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Recupera tu espacio interior

Recupera tu espacio interior

 Nuestra pauta habitual es dividir nuestra experiencia en dos espacios: hay un espacio «exterior» y hay un espacio «interior». Y da la impresión de que, en los últimos tiempos, el espacio «exterior», es decir, las circunstancias ajenas a nuestra voluntad, han invadido nuestro espacio «interior», ¿verdad? Yo al menos tengo esa sensación. La de que me he tenido que volcar demasiado en lo que estaba pasando «fuera», y eso me ha hecho en ocasiones perder mi equilibrio interno.

Pero, ¿cuál es ese espacio interior que hemos perdido y que resulta tan importante para nosotros? Porque para recuperarlo, y también para conservarlo, primero tenemos que saber lo que es, conocerlo, saber de qué está hecho.

Tu espacio interior está hecho de…

La perspectiva actual que tenemos de nuestro espacio interior (al que podríamos llamar «mente») es la de un batiburrillo bastante confuso de cosas. Normalmente estamos inmersos en nuestros pensamientos, en nuestros deseos, en recuerdos, en emociones, en proyecciones, en opiniones, juicios… es decir, estamos en cualquier sitio menos donde realmente estamos, en comunicación con lo que estemos haciendo y experimentando en cada momento, sea fregar los platos, contestar a un cliente, estar con nuestros hijos o mirar el cielo.

La perspectiva que propicia la meditación no es irnos a otro sitio («fuera») a buscar un estado más lúcido y calmado en el que podamos estar en conexión con nuestro ser, sino entender que esa confusión en la que estamos envueltos y nos parece tan sólida y estrecha no son más que juegos de la mente que se dan en un espacio de consciencia mayor. Ahora estamos tan metidos en esos juegos que los tomamos por reales, y de ahí proviene precisamente nuestro sufrimiento.

Tenemos la noción de que estamos separados del mundo, y experimentamos la vida desde un observador que se relaciona con algo observado. Por ejemplo, cuando contemplamos un paisaje, aquí estoy yo, y allí está el paisaje. Esto es más evidente cuando dividimos la experiencia entre yo y el mundo (dentro y fuera), pero incluso con lo que consideramos interno ponemos esa distancia: con los pensamientos, las emociones, las sensaciones físicas… Los consideramos algo aparte del observador, y de ese modo las convertimos en entidades sólidas y muy reales con las que, a continuación, nos identificamos.

No hay ninguna distancia entre yo y mi experiencia, pero me creo que la hay, y eso genera el apego y el rechazo, según ese observador ficticio quiera atraer hacia su territorio aquello que considera fuente de placer o separarse de aquello que le molesta.

Si te fijas, prácticamente todos tus impulsos y acciones tienen que ver con este juego: atraes lo que crees atractivo y rechazas lo que consideras negativo. Y así vamos por el mundo.

La meditación te va llevando a darte cuenta de que esa separación entre alguien que experimenta y algo que es experimentado es ficticia, que es un simple juego que se da en un espacio mucho mayor de consciencia. Y que no hay fuera ni dentro, solo hay experiencia.

En la meditación, el soporte (de la respiración, por ejemplo) te permite, por contraste, ver qué es lo que está ocurriendo en tu mente y poder graduarlo. Si te notas tenso en relación al soporte, relajas. Si te notas evadido en relación al soporte, aumentas el grado de lucidez. Y así vas equilibrando.

No es un equilibrio fácil, porque tiendes a establecer una distancia entre tú y la experiencia del soporte. Te es imposible experimentar la percepción desnuda, y también experimentar relajación y lucidez a la vez. Cuando estás atento, pierdes la apertura. Cuando estás relajado, pierdes la atención. Y alcanzar ese equilibrio (que en realidad es el equilibrio natural de la mente sin los velos de la ignorancia, el apego y el rechazo) es el objetivo de la meditación. Lo que pasa es que la única manera de alcanzarlo es familiarizándote con los velos y reconociendo su insustancialidad.

Por su parte, la escritura te proporciona un terreno, fuera de lo que consideras real, en el que te sientes mucho más libre para lanzarte a experimentar con lo desconocido en ese espacio más allá de coordenadas, lo que propicia que puedas cambiar patrones de comportamiento que en la supuesta vida real te mantienen atado (por miedo o simple enganche) en otros más benéficos que al menos te permitan respirar. Por ejemplo, puedes recrear alguna circunstancia dolorosa (como puede ser la muerte de un ser querido) de una forma creativa, lo que te ayuda a reconciliarte con la pérdida.

Entonces, el trabajo con la mente y el cuerpo que te propone la meditación te lleva a darte cuenta de un montón de cosas. Esto, unido al trabajo con la escritura, que te permite moldear y cambiar a tu favor todo eso de lo que te das cuenta a través de la meditación, te va abriendo el corazón y reduciendo el miedo, de manera que aumenta tu libertad para cambiar y tu capacidad de maniobra en base a las situaciones del presente.

Son dos disciplinas, pues, que se pueden apoyar mucho la una a la otra y te ayudan a conectar con tu cordura intrínseca y con el mundo que te rodea, es decir, a ampliar los límites del espacio en el que te mueves, yendo más allá de las nociones de «dentro» y «fuera».

 

Si te apetece indagar más en esto, te sugiero que te apuntes a mi programa Escribe y Medita por tu Cuenta, que es el primer escalón en el conocimiento y la combinación de las disciplinas de la Escritura y la Meditación. ¡No te arrepentirás!

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6 comentarios en «Recupera tu espacio interior»

  1. Estoy totalmente de acuerdo con tus enseñanzas!!!! Pero dime porfavor!!!! Cómo lograr en tiempos como los actuales, de tantas incertidumbres; alcanzar una constancia en esta práctica para poder encontrar un mínimo de equilibrio mental?

    Responder
  2. Es precioso lo que escribes y, según mi experiencia, muy «cierto». No concibo ya mi vida sin la meditación, está integrada de tal manera en mí, que no sabría vivir sin ella. Y aunque no escribo tan asiduamente como medito, también puedo decir que me ayuda de manera inestimable, junto con la meditación, a resolver los conflictos más difíciles a los que me enfrento en mi vida.
    Gracias, Isa. Siempre, gracias.

    Responder

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