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Ser, sentirse y hacerse la víctima

Sentirse víctima o hacerse la víctima o ser una víctima, conoces la diferencia

Yo siempre he sido una víctima de manual.

¿Por qué?

Hembra de nacimiento: esto es ya empezar con muy mal pie, me dirás que no.

Niña muy tímida e introvertida, sin un gramo de apoyo emocional en casa pero con toneladas de crítica, empollona y miope perdida: carne de cañón en el colegio.

Joven sumisa, con baja autoestima, dependiente y sedienta de amor, pero creyéndose muy liberada: carne de cañón de las parejas y de los mandamientos sociales.

Mujer traumatizada, contradependiente, miedosa, sensible, desconfiada, consciente de sus patrones pero muy vulnerable: carne de cañón de la culpa y la parálisis.

La vida me ha situado en bastantes situaciones en las que he sido víctima de abusos, maltrato, desprecio, manipulacionesY eso me ha creado mucha culpabilidad, vergüenza, miedo, desconfianza y rabia (que por lo general he volcado en mí misma, y también en otras personas más débiles que yo, muy pocas veces en los agresores).

Hay una diferencia sustancial entre ser una víctima, sentirse víctima y hacerse la víctima. Es muy útil reconocer cuándo soy víctima, cuando me siento víctima, y cuándo me hago la víctima. Clic para tuitear

Las heridas causadas por esto están aún lejos de curarse (salir del trauma es un proceso complejo y exasperantemente lento, al menos en mi caso), pero si algo he aprendido a lo largo de los años, es que hay una diferencia sustancial entre «ser» una víctima, «sentirse» víctima y «hacerse» la víctima. Y que me es muy útil reconocer cuándo soy víctima, cuándo me siento víctima y cuándo me hago la víctima.

Ser una víctima es (según el DRAE), «padecer daño por culpa ajena o por causa fortuita». Se puede ser víctima, pues, tanto de un accidente como de una violación.

Sentirse víctima significaría, por tanto, percibir internamente que has padecido un daño que proviene del exterior.

Hacerse la víctima sería (según el DRAE), «quejarse excesivamente buscando la compasión de los demás». Esto último constituiría lo que se suele llamar «victimismo», pero no los dos casos anteriores.

Una persona puede ser víctima sin sentirse víctima o sentirse víctima sin serlo. Por poner un ejemplo, mi hijo, cuando tenía siete u ocho años, fue víctima de un abuso, junto con su mejor amigo, en el campamento de verano al que asistió. Un chaval de dieciséis años los llevaba a un sitio solitario, y jugaba con ellos a lo que llamaba «el pezón retorcido». Les retorcía los pezones hasta hacerles cardenales, haciéndoles creer que eso les haría más hombres. Mi hijo estaba muy contento y orgulloso con eso que consideraba un juego de machotes, y me lo contó por teléfono tranquilamente. Estaba siendo víctima de un abuso, pero no se sentía víctima en absoluto. Hablé inmediatamente con los monitores del campamento, quienes, a su vez, hablaron con mi hijo y su amigo, y por otro lado con el chaval en cuestión. Entonces, mi hijo se sintió víctima de los monitores y de su madre, los cuales —según su punto de vista— nos habíamos compinchado para avergonzarlo. Así que fue víctima sin sentirlo y se sintió víctima sin serlo.

Yo he sido víctima muchas veces en mi infancia (en casa y en el colegio), unas cuantas en mi juventud y alguna que otra en mi madurez. A veces he sido víctima sin enterarme a priori, otras lo he negado, en ocasiones he sido y me he sentido víctima, muchas veces me he sentido víctima sin serlo y otras tantas me he hecho la víctima (siéndolo y/o sintiéndolo o no). En fin, todas las combinaciones son posibles.

Cuando alguien es víctima hay un agresor (de cualquier género o número). A veces al agresor se le une la sociedad, lo que hace las cosas más difíciles. Cuando la víctima es un niño o una niña, no es responsable en absoluto de lo ocurrido. A veces el daño que se ejerce sobre ese niño o niña genera problemas para toda la vida. Cuando la víctima es una persona adulta, a veces comparte responsabilidad con el agresor y otras no, dependiendo del grado en que haya sido forzada su voluntad.

