fbpx

Blog

Feliz extraña Navidad

Felicitación extraña Navidad

Lunes, 21 de octubre de 2020

Como regalo de Navidad para las personas suscritas a mi web, confeccioné un ritual llamado «Abraza con las palabras», con indicaciones para que creases en nueve pasos tu mensaje navideño desde el corazón.

Yo misma hice el ritual, y me sorprendí con lo que me salió. Esta es mi felicitación especialmente hecha para ti:

LO IMPORTANTE

El confinamiento me mostró
lo importante de la vida.
A través del océano de la tristeza
y las praderas de la plenitud,
supe que el planeta que explotaba
tras las paredes de mi prisión
latía también dentro de mí.
La tierra, mi cuerpo.
El sol, mi corazón.
La lluvia, mis lágrimas.
Las flores, mis palabras.
La razón de vivir: tú.

Que amanezca en ti la comprensión
de lo importante que eres para el mundo.

Como imagen, elegí la de la orquídea que floreció —llevaba años sin hacerlo— en mi dormitorio durante el confinamiento, con dos únicas flores, mientras yo yacía enferma con coronavirus, tal como reflejé en el post La primera noble verdad. No fue una sola flor ni fueron cinco. Fueron DOS. Para mí es importante, porque no me van las multitudes: somos tú y yo.

He crecido protegiéndome a ultranza de un mundo al que no me sentí invitada, en el que creí que no se me quería y del que percibía que se me pretendía expatriar. De este modo, me expulsé —¿impulsé?— a mí misma hacia dentro, me clausuré en una celda interior y me tragué la llave.

Llevo años arrodillada en la orilla, encendiendo cerilla tras cerilla y descongelando pequeñas parcelas de esa infinitud de hielo Clic para tuitear

Todo esto se tradujo en una afección llamada «trastorno de trauma del desarrollo», del que no tuve conocimiento hasta hace dos años y medio pero que ha marcado mi existencia para mal y, curiosamente, también para bien.

Permanecer aterrorizada física y psíquicamente durante tantos años (como una suerte de torre de alta tensión andante) me ha pasado una factura de grandes dimensiones, pero quizá lo más tremendo ha sido el aislamiento, la sensación de que nunca nadie, ni siquiera yo misma, podría tocar el centro de mi corazón. La muralla llegaba al cielo y la llave del sótano estaba perdida en un océano congelado.

Llevo años arrodillada en la orilla, encendiendo cerilla tras cerilla y descongelando pequeñas parcelas de esa infinitud de hielo, o —según se quiera ver— regando con cuentagotas el desierto. A veces parece una tarea estéril, siempre queda tanto por hacer, llevo tanto retraso en esto de «vivir», que hasta el último mico me lleva ventaja. Pero bueno, hace tiempo que sé que tratar de compararme no es más que otro síntoma de congelación.

La llegada del coronavirus supuso, en mi caso, que ese aislamiento mío tan salvaguardado se convirtió en algo global, con lo cual perdió su razón de ser. De alguna forma, se puso de manifiesto la mentira que me venía contando desde siempre. Por más aislada que creyera estar, lo cierto es que estaba conectada —conectadísima— con el mundo. Que necesito a las personas para vivir. Que te necesito a ti, sí, a ti, incluso para escribir este texto.

En el confinamiento llegué a tocar mi corazón herido y cuarteado, lo regué con lágrimas y dejé que se abriese como una flor y reconociera que no podría latir sin tu palpitar. Fue tremendo. Muy doloroso. Duele mi cuerpo al descontraerse, duele mi mente al reconocer lo que me importas, duele mi corazón roto. Roto de amor. La sensación de vulnerabilidad que me provoca admitir que no soy autosuficiente es casi insoportable.

Quiero a quien quiero y no a quien debo.

Meto la pata, hago daño, y aprendo del error.

No soy víctima de nadie sino responsable de mis actos y de mis sentimientos.

Sufro porque la vida no me obedece.

Tú eres lo más importante para que pueda ser yo.

Todas estas verdades se me han venido encima este año. Y son mi regalo de Navidad para ti. También para mí.

Una Navidad en que por las calles de Madrid empiezo a ver signos serios de miseria.

En que cierran librerías y comercios de toda la vida.

En que Jorge Drexler y otros músicos tienen que tratar de salvar el emblemático Café Libertad 8.

En que hemos dejado atrás, enterrados, a un millón y medio de personas en el mundo solo por coronavirus.

En que otro millón y medio ha perdido su empleo en España.

En que se ha restringido nuestra libertad de movimiento.

En que hemos de prescindir del abrazo.

En que pasaremos las fiestas con quien y como podamos, y no como queremos.

La Navidad más dura de nuestra vida. Y, sin embargo, estamos más vivos y conectados que nunca. O sea que, paradójicamente, tenemos mucho que celebrar.

