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Desbloquear la creatividad: técnicas de meditación para escritores

Técnicas de meditación, contemplación y visualización para escritores
Voy a decirlo alto y claro: pensar es lo menos creativo que hay. Clic para tuitear

En esta época de tremenda sobreinformación, nuestra mente no está solamente saturada, sino que además está dirigida por el pensamiento lineal, que es lo opuesto a la apertura que requiere la creatividad. Desde que Descartes dijo aquello de «Pienso, luego existo», vamos de mal en peor, porque nos hemos olvidado de existir sin «pensar».

Voy a decirlo alto y claro: pensar es lo menos creativo que hay. Por eso los grandes descubrimientos y las grandes obras suelen venir precedidos de espacios de descanso, recreo, juego, contemplación, sueño, etc.

Crear es, de hecho, soltar el aferramiento que hacemos sobre cualquier objeto de percepción desde un sujeto que percibe. Cuando soltamos, accedemos a una consciencia más panorámica que abre puertas que antes permanecían tapadas por nuestro afán de control.

Aunque cualquier artista puede bloquearse, el bloqueo del escritor es especialmente insidioso, porque quienes escribimos estamos envueltos en palabras y conceptos, y, a poco que nos descuidemos, en vez de usarlos para señalar la inefable realidad, nos dejamos llevar por la tendencia a solidificar la experiencia en forma de ideas y pensamientos.

Considero que la meditación es una herramienta casi imprescindible hoy en día para mantenernos un poco cuerdos en esta locura de sociedad; y más todavía en el caso de quienes escribimos.

Por eso me gustaría ofrecerte algunas sencillas técnicas de meditación, visualización y contemplación que pueden serte útiles para combinarlas con la escritura.

1. Técnicas de meditación

Cuando hablo de técnicas de meditación, me refiero en este contexto a aquellas en que dejamos la mente libre de cualquier pensamiento deliberado, y practicamos la atención en un soporte sensorial con una actitud de no lucha.

A continuación te sugiero algunos tipos de meditación que te pueden ayudar:

Aunque sientas resistencia a sentarte a meditar, si eres disciplinado y constante, pronto comprobarás lo beneficioso que es para despejar la mente del barullo Clic para tuitear

. Meditación diaria por la mañana

Te aconsejo que todas las mañanas dediques un mínimo de diez minutos a meditar con la atención en el soporte de la respiración, la escucha o el tacto de los dedos. Si necesitas pautas sobre cómo hacerlo, te sugiero que te descarges el recurso gratuito «10 claves para meditar + un pack de 5 meditaciones guiadas».

Aunque sientas resistencia a sentarte a meditar, si eres disciplinado y constante, pronto comprobarás lo beneficioso que es para despejar la mente del barullo de pensamientos que suele habitarla y dejar espacio a los procesos creativos.

Una vez que nos acostumbramos a experimentar diariamente que hay vida detrás de nuestro continuum mental, nos será mucho más fácil soltarnos en cualquier otro momento, porque nos daremos cuenta de que estamos aferrados e identificados con algo que no tiene ninguna solidez. Y, al soltarnos de ese continuum mental, propiciaremos el desbloqueo y abriremos la puerta a la creatividad (te recuerdo que la creatividad es el estado natural de todo lo que hay en el mundo, nosotros incluidos).

. Meditación antes de ponerte a escribir

Antes de ponerte a escribir, dedica tres minutos a reposar con la atención puesta en tu respiración. La respiración es algo que siempre está ahí, es una experiencia que nunca nos abandona, y que además regula nuestro equilibrio mental. Poner la atención en ella hace que se calme si estaba agitada o que se expanda si era superficial, y esto, a su vez, nos tranquiliza y pacifica el revuelo de pensamientos. Por otra parte, nos pone en contacto con nuestro cuerpo y nuestro corazón. Aunque solo estemos así tres minutos, eso hará que cuando nos lancemos a escribir estemos más presentes y conectados con nuestro sentir.

La escritura no pensada te ayudará a desatascar el canal que une tu escritura con tu inconsciente, sin que se queda prendida en el intelecto. Clic para tuitear

. Escritura no pensada

Antes de ponerte a escribir y después de haber meditado con la atención puesta en la respiración durante tres minutos, te recomiendo que practiques cinco minutos de escritura automática o no pensada. Si no sabes lo que es, en este artículo tienes unas sencillas pautas.