He querido diferencial entre responsabilidad, culpa y culpabilidad. he descubierto que de poco me ha servicio culpabilizarme o hacerlo con otros, sin embargo sí me ha servicio responsabilizarme de mis sentimiento y actuar en… Clic para tuitear

Además de distinguir entre ser víctima, sentirme víctima y hacerme la víctima, para mí también ha sido muy importante diferenciar entre responsabilidad, culpa y culpabilidad.

He descubierto que, con respecto a las situaciones en las que he sido una víctima mayor de edad, de poco me ha servido culpabilizarme o culpabilizar al otro —he hecho ambas cosas, alternativamente y a la vez, durante o después de los sucesos, con escasos resultados—, pero sí me ha servido responsabilizarme de mis sentimientos (asumir que he sido víctima, y dejarme sentir la impotencia y la tristeza que implica ese hecho), repartir responsabilidades (en los casos que tocaba) y actuar en consecuencia. En cuanto a la culpa, yo la ceñiría a un ámbito legal: un agresor es culpable (además de responsable) de forzar a alguien a hacer algo en contra de su voluntad, y según las leyes de cada sociedad, tendrá que ser penalizado.

En las ocasiones en que me he sentido forzada o manipulada, asumir mi parte de responsabilidad y deshacerme del resto no ha sido fácil (a veces creo que he llegado a culpabilizar para no responsabilizar al otro o a mí misma), pero es lo que me ha permitido aprender a mostrar límites cada vez más claros y poner todo de mi parte (que es lo máximo que puedo hacer) para no verme envuelta en situaciones de maltrato.

También me he dado cuenta de que sentirme víctima (de mi familia, de mis parejas, de la sociedad, de la vida en general) no implicaba necesariamente que lo fuera, sino que se trataba en muchas ocasiones de un patrón aprendido, una creencia falaz, un filtro que le ponía a mi existencia, un sesgo involuntario que tomaba por real. Que alguien decida cortar una relación conmigo, por ejemplo, no significa que «me abandone», o que mi hijo deje desordenada la habitación no implica que me desprecie. Cuando se te ha dañado en la infancia, pareces buscar inconscientemente el mismo clima inhóspito de lo que fue el único hogar que conociste. Hay una parte de ti (a veces dominante) que prefiere el infierno a lo desconocido. Y eso es a veces mucho más peligroso que un agente externo, porque lo llevamos siempre a cuestas, resulta una suerte de agresor interno.

Con lo que digo no pretendo en ninguna medida exculpar a los agresores externos, que los hay a patadas y han de asumir lo suyo (he de decir que yo misma he ejercido de agresora —como unas cuantas madres— con personas más débiles que yo) pero sí pretendo devolverme a mí misma el poder que el victimismo me quita a cambio del ralo beneficio de no asumir responsabilidades.

Yo no puedo evitar que alguien me asalte un buen día y me viole por la fuerza, por ejemplo, ni puedo evitar (a día de hoy) quedarme paralizada ante situaciones de violencia, pero sí puedo prestar atención a lo que ocurre en mi interior, descubrir las creencias erróneas que me manejan y desactivarlas, en la medida de mis posibilidades.

Eso me devuelve el poder que me quita vivir bajo el eterno influjo de los demás y de la queja constante.

Eso me permite ir dejando en el pasado sucesos (algunos, otros todavía no puedo) que le ocurrieron a otra yo que ya no existe, y no a la de ahora.

Eso me permite, aun sintiéndome víctima en muchas ocasiones (tanto de cosas del pasado como del presente) poder dilucidar si realmente soy víctima o lo fui o no lo soy o no lo fui; y de ese modo, solo si realmente subsiste algo real en el presente, actuar en consecuencia —pero entonces sí, hacerlo, hacerlo sin excusas y siempre en la medida de mis posibilidades—, para que esa situación no se siga dando y la otra persona asuma su responsabilidad en el daño que está ejerciendo.

