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Adquirir rutinas saludables para escribir y meditar

Rutinas saludables para escribir y meditar con éxito

Seguro que, si estás leyendo este post, es porque te interesan las disciplinas de la escritura y la meditación. Si no las has practicado demasiado, posiblemente tengas muchas ideas preconcebidas sobre lo que son y lo que te pueden aportar. Si las has practicado o las practicas a menudo, quizá hayas podido experimentar sus beneficios, pero también sabrás que no es fácil ser constante en ellas.

¿Y en qué radica la dificultad de perseverar en la escritura y la meditación? Pues en que ambas, si las practicas con honestidad y método, te llevan conectarte contigo mismo, a relacionarte con tus puntos ciegos, a experimentar lo que hay (y no lo que te gustaría que hubiera). Y eso no es exactamente «agradable». Al principio rasca, porque es más fácil —en cierto modo— mantenerte en la fantasía de que el mundo te obedece y de que todo está controlado, aunque esa fantasía se base en la desconexión.

Si logras vencer la primera resistencia que se presenta con la práctica honesta de la escritura y la meditación, comprenderás que el camino a la auténtica felicidad no evita el dolor y que reconciliarte con la meditación y la… Clic para tuitear

A medio y largo plazo, si logras vencer esa primera resistencia, experimentarás algo mucho mejor que la comodidad narcotizante que te ofrece la evasión, algo más parecido a la libertad y al gozo. Comprenderás así que el camino a la auténtica felicidad no tiene que ver con la huida del dolor y te reconciliarás con tu cojín de meditación y tu escritorio. De esta forma, irás cultivando vínculos ya irrompibles con estas prácticas, con las que siempre seguirás aprendiendo, que te llevarán a planos más y más sutiles de comprensión, expansión, apertura y consciencia.

Pero para llegar a eso hay que tener perseverancia, disciplina y cierta tolerancia a la frustración. Mi pretensión, con este artículo, es allanarte el terreno en ese sentido, con algunas claves sacadas de mi propia experiencia y de la de tantas personas que han pasado por los acompañamientos de Escribir y Meditar y han perseverado.

Diez pasos para perseverar en la escritura y la meditación

1. Aprovecha el «estado intermedio»

El limbo entre el sueño y la vigilia es un precioso momento para escribir de una forma conectada (y no intelectual). Ten siempre un cuaderno y un bolígrafo en tu mesilla de noche y, nada más despertarte, en vez de dejar que se active de forma automática la máquina de pensar y preocuparte, permanece quieto y calmado, dejándote unos minutos para sentir tu cuerpo y tu corazón.

Puede que, en ese espacio, te acuerdes de algún sueño, te surjan intuiciones sobre algo relacionado con tu vida, frases, mensajes… Escríbelo. No necesitas para esto más de cinco minutos. No se trata de escribir nada elaborado, solo dejar salir esos retazos que provienen del inconsciente y del proceso psíquico reparador que se ha dado durante la noche.

Adquirir este hábito te va reforzar, día a día, tu vínculo con la escritura y la meditación.

2. Practica la escritura «no pensada»

La escritura automática o no pensada es una práctica similar a la meditación, pero aplicada a la escritura. Si no sabes lo que es, te sugiero que leas este artículo, en que te explico en qué consiste.

Esta práctica te ayudará a soltar el control, a darte cuenta de que la escritura no está ligada necesariamente al intelecto y a los pensamientos, a ir soltando el hábito de pasar todo lo que escribes por el filtro mental (que muchas veces hace las veces de un dictador que te obliga y limita a permanecer en los estrechos patrones mentales de siempre).

Te recomiendo que practiques 5 minutos de escritura no pensada diariamente después de meditar.

3. Medita y escribe por la mañana

Por mi experiencia (y la de tantas personas con las que he tratado este tema) el mejor momento para meditar (un mínimo de 10 minutos) y practicar la escritura no pensada (5 minutos) es por la mañana, antes de ponerte en marcha. Si lo dejas para otro momento, hay muchas más posibilidades de que se te olvide, que antepongas otras cosas que se te antojarán urgentes o prioritarias, etc.