La escritura no pensada te ayudará a desatascar el canal que une tu escritura con tu inconsciente, sin que se queda prendida en el intelecto. También te dará una pista de hasta qué punto estás «enganchado» al mundo de las ideas, y esa toma de conciencia te permitirá soltarte de nuevo.

Cuando escribimos se activan nuestros patrones habituales: «No sé hacerlo», «Me saldrá fatal», «No se me ocurre nada», «¿Para qué esforzarse?», «Tengo que hacerlo perfecto», etc., es decir, aquellas creencias que desarrollamos en la infancia para sobrevivir y que nos siguen haciendo la vida imposible de adultos en forma de automatismos. Tanto la meditación como la escritura no pensada actúan como si borrásemos la pizarra de nuestros mecanismos automáticos y nos permitiésemos percibir ese espacio más amplio en el que podemos escribir libre y creativamente.

. Meditación caminando

Esta técnica te recomiendo que la practiques cuando te quedes trabado en medio de una sesión de escritura. Hay veces que estamos escribiendo de forma fluida, pero de pronto empezamos a sentir que nuestra escritura se va espesando como el chocolate cuando se enfría en la taza. Entonces suele ocurrir que nuestra historia se llena de abstracciones y podemos llegar a creer que tenemos que convencer a alguien de algo. Quizá es el momento de levantarse y caminar un rato por la habitación.

Por resumir mucho la forma de meditar caminando, se trataría de moverse muy lentamente (a ser posible descalzo) y depositar la atención en las sensaciones de la propia acción de caminar (cambios en el peso, el tacto, la temperatura, los músculos, apoyo del talón y la punta del pie, etc.). En este artículo puedes encontrar pautas más detalladas para hacer este tipo de meditación.

Realizar esta práctica durante cinco o diez minutos activará tu cuerpo y te permitirá sentarte a escribir de otra manera, conectando de nuevo con la creatividad.

. Atención plena en tu vida cotidiana

No solo somos escritores cuando estamos escribiendo, sino que lo somos en todos los momentos del día, de la misma forma que somos meditadores no solo cuando estamos sentados en el cojín. El escritor cultiva una mirada atenta y curiosa sobre el mundo que lo rodea, porque esa es la materia prima que, filtrada por su creatividad, usará para su escritura.

Así que, si quieres potenciar tu mirada de escritor, te sugiero que practiques la atención plena tantas veces como puedas a lo largo del día. Eso significa que en las actividades que no conlleven un esfuerzo intencional o intelectual, pongas la atención en la acción en sí.

Por ejemplo, si estás fregando los platos, en lugar de estar pensando en otra cosa, deposita tu atención en los movimientos de tus manos, en el sonido del agua corriendo, en el tacto la loza… Es decir, permanece presente en lo que estás haciendo en ese momento. Puedes hacer lo mismo mientras te lavas los dientes, riegas las plantas, das de mamar a tu bebé, haces la cama, sacas fotocopias o conduces por la autopista. Si ves que la atención se desplaza a los pensamientos, vuelve una y otra vez a la actividad que estés llevando a cabo.

Esta práctica, realizada con frecuencia, hará que se vaya afinando tu mirada y se abran huecos para la creatividad de forma natural.

2. Técnicas de visualización

La visualización es un medio hábil que se usa mucho en determinadas prácticas meditativas (como el trabajo con deidades), porque visualizar algo nos puede llevar rápidamente a tener una determinada experiencia.

Si te gusta leer y escribir, seguro que es algo que realizas de forma habitual casi sin darte cuenta. Cuando leemos una historia, lo más lógico es que la estemos visualizando, y esa es la forma en que ingresamos en la vivencia.

No obstante, puede que te venga bien usar esta técnica de forma consciente en algunas ocasiones para obtener determinados resultados. A continuación te pongo tres ejemplos en que puedes valerte de ella de forma premeditada:

. Visualiza tu espacio seguro

A veces lo que más nos cuesta es sentarnos a escribir. Dado que la escritura nos conecta a nosotros mismos, y eso puede doler en primera instancia o, por decirlo de otro modo, nos quita la anestesia que nos mantiene entumecidos la mayor parte del tiempo, puede provocar bastante resistencia.