Este es el «temazo» de mi vida, aquel que posiblemente me acompañe a la próxima para que siga trabajando sobre él. He querido, no obstante, compartir mis reflexiones y aprendizaje contigo para que, si eres, te sientes y/o te haces la víctima, lo hagas al menos en compañía.

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27 comentarios en «Ser, sentirse y hacerse la víctima»

  1. Hola Isa, de nuevo dando en el clavo. Podría decir que «curiosamente» comparto punto por punto lo que cuentas de tu vida y experiencias. Lo que pasa es que no es tan curioso. Nacer en un sistema patriarcal, ya sé, ya sé que mejor parece ser neutral con esto del feminismo,,,, para no poner a nadie a la defensiva, je, nos hace victimas desde que nacemos. A las mujeres y a muchos hombres, por no decir a todos. Es un tema de capas de cebolla, que afecta todo, hasta el aire que respiramos. Y es verdad, hay que responsabilizarse, pero como le pasó a tu hijo, si no sabes o no quieres saber que eres victima, difícilmente vas a poder hacerlo. Es duro, yo diría, muy duro, batallar en todos los frentes, familiares, de pareja, los hijos…muy cansado y la tristeza y la rabia no se van nunca. Por eso nos lo llevaremos a la muerte, o a la otra vida, pero si has visto lo que hay, ya no puedes dejar de verlo, y es del todo imposible volver atrás.

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    • Hola Isa, también es otro temazo en mi vida y me sirven esas diferencias entre «ser, sentirse y hacerse la víctima».
      Yo también he sido víctima de niña, Sufrí maltrato específico de una profesora, físico y emocional pero el sistema «del colegio» para mi era maltratador en general.
      Y de adulta «mi niña buscadora de amor» me llevó a una relación tóxica donde el maltrato era muy sutil ¡Hay tantas gradaciones y maneras de hacerse daño cuando uno busca aprobación con desespero! Y dificultad entre distinguir víctima y verdugo,
      Yo también he abusado emocionalmente, yo también he proyectado lo que me han hecho a mi de alguna manera. La víctima se convierte «en maltratadora» (de maneras muy sutiles también)
      El primer paso que di a la vida adulta fue precisamente cuando «dejé de victimizarme»

      En cuanto a culpa y responsabilidad. En misa aún recitan «Yo, pecador»….. Me da pereza la culpa….
      Hablemos pues de «responsabilidad». A mi me empodera saber qué parte de mi, como adulta ha creado algo. Ya no soy una niña «a la que le hacen nada». Y en mi libre albedrío al responsabilizarme, me libero y aprendo, todo junto.
      Mi «niña dañada » sigue ahí en observación😍cuidándola por si se me disparata y se pone a berrear😂

      Gracias por compartir Isa. Un abrazo.

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    • Hola, Loreto, muchas gracias por tu aportación, que me llega mucho :-). Entiendo lo que dices del cansancio y la rabia, estaría genial que todos fuéramos más conscientes y que todo fuese más fácil… Pero bueno, este es el camino que nos ha tocado recorrer, y quizá si no fuésemos tan exigentes con nosotras mismas, podríamos descansar y alegrarnos un poquito más ;-).