Gracias por estar ahí. Gracias por leerme. ¡Feliz extraña Navidad!

Share on facebook
Share on twitter
Share on linkedin
Share on telegram
Share on whatsapp

10 comentarios en «Feliz extraña Navidad»

  1. Isa, para mí eres muy importante. Eres capaz de dejar el pudor de lado para sacar lo que no solemos mostrar. Ver esa parte, a veces escribiendo o meditando, me lleva a otro sitio, a moverme, a transformarme. Aprender eso para mí ha sido muy importante. Dice Jorge Drexler en una canción: «si quieres que algo se muera déjalo quieto»; y si no cambiamos lo que creemos que somos, de puro sólido, estamos un poco muertos. Así que te sigo y aprendo. Y esto me salió en el ritual: «Aquí somos ahora cuerpos que se abrazan y se quieren» 😉
    Dime que hago con la felicitación, que no me enteré bien… ¡Felices raras fiestas!

    Responder
    • Gracias, Mer; gracias también a Jorge Drexler…. Aquí estamos, desnudándonos, moviéndonos y removiéndonos ;-).

      Un abrazo fuerte,

      Isa

      Responder
  2. Hola Isa
    Tus escritos me ponen los pelos como escarpias… Tu profunda honestidad y sinceridad, esa capacidad para abrirte en canal dejando tu vulnerabilidad – que es la mia- al aire, me abruma y me desmonta por dentro.
    Es curioso, dramático más bien, diría yo, ver como el desamor continuado nos ha hecho, me ha hecho, percibir y sentir la propia vulnerabilidad, hermosa en sí misma, como algo negativo.

    Muchas gracias por tus reflexiones.

    Responder
    • Muchas gracias a ti, Inés, por tu feedback, que también es una forma de mostrar tu vulnerable fortaleza.

      Un abrazo muy fuerte,

      Isa

      Responder
  3. Pues sí, yo coincido contigo en que estas fiestas no me motivan, muy al contrario, a
    veces me molestan algunas ramplonerías, aptitudes…pero procuro respetar que todos no somos ni sentimos igual, que hay personas que se lo pasan pipa, que están deseando disfrutarlas, compartir…y ahí procuro disfrutar de las luces, aunque me cuestione el gasto, seguramente innecesario, disfrutar de los colores y de la alegría de los otros, que me lo están poniendo en bandeja y disfrutar viendo sobre todo la carita de muchos niños, eso ya no tiene precio.
    Bueno, muchísimas gracias por tanto que aportas con tu generosidad. Que sean unas
    Fiestas llena de paz y salud, sobre todo.
    Un abrazo grande.

    Responder
    • Muchas gracias, María, deseo para ti también lo mejor. Disfrutar de que otros disfruten es un mérito muy grande, es síntoma de una mirada generosa.

      Un abrazo muy fuerte,

      Isa

      Responder
  4. Hola, Isa.

    Estoy de acuerdo contigo; ahora nos necesitamos más que nunca. Una encrucijada difícil, pero donde el calor de lo humano nos alienta a continuar. La escritura, la música, el arte en general, constituyen uno de nuestros mayores baluartes.

    Muchas gracias por tu arte, por tu autenticidad.
    Felices fiestas.
    Un abrazo.

    Responder
    • Muchas gracias por tus cálidas palabras, Margarita. Y gracias por compartir todo este camino juntas. Deseo que sigamos creciendo a través del arte.

      Un abrazo y felices fiestas,

      Isa

      Responder
  5. Gracias a ti por escribir, Isa. Buuuffff, es tan fuerte lo que has escrito que no sé si puedo procesarlo. Poquito a poco, porque me cuesta asumir todo lo que nos ha pasado, todo lo que me ha pasado este año. No sé qué hubiera hecho sin ti. Y empiezo a llorar, como me ocurre a veces cuando te leo. Aunque creo que llorar es lo que me salva.
    Un abrazo enorme. Y Feliz Navidad.

    Responder
    • Gracias, Paloma. La verdad es que ha sido un año duro, pero muy fructífero para todos. Para mí ha sido un placer compartirlo contigo :-).

      Un abrazo enorme, y feliz año nuevo,

      Isa

      Responder

Deja un comentario

¿Quieres aprender a escribir y meditar?

Suscríbete y recibirás gratuitamente una guía para escribir y meditar. Tendrás además acceso a artículos semanales sobre escritura, meditación y trabajo con las emociones, así como a recursos para vivir con plenitud y sin autoengaños

¿Quieres conocer mis cursos?

¿Quieres aprender a escribir y meditar?

Suscríbete y recibirás gratuitamente una guía para escribir y meditar. Tendrás además acceso a artículos semanales sobre escritura, meditación y trabajo con las emociones, así como a recursos para vivir con plenitud y sin autoengaños