Hay veces que esto no es posible o se hace demasiado duro (por ejemplo, si te tienes que levantar a las cinco y media de la mañana para ir a trabajar). En ese caso, piénsate bien cuál es el momento en que para ti es más sencillo sacar hueco y HAZLO, resérvate ese tiempo, ponte una alarma en el móvil y priorízalo sobre todo lo demás.

Pegar la meditación y la escritura no pensada a rutinas diarias que ya tengas integradas, o poner plazos y límites para ponerte a practicar, practicar y practicar, son claves que te recomiendo desde la experiencia, para adquirir el… Clic para tuitear

4. Une la escritura y la meditación a un hábito que ya tengas

A algunas personas les funciona pegar (como con pegamento) la meditación y la escritura no pensada a alguna rutina diaria que ya tengan integrada, como puede ser lavarse los dientes. Puede ser eso o cualquier otra cosa (ducharte, desayunar, hacer un poco de ejercicio, tu paseo innegociable… lo que sea).

El caso es que te comprometas contigo mismo a que hasta que no practiques tus 15 minutos de meditación y escritura, no …………… (rellénese la línea de puntos con lo que sea: «no te lavarás los dientes», «no te ducharás», «no desayunarás» o lo que sea).

5. Ponte plazos y límites

Para que no sientas que el esfuerzo que te va a costar al principio escribir y meditar es inconmensurable (aunque eso no es más que una treta de tus patrones habituales para que tires la toalla), te puede ayudar ponerte plazos y límites.

Por ejemplo, puedes hacer un trato contigo mismo de que estarás —sí o sí— 21 días seguidos meditando durante 10 minutos al día. Luego revisarás el acuerdo, verás si has notado algún efecto benéfico, si te merece la pena seguir con ello y decidirás si renuevas el contrato con la práctica. Pero, primero, has de cumplir con el trato como si te fuera la vida en ello o como si se tratase del pago del alquiler o de la hipoteca de tu casa (y es que tu mente, perdona que te diga, es mucho más importante, incluso, que la casa en la que habitas; tu mente es tu verdadero hogar).

Lo mismo con la escritura. Por ejemplo, apúntate a un curso de escritura de tres meses y comprométete a escribir un texto a la semana durante esos tres meses. Luego ya se verá, pero durante esos tres meses, que sea un compromiso sagrado. También puedes ponerte un plazo para sentarte a escribir: por ejemplo, puedes sentarte a escribir dos veces a la semana y hacerlo cada vez durante media hora. Da igual si lo que escribes te parece pésimo, malo, regular o bueno. El resultado es lo de menos: de lo que estás tratando, ahora, es de crear el hábito. Nunca lograrás escribir nada que merezca la pena si no te acostumbras a practicar, practicar y practicar.

6. No te pongas grandes metas

No sobrevalores tus fuerzas, sé realista. Pensar que vas a hacer más de lo que tus limitaciones te permiten es otro engaño de tus patrones habituales, que te puede llevar a tirar la toalla y desmotivarte al ver que no has cumplido con tus propias expectativas.

Empezar con muy poquito (pero «algo»), e ir aumentando los tiempos y el compromiso poquito a poco, es mucho mejor que tener un arranque apoteósico e ilusionante, y luego ir perdiendo fuelle porque el barco de tu vida no puede sostener esa sobrecarga.

7. Usa tu agenda

Igual que trabajas de tal hora a tal hora, o tienes tus horas de desayuno, comida y cena, de la misma manera has de abrir tus huecos diarios y semanales para los objetivos que te hayas puesto con respecto a la escritura y la meditación.

Tanto si usas el google calendar, el móvil, una agenda manual, post its pegados en tu escritorio o lo que sea, piénsate bien en qué momentos sacarás los huecos para tu práctica, apúntatelos y, sobre todo, respétalos como el resto de tus tareas.

La rutina de escribir y meditar pasa indefectible por ver las excusas que te pones e ir contrarrestándolas y desactivándolas poco a poco. Clic para tuitear

8. Háztelo «agradable»

Dado que sabes que durante un tiempo escribir y meditar te requerirán cierto esfuerzo de voluntad, no te lo pongas encima difícil. Ponértelo difícil sería meditar en el cuarto de la tele o tumbado en la cama, o escribir en la mesa de la cocina.