      Un abrazo enorme,

      Isa

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  2. No, querida Isabel, NO ERES CULPABLE.
    Has aportado la palabra clave en tu historia: DILUCIDAR
    Cuando eres víctima de un maltratador de violencia silenciosa, caes en sus redes sin ser consciente de que te encuentras prisionera de sus manipulaciones.
    Son inteligentes, manipuladores y calculan muy bien su estrategia para desconectarte de la realidad.
    Sus técnicas de gaslighting borran en tu cerebro cualquier atisbo de racionalidad.
    Te culpas de todo lo que sucede en tu vida, eliminas tus capacidades y tu autoestima y llegas a creer que mereces lo que te ocurre, pero NADA DE ESO ES CIERTO. Simplemente, has caído en las garras de un psicópata narcisista.
    Para él, ella, eres sólo el alimento que necesita para subsistir anímicamente.
    CUÁNTO PEOR ESTÁS TÚ, MEJOR SE SIENTE ÉL, ELLA.
    TÚ NO ACEPTASTE ESA SITUACIÓN, TE ENGAÑARON HASTA QUE QUEDASTE ATRAPADA.
    Si quieres que hablemos más de todo ello, me dedico a VIOLENCIA SILENCIOSA. Ayudo a muchas personas a recuperar su realidad y sus capacidades.
    Disponer de la información adecuada te hace libre de nuevo.
    Un abrazo…

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    • Hola, Paz,

      Gracias por tu aportación. Sí, me consta que hay personas y situaciones muy perversas de las que resulta muy difícil salir. Afortunadamente, yo no me encuentro en la que comentas, pero sí he conocido gente que ha estado sometida a ese tipo de personalidad. Y han necesitado ayuda para salir de ella. Me alegro de que realices esa labor silenciosa para que esas personas salgan de esa violencia silenciosa; ojalá ayudes a cuantas más personas, mejor.

      Un fuerte abrazo,

      Isa

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  3. Querida Isa,

    Creo que no había aún escuchado a nadie descuartizar así este tema tan potente, la víctima, el victimismo, hacerse la víctima. He batallado bastante con este tema ultimamente y tu nos lo dejas muy claro. Para mi fue un proceso de acunar mi vulnerabilidad, tan ligada al victimismo, la víctima, y hacerse la víctima.

    Gracias por compartirte y por enseñarnos tanto.

    Un abrazo

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    • Gracias a ti por leerme e interactuar, Carolina :-). Sí, la vulnerabilidad está muy ligada a sentirse víctima, y daría para otro artículo. En todo caso, suena muy bien lo de abrazarla, eso siempre ayuda a sanar.

      Un fuerte abrazo,

      Isa

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  4. Hola Isa Tanta claridad para ver desgranando un tema tan poco asumido en cada uno de los que sufren abuso. Porque lo primero es aceptarlo. La negación en todo esto es lo primero. Años de terapia para empezar a decir «Entonces no es que soy débil y no me hago cargo que no me gusta mi vida». Empiezan a aparecer en ese pizarrón interno algunas palabras. Antes silencio y más silencio, la hoja en blanco. Las capas de cebolla, una a una, empiezan a tomar forma…. Todavía no puedo creer lo cercana que me siento a vos por este post. Es cierto, Isabel, que se puede compartir desde este lugar. Mil gracias, mil gracias, que estés bien en todo lo que vayas encarando en estos tiempos, un abrazo fuerte desde Buenos Aires.

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    • Muchas gracias, Ana Elisa, lo explicas muy bien y de una forma muy empática. Sí, negar que hemos sido víctimas, culparnos y echarnos toda la carga encima es lo primero, y lleva mucho tiempo y esfuerzo admitir que no somos culpables de que nos maltraten. Cuando sufrí una violación, recuerdo que tardé un año en llamarla por su nombre: «violación». Ese fue el principio de aceptarlo. En fin, es complejo, pero lo importante es que es un camino que se puede hacer, que podemos ir dejando caer capas y llegar algún día —da igual cuando, porque no se puede forzar— a lo esencial.

      Un fuerte abrazo,

      Isa

      Responder
  5. Madre mia, que disección! Para las que vivimos situaciones de este pelo desde bien pequeñitas es un texto muy clarificador, desde luego. Fijate…hay algo fundamental que al menos a mi me sigue costando un montón, y realmente me ha escocido verlo tan claramente escrito-así ando aún🤷, que vamos a hacer- y es eso de hacerte responsable de tus emociones, algo que creo que es clave para superar según qué cosas y seguir…pero joer qué dificil es!. Yo sigo cayendo ciclicamente en el victimismo. Es más fácil. Hay que tener mucho coraje ciertamente, mucho valor, para enfrentarte a pecho descubierto a eso q se te quedó atascado dentro.
    Gracias Isa. Creo q seguiré masticando el texto una temporadilla. Un abrazo

