos pensamientos como si fueran el enemigo o, si lo haces, date cuenta del rasgo quijotesco de pelear contra molinos de viento, y entonces puede que te entre la risa y, por fin, puedas llevar la atención a la respiración con el corazón un poquito más abierto. Nuestro ego se enfada enseguida cuando las cosas no son como quiere que sean o no coinciden con la idea que tiene de sí mismo: «No puede ser que yo, una persona tan cultivada y perseverante, sea incapaz de estar atento más de dos minutos seguidos». Y de ahí pasa a ponerse en modo drama-queen: «La meditación no es lo mío, lo hago fatal, nunca aprenderé, lo mejor es tirar la toalla».

Pero, ¿y si hubiera otra salida? Simplemente, considerar que es normal que te distraigas, que forma parte de la práctica, así que, cuando lo notes, no tienen por qué caérsete los anillos. En lugar de eso, aprecia ese instante de toma de conciencia, y continúa entrenando tu mente.

2. La evasión

La evasión es otra forma de autoengaño, ni sientes ni padeces, y la usas para no sentir ese oleaje que te incomoda. Clic para tuitear

Te evades cuando te quedas en Babia o en standby, cuando la atención abandona el soporte pero no lo sustituye por otro estímulo. Es un estado, en cierto modo, agradable, porque no sientes, pero tampoco padeces. Estás desconectado, tan embobado que puedes confundir ese embobe con la apertura o con la calma. Hay muchas personas que creen que meditan cuando lo que hacen es evadirse, desconectarse, y encima están muy orgullosas porque no tienen pensamientos. Puedes distinguir la evasión porque en ella el soporte ha desaparecido, no hay lucidez.

De nuevo, descubrir que te evades y reconocerlo como evasión es lo mejor que te puede pasar, porque es lo que te permite retomar el timón del barco. Cuando aumentes el grado de lucidez con que percibes el soporte, conectarás también con el poder y la energía de tu mente, y el oleaje de los pensamientos, emociones, etc. empezará a alzarse. De nuevo, el oleaje no es malo, es solo con lo que te toca trabajar cuando regresas de la evasión. De hecho, te evades para no sentir ese oleaje, que te incomoda. Es otra forma de autoengaño.

¿Te imaginas que no te dieras cuenta de que te evades? ¿Te suena? ¿Cuántas horas de tu vida se te van sin que tengas ni idea de dónde estás? ¿Y no es eso como estar muerto en vida? Pues fíjate si es importante trabajar con la evasión en tu práctica meditativa.

3. La tensión

La tensión suele aparecer cuando pones mucho esfuerzo para permanecer atento al soporte, y tiene que ver con el afán de control. Permaneces aferrado a algo que no se puede apresar, y eso es agotador. También es un síntoma fácilmente reconocible, porque es incómodo. Si sientes incomodidad mientras meditas, posiblemente es que estés tenso.

Como la tensión te indica que estás agarrando algo que no se puede agarrar (por ejemplo, el soporte de la respiración), cuando te das cuenta de ella no tienes más que soltar, relajarte. De nuevo, más vale que des la bienvenida a la tensión como la mensajera que te trae a la experiencia presente, porque si la ves como el enemigo y quieres darle una patada, eso te pondrá más tenso. La única forma útil de trabajar con la tensión es la distensión, la no lucha, el abrazo, la ternura, la hoguera que provoque el deshielo.

Cuando estás tenso, puede parecerte que estás meditando muy bien, porque no hay pensamientos (pobres, no se atreven a acercarse), está todo congelado, paralizado, constreñido. Sin embargo, en cuanto empiezas a relajarte un poco, todo empieza a moverse de nuevo, lo que, según tu temperamento, puede resultarte mucho más incómodo que la parálisis.

¿Te imaginas que no te dieras cuenta de lo tenso que estás? ¿Tienes que esperar a que te dé un ictus, una ciática, mil contracturas? ¿Cuántas vidas podrías pasarte tratando de controlar las situaciones y a las personas, aborreciendo el movimiento y el cambio? ¿No es mejor aprender a relajarte cada día un poquito más en tu relación con el soporte en la meditación?