Hazte un rinconcito agradable, íntimo y silencioso para meditar, con un altarcito donde pongas objetos y/o fotos significativas para ti, que te recuerden tu compromiso. Puedes ponerte una vela e incienso, una mantita amorosa, una alfombra bonita… Todo aquello que haga que te apetezca sentarte allí, que suponga una especie de «espacio protegido», un pequeño hogar para tu mente en el que puedas reposar en calma de las prisas de tu día a día.

Prepara tu escritorio, también, de un modo en que te atraiga sentarte a escribir en él. Si escribes a mano, busca cuadernos bonitos y bolígrafos que te gusten. Si lo haces al ordenador, busca la forma de sentirte cómodo con el programa o la aplicación que uses, el tamaño de letra, la mesa, el teclado, el ratón, la habitación, los libros de los que te rodees…

9. Observa tus excusas

Antes de que empieces, ya te lo digo: se te ocurrirán mil maneras de autoboicotearte. Seguramente ya se te han ocurrido un montón de ellas mientras leías este artículo («Yo es que por la mañana no puedo, y luego se me olvida», «Yo es que no tengo agenda», «No tengo sitio en mi casa para un altar», «Las cosas se hacen bien o no se hacen», «Quizá el año que viene pueda sacar tiempo para esto», «Yo es que no sirvo para meditar», «Nunca seré un buen escritor», «Esto es una pérdida de tiempo», etc.).

Ante esto, yo te sugiero que te observes, que reconozcas cómo funciona en ti el autoengaño y busques tus propios trucos para sortearlo y hacer que pierda fuerza. Si le das el poder de manejar tu vida, no harás nunca esas actividades que son buenas para ti.

Adquirir la rutina de escribir y meditar pasa indefectible por ver las excusas que te pones e ir contrarrestándolas y desactivándolas poco a poco. No peques de ingenuo con esto: cambiar hábitos es posible, pero surgen muchísimas resistencias en el camino, y conviene abrir bien los ojos para no dejarte engatusar por tus propias tendencias.

10. Usa el bloqueo como trampolín

El bloqueo es también una excusa, pero quizá es la más aparatosa de todas. Trabajando en lo que trabajo, imagínate la cantidad de veces que he tenido que escuchar «Estoy bloqueado/a». Y realmente es una sensación angustiosa para quien la padece, porque cuando estás bloqueado, te parece una situación irreversible que no tiene solución.

Sin embargo, el bloqueo es solo tensión y, en la mayoría de los casos, desconexión. Para desbloquearte suele bastar con que te dejes sentir el bloqueo, sin más. Dado que tanto en la meditación como en la escritura se trata de partir de lo que haya, una buena pauta es que, si hay bloqueo, tomes contacto con el bloqueo, lo sientas en tu cuerpo, en tu corazón, en tu mente. ¿Cómo es? ¿Qué características tiene? ¿En qué partes lo sientes más fuertemente? Déjate sentirlo, no luches, ríndete a él, y desde ahí sigue las pautas de la meditación. Lo mismo con la escritura: déjate sentirlo, y a partir de ahí escribe (y da exactamente igual lo que salga, como si sale «estoy bloqueado, estoy bloqueado, estoy bloqueado» durante tres páginas seguidas; lo importante es que no desconectes de tu cuerpo y de tu corazón).

En todo caso, en esta página puedes descargarte algunas técnicas de desbloqueo que te pueden servir para la escritura. Por su parte, creo que te pueden ayudar los siguientes artículos: «7 consejos para superar el bloqueo del escritor ante la hoja en blanco», «Superar el bloqueo emocional» y «Escribir para superar el bloqueo emocional». Y también he de decirte que en cualquiera de mis acompañamientos superarás rápidamente el bloqueo.

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Deseo que te sean de utilidad estas claves para encontrar tu propia forma de adquirir una rutina con la escritura y la meditación. Estas dos prácticas, mantenidas en el tiempo, te devolverán con creces el esfuerzo que, al principio, tendrás que hacer para integrarlas en tu vida.

4 comentarios en «Adquirir rutinas saludables para escribir y meditar»

  1. Siempre quedan cosas por aprender o cosas que hay que recordar, pero ahí estas tú para recordar que de vez en cuando hay que echar el freno y volver a mirar y remirar tus sabios consejos.
    Un abrazo, querida Isa.

    Responder

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