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    • Hola, Inés,

      Muchas gracias por compartir y por la honestidad de mirarte de frente. A mí me pasa lo mismo, ¿eh? No es tan fácil, no, lo de responsabilizarse de las propias emociones, y la tendencia echar balones fuera es muy fuerte. Pero claro, si no te responsabilizas pierdes todo tu poder, se lo das a los demás. Así que ahí estamos, meditando, a ver si vamos soltando lastre.

      Un abrazo enorme,

      Isa

      Responder
  6. Vaya entrada. Tengo que respirar para sacar, entre cosas tan potentes, lo que más me toca.
    Yo reacciono con un volcán interno ante las cosas que me parecen una agresión y sé que viene de no haber puesto unos límites claros cuando lo tenía que haber hecho. No lo hice, porque no pude, en la mayoría de las ocasiones, a veces ni siquiera lo consideré agresión. Aprendí que la huída, también es una opción cuando eres víctima, aunque me hubieran hecho pensar que era de cobardes o de culpables. No es así, a veces es lo más inteligente.
    También me refugié en justificaciones para no enfrentarme y poner límites. Ahora busco mi forma para hacerlo sin dañarme a mi misma.
    Y sobre todo, hay dos cosas que a mi me sirven: cuando se es víctima, se es. Asumirlo es para mí la manera de aceptar todo ese revoltijo de emociones que hay que ir desenhebrando y separando para aclararse. Y la otra cosa que me sirve, es ver la cantidad de víctimas que consiguen superar lo que les ha ocurrido sin arrastrar emociones que les condicionen, como rencor, odio, venganza… Es la manera de no convertirse en agresora pero también de poder mirar con claridad. Es donde me gustaría llegar.
    Bueno, no sé si esto le sirve a nadie, pero a mí si me ayuda escribirlo a raíz de tus reflexiones.
    Gracias Isa.
    Un abrazo.

    Responder
    • Claro que sirve, Mer :-). Tocas asuntos muy interesantes. Yo todavía ando ahí, a vueltas con el rencor, y también con la necesidad de protegerme de quienes me hicieron daño en el pasado aunque ahora ya no puedan herirme. De nuevo, no son cosas que se puedan forzar. El miedo, al menos a mí, se me ha quedado metido en el cuerpo. Creo que el rencor lo uso como escudo protector; hay una parte de mí que piensa que si perdona, me volverán a hacer daño.

      En fins, poco a poco ;-).

      Pero qué gusto poder hablar de ello.

      Un abrazo fuerte,

      Isa

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  7. Como mirarme al espejo, con precisión, nitidez y una intención compasiva. ¡Gracias, Isa! Esa distinción entre ser víctima, sentirse víctima y hacerse la víctima me parece buenísima y súper útil en muchos ámbitos. Va un abrazo largo para ti.

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    • Gracias, Adela. Para mí es una bendición poder expresarlo, y mucho más compartirlo con personas que están en el mismo camino.

      Un abrazo enorme,

      Isa

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  8. Como siempre poniendo el dedo en la llaga, Isa. Yo también he sido, me he sentido y me he hecho la víctima, y como tú en todas las combinaciones posibles en relación a la culpa.
    Es verdad, cuando has sido víctima en la infancia, vuelves una y otra vez a ella, a rescatar a la niña que ya no existe. Y si la vida te pega duro pues te lo pone en bandeja para volver a ese espacio tan conocido, tan seguro de sentirte una víctima.
    Yo, sin embargo salí huyendo y reaccioné negándome a ver lo que había sido, negándome a sentirme víctima cuando realmente lo había sido, para caer en brazos del victimismo cuando en ese momento no era más que una víctima de mi misma al no haber sido capaz de ver y aceptar lo que había sufrido.
    Gracias Isa, porque tú I reflexión ha abierto un pequeño rayo de luz en las mías
    Un abrazo
    Sole

    Responder
    • Gracias, Sole, porque, al ir desgranando tu camino, también me ayudas a mí. Sí, el no reconciliarse con el pasado hace justamente que se perpetúe. Uno quiere huir de sentir lo que sintió, y se lanza en los brazos de esos sentimientos, filtrando la realidad con ese sesgo, como si se repitiesen una y otra vez aquellas circunstancias cuando no es así.

      Qué bien verlo y poder superarlo.

      Un fuerte abrazo,

      Isa

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  9. Querida Isa.
    Abuso, maltrato, manipulaciones, despercio. Estas hablando de mi?? De lo que siempre he sentido?? Desde mi más lejana infancia hasta cerca de hoy día.
    Me he visto reflejada en todo tu escrito. Es como si hubieras abierto mi corazón de par en par y hubieses ido escudriñar cada rincón de mi.
    Querida Isa. Eres un bálsamo curativo.

    Responder
    • Gracias, Garbiñe. La verdad es que, cuando escribo, tengo en el corazón a todas las personas con las que he hablado y con las que me identifico. De alguna forma, este texto es también un poco tuyo.

      Un fuerte abrazo,

      Isa

      Responder
  10. Es la segunda vez que leo este post. La primera vez me dejo petrificada ante la claridad de tu mensaje. Me veía reflejada en eso de ser victima, sentirse victima y hacerse la victima. En los tres estadios me veo reflejada. Pero nunca he encontrado las palabras tan precisas. Ante eso, yo he huido, era lo más fácil. Pero esta semana después de leerlo de nuevo semejante disección he decidido guardarlo para digerirlo otra vez.
    Y no hablemos de la culpa, culpabilidad…. Quiero taladrar en mi corazón ( o en mi cerebro?)
    » Mi responsabilidad con mis sentimientos»

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    • Hola, Olatz,

      Muchas gracias por apreciar lo leído. A mí tampoco me resultó fácil poner palabras a todo esto, porque resulta bastante inexpresable. Pero una vez dicho, es como una liberación. Y más al sentir que hay gente que me acompaña en este camino.

      Un fuerte abrazo,

      Isa

      Responder
  11. Querida Isabel,
    tu historia y sinceridad me han sobrecogido.
    yo he sido victima de constantes criticas y manipulada por parte de mi madre.
    La manipulación ya no la ejerce son muchos años los que tiene.
    En cuanto a las criticas es inevitable en ella.
    Yo tampoco tuve apoyo emocional pero sí criticas exacerbadas, insultos e humillaciones porque no le gusta mi manera de ser.
    Además de su desprecio también tuve la mala suerte de conocer a examigos o más bien enemigos que me humillaban y despreciaban porque tenía cosas y cualidades que ellos no tenían. En el caso de estos enemigos sí me he sentido responsable por ser demasiado educada a veces y por haberlo consentido.
    En el caso de mi madre no me creo responsable en absoluto y sí he sido maltratada por su parte.
    Así que entiendo perfectamente lo que cuentas en esta historia y empatizo contigo al 100%.
    Mucho ánimo y suerte.
    Abrazo y besos.

    Responder
    • Muchas gracias, Marta. Es muy jodido salir del papel de víctima cuando has sido víctima de maltrato de pequeña. Todo un viaje que, sobre todo, tiene que ver con reconciliarte contigo misma y quererte. Quererse a una misma es imprescindible para poner límites y hacerte respetar por los demás.

      Un fuerte abrazo, y mucho ánimo en tu camino,

      Isa

      Responder
  12. Muy bueno Isa.
    Yo creo que el rencor, además de usarlo como escudo protector, lo uso porque me da miedo «perder» algo. Aunque, también creo que no «perdería» nada. Lo que pasa es que todavía no me atrevo.
    Un abrazo enorme.

    Responder
    • Hola, Paloma,

      Me encanta que mis posts te sirvan para reflexionar sobre tus propias experiencias internas :-).

      Un fuerte abrazo,

      Isa

      Responder

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