4. El sopor

¿Te imaginas ir sonámbulo por la vida? No desesperes, persevera. Por algo será que al mayor estado de realización espiritual se le llama despertar. Trabaja a diario con el sopor para alcanzarlo. Clic para tuitear

Seguro que a ti, como nos ha pasado a todos los practicantes del mundo entero, te ha entrado el sueño muchas veces mientras meditas. Parece que alguien moviera el regulador de las lámparas, te vas quedando a media luz, y luego en tinieblas, y cuando te quieres dar cuenta se te está cayendo la cabeza y hasta un hilillo de baba.

Cuando llegas a ese punto, tienes dos opciones: o te vas a la cama un rato, o te lavas la cara para espabilarte y volverte a sentar en el cojín. Lo malo es que sueles desmotivarte, es como si meditar perdiera sentido, el cansancio del cuerpo parece poder más que tu motivación y tus ganas de convertirte en un ser más elevado.

Pero no desesperes y, más bien, persevera. Porque, si lo haces, cada vez te darás cuenta antes de que estás cayendo en el sopor, percibirás el bajón de energía cuando está comenzando, y eso te permitirá usarlo a tu favor, no dejarte engatusar por él, subiendo en ese momento el regulador de la luz y la intensidad con que percibes el soporte.

¿Te imaginas que no te dieras cuenta de que te estás quedando dormido? ¿Te imaginas ir sonámbulo por la vida? ¿Te imaginas que tus seres queridos, y las situaciones de la vida, te quisieran despertar gritando tu nombre y tú no pudieras hacerlo, y permanecieras inmerso en tus sueños y alucinaciones irreales?

Por algo al mayor estado de realización espiritual se le llamará «despertar», ¿no crees? Así, pues, yo creo que vale la pena trabajar con el sopor en tu práctica diaria.

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Igual con lo que te he contado le he quitado esa pátina de glamour que tenía para ti la meditación. Igual te parece un tostón tener que convivir durante meses y años con estos cuatro síntomas tan vulgares. Igual crees que mola más inventarte una fantasía megalómana de experiencias de realización. Sin embargo, si eres honesto contigo y con tu práctica, tarde o temprano tendrás que rendir pleitesía a estos síntomas que te señalan el auténtico camino para salir del autoengaño.

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12 comentarios en «Reconoce estos 4 síntomas en tu meditación»

  1. Es verdad que la cosa queda descolorida y sin glamour. Por otro lado, se vuelve más asequible. ¡A cuánta gente he oído decir que no sabe dejar la mente en blanco o no pensar en nada!
    Ver si pienso en otra cosa, o me he ido a las Batuecas, o estoy tensa e incómoda, o me estoy durmiendo…, eso es otra cosa. Es lo que hago todo el tiempo ;-))))
    ¡Un abrazo!

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    • Gracias, Mer, por tus apreciaciones… Es verdad que bajar a la Tierra tiene sus ventajas. Las cosas se hacen más manejables, más de andar por casa :-).

      Un abrazo fuerte,

      Isa

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  2. Cómo me gusta el modo en que vinculas la meditación con la vida. Cuantas veces vamos por la vida tiesos como palos o en babia, dispersos y dormidos, sin enterarnos de lo que llevamos dentro, de lo esencial, vamos.
    Empiezo a ser consciente de mis tendencias mentales….tengo una temporada de bastante estrés y creo que soy consciente, tal vez por primera vez, de los alaridos que está dando mi cuerpo. Como solución busco la evasión….Ambos procesos dirigen mi meditación, y todo, en estos dias. Estoy empezando a entender, eso si, q tal vez esto sea un regalo de la vida, el estrés que ha venido a coincidir con las meditaciones de lama Tashi, digo.
    Me río mucho yo sola ultimamente, la verdad. Siempre pensé que eso de la espiritualidad era algo q estaba así como en la estratosfera…en esos sitios a los q una se iba evadida del todo…y ahora me veo dándome cuenta de q lo espiritual está mas relacionado, al menos en este momento, con soltar y escuchar a mi cuerpo.
    Misterios de la vida. De traca. Muchas gracias, Isa. Las que a mi me parecian pequeñas cosas parecen estar en la base de todo. Algo vamos aprendiendo, digo yo.
    Un abrazote virtual

