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Vivencias y reflexiones

Escribir sobre lo concreto para vivenciar

Literario significa básicamente —según mi punto de vista— «vivencial» o «experiencial» como algo contrapuesto a «intelectual» o «filosófico». Lo literario va encaminado no tanto a hacer reflexionar al lector como a hacerle vivenciar una situación (y a través de esa vivencia, ya sí, él puede reflexionar todo lo que quiera). La forma más directa de que el lector «viva» o «experimente» lo que le contamos es recurrir a lo concreto, a personas (personajes) a los que les suceden cosas ante las que reaccionan, y con los que el lector se puede identificar y vivir lo que ellos viven, sentir lo que ellos sienten.

Lo literario va encaminado a hacer al lector vivenciar una situación , por ello recurrimos a contar lo concreto

A veces pensamos que la reflexión es algo inherente a un narrador en primera persona. Sin embargo, se puede escribir un buen relato e incluso una novela entera en primera persona sin que el narrador protagonista reflexione lo más mínimo (lo cual no quiere decir que no lo pueda hacer de vez en cuando). No es la reflexión lo que marca la diferencia entre un narrador en primera persona y uno en tercera, sino la focalización sobre los hechos y las modulaciones de la voz narrativa.

La sutil línea que divide una reflexión bien puesta de una innecesaria no es fácil de encontrar, pero yo diría que la primera es aquella que —a través de la capacidad interpretativa del lector— fortalece la trama y la enriquece, mientras que la segunda es la que la «explica», la que la hace explícita por falta de recursos del autor para exponerla de otro modo. En cualquier caso, suelo recomendar a los estudiantes que, en una primera etapa, eviten las reflexiones, para compensar la fuerte tendencia que tenemos al principio de explicitar la trama de un modo abstracto y de situar la narración dentro de la cabeza del personaje en lugar de fuera.

Una reflexión bien puesta no explica la trama , sino que la enriquece

Hay muchos textos que nos invitan a pensar sobre determinado tema, pero no nos inducen a una vivencia (con vivenciar me refiero a estar metido en el pellejo de alguien y experimentar de una forma directa lo que le ocurre, sin que pase por el intelecto). Esta forma de expresión no es literaria: el lector piensa, y puede estar de acuerdo o no con lo que lee, puede aprender de lo que se le expone, etc. Pero no percibe ni siente. Cuando los personajes (sean autobiográficos o no) actúan y se desenvuelven en una situación determinada en el espacio y el tiempo, no hay nada que opinar, y el aprendizaje ha de venir necesariamente a través de la experiencia.

Las reflexiones son rebatibles: los hechos, incuestionables

Las reflexiones son rebatibles: los hechos son incuestionables. Suceden, se experimentan, sin más. Y esta es la clave de la universalidad de la literatura, de la verdad auténtica —fabricada por cada lector individual— que se extrae de cualquier buena obra literaria.

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