Por eso te sugiero que hagas el siguiente ejercicio:

    • Siéntate en tu cojín de meditación, cierra los ojos, reposa por unos minutos en las sensaciones corporales y, luego, en la respiración.
    • Sin forzar nada, deja que aflore en tu mente un lugar en el que te sientas a salvo. Ese lugar puede ser inventado, o puede surgir de alguna situación que hayas vivido realmente, o de alguna película… Puede que estés solo o acompañado. Simplemente, deja que surja, y visualízate en ese espacio.
    • Dedica un rato a recrear dicho lugar y a disfrutarlo. Fíjate en los detalles, los colores, los olores, los sonidos, el tacto… Puede haber cierto movimiento o no.
    • Siente tu corazón y deja que te hable con su lenguaje, sin palabras. Percibe esa sensación de ausencia de peligro, de seguridad, de libertad…
    • Ánclate a dicho lugar a través de las imágenes, las sensaciones y las emociones.

Este va a ser tu lugar seguro, y te sugiero que lo evoques cada vez que te sientes a escribir. No hace falta que realices el ejercicio cada vez. Una vez que lo hayas hecho, te será fácil conectar con ese lugar, imaginarlo y sentirlo en cuestión de segundos. Desde ahí, te será mucho más fácil ponerte a escribir, y más cuanto más asocies esas sensaciones placenteras a la escritura.

. Visualiza tus historias

Esto seguro que ya lo haces, pero te lo digo por si acaso: mientras estés escribiendo, visualiza tu historia. Y no como si fuese un paisaje con niebla, no. Disipa la niebla y fíjate en los detalles. ¿Cómo se mueve tu protagonista? ¿Qué brillo hay en su mirada? ¿Qué contiene esa caja que hay en la repisa de la cocina? No tienes que escribirlo todo, pero cuanto mejor lo visualices, más fácil te será introducirte en la vivencia y, por tanto, recrearla para el lector.

Podría decirte que hagas lo mismo con los sentidos del oído, del gusto, del tacto y del olfato, pero como el de la vista es el que tenemos más desarrollado, este es el que mejor funciona. Y una vez que estés metido en la visualización, te será mucho más fácil ir incorporando el resto de los sentidos.

Esta técnica te puede servir también para saber cuándo estás resbalando hacia el terreno pantanoso de las ideas o los juicios. Si cuando escribes no puedes «ver» lo que pasa, mejor que te plantees qué está ocurriendo en tu historia; puede que te estás yendo por los cerros de Úbeda o que te hayas desconectado de la experiencia de tus personajes y los estés manipulando desde fuera como si fueran marionetas.

Los sueños son extremadamente ricos a nivel visual,en cualquier historia que escribas puedes incluir objetos o paisajes oníricos que hayas extraído de tus sueños Clic para tuitear

. Extrae imágenes de tus sueños

Los sueños son extremadamente ricos a nivel visual (y simbólico). Yo te recomiendo que los uses para tus historias, porque te facilitarán la visualización y, por tanto, la vivencia. No se trata tanto de que escribas relatos basados argumentalmente en tus sueños (aunque también puedes hacerlo), sino que en cualquier historia que escribas puedes incluir objetos o paisajes oníricos que hayas extraído de tus sueños y que encajen con ese relato en particular.

A propósito de esto, te sugiero que, durante el periodo de tiempo en que estés escribiendo una historia (sean unas horas, un mes o dos años) no descartes ninguna imagen que aflore en tu mente de forma espontánea, por absurda que te parezca. Los mejores hallazgos narrativos suelen llegar de esa forma inesperada y descabellada.

3. Técnicas de contemplación

Se denomina «contemplación» a la observación detenida, atenta, tranquila y placentera de una realidad. Yo la diferenciaría de la meditación en que en la contemplación a menudo hay un «tema», un «sentir» o un «fenómeno» que se contempla.