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    • Hola, Inés,

      ¡Qué bien lo cuentas! Sí, la verdad es que es de traca cómo nos engañamos constantemente a nosotros mismos… He oído decir alguna vez a mi maestra que los primeros 10 o 12 años en que meditas en realidad lo que haces es marear la perdiz. Tras ese tiempo, con un poco de suerte, empiezas a enterarte de algo.

      Así que no te sientas un bicho raro por lo que te pasa, que estamos todos igual ;-). La suerte es tener alguien que te vaya señalando el camino auténtico, porque si no lo ves, ahí sí que te puedes tirar un montón de vidas girando en la noria del samsara sin enterarte de nada.

      Besos,

      Isa

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  3. ¡Gracias, Isa, por esta presentación tan clara de los obstáculos para la meditación (y gracias a Lama Tashi y al amado Khenpo, claro)! Me viene a la mente un dicho que solía decir mi tía Marisa: «¡Tantos años de marquesa, y no saber mover el abanico!», o sea, que después de años de meditar, me sigo topando con estos viejos conocidos (y otros), pero verlos como «abanicos amigos», que me acompañan en el camino, es una manera mucho más gentil de relacionarme con mi mente y con mi práctica. Genial que me lo recordaras.

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    • Hola, Adela,

      Me encanta el dicho de tu tía :-D. Sí, suerte de estos «abanicos amigos» que nos ayudan en el camino.

      Un fuerte abrazo,

      Isa

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  4. Pues si, yo también entro y salgo de la meditación con todos esos síntomas que describes, unas veces más con unos que con otros, pero la forma que has tenido de ligarlo a la vida cotidiana ha sido una revelación, Isa.
    Muchas gracias. Lo recordaré cuando me ponga en modo drama queen conmigo o me duerma y quizás, solo digo quizás me ría y consiga estar atenta a mi respiración un par de minutos
    Un abrazo
    Sole

    Responder
    • Hola, Sole,

      Gracias por tu lectura atenta. Y sí, reírse siempre libera la distorsión y amplía la mirada. Bienvenida sea la risa.

      Un fuerte abrazo,

      Isa

      Responder
  5. Hola Isa, muchas gracias por facilitar con palabras «domésticas» lo que es la experiencia de meditación en cuanto a los síntomas. Esas comparaciones que haces con las experiencias que tenemos en el dia a dia, van geniales. Nos ayudan a integrar mejor la práctica de meditar tanto en el cojín como en el campo de batalla de la vida. La verdad es que tengo que confesar que cuando empecé a meditar, fue en el trabajo donde empecé a darme cuenta de que todo podía ser una meditación, captando mis tensiones, distracciones, huidas… En fin, que cada dia disfruto más de la variedad de manifestaciones que la mente me presenta en el escenario diario del trabajo. Es un gozo poder notarme por dentro y cómo me manifiesto hacia los demás. Y ahí, en medio de la búsqueda del equilibrio van apareciendo los famosos síntomas, que me ayudan a reconocerme cada vez con más gozo y a encontrarlos perfectamente diseñados para abrirme más, ser más comprensiva y amorosa conmigo misma y con los demás. I sobretodo a distender i sonreir más por dentro.
    Gracias de nuevo. Te abrazo cálidamente.
    Vicen.

    Responder
    • Hola, Vicen,

      Que bien cuentas tu experiencia, aplicada a tu trabajo. Y qué bien que puedas traspasar fácilmente lo aprendido en la meditación a tu vida diaria. Es decir, que no hagas «dos espacios» ;-). También me encanta cómo transformas los obstáculos en amigos que te van indicando suavemente el camino.

      Un fuerte abrazo también para ti,

      Isa

      Responder
  6. Isa, qué bien explicado, con qué claridad lo describes. Y siempre, siempre, me sirve de repaso.
    Gracias.
    Una abrazo.

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