Aquí te enumero algunas contemplaciones que te pueden servir para escribir:

Las historias nacen en el corazón. Hay algo que nos conmueve profundamente, un pequeño granito de arroz en el espacio que se convierte en un big bang expansivo Clic para tuitear

. Contempla tu historia desde el corazón

Las historias no nacen en la cabeza. Las historias nacen en el corazón. Hay algo que nos conmueve profundamente, y esa conmoción al principio diminuta empieza a girar en forma de remolino, como un pequeño granito de arroz en el espacio que se convierte en un big bang expansivo.

Para dejar que ese proceso creativo se produzca, te sugiero que contemples tu corazón, abriéndote a él. Cuando notes los primeros síntomas de que una historia se está fraguando (te puede venir a través de una voz, a través de una ligera intuición, a través de un personaje, a través de una imagen…), no la lleves a tu cabeza, porque eso te bloqueará; bájala a tu corazón, y dedica espacios de tiempo a contemplarla sin más. No tienes que forzar nada, no tienes que pensar nada, no tienes que hacer nada. Solo contemplar —mano sobre mano y con los ojos del corazón— cómo tu historia se va expandiendo.

. Contempla a tus personajes

Cuando tienes un personaje, tienes una historia. De nuevo, te sugiero que dediques lapsos de tiempo (mientras te vistes, mientras vas en metro, mientras esperas en la cola del pescado) a contemplar a tu personaje. Contemplarlo se parece mucho a sentirlo, porque siempre que hablamos de contemplar hablamos de hacerlo desde los ojos del corazón. No estás analizándolo, juzgándolo, vigilándolo ni controlándolo. Estás simple y tranquilamente percibiéndolo en sus diferentes facetas.

. Contempla tus temáticas

El tema o el mensaje de tu historia es algo que puedes dedicarte también a contemplar. De nuevo, aquí no se trata de «pensar», sino de traer al corazón el tema en cuestión y dejar que se expanda, que se ramifique, que derive, que naufrague, que salga a flote y te hable de lo que tu inconsciente quiere en el fondo que escribas y que, a lo mejor, no tiene nada que ver con lo que en principio creías que querías escribir.

Los buenos escritores que conozco dedican buena parte de su vida a contemplar a los demás, no pueden evitar pegar la oreja a lo que se está hablando en la mesa de al lado mientras tomas café con ellos. Clic para tuitear

. Contempla a las personas que te rodean

Todos los buenos escritores que conozco dedican buena parte de su vida a contemplar a los demás. Los verás en las fiestas un poquito apartados y como absortos, con el canapé intacto entre sus dedos. O, si quedas con ellos, de pronto te darás cuenta de que no pueden evitar pegar la oreja a lo que se está hablando en la mesa de al lado. En el autobús o en el metro se suelen pasar de parada cuando frente a ellos se está desarrollando alguna escena interesante.

Y no es que sean unos cotillas o unos desaprensivos. Es que están «contemplando a las personas». Este tipo de contemplación requiere de una total ecuanimidad, pues no se trata de juzgar o de vigilar, de apegarse o de rechazar, sino simplemente de darse el espacio y el tiempo para ver —con las antenitas de tu corazón— lo que realmente está pasando en los corazones de los demás.

Esta práctica te ayudará enormemente a la hora de escribir, pues te entrenará en empatizar con tus personajes, te aportará temas interesantes para tus historias, te sacará de tu egocentrismo y te hará profundizar en el género humano.

. Contempla la naturaleza

Irte a dar un paseo al parque o bosque más cercano a tu casa es buenísimo para escribir, porque los escritores a menudo nos ponemos nuestras gafas de intelectuales y nos olvidamos de que formamos parte de la naturaleza, de la tierra, de los árboles, del mar, del cielo, del resto de mamíferos, y cuando nos olvidamos de eso estamos muy lejos de la realidad a la que hemos de apuntar a través de nuestras historias. Por eso dedicar tiempo a contemplar la naturaleza nos ayuda a escribir mejor.

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Espero que estas técnicas, que he entresacado de mi experiencia como escritora y meditadora, te sirvan para crecer en esa labor tan preciosa y delicada que es la de contar historias.

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2 comentarios en «Desbloquear la creatividad: técnicas de meditación para escritores»

  1. Una síntesis perfecta de tu enfoque y de las sugerencias que ofreces para lograr acercarse a la escritura y a la vida.
    Muchas gracias, los sueños nos han vuelto a acercar.
    Abrazos
    Ligia

    